Bambi y el duque - Capítulo 70
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70: Capítulo 71.
Pequeñas cosas – Parte 2 70: Capítulo 71.
Pequeñas cosas – Parte 2 Editor: Nyoi-Bo Studio A Vivian se le entregó uno de los vestidos que la Sra.
Carmichael tenía para las invitadas en caso de que lo necesitaran, y cada vestido era más hermoso que el anterior.
Cuando la misma ama de llaves le presentó las vestimentas, ella había estado deslumbrada viendo los vestidos, ya que los dormitorios de visitas se mantenían cerrados, a menos que necesitaran limpieza, Fabricados de un material de delicada tela, Vivian decidió usar el vestido de color beige, era uno de los más sobrios, que no llamaría mucho la atención en la multitud en caso de que fueran a ir a una velada.
Leonard no le había dicho donde irían, eso seguía siendo un misterio, lo que hizo que las mariposas en su estómago se multiplicaran.
Con una mitad de su cabello tomado en un moño y la otra sección fluyendo libremente, se miró en el pequeño espejo ubicado en la ventana que Martha le había dado como regalo para su cumpleaños número doce.
Cepillándose el cabello una vez más y acomodando el otro lado hacia el frente, se alejó del espejo.
Mientras abandonaba la habitación, no pudo evitar preocuparse en si se había tomado más tiempo en prepararse que lo que Leo había estado esperándola.
De camino, cuando las criadas pasaban a su lado no podían esconder su sorpresa.
No era cosa de todos los días que una criada se vistiera con la ropa de los ricos, ni pensar en usarlas, no se les permitía ni siquiera tocarlas, tal era la división creada entre los sirvientes y la alta sociedad.
Viendo a su alrededor, volteando su cabeza de izquierda a derecha, buscó a Leonard hasta que casi se cae de no ser por alguien que la atrapó.
—Perdone —se disculpó con el hombre.
Al mirar más allá del traje gris, se dio cuenta que no era otro más que el amigo de Leonard, Maximillian Gibbs.
El color de sus ropas combinaba con su cabello gris, sus ojos turquesa la miraban con curiosidad.
Ella podría jurar que él no estaba ahí hace un segundo cuando se tropezó.
—Vaya, vaya, mira si no te ves bonita —comentóél luego de verla de arriba a abajo una vez que la soltó, lo que la hizo sentir extremadamente incómoda.
—Buenas tardes, Sr.
Gibbs —Vivian se inclinó, dando unos pasos hacia atrás, para mantener la distancia entre ellos.
Ha habido momentos en los que Vivian pensaba sobre las personas con las que se rodeaba Leonard.
No era algo por lo que ella juzgara, pero era bastante cuestionable que una persona tranquila como Leonard tuviera amigos cercanos tan extremadamente característicos.
Primero, estaba el Señor, luego estaba este hombre que alejaba a las personas y ella tenía la corazonada de que Maximillian quizás ya sabía el efecto que provocaba en la gente.
Sus ojos eran lo que atrapaba a la gente con la guardia baja.
¿Había alguna razón por la que siendo un vampiro de sangre pura el color de sus ojos era distinto al de los demás?
Luego pensó, uno no elige a las personas que se convierten en tus amigos, amantes o familia sanguínea.
Esas cosas pasaban sin el control de la persona.
El mundo en el que vivía, la mayoría de las criaturas de sangre pura eran como el Señor y el Sr.
Gibbs.
Muy pocos podían ser considerados buenas personas cuando se trataba de vampiros, y los buenos siempre eran rechazados.
Mientras más lo pensaba, más perdida se veía, el Sr.
Gibbs la observaba intimidantemente.
—El señor Leonard debería estar aquí pronto—, le informó ella para recibir una respuesta particular por parte de él —¿le gustaría tomar asiento en el salón principal y algo para beber?
Un lado de sus labios se torció al decir esto.
—¿Alguna vez te han succionado…?
—Le preguntó Maximillian, a lo que ella tragó saliva, sabiendo que él le estaba insinuando que le diera su sangre, pero la manera en la que se lo preguntó daba muchas posibilidades de respuesta.
—No.
Maximillian Gibbs se dio cuenta que tragó saliva, lo que ensanchó su sonrisa, como un demonio a la espera de que su presa caiga en un acuerdo.
—Permíteme entonces.
De seguro sería una perdida no probar tu sangre.
—No creo que sea de su agrado, Señor.
Quizás si me dice qué quiere para beber podría prepararlo para su próxima visita, —respondió Vivian calmando sus nervios mientras le hablaba al vampiro de sangre pura.
Maximillian se mantuvo en su lugar, mirándola con una sonrisa plasmada en su rostro antes de escuchar la voz de Leonard, no muy lejos de ellos.
—Vivian está fuera de los límites, Maximillian.
Puedes tener a quién quieras en esta mansión, excepto a ella— Leonard se puso su lado, manteniendo la mirada en el Sr.
Gibbs hasta recibir un asentimiento de parte del hombre.
Leonard se volvió hacia Vivian, sus ojos recorrieron su cuello y su rostro antes de hablarle —Puedes ir a buscar a Jan por mí?
–Vivian asintió y fue a buscar al mayordomo.
—No sabía que la ibas a llevar a la mansión de los Wilford —dijo Maximillian viendo a la chica desaparecer tras las blancas paredes.
—No la voy a llevar.
—¿No?
preguntó su amigo con sorpresa —¿por qué la arreglaste tanto entonces?
—No iré a la velada en la mansión Wilford hoy.
No me gusta ni el hombre ni su actuar —declaró Leonard.
No es como que le importara la compañía de las personas, pero había un límite para soportarlo antes de hacer algo irreversible.
El Duque era el hombre que estaba a cargo del establecimiento de esclavos, un establecimiento en el que hombres, mujeres y niños eran vendidos si pagaban bien tanto a los vampiros como a los humanos.
No estaba en contra de crecer en una sociedad que permitía la esclavitud.
Lo que no le gustaba eran los eventos y acciones antiéticos que ocurrían en la mansión de Wilford.
Las esclavas eran presentadas como objetos sexuales para los invitados, pero eso no era todo.
Había incidentes que él encontraba antiéticos en su libro y ese era el último lugar al que habría llevado a Vivian.
Por mucho que la deseara y quisiera tenerla, no significaba que dañaría su inocencia en un lugar que no era correcto.
—Para ser un sangre pura, saliste bastante bueno en algunas cosas— Maximillian sonrió con malicia— no en todo, pero en algunas cosas.
Bueno, pensé que me acompañarías en mi camino hacia allá.
¿Dónde estás planeando en llevar a la chica?
—¿Eso es todo para lo que viniste?
—Leonard no se molestó en contestar la pregunta de su amigo.
—Si.
Te veré mañana entonces —Maximillian se preparaba para irse antes de que Leonard lo detuviera.
—Max…
—Leonard le dedicó una expresión lúgubre y no necesitó explicarle el porqué a Maximillian.
—En ese momento estaba bromeando.
—Espero que se mantenga de esa manera —el tono de Leonard era serio.
—Por supuesto —Maximillian sonrió.
Mientras Maximillian abandonaba la mansión, no pudo contener su sonrisa, esa maliciosa sonrisa que generalmente adornaba sus delgados labios como una serpiente.
Desde temprana edad, sabía que Leonard había puesto su interés en la criada.
A pesar de que el Duque rara vez mostraba sus sentimientos frente a los demás, podía sentir que la chica significaba mucho para él.
Era bueno ponerlo a prueba de vez en cuando, vio a Maximillian subiéndose a su caballo.
La primera vez que lo hizo fue cuando eran niños y se pelearon y Leonard le causó más moretones de los que había recibido en toda su vida.
Era su temperamento, la llama de rabia que Leo había aprendido a mantener bajo control era lo que lo intrigaba.
La mayoría de los chicos de su edad eran pretenciosos respecto a su linaje o era su astucia lo que los hacían destacar y era raro encontrar entre ellos a alguien como Leonard.
Pero, además, los Carmichael eran ese tipo de personas que también incluían las otras familias como los Easton y los Meyers.
Siendo la única diferencia el primo de Leonard, Rhys, quien ponía una sonrisa para encajar en la sociedad mientras que Leonard era el tipo de persona que directamente ponía en su sitio a las personas cuando algo estaba incorrecto.
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