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Bambi y el duque - Capítulo 73

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73: Capítulo 74.

Pequeñas cosas – Parte 5 73: Capítulo 74.

Pequeñas cosas – Parte 5 Editor: Nyoi-Bo Studio —Yo…

—en la luz que los iluminaba, Vivian de repente comenzó a sentirse eufórica por la cercanía de Leonard, —yo no estaría aquí si no quisiera.

Él la vio pestañear una vez, luego dos veces.

Leonard estaba esperando algo más, pero por ahora, se conformaría con eso.

—¿Amo Leonard?

—se oyó la voz del cochero desde la sala, no le gustaba que el sirviente interrumpiera su momento con Vivian.

—Bambi —dijo—Prométeme algo.

—Dijiste que las promesas estaban hechas para romperse —le dijo, a lo que él le dedicó una mirada grave.

Eso fue lo que él le respondió cuando ella trató de que le prometiera algo cuando eran más jóvenes.

Cuando se suponía que iría a la mansión para celebrar su cumpleaños.

Había regresado una semana más tarde mientras la inocente Vivian estuvo todo el día esperando su llegada.

—Esta no debe romperse.

Sin importar qué, —habló lentamente para asegurarse que ella escuchara claramente cada palabra sin la necesidad de repetirlo —no me dejes.

Sus palabras eran simples, sin embargo, estaban llenas de esperanza y confianza, lo que sacudió su mente.

—No planeaba hacerlo.

—Por supuesto —sus manos encontraron el camino hacia su rostro —si alguna vez lo haces, te encontraré.

Te encontraré y te llevaré de vuelta conmigo—.

susurró las palabras en sus labios antes de besarla.

Sus atrevidos labios se movieron contra los de ella, que eran tímidos.

Enroscando su cabello en sus dedos, la acercó a él.

Succionando los labios de ella, con su mano recorrió el cuello y luego bajó por el lado de su pecho, haciéndola quedar sin aliento de la sorpresa.

Su mano por acto reflejo reacciono rápidamente y se posó en el pecho de él.

—Leo —susurró su nombre intoxicada por el beso —Mm…

—introdujo la lengua en su boca.

Sus lenguas se rozaban hasta sentir la dulzura del otro.

Le estaba succionando los labios una y otra vez, mordiéndola sin cuidado y dejándola adolorida.

Cuando sus labios se separaron, un hilito de saliva brilló a la luz y Vivian se sonrojó.

Antes de poder limpiarlo, se cortó.

Su corazón se paralizó y sus ojos se abrieron cuando él le limpio el borde de los labios.

—Amo Leonard —se escuchó la molesta voz del cochero, a la que Leonard finalmente respondió, —Sí, ya bajaremos.

Puedes esperar en el carruaje Nelson —dijo mientras observaba a Vivian cuyas mejillas se habían enrojecido —¿estás bien?

le oyó decir ella.

—Sí -dijo tímidamente desviando la mirada.

—Entonces bajemos —le contestó aparentemente indiferente por el beso que acababan de compartir.

Leonard lideró la bajada por las escaleras.

Ella sintió su corazón dar un vuelco por el súbito cambio de humor por parte de él.

Si no fue hace un minuto que se estaban besando apasionadamente, ahora parecía que no hubiera pasado nada.

Borrando esos pensamientos de su mente, lo siguió asegurándose de no pisar mal para no caerse por las escaleras.

Al llegar abajo, Vivian notó que la oscura sala ahora estaba mayormente iluminada por velas.

Esto la hacía parecer menos embrujada, esa sensación de vacío que había sentido, desapareció en lo profundo de su mente.

Recordando como se sintió cuando puso un pie en la terraza le dio escalofríos.

Aun hacía frío.

Frotando sus brazos con las manos, vio una mesa con platos y comida en el centro de la sala.

Como si hubiera esperado una reacción, Leonard observó por sobre el hombro la expresión de sorpresa en el rostro de ella, que luego se convirtió en una sonrisa.

—Es un picnic —murmuró Vivian asombrada.

—Es una cena privada, querida —le corrigióél.

Ella aceptó agradecida el asiento que él le había ofrecido, miró la mesa y luego a Leonard que había abierto una servilleta y la puso en su regazo.

Ella, al verlo, hizo lo mismo.

Como se convirtió en criada desde muy joven, nadie le había enseñado cómo se comportaba la élite en la mesa.

Recordó que había pasado la mayor parte de su vida comiendo en el piso de la cocina con el resto de los sirvientes.

Las otras veces que había estado con Leonard, estuvieron en la sala de vidrio o fuera de la mansión en un árbol donde nadie los pudiera encontrar.

Pero eso no significaba que Vivian no sabía cómo comportarse y pasar desapercibida entre los demás.

Al final, la etiqueta estaba, pero nunca la aplicaban.

Después de todo, aprendía rápido, a pesar de que llegó como una criada, el mismo Leonard le había enseñado.

El hecho de que Leonard escogiera un lugar en el que no hubiera nadie para juzgarla, la hizo sentir extremadamente a gusto y a salvo.

Se había sentido insegura respecto a la salida, el solo pensar en las posibilidades de lo que podría pasar, inundaron su mente cuando recordó la situación en la mansión del Señor.

No iba a lamentarse por la gente que la avergonzó en público, pero no era algo que quisiera experimentar nuevamente.

Luego de descorchar la botella de vino, Vivian vio a Leonard servirlo en dos copas.

En la mesa había carne, pollo y unos pocos vegetales que emitían vapor, lo que indicaba que habían sido calentados hace unos minutos.

Para romper el silencio, Vivian decidió entablar una conversación—¿cómo está Charlotte?

La última vez que la vi, había perdido peso —lo que era cierto.

A diferencia de los vampiros promedio, los de sangre pura aun teniendo características de vampiro se parecían bastante a los humanos, lo que los hacía parecer más saludables en comparación a los que eran pálidos.

—Está mejorando.

Tía Priscilla está buscándole una pareja —respondió con calma Leonard mientras servía la comida.

—Ah…

—asintió.

No era de una sorpresa, ya que Vivian y Charlotte tenían la misma edad, se estaban acercando al momento en el que deberían casarse.

—¿Qué hay del Sr.

Wells?, pensé que sería una buena pareja para ella —la propuesta de Leonard hizo que Vivian elevara sus cejas.

—Pensé que una familia de sangre pura solo consideraba a gente de su tipo para el matrimonio—comentó ella.

—Mm…

es cierto —le ofreció la copa de vino —Jerome es un buen hombre —al oír esto Vivian elevó sus cejas, pero que no alcanzó a disimular sin que él lo notara —a pesar de que viene de una familia promedio, creo que se ha creado un nombre decente dentro de la alta sociedad.

Y no hay que olvidar su conexión con el Señor del oeste.

Prefiero salir con él antes que con los que están solo detrás del dinero de su familia.

Leo tenía razón, pensó Vivian para sí misma.

Conocía desde hace mucho tiempo a Charlotte y podía decir lo mismo de Jerome, harían una buena pareja.

—¿Lo aceptará la Sra.

Easton?

—incluso con todo lo que habían logrado, ella sabía que algunas familias no abandonaban sus tradiciones.

—No le importará.

¿Olvidaste que nuestras familias no siguen las reglas de nuestros ancestros?

—le preguntó cogiendo un poco de comida— si lo hicieran, no estaríamos cenando ahora —sonrió.

Era un alivio oír eso.

Sintiendo la boca un poco seca, ella tomó la copa de vino que estaba al lado de su plato.

A pesar de haber visto cómo comían los demás, nunca le prestó mucha atención a la forma de beber.

Sin saber que el vino se debía tomar en sorbos, se lo tragó como si fuera limonada.

Leo no la detuvo de tomarse el vino de un solo trago.

Prefería sentarse en silencio y disfrutar de su comida y su compañía, le preguntó, —¿Otra copa?

—Sí, por favor —ella le tendió su copa vacía que el volvió a servir.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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