Bambi y el duque - Capítulo 64
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64: Capítulo 65.
El mayordomo y las criadas –Parte 2 64: Capítulo 65.
El mayordomo y las criadas –Parte 2 Editor: Nyoi-Bo Studio Vivian, como el resto de los criados, se sentó en el suelo de la habitación para comer.
La emoción que había crecido desde la noche anterior ahora se había pinchado como un globo lleno de agua.
Aunque no tenía apetito, comió en silencio, como los demás, y con las piernas cruzadas, la comida que le habían servido.
Incluso durante la ausencia del Duque Leonard, la mansión seguía silenciosa mientras el mayordomo los miraba a todos como un halcón.
Tomó un bocado de la avena que estaba en el plato, aburrido, sin poder ocultar su desánimo.
No culpaba a Leonard por ello, nunca lo culpaba de nada porque creía que era su culpa no haberle preguntado por su día.
Si lo hubiera hecho, habría sabido que Leonard ya tenía planes.
Aun así, luego de pensarlo mucho, Vivian no podía dejar de sentir que ella no era importante para él.
Todos estos años Leonard solo había sido un amigo para Vivian.
Aunque eran más cercanos de lo que las personas normales esperan de un amo y su criada, no había visto en él aquel resplandor.
Al ser distraída, no se había dado cuenta de cómo antes se preocupaba por ellas, y ahora que sí lo sabía, no podía evitar notar las pequeñas cosas.
Sacudió la cabeza, reprendiéndose a sí misma por pensar tan profundamente sobre algo tan trivial, y siguió comiendo sin darse cuenta de que las dos criadas que la estaban mirando se miraban, confundidas.
Cuando Jan salió de la habitación, una de ellas preguntó: —¿Te encuentras bien, Vivian?
—¿Huh?
–Vivian, que tenía la mirada fija en el suelo, la apartó para mirar a las criadas que la veían con preocupación.
—¿Qué?
—Parecía que estabas murmurando algo, como siempre haces.
Ya sabes lo que dicen de las personas que hablan consigo mismos.
–otra chica, llamada Hana, que estaba al lado de la criada, la miró con ojos presuntuosos.
–Dicen que están locos.
—A las personas metidas las llaman, preocúpate por tus asuntos antes de que te caigas.
–respondió Vivian al instante.
No estaba de buen humor, por lo que no contuvo sus palabras, que se dirigían solo hacia la criada que había hecho aquel comentario.
—Sólo comentábamos lo que la gente dice por preocupación –dijo Hana mientras llevaba la mano hacia su plato.
—Y yo también.
–respondió Vivian sin levantar la mirada, y continuó comiendo.
Eso había sido suficiente para que Hana se enojara.
Sus voces eran bastante altas como para que se escucharan desde afuera de la habitación, especialmente cuando el mayordomo podía llegar en cualquier momento.
Aunque la conversación había llamado la atención de otra persona que estaba sentada cerca de ellas.
No era la primera vez que las chicas discutían.
Vivian, que todo este tiempo había sido protegida por Martha y Paul, ya no tenía a nadie que hiciera que no se metiera en peleas innecesarias, había criadas que estaban celosas de ella.
Las criadas de su edad que habían llegado después a trabajar en la mansión Carmichael, no entendían por qué Vivian recibía tanta atención de el guapo amo, cuando ellas eran claramente mejores que la chica.
Había momentos en los que se notaba el afecto del Duque.
Y las criadas compartían entre ellas los celos que le tenían a Vivian.
—¿Creen que- —a Hana la interrumpió Mary, que miraba a ambas chicas?
—Deberíamos terminar nuestra cena antes de que vuelva.
–la tímida criada miró hacia todos lados, antes de detener su mirada en la puerta de la cocina.
No, Jan debería escuchar esto.
En lugar de estar agradecida, es grosera.
–dijo Hana sin echarse para atrás.
–Sólo porque eres una figura no quiere decir que seas mejor que nosotras.
Y no sólo eso, Vivian estafa a la gente.
Piensas que los demás no notan como merodeas cerca del amo como una mosca molesta.
Algunos piensan que tienes algo que ver con las muertes.
—¡Hana, ya basta!
–intentó intervenir Mary.
—Es la verdad, tú misma lo has dicho.
–al oír aquello, la cara de Mary se puso colorada de la vergüenza.
—¿No dijiste que la habías visto caminar de pintillas hacia la habitación del amo la otra noche?
¿Qué tal si no es en la comida, si no en alguna otra cosa?
—¿Por qué no intentas probarlo, entonces?
–Vivian levantó su mirada inexpresiva del plato que ya estaba vacío.
–Uno debería tener pruebas antes de culpar a alguien, y quizá deberías concentrarte más en tu trabajo, mejorarías.
Moyari, otra criada que estaba sentada del otro lado de la habitación no pudo evitar sonreír ante las palabras de Vivian, que habían afectado a la chica de pelo colorado llamada Hana, quien ahora estaba llena de rencor.
Hana abrió la boca, pero Vivian habló primero: —La mayoría todavía nos lamentamos por las personas que hemos perdido que significaban mucho para nosotros.
No creo que tengas el derecho de preguntarme si soy leal, y yo, no tengo por qué contestarte, menos a alguien que sólo ha estado en la mansión un año.
—Hablas de esa forma porque te llevas bien con el amo.
Sólo porque él ahora está de tu lado, no creas que siempre lo estará.
Algún día te reemplazará, como al resto de nosotras.
–Hana se burló de ella.
–¿A dónde vas?
–preguntó al ver que Vivian se levantaba.
—No tengo nada más que decirle a alguien tan cobarde que espera que el mayordomo se vaya para soltar las palabras.
–dijo Vivian, que llevaba su plato vacío, mientras ignoraba a Hana, que todavía tenía cosas que decir.
Aun así, algunas cosas la habían molestado, pero no lo mostraría en su rostro.
Limpió los utensilios y salió de la cocina.
Vió que el mayordomo estaba parado justo detrás de la pared de a lado de la puerta, con sus brazos cruzados en el pecho.
Vivian se detuvo.
—No me disculparé por lo que he dicho.
–ella debe saber que el mayordomo estaría allí escuchando cada palabra que los criados decían.
Era una regla estricta el no hablar de las cosas que no tenían nada que ver con el trabajo.
Había normas de decoro que había que seguir, y Vivian sabía que tanto ella como Hana las habían roto.
—No deberías tomarte tantas libertades al hablar.
–Jan, que estaba apoyado contra la pared se incorporó para enfrentarla.
–El amo Leonard es un hombre bueno, pero eso no quiere decir que todos sean iguales.
Si trabajaras para otra familia de sangre pura, ellos no pasarían por alto tus acciones, incluso si fuera un tema ligero sobre el dueño de casa.
–sin decir nada más, el hombre entró nuevamente en la cocina.
Vivian generalmente se alejaba de las criadas más difíciles de tratar, de aquellas que no hacían más que hablar de los demás.
Era algo que había aprendido de Leonard cuando eran niños.
En ese entonces, Leonard le había enseñado qué estaba bien y qué estaba mal, por lo que la pequeña Vivian había tomado aquellas palabras.
Aquella era la relación que habían construido juntos, con fe y confianza a ciegas; con emociones que estaban intrincadamente tejidas.
Por la noche, Vivian suspiró y se metió en la cama.
Leonard no había vuelto, y ella dudaba que lo hiciera esa noche.
Pero Leonard volvió.
Para el momento en el que Leonard llegó a la mansión, ya era medianoche.
Contó a los criados para asegurarse de que todos estuvieran en la mansión, teniendo especialmente en cuenta a cierta criada.
La velada para vampiros en la mansión Rufus todavía seguía, cuando Leonard había decidido volver a su mansión.
Era como si sus pies lo controlaran mientras caminaba por los pasillos de esta.
Había comenzado a llover de nuevo, y, ocasionalmente, el sonido de los truenos inundaba los pasillos.
Pasó varias puertas, hasta que frenó frente a la habitación de Vivian.
Abrió la puerta cuidadosamente sin ningún sonido y vio a la chica durmiendo en su cama.
Leonard cerró la puerta detrás de él.
Generalmente, se habría ido luego de sentir la presencia de Vivian en su habitación, pero el alcohol que había consumido, todavía hacía que la cabeza le diera vueltas, y sentía en su cuerpo la necesidad de verla, lo que deseó todo el camino hacia la mansión.
Vivian se había acurrucado en la cama entre las sábanas, con un lado de su cara apretado contra la almohada.
La cama era más pequeña de lo normal, pero había suficiente espacio.
Aun así, su cuerpo se había movido para dormir en la esquina, con la espalda en contacto con la pared.
Hubo un relámpago en el cielo y luego se escuchó el trueno.
Leonard recordó aquella vez en la que Vivian, que recién había llegado a la mansión Carmichael, se había asustado muchísimo con el sonido de los truenos.
La lluvia en Bonelake siempre era fuerte y prolongada.
La pequeña Vivian siempre llevaba sus sábanas cuando entraba al salón de cristal, donde Leonard pasaba tiempo cuando era niño.
Finalmente, Vivian se había acostumbrado a la tormenta, pensó, Leonard mientras levantaba la mano para tocar el mechón de cabello rubio que caía en la cara de la muchacha.
Mientras otro trueno cayó, Leonard se acostó en la cama mirando a Vivian mientras dormía.
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