Bambi y el duque - Capítulo 66
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
66: Capítulo 67.
Un extraño en la multitud –Parte 2 66: Capítulo 67.
Un extraño en la multitud –Parte 2 Editor: Nyoi-Bo Studio Vivian se había quedado sin aliento y Leonard de había alejado de sus labios.
El corazón de la chica golpeaba en su pecho mientras el muchacho aun la abrazaba.
—¿Has cenado?
–le preguntó Vivian a Leonard, quien asintió como respuesta.
La lluvia continuaba cayendo constante del cielo, y el sonido de los truenos llenó la habitación silenciosa.
Al ver que Leonard no se movía ni decía una palabra, Vivian se preguntó si se habría quedado dormido.
Justo cuando estaba por alejarse de él, el muchacho la abrazó nuevamente.
—Quédate.
–murmuró, sobre la cabeza de Vivian.
¿Iban a dormir en la misma cama?
Por lo que estaba sucediendo, parecía que aquello era lo que Leonard tenía en mente, pensó Vivian.
Por un lado, estaba avergonzada, pero por otro, estaba feliz de que el muchacho no se hubiera ido a su habitación, especialmente después de haberla besado tan apasionadamente.
La decepción que había sentido esa noche se había desvanecido, y ese espacio había sido llenado con alegría.
Al recordarlo, Vivian se mordió el labio.
—¿Leo?
–lo llamó.
—Duerme, Bambi.
–Leonard la acercó para besarle la frente, y Vivian hizo lo que él había dicho.
Cerró los ojos y dejó que la oscuridad la inundara por segunda vez.
Por la mañana, cuando Vivian despertó, su cabeza estaba apoyada sobre el pecho de Leonard, que dormía con una mano estirada y la otra rodeándola a ella.
Se levantó lo más despacio que pudo, quitando la mano del muchacho de su cintura.
Le dedicó una mirada rápida al rostro de Leonard, que se veía como un príncipe, y se levantó sin hacer ruido.
Su corazón se estremecía en su pecho, y se paró un momento al lado de la cama luego de haberse vestido para mirar a Leo dormido.
La noche anterior había sucedido algo extraño.
Habían dormido en la misma habitación, sin mencionar que se trataba de la habitación de Vivian.
No tenía el corazón para alejarse de Leonard, no sabía a dónde iría el muchacho una vez que se despertara.
Y ella quedaría sola en la mansión.
Los ojos de Leonard se abrieron una vez que Vivian cerró la puerta suavemente con un pequeño sonido en la perilla.
Había estado despierto por un tiempo, incluso desde antes que Vivian despertara.
Se quedó mirando el techo, que tenía grietas, con su brazo colocado detrás de su cabeza.
Podía escuchar a los pájaros cantar fuera de la mansión.
Aunque el día anterior había comenzado mal, podía decirse que había terminado bastante bien.
Mejor que bien.
Cuando eran niños, Vivian a menudo se quedaba dormida en el salón de cristal.
Las primeras semanas, en las que todavía no se conocían bien, Leonard la dejaba allí antes de que Paul la encontrara durmiendo en el suelo frío con sus sábanas, pero lentamente había llegado a conocerla.
Su madre, le había enseñado a Leonard a ser bueno tanto con los humanos como con los vampiros, pero había otras personas que le habían enseñado lo que era mejor para un vampiro de sangre pura.
Su tío Sullivan nunca había querido a los humanos, y, al ser un niño, Leonard lo había admirado, ya que solía consentirlo.
Leonard no podía decir que odiaba o no a los humanos, solo odiaba mezclarse con personas que no le importaban.
Se preguntaba cómo había llegado a querer a Vivian.
Se levantó de la cama y se sentó en el borde, mientras sus pies tocaban el suelo.
Luego, se dirigió a su habitación.
Luego de los encuentros que habían tenido y del tiempo que había pasado con la chica cuando eran niños, se sentía culpable de haberla dejado en el frío salón de cristal.
Y también estaba aquella vez que había escuchado a alguien acercarse y la había dejado en algún lugar donde no la vieran antes de volver a su habitación.
Eran pequeñas cosas, que no habían sido sabias.
En ese entonces, Vivian era torpe, todo a su alrededor se le caía.
Los recuerdos hicieron que Leonard sonriera, no podía recordar cuántas veces la había cubierto para que no la castigaran por su torpeza.
—Buenos días, amo Leonard.
–le dijo su mayordomo, que llevaba una bandeja en la mano lista para servir.
—¿Le gustaría beber algo?
—No.
Prepárame el desayuno para dentro de media hora, y que el carruaje esté listo.
Tengo que visitar el pueblo donde ha habido un secuestro.
—¿Otro más?
–preguntó el mayordomo, con sorpresa en la voz.
Era el segundo de esta semana.
—Sí.
Necesito que todo esté listo lo antes posible.
–dijo Leonard, que recibió un sí como respuesta instantáneamente.
El mayordomo desapareció de su vista para preparar el desayuno.
La mayoría de los que pensaban que los vampiros y los humanos no se llevaban bien, debían ver la relación entre los brujos y los humanos.
Era como si jugaran a atraparse entre ellos, cada uno matando a alguno de la otra especie por turnos.
Ya era una rutina.
O un humano era secuestrado y llevado hacia el refugio de un brujo negro, o brujos, incluyendo inocentes, eran quemados vivos en el centro del pueblo.
Algunas partes de los cuerpos de los humanos eran encontradas en el bosque, y otras eran llevadas por la lluvia.
Los humanos estaban asustados, y furiosos con el Concejo por no hacer nada.
Aunque no era tan fácil como ellos pensaban.
Los brujos negros eran extremadamente inteligentes, pero había algo más que molestaba a Leonard.
Algo más que había estado dando vueltas por su mente.
La semana pasada, cuando había ido hacia el bosque para inspeccionar los cuerpos, había encontrado algo más que no parecía humano.
Los humanos que morían generalmente estaban secos y en proceso de descomposición, pero lo que había encontrado en un lugar en particular se veía fresco, y el muchacho estaba seguro de que no pertenecía a un humano.
Entonces, la pregunta era, ¿a quién pertenecía?
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com