Bambi y el duque - Capítulo 67
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67: Capítulo 68.
Un extraño en la multitud –Parte 3 67: Capítulo 68.
Un extraño en la multitud –Parte 3 Editor: Nyoi-Bo Studio Vivian no podía evitar sonreír mientras trabajaba, era una sonrisa ligera, que la hacía ver mucho más linda.
—Si sigues sonriendo así, te volverás loca.
–le dijo la criada llamada Movari, que la había visto sonreír mientras pasaba por el salón.
—¿Qué te provocó estar de buen humor?
–preguntó Movari luego de mirar a su alrededor para asegurarse de que no hubiera nadie, después de todo, estaba prohibido hablar con otra criada en los pasillos.
—He tenido un buen sueño.
–susurró Vivian con las mejillas ligeramente sonrojadas.
Lo que había pasado la noche anterior era algo que no había esperado.
No sólo había podido ver a Leonard antes de dormir, sino que él se había quedado con ella hasta el otro día en la mañana.
Luego de hacer un encargo, Vivian había vuelto a su habitación, pero la había encontrado vacía.
Movari negó con la cabeza.
—No recuerdo la última vez que tuve un buen sueño.
Sólo veo al mayordomo.
–se quejó, haciendo que Vivian riera.
—Lamento oír eso.
–respondió, con una sonrisa.
No pasa nada.
Creo que es natural que sonrías tanto, después de todo, ahora…
–Movari se inclinó hacia Vivian.
–lo estás bañando.
–escuchar aquello fue suficiente para que el rostro de Vivian se incendiara de vergüenza.
—¿Q-Qué?
¡No!
–Vivian rio, nerviosa, e intentó cambiar de tema, pero se descubrió ella misma, ya que dejó, que la verdad escapara entre sus labios.
Movari era cuatro años mayor que Vivian, pero se había unido a la mansión Carmichael unos años después que ella.
Movari rio, y luego tosió fuerte y se apresuró a alejarse al ver que Jan aparecía por el otro lado del pasillo y entrecerraba los ojos mientras la criada se escabullía, dejando a Vivian para que continuara con su trabajo.
Vivian no quería hacer contacto visual con Jan, en cambio, se dio la vuelta para limpiar el soporte del florero.
Jan caminó de una esquina a la otra, y la chica pudo sentir los ojos del hombre sobre ella, lo que la hacía sentir pequeña.
En el último tiempo, se metía en situaciones incómodas con él y con otras criadas de la mansión.
Vivian no podía olvidar lo que Jan le había dicho la noche anterior, cuando había salido de la cocina luego de la cena.
Le había hablado gentilmente, aunque había un tono escondido que hacía que sintiera alerta con el vampiro.
Especialmente teniendo en cuenta que él era el hombre al que el Señor de Bonelake había asignado personalmente.
No podía negar que Leonard era más cercano a ella que al resto de los criados, pero era porque casi que se habían criado juntos.
Y cuando se trataba del trabajo, Leonard nunca interfería en lo que ella hacía, excepto que rompiera algo.
Por ello no era verdad que él fuera parcial con ella.
Leonard se había ido al pueblo, por lo que la mansión se sentía un poco vacía, y el pecho de Vivian también.
Algunas veces, Leonard le daba un beso rápido si estaba saliendo, pero no era algo común.
Aunque la noche anterior las cosas habían tomado un camino diferente.
No solo la había besado, sino que también se las había ingeniado para desabrochar su vestido, lo que hacía que Vivian se sonrojara.
De manera extraña, el Leo tan correcto que ella conocía, se había visto aturdido mientras la besaba.
Vivian se mordió el labio y continuó limpiando el soporte, intentando evitar que el mayordomo apareciera nuevamente.
Aunque un minuto después así lo hizo.
Pasaron las semanas y Leonard estaba ocupado con el trabajo para el Concejo.
Y en el medio de aquella semana, había viajado a Woville para encontrarse con el Señor y discutir los asuntos sobre los conflictos entre humanos y vampiros, tomando el lugar del Señor de Bonelake, que tenía otras cosas que hacer.
El día que Vivian estaba por dirigirse al mercado local, Leonard la detuvo antes de salir.
—Vivian.
–la llamó.
—¿Hay algo que necesite del mercado?
–preguntó Vivian.
—Sí.
–contestó Leonard mientras se abotonaba las mangas de su camisa blanca.
—¿Qué necesita?
–preguntó Vivian, mientras la criada con la que iba a salir, hacía una reverencia y se dirigía al carruaje.
Como no había nadie más alrededor, Leonard contestó: —A ti.
A Vivian le tomó un segundo entender lo que el muchacho acababa de decir, y no pudo evitar mirar el suelo.
Luego, levantó la mirada y fijó sus ojos negros en él.
—¿Algo más, amo?
–preguntó, escondiendo su rostro sonrojado.
—No.
–los labios de Leonard esbozaron una sonrisita.
—¿En cuánto tiempo volverás?
–le preguntó, aunque sabía cuánto tiempo le tomaba ir al mercado.
—En menos de dos horas.
Tenemos que comprar algunas cosas para la alacena este mes.
Quizá, me tome menos tiempo.
–Leonard asintió con la cabeza como si estuviera pensando algo, lo que hizo que Vivian se preguntara qué lo había distraído.
Entonces, los ojos del muchacho se fijaron rápidamente en los de ella.
—Estos últimos días he estado ocupado.
Salgamos cuando vuelvas del mercado.
–dijo de repente, tomándola por sorpresa.
—¿Está bien?
–le preguntó.
—Está bien.
–respondió Vivian con una sonrisa, ante lo que él asintió con aprobación.
—Entonces ve.
–dijo, sonriendo para sus adentros.
Vivian se dio la vuelta y caminó hacia el carruaje, cubriéndose el rostro.
Llegó al mercado local, que estaba tan lleno de gente como la última vez que había estado allí.
Caminaron para comprar las cosas que necesitaban.
Mientras Vivian se acercaba a uno de los negocios, vio a dos hombres golpeándose al otro lado de la calle.
No le prestó atención y giró la cabeza para hablar con el vendedor, y poder volver a la mansión rápidamente.
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