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Bambi y el duque - Capítulo 68

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68: Capítulo 69.

Un extraño en la multitud –Parte 4 68: Capítulo 69.

Un extraño en la multitud –Parte 4 Editor: Nyoi-Bo Studio Vivian estaba en los negocios, intentando hablar lo menos posible con el vendedor, cuando sintió que alguien tiraba de su vestido desde atrás.

Sorprendida, se dio la vuelta y vio al niño mudo que había encontrado en el mercado la vez anterior.

—Hola.

–Vivian se dio vuelta completamente y vio que el niño la mirada fijamente.

—¿Cómo está tu pierna?

–preguntó, agachándose un poco para estará a la altura del niño.

El niño se miró la pierna y luego la miró a Vivian, asintiendo con la cabeza.

—¿Está curada?

–preguntó la chica, y vio que el niño asentía otra vez.

Sus cejas se fruncieron al recordar cómo la pierna había sanado milagrosamente en solo unos minutos.

Era algo que todavía daba vueltas por su mente.

–Me alegra oír eso.

¿Hmm?

–Vivian vio cómo el niño buscaba algo en su bolsillo.

Sacó una flor amarilla y brillante y se la dio a la chica.

Era un narciso.

—¿Es para mí?

–el niño asintió ante la pregunta.

Vivian estaba conmovida por el gesto, y tomó la flor.

–Gracias.

Es preciosa.

–la chica notó los arañazos en las manos y los brazos del niño cuando tomó la flor.

Aquellos arañazos eran marcas suaves y rojas en su piel bronceada, y dudaba que hubiesen sido hechos por un gato.

¿Quizá se los había hecho al recoger la flor?

Los narcisos no eran fáciles de conseguir en el pueblo.

Aunque era un gesto dulce que no se había esperado, Vivian se sentiría culpable si el niño se había hecho aquellas líneas rojas por ella.

Deseó poder hacer que los arañazos desaparecieran.

Vivian se agachó para mirar a los ojos del niño.

—Gracias por la flor, pero espero que no te metas en problemas por traerme algo como agradecimiento.

–la chica alzó las cejas esperando que el niño reaccionara.

Vio que el niño asentía una vez más, pero más lento, y sonrió.

—¿Quién es el niño?

–la criada, que había ido a comprar otras cosas, llegó u vio a Vivian de rodillas hablando con un niño.

—¿Lo conoces?

–preguntó.

Vivian le sonrió al niño y dijo.

—Algo así.

–luego, se dirigió al niño.

–Necesito volver ahora.

Ten cuidado.

–otra vez, el niño asintió y se fue por su lado.

—grosero.

No dijo ni una palabra.

–murmuró la criada mientras lo veía alejarse.

—No puede hablar.

–dijo Vivian, mientras ambas tomaban lo que estaba en la bolsa.

—Oh.

–la criada puso ojos tristes por un momento, mientras las dos caminaban por las concurridas calles del mercado.

Las personas eran rápidas para juzgar a los demás sin razón, siempre era así, pensó Vivian, Vivian había puesto la flor en el bolsillo de su vestido porque tenía las manos ocupadas.

Llevó la bolsa, lo que era complicado, debido a que el suelo del mercado siempre estaba húmedo y lleno de barro.

Si daba un mal paso , caería de espalda o de cara al suelo.

Eso hacía que fuera extremadamente cuidadosa al caminar, después de todo, ella tenía cierto talento para resbalarse y caerse.

Su carruaje estaba estacionado en el lugar usual, fuera del mercado, y era una larga caminata para las criadas.

Durante el camino, cuando Vivian llevaba la bolsa, una mujer gorda que perseguía a su gallina se tropezó justo frente a Vivian, lo que la hizo tropezarse y también perder el equilibrio.

Justo antes de caer, sintió unos brazos sosteniéndola y devolviéndole el equilibrio con una mano, y utilizando la otra mano para sostener la bolsa que ella estaba llevando.

—Tenga cuidado al caminar, señorita.

–era un hombre que tenía la cara cubierta con una capucha, y, una vez que Vivian recobró el equilibrio, se fue sin decir una palabra.

Al principio, Vivian había sentido algo extraño sobre aquel hombre, ya que susurraba en el ruidoso mercado, lo que le dificultó el entenderlo, hasta que se dio cuenta de a quién era aquella voz.

Giró rápidamente la cabeza para encontrar al hombre, pero éste ya había desaparecido entre la multitud.

—¿A dónde vas?

Has dejado la bolsa en el medio de la calle.

–dijo la criada cuando vio que Vivian soltaba la bolsa sobre el suelo y buscaba con su mirada al hombre encapuchado.

—Ese hombre, ¿lo has visto?

–le preguntó a la criada con un tono desesperado.

—¿De qué hombre hablas?

–preguntó la criada, confundida.

Estaban en una calle agitada y la gente iba y venía, no podía recordar quién había sido .

—El hombre con la capucha.

Por favor, ¡Discúlpame!

–Vivian se disculpó al soltar completamente la bolsa.

—¡Espera!

–escuchó que decía la criada, pero Vivian ya se había alejado.

Buscaba al hombre encapuchado.

¿Dónde había ido?

¿Cómo había tardado tanto en reconocerlo?

Aunque podía ser solo un error, pensó Vivian.

El hombre sonaba igual a Paul.

Los ojos de la chica buscaron por todas partes, pero no era fácil encontrar personas y sabía que su búsqueda era en vano.

Aun así, tenía una pizca de esperanza.

Le tomó un momento darse cuenta de que había visto a Paul morir justo frente a sus ojos.

A Paul lo habían colgado frente a todo el pueblo por el asesinato de los Señores Carmichael y otros miembros de la familia.

¿Cómo lo había olvidado?

El recuerdo estaba todavía fresco.

Paul caminando por la tarima.

El lazo atado a su cuello antes de que tiraran de la palanca.

Vivian cerró los ojos al sentir el dolor que comenzaba a inundar su mente.

Paul estaba muerto.

Lo habían ejecutado, y su mente le había jugado una mala pasada con aquel hombre porque éste sonaba parecido al mayordomo anterior de los Carmichael.

Vivian dejó de caminar y se frenó mientras los hombres y las mujeres pasaban a su lado, algunos increpándola por bloquear el camino.

La chica suspiró, dio la vuelta y se alejó.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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