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Bambi y el duque - Capítulo 63

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63: Capítulo 64.

El mayordomo y las criadas- Parte 1 63: Capítulo 64.

El mayordomo y las criadas- Parte 1 Editor: Nyoi-Bo Studio Temprano por la mañana, la niña se sentó en la mesa cerca de un niño.

La parte delantera de su vestido beige se había vuelto carmín, hilos de sangre, caían desde su boca hacia su barbilla debido a que tosía la sangre que le habían servido.

Una mujer se paró lejos de la mesa, y se veía totalmente avergonzada al ver a su hija menor.

El miedo y la vergüenza inundaban su mente mientras se daba cuenta de lo que estaba pasando.

—¡Emmanuel!

–la mujer chilló con angustia.

—¡Emmanuel!

¡Ven aquí rápido!

–un hombre entró en la habitación.

—¿Qué sucede?

¿Por qué gritas tan temprano en la mañana?

–preguntó, y vio que la mujer señalaba la mesa con la cabeza.

Las cejas del hombre se fruncieron de manera profunda cuando vio la sangre que estaba derramada frente a la niña.

—¿Sabes lo que esto significa?

Es lo que habíamos temido.

La niña ya no es un vampiro, ¡no puede digerirla!

–la mujer hablaba rápidamente mirando detrás suyo para asegurarse de que la criada que trabajaba para ellos no estuviera cerca.

—Puede que solo sea una reacción alérgica.

Haz que beba de nuevo.

–dijo el hombre seriamente, a lo que la mujer asintió con un fuerte suspiro y se dirigió hacia la mesa, para tomar el vaso que estaba lleno de sangre hasta la mitad.

La pequeña niña agitó la cabeza, sus ojos, que en algún momento habían sido rojos y oscuros, lentamente se aclaraban.

—Por favor, mamá.

–la pequeña le suplicó a su madre.

No le gustaba el sabor de lo que contenía el vaso y la hacía que vomitara cada vez que intentaba tragarlo.

—Debes tomar la sangre para crecer fuerte.

–le dijo la mujer, a lo que la pequeña negó con la cabeza y se alejó del vaso.

Pero la mujer no tendría un no como respuesta.

Tomó a la niña agresivamente del brazo y empujó el vaso contra sus labios.

El amor que alguna vez había sentido por su primogénita había flaqueado y luego desaparecido con el hecho de que ya no fuera de su clase.

Había criaturas de la noche que se enorgullecían por ser parte de los vampiros de sangre pura.

Saber que su propia hija se estaba convirtiendo en un ser inferior que despreciaba, era algo que no podía comprender.

La niña intentó beber la sangre, y sus lágrimas le inundaron los ojos al mirar a su madre para que parara, mientras el líquido caliente intentaba bajar por su garganta.

La niña sintió el sabor metálico repulsivo en su boca y vomitó por segunda vez esa mañana.

El hombre se paró al lado de su esposa, su expresión era seria, sus labios eran una línea fina.

Le dijo a su esposa: —Asegúrate de que la beba, y si no lo hace, trae otro vaso hasta que deje de vomitar.

Asegurémonos de que no se convierta en esa cosa inferior.

Vivian despertó con el sonido de un pájaro golpeando su pico contra la ventana de su habitación.

Estiró los brazos mientras aún estaba en la cama, y se sentó para ver por la ventana, el pájaro ya se había ido.

Miró el cielo nublado y recordó haber visto que la niña de su sueño se veía muy triste.

Intentó recordar más sobre su sueño, pero, a medida que pasaban los segundos, todo se volvía más borroso, hasta que ya no pudo recordar qué hacía que la niña de su sueño estuviera tan triste.

Tembló ante el frío de la mañana y acercó las sábanas a su pecho con las manos, envolviéndose con el poco calor que la fina sábana podía ofrecerle.

Cuando llegó el momento de trabajar, Vivian ya estaba levantada y corriendo por el establo para darle agua a los animales.

Las criadas generalmente se turnaban para realizar los trabajos, y, afortunadamente, el mayordomo no había dicho nada sobre ello.

Después de todo, al fin y al cabo, lo importante era hacer el trabajo.

Hablando del mayordomo, Vivian pensó para sí mientras limpiaba el excremento de los caballos, el vampiro continuaba comportándose normal con ella.

Le daba trabajos y preguntaba si las cosas estaban listas.

Vivian se miró el dedo, que ya estaba casi curado ya que había pasado más de una semana desde que se había cortado con el cuchillo, por curiosidad.

Aunque Jan le hablaba como a los demás, ella podía sentir la hostilidad que venía de él cuando estaban solos en la habitación.

Al principio, había pensado que era su imaginación, pero luego de que la culpara de envenenar la cena de Leonard, no había podido evitar darse cuenta de la sutil diferencia en el trato a ella.

Había cierta acidez en el tono de voz de Jan, lo que hacía que Vivian fuera más meticulosa con su trabajo en la mansión.

No era solo el mayordomo.

Era obvio que todos los que trabajaban en la mansión Carmichael, sabían que Vivian era especial para el Duque.

No era fácil ser especial para alguien, no, si ese alguien era el amo de la casa, mientras que ella era solo una criada.

Al ser especial, sentía que las demás criadas eran menos amistosas con ella, y, si no hubiera sido por la regla de no chismosear en la mansión, habría un montón de rumores sobre la relación del Duque con la criada dando vueltas en le lugar en el que vivían.

No era que no hubiera ciertos murmullos sobre ello, pero en voz baja.

Gracias por la naturaleza distraída de Vivian desde que era niña, su vida se había desarrollado entre otras personas de la mansión, en el lugar de los criados.

Las personas como Martha, Paul, Leonard y su familia eran las que habían llenado sus días sin temas nada importantes ni necesarios.

Pero en ese entonces, las personas no podían hablar de la relación entre ella y Leonard porque el Duque había sido enviado lejos de la mansión Carmichael hasta hacía algunos meses.

Llenó nuevamente el barril de agua y se alejó de él para mirar el gran cielo que se extendía de una punta hacia la otra, algunos cuervos estaban sentados cerca de la mansión, chillando entre ellos.

Las nubes no parecían pesadas, no lo suficiente como para avisar a las personas de Bonelake que se avecinaba una lluvia.

Éste era el día que Vivian había estado esperando hace una semana.

Era el día en el que Leonard le había dicho que irían al pueblo para ver una obra en el teatro, y su emoción aumentaba, a medida que pasaba el tiempo.

Ya había elegido qué vestido usar, no era mucho, pero era uno presentable que la Señora Carmichael le había obsequiado en la última Navidad.

Aunque Vivian nunca se lo diría a Leonard, había esperado hace tiempo estrenarlo con él.

En el océano de dolor en el que vivían, eran el ancla de esperanza el uno del otro.

Justo cuando estaba saliendo del jardín, vio a Leonard, vestido con un traje, saliendo de la mansión y subiendo al carruaje que estaba estacionado frente a la mansión.

El carruaje comenzó a alejarse, desapareciendo de su vista, Vivian se preguntó, hacia dónde iría y a qué horas volvería para que pudieran salir.

Las horas del día pasaron y cayó la noche, mientras Vivian aún esperaba que volviera, no preguntó nada al mayordomo sobre la vuelta del amo.

Fue cuando el cielo se obscurecía, que Vivian se dio cuenta de que no saldrían.

Todavía tenía algo de esperanza cuando oyó a Jan hablar con una de las criadas: —El amo Leonard no volverá esta noche.

Fue a una velada en la mansión Rufus, y puede que vuelva tarde, mañana por la mañana.

–el corazón de Vivian se hundió al escuchar aquello.

Podía ser que Leonard hubiese olvidado lo que había dicho una semana atrás, y quizá ella debería recordárselo.

¿Debería?

Sabía que había estado ocupado con el trabajo en el Concejo, y se dijo a sí misma que el Señor Rufus era una persona aún más importante en la vida de Leonard.

No podía negar que sentía un poco de decepción que le inundó su pecho, pero suspiró y se dijo que siempre habrá un mañana.

—¿Qué deberíamos hacer con el vino que ha llegado hoy?

–preguntó la criada.

—Ponlo en el armario, hay…

–Vivian ya no siguió oyendo la conversación, y se alejó de la pared donde estaba apoyada para que no la vieran.

Lentamente volvió a su habitación.

Tomó el vestido que estaba listo sobre la cama esa mañana y lo dobló para ponerlo nuevamente en el armario.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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