Bambi y el duque - Capítulo 72
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72: Capítulo 73.
Pequeñas cosas — Parte 4 72: Capítulo 73.
Pequeñas cosas — Parte 4 Editor: Nyoi-Bo Studio Tras oír un clic, se abrió ampliamente la puerta para que Vivian pudiera ver para lo que Leonard la había traído.
No podía decir si había entrado a un sueño, ya que no podía creer lo que estaba viendo con sus propios ojos.
Sus pies avanzaron solos hacia la luz de la luna donde la nieve no caía desde el cielo, sino que se levantaba del suelo.
Asombrada, vio aparecer desde el suelo elevándose uno de los traslucidos copos de nieve.
Lenta y sigilosamente, el copo de nieve se elevó igual que los demás, mientras más se elevaba, más oscuro se hacía, hasta que no se pudo ver por dónde desapareció.
En todo el patio en el que se encontraban estaba ocurriendo lo mismo, cientos de copos de nieve apareciendo y desapareciendo mientras afuera de la mansión la nieve caía de forma normal.
—Es hermoso —murmuró Vivian, volviéndose para mirar a Leonard que estaba en la puerta.
—Me alegra oír que te gusta.
—¡Me encanta!
—exclamó ella y lo hizo sonreír.
Después de un rato, sus cejas se arquearon antes de hablar —¿Esto es obra de las brujas negras?
—él había dicho que el segundo Señor había obtenido ayuda de las brujas negras.
Quizás este lugar se creó antes de que las ellas decidieran abandonarlo.
—Si —confirmóél— difícil de creer, ¿no es así?
Crear algo tan fuera de este mundo para una raza que se desprecian —atrapó uno de los copos de nieve, giro su muñeca y abrió la mano en la que el copo lentamente se volvió negro y en un abrir y cerrar de ojos, desapareció.
—Eso es lo que nos enseña la vida —respondió Vivian con una sonrisa—, encontrar lo bueno incluso en lo malo.
Las personas son capaces de muchas cosas dependiendo de las elecciones que hacen.
Esas decisiones resultan buenas o malas, —mechones de pelo que no se molestó en ordenar revoloteaban a los lados de su rostro—, el segundo Señor debió haber sido bastante creativo como para haber pedido algo como esto en la mansión.
—No lo hizo él —Vivian le dedicó una mirada cuestionable a Leonard.
Por supuesto, pensó Vivian para sí misma.
No habría sido posible construirlo durante el periodo del segundo Señor, ya que habría levantado sospechas.
—Nadie sabe cómo ocurrió, pero encontré informes del consejo que indicaban que cuando el murió, este lugar se creó solo de la noche a la mañana.
—Así como así?
—Exacto —que situación de lo más extraña, pensó Vivian.
¿Cuál sería la causa de que pasara esto?
Cuando se agachó, el suelo lucía levemente iluminado, al tocarlo, tuvo la visión de una mujer frente a sus ojos, por el asombro se quedó sin aliento… —¿Qué pasa, Vivi?
—Leonard se acercó mientras ella se ponía de pie con su mano cerca del pecho.
Sacudió la cabeza, logrando sonreír levemente para asegurarle que estaba bien.
Tomándola de la mano, la acercó hacia él mientras con su otro brazo rodeaba su cintura mientras la miraba.
—Baila conmigo, Bambi.
Elevando sus cejas con una pequeña sonrisa en sus labios, le recordó que estaban en la terraza de la mansión—, pero no hay música.
Meciéndola en sus brazos, Leonard contestó—, ¿quién dice que no?
—acercó su cabeza a la de ella mientras se movían con los copos de nieve elevándose a su alrededor—, puedes oír el viento que se cuela entre los árboles y roza las hojas unas con otras.
El molino de agua está golpeando la madera a su propio ritmo —las palabras que susurraba a su oído le hicieron vibrar su corazón.
Leo apenas podía controlar sus sentimientos hacia ella en este momento.
La mansión desierta, en donde se encontraban solo ellos dos, era lo que tenía la sangre corriendo por sus venas.
Ella lucía absolutamente exquisita.
Su plan inicial, había sido llevarla al teatro a ver una obra que estaba presentándose en el pueblo, hasta que la vio arreglada.
Ella había elegido el vestido más simple del clóset del cuarto de invitados.
Su madre solía elegir la ropa y lo puso en la habitación para su prima hermana, Charlotte.
Hace una semana, cuando Leonard fue a la ciudad de Isle acompañando a un viejo conocido por parte de su madre, compró dos vestidos, agregándolos a la colección, uno de esos era el que ella estaba usando ahora mismo.
Soltando su cintura, la hizo girar antes de mecerla en sus brazos nuevamente.
Ahora que él había perdido a la mayoría de su familia, Vivian pertenecía al mismo pasado al que se aferraba inconscientemente, viéndola como un halcón, no con recelo, sino con afecto.
Quería protegerla, mantenerla a salvo del mundo.
Recordando lo que las criadas estaban hablando en la mansión, lo hizo enojar.
Sus brazos se aferraron a ella, trató de ocultar su molestia, pero ella alcanzó a notarlo.
Gradualmente dejaron de mecerse y Vivian puso su mano en su hombro.
—Tienes algo que decir —ella miró sus ojos rojo oscuros que casi parecían negros debido a la falta de luz solar.
—¿Por qué lo dices?
—ella elevó sus hombros levemente en respuesta, a pesar de que podía explicar por qué sentía que él tenía algo que decir, no lo hizo.
Ambos se quedaron en silencio, Vivian esperó que le respondiera mientras el viento comenzó a soplar dentro y alrededor de la mansión.
El viento pasó por el bosque rugiendo como si cargara con algo siniestro.
En cierto punto, ella miró a su izquierda para observar el vasto bosque.
Y de la nada, lo oyó decir, —No aceptes cosas de otros.
—¿Qué?
—se volvió.
Exhalando suavemente, repitió—, No aceptes cosas de otros.
Volvamos adentro.
Al verlo volverse y entrar, Vivian se apresuró a seguirlo.
—No lo he hecho —le dijo volviendo a la conversación.
Por la oscuridad, Vivian no pudo ver el ceño fruncido en la frente de Leonard cuando volvían al lugar de donde habían venido.
—Leo —lo llamó preocupada desde la oscuridad.
Luego de que él le pidiera que no aceptara nada de lo que Jerome le ofreciera, ella lo dejó, no es como si hubiera una oportunidad para ofrecerle nada, debido a la deprimente atmósfera que había en la mansión—, ¿por qué lo dijiste?
Al no recibir respuesta de su parte, no pudo evitar pensar en la semana pasada.
Mientras la luz entraba por las ventanas iluminando el suelo y las paredes, Vivian siguió a Leonard sin saber a lo que se refería.
No solo no tenía idea de ello, sino que al parecer él no estaba de humor para hablarle.
Sin embargo, Vivian no pudo hacer otra cosa que insistir.
—Leo —esta vez sus pasos se detuvieron lo que causaron que él también lo hiciera.
Leonard se había estado controlando desde que volvieron a la mansión, siendo un vampiro, la había escuchado sin dar respuesta a sus preguntas, que él consideraba que ella ya debería saber.
Lo que no significaba que la estuviera ignorando.
Pasando su mano por su cabello, se volvió hacia ella, —Supe que aceptaste una flor de un hombre.
—Lo hice, pero…
—De eso era de lo que estaba hablando —escupió.
—¿Por qué estás enojado?
—trato de hacerlo entrar en razón.
—Porque aceptaste la maldita flor —ella se sobresaltó cuando él golpeo la pared con su puño —¿Estás pensando en irte?
—dijo con seriedad —¿Qué?
¿¡Cuándo dije eso!?
—respondió ella.
—¿No es eso lo que significa cuando aceptas una flor de un hombre?
—resoplo—¿has pensado en el irte de la mansión?
¿Quién es el hombre?
—sus ojos se abrieron a medida que esta idea se le cruzó por la mente.
—¡No es así!
—exclamó Vivian.
¿De dónde sacó esa idea?
—No la acepté de un hombre, sino de un niño.
—¿Un niño?
—sus cejas se relajaron.
Ella asintió, —Si.
Un niño pequeño que conocí en el mercado.
¿Por qué piensas que me iría?
Yo no estaría aquí si no…
—se silenció.
Vivian no tenía idea de dónde había sacado la idea de que iba a irse de la mansión.
—¿Qué?
—le pregunto él.
—¿Qué?
—le dio la espalda y él se le acercó con largos pasos.
—Termina lo que ibas a decir, Bambi —susurro él…
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