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Bambi y el duque - Capítulo 71

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71: Capítulo 72.

Pequeñas cosas – Parte 3 71: Capítulo 72.

Pequeñas cosas – Parte 3 Editor: Nyoi-Bo Studio En el carruaje, Vivian se sentó al lado de Leonard, quien iba mirando por la ventana en silencio.

Los ojos de Vivian lo observaban de vez en cuando.

—¿Leo?

—le habló para que se volteara hacia ella—, ¿a dónde vamos?

—preguntó quitándose un mechón de cabello de los ojos.

—A algún lugar tranquilo —respondió con una sonrisa.

—Está bien —no recibió la respuesta que esperaba, pero al menos, era algo.

¿Dónde era exactamente un lugar tranquilo?

No era como que lo estuviera esperando, pero Leonard no había dicho nada sobre como lucía.

Apenas le había hablado, mantenía sus palabras al mínimo.

Se estaba preguntando si algo le había molestado, al menos nada que ella pudiera recordar.

Quizás fueron los comentarios del Sr.

Gibbs sobre ella o fue después de que los dejara solos cuando fue a buscar al mayordomo.

Cuando estuvo de regreso, el Sr.

Gibbs ya se había ido.

Leonard se apartó con Jan, hablando de algo a lo que el mayordomo asintió obedientemente antes de dejarlos solos en la sala.

Tuvieron que esperar otra media hora antes de subirse al carruaje, en el que en la parte de atrás Jan colocó una gran caja.

Vivian no pudo evitar sentir escalofríos cuando sintió de repente el frío viento a través de la ventana.

¿Era su imaginación o la temperatura había descendido a medida que subían la colina?

No era una noche oscura ya que la luna llena brillaba en el cielo, sin estrellas a su alrededor.

Mirando por la ventana que estaba a su lado, sintió que algo caía.

Una, luego dos veces antes de darse cuenta de que era nieve.

Aún no era invierno y sin embargo estaba nevando en este tiempo, en esta parte de la tierra, lo que ella encontró bastante extraño.

Rugidos de tormenta se podían escuchar en el cielo y silbidos del viento que la acompañaban en la tierra.

Una vez que llegaron arriba, el cochero tiró de los negros caballos para detenerse.

Abriendo la puerta, Leonard se bajó del carruaje y le ofreció su mano a ella para bajar y pisar el suelo que se había vuelto completamente blanco por la nieve.

Esta vez él no le soltó la mano, en cambio la sujeto con gentileza para que ella lo siguiera hacia la entrada de la mansión desierta.

Del cielo caían copos de nieve, uno tras otro.

Una gran cantidad de árboles sin hojas rodeaban la solitaria mansión.

No muy lejos había un molino de agua vacío que emitía un sonido distante cada vez que se movía hacia arriba y hacia abajo.

Si no fuera por la nieve que cubría el suelo y el techo de la mansión, el lugar se habría visto indudablemente abandonado y encantado.

—¿Asustada?

—escuchó decir a Leonard, quien se había volteado para verla.

Ella sacudió su cabeza inmediatamente.

—¿De quién es este lugar?

preguntó Vivian, caminando entre los dos viejos pilares y maceteros que no tenían nada más que barro seco, ni un rastro de que antes ahí hubiese habido plantas.

—Actualmente, pertenece como propiedad del consejo y el Señor Nicholas, antes de que falleciera.

Solía ser del segundo Señor de Bonelake.

—¿Falleciera?

preguntó ella mirando la vieja mansión que extrañamente lucía mucho más limpia que lo que simulaba desde afuera.

Por la forma en la que Leonard lo dijo, daba la sensación de que había una historia detrás—, ¿alguien lo asesinó?

Leonard sonrió.

Por muy torpe que Vivian fuera llevando cosas, había veces en las que iba directo al grano.

Era como una brisa de aire fresco en su mundo.

Por mucho que él hubiera querido contarle la historia, creía que algunas cosas era mejor no saberlas para no turbar la mente por las formas en las que se maneja el mundo.

Incluso si eso significaba esconderlas con mentiras.

A los ojos de Leonard, ella aún era joven e inocente.

Ya habrá un día en el que ella conocería el mundo tal como era y como es, y el estaría ahí para acompañarla y guiarla, pero ese momento no era ahora.

No hoy al menos.

—Falleció debido a su edad.

Algunas personas viven una vida muy corta.

Al fin y al cabo, era solo un vampiro —lo que era cierto.

El segundo lord era un simple vampiro, a diferencia de los de sangre pura cuya vida es ilimitada.

—Oh…

Cuando Leonard mencionó lo de un lugar tranquilo, quién habría imaginado que “un lugar tranquilo” allí era una mansión desierta con nadie más que ellos.

el cochero entró con la caja que el mayordomo cargó previamente en el carruaje.

—Hagamos un recorrido, ¿quieres?

—Leonard la encaminó hacia la gran escalera—, a veces el consejo utiliza la mansión para organizar reuniones y fiestas de vez en cuando.

Por eso es que la vas a encontrar limpia por dentro, sin importar el día que vengas.

Lo que dijo era verdad respecto a que la mansión se mantenía limpia como si siguiera ocupada y personas residieran ahí cuando en realidad estaba abandonada la mayor parte del tiempo.

—Es un lugar bastante grande para vivir.

¿Cómo la obtuvo el segundo Señor?

—Hace décadas hubiera sido impensado que un simple vampiro fuera capaz de vivir en tal mansión—, creí que solo los de sangre pura eran capaces de ascender al título de señorío.

—Eso es cierto, pero a veces la sociedad se desliza hacia la corriente principal.

—Vivian se preguntó qué quería decir con eso—, al parecer, cuando ingresó al consejo, obtuvo ayuda de las brujas negras para cambiar el color de sus ojos a un tono más oscuro para presentarse como uno de la familia de sangre pura.

Se dijo que era capaz, al menos por eso es que el consejo le ofreció el título y la mansión, pero lo que la mayoría de ellos olvida es que las brujas negras no son de fiar.

Te ayudarán a costa de su propio egoísmo y una vez que ya no te necesiten, te desecharán.

Así es la naturaleza de las brujas negras.

Subiendo la escalera, por una de las grandes ventanas, Vivian observó el hermoso paisaje que afuera estaba cubierto de nieve.

—Cuidado por donde pisas —le advirtió Leo.

A pesar de que la mansión ahora le pertenecía al consejo y al Señor, como dijo Leonard, notó que no se habían hecho reparaciones.

Parecía que las amas de llaves venían solo para limpiar, y dudó si se habían hecho otros cambios luego de que el segundo Señor falleciera.

Una de las pocas cosas que notó, fue que la vasija rota no tenía pedazos de vidrio en el suelo, pero estaba evidentemente rota como el resto de las vasijas con las que se encontró en la amplia sala.

Luego, se encontraba la escalera, que lucía frágil en algunas partes, a tal punto de verse los agujeros y huecos en las tablas.

—Este era el lugar al que Malcolm usualmente me traía para entrenar en peleas físicas y otras…

cosas —Leonard arrastró las palabras, soltó la mano de ella cuando llegaron al final de las escaleras.

Agachándose, se ató los cordones y luego se puso de pie.

—¿Qué hacías antes por comida?

Ella observó los oscuros pasillos antes de mirar hacia abajo, desde donde habían venido, y vio al cochero encender velas en la sala, haciendo que el lugar se viera mucho mejor que antes.

—Cazaba ganado.

Ven conmigo, quiero mostrarte algo —le dijo, sus manos se rozaron una contra la otra.

Caminando por los vacíos y oscuros corredores, Vivian se aseguró de no quedarse atrás, al pensar en perderse en la mansión desierta.

Caminó justo detrás de Leonard, tanto que podía sentir el olor como esencia de amor que emanaba de él.

Lo seguía tan de cerca como un ratón, si él hubiera hecho una pausa, su cabeza hubiera chocado con su espalda.

Tomando un poco de distancia, ella caminó recto hasta que no lo pudo escuchar más.

Sumida en la oscuridad podía sentir su propia respiración en el silencioso espacio.

Respiró aliviada cuando oyó a Leonard hablar, —La puerta debe estar aquí en algún lado…

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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