Bambi y el duque - Capítulo 74
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74: Capítulo 75.
Susurros solitarios 74: Capítulo 75.
Susurros solitarios Editor: Nyoi-Bo Studio ~ ~ ~ ~ ~ ~ ~ Luego de que la última gota de vino cayera en su copa, Leonard dejó a un lado la botella, de la cual había servido la mayoría de vino a Vivian.
El vino era un regalo de uno de sus amigos concejales, quien se lo había dado por completar un trabajo específico cuando viajó a Mythweald.
Era un vino para vampiros con una alta probabilidad de intoxicación si se consumía, ya que el alcohol normal no hacía efecto en los vampiros.
Su intención no era emborracharla para tomar ventaja de ella, tan solo había algo que quería confirmar con ese fin.
Vivian no era un humano ordinario, con la reciente información que había obtenido de la hermana Isabelle, concluyó que ella era una sanadora.
Raro por donde se le viera.
Pero antes de llegar a cualquier conclusión, quería asegurarse que lo que había descubierto era verdad.
Y tal como lo pensó, el vino no la afectaba.
Leonard se había limitado a no más de una copa.
Vampiro de sangre pura o no, el vino se le hubiera subido directo a la cabeza si hubiera tomado más de dos copas, por ello, se limitó a solo una.
Vivian se veía calmada y serena, sus delicados dedos tomando el cuchillo.
Cuando lo descubrió observándola, se le resbaló de las manos, haciendo un sonido contra el plato.
—Perdón —murmuro cuando el sonido del utensilio llenó el espacio.
Al darse cuenta, dijo —¿qué hay de Nelson?
—Está cenando en el carruaje —¿con este frío?
pensó Vivian para sí misma.
Aunque ellos estaban dentro de la mansión, aun así, estaba frío.
Se preguntó cómo se estaría resguardando del frío el cochero —no te preocupes de otras cosas cuando estás conmigo, Bambi.
—No dije nada más…
—recibió una penetrante mirada de parte de él.
—No me gusta que alguien más ocupe tu mente —dijo sin agregar “excepto por mí”.
Comió el último bocado de su plato y dejó el cuchillo y el tenedor.
Solo por el hecho de que fuera tolerante y cercano con ella, no significaba que era de misma manera con el resto del personal que trabajaba para él.
Vivian era una excepción.
Leonard quizás haya sido criado en una familia donde su madre le había enseñado a ser amable con las personas que eran inferiores a él, pero también era influenciado por su tío, Sullivan Carmichael, quien no tomaba en consideración a los humanos o a los vampiros humildes.
Mientras él recogía la servilleta de su regazo y se limpiaba cuidadosamente la boca, Vivian no pudo evitar contemplar el ventanal por donde se podía ver la nieve caer afuera.
—¿Siempre nieva acá?
—preguntó curiosa.
Lo más seguro es que siguieran en Bonelake, ya que no viajaron muy lejos, pero el tiempo en este lugar era cuestionable.
Ni siquiera estaban cerca del invierno para que nevara —comenzó a nevar luego que falleciera el segundo Señor— asintióél.
Esto despertó su curiosidad por la mansión.
—¿Podemos dar una vuelta por la mansión más tarde?
—Lo que tú quieras —le dedicó una dulce sonrisa a la que ella respondió feliz— no tenemos apuro— le comentó cuando la vio tratando de terminar su plato rápidamente una vez que observó que el suyo estaba vacío.
Ambos cargaban linternas a medida que recorrían la mansión y Vivian la exploraba.
Todas las puertas estaban sin seguro, lo que las dejaban libres para entrar.
Era una sorpresa que los ladrones no supieran de este lugar en el que podían encontrar lujos.
Aparte de la terraza que estaba llena de magia, el resto de la mansión parecía aburrida y oscura.
Los retratos de los antiguos Señores con sus familias seguían colgados en las paredes.
Al ver la pintura siguiente, en la que solo estaba el segundo Señor, una expresión de confusión adorno su rostro.
Mirándola, se mordió el labio.
Leonard, que había estado mirando el retrato anterior, encontró a Vivian viendo perpleja la pintura.
Acercándose a su lado, soltó una risita, —Una pintura interesante, ¿no es así?
—Oh, sí—respondió ella, acercando la linterna al retrato para verlo mejor.
En todas las pinturas que había visto antes, el Señor estaba en su majestuoso asiento o de pie, grande y poderoso.
Difícilmente se podría decir que era humano, pero el pintor fue quien plasmo lo que vio.
Eran pinturas familiares, pero en ninguna vio un niño.
Quizás no tuvo hijos.
El que tenía en frente ahora, era completamente distinto a los demás, podría decirse que era más bien único.
El Señor del retrato no estaba sonriendo, ni se mostraba orgulloso, sino que tenía una mezcla de terror que lucía bastante fuera de lugar.
—El pintor nunca reprodujo esto en frente del Señor, pero no puedes culparlo por hacer lo que se suponía que debía.
Por el miedo de ser decapitado, lo escondió donde nadie pudiera encontrarlo, justo debajo de los calabozos donde se llevaban a cabo las pinturas, lugar al que solo se le permitía el acceso al pintor y al Señor, por supuesto —le explicó Leonard a medida que avanzaban y ella le daba una última mirada a la pintura —la trajeron y la colgaron aquí cuando estaban limpiando la mansión después de su muerte.
Es algo que da para pensar —Se ve asustado —comentó ella.
—Lo está.
—¿Qué crees que lo hizo reaccionar de esa forma?
—Desafortunadamente, nadie ha encontrado esa respuesta.
Hace tiempo, un concejal se sintió tan intrigado por ello que salió en busca del pintor y descubrió que se había suicidado —Leonard la llevó por los pasajes que llevaban al calabozo.
—¿Por qué?
Vivian frunció el ceño en cuestión.
—Quién sabe.
Hubo una serie de especulaciones respecto a que lo había hecho reaccionar de esa manera, pero al final, no eran más que teorías.
Cuidado adentro —le dijo guiándola hacia un cuarto que olía fuertemente a pintura, aguarrás y polvo— bienvenida al cuarto de pintura.
Ella saltó de miedo por una araña que colgaba cerca de su rostro.
Respirando profundamente trató de calmarse, tomó un palo de madera que había en el suelo para limpiar las telarañas de su paso.
—Nadie ha limpiado este cuarto —señaló, por la cantidad de polvo y telarañas que habían, se preguntó quién fue la última persona que estuvo allí.
—No lo dudo.
Por cómo luce, dudo que hasta un vampiro pusiera un pie en este lugar —oyó decir a Leonard, volteándose a donde estaba él, encontró un esqueleto sentado en el piso.
—¿Por qué esta persona no está enterrada?
—susurró como si el esqueleto pudiera oírla si hablaba un poco más fuerte.
—En el testamento del Señor ponía que no se debía tocar nada.
El consejo respeta a los muertos —dijo agachándose para mirar el esqueleto— sinceramente, no estoy completamente seguro —dejó escapar un suspiro— los edictos y las reglas eran distintas hace un par de siglos, a diferencia de ahora que son más claras, por lo que no se pueden quebrantar.
Asintiendo, Vivian dio un paso adelante, encontrándose de cara con otra araña, dándole un susto tal que se cayó de trasero.
—¡Ay!
Hay demasiadas arañas aquí—exclamó sentada en el polvoriento suelo.
—¿Estás bien?
Leonard le ofreció su mano.
Vivian la tomó, e inconscientemente puso su mano en la pierna del esqueleto, lo que la hizo gritar de repente.
Afortunadamente, Leonard ya la había levantado y la acerco a él en una actitud protectora.
Sin saber qué había ocurrido, la consoló— Shh, todo está bien —acarició su cabeza viendo alrededor para ver si había algo sospechoso, pero no encontró ni sintió nada.
¿Había visto una araña más grande?
Él sabía muy bien que ella no era muy amiga de aquellas pequeñas criaturas, era la forma más fácil de asustarla.
Por más que fuera una forma cruel, era la única manera de lograr que hiciera cosas.
A pesar de que ahora dudaba que fuera ese el caso, especialmente por la forma en que ella temblaba en sus brazos.
Al volver a la sala que estaba iluminada por las velas, Leonard no soltó la mano de Vivian.
Ella lucía notablemente alterada por algo que había visto y por mucho que él quisiera averiguarlo, decidió darle tiempo.
Soltando su abrigo por un momento, se quitó la chaqueta para ponérsela sobre los hombros para luego tomarla nuevamente de la mano y salir de la mansión.
El carruaje no estaba muy lejos de la entrada y Leonard no se molestó en esperar a que el cochero lo acercara.
Tras ver al Duque y a la chica acercándose, el cochero se apresuró a bajar del carruaje y abrirle la puerta a la pareja.
La vuelta a la mansión Carmichael ocurrió en silencio.
Vivian dejó de temblar de lo que fuera que la había atormentado.
Leonard la observó mientras ella miraba al frente sin moverse.
Se veía completamente perdida en sus pensamientos.
Una vez que estuvieron de vuelta a la mansión, Vivian no podía describir cuan a salvo se sentía allí.
Lejos de la mansión en la que había experimentado algo que creía que no debía.
De camino a su habitación, varias criadas la quedaron mirando, algunas inexpresivas y otras despectivamente, pero con lo absorta que iba en sus pensamientos, no se dio ni cuenta.
Ya dentro de su habitación, cerró la puerta.
Luego de cambiarse a su ropa de noche, se enjuagó el rostro con el agua de un contenedor que mantenía en una esquina de la habitación.
Cuando estaba abriendo la cama, se escuchó un firme golpe en su puerta.
Al abrirla, no era otro que el mismo Leonard, que no se había cambiado la ropa desde que volvieron.
Leonard no le tuvo que decir a Vivian la razón de su visita a esas horas de la noche.
—¿Estabas por dormir?
—le preguntó, al ver la cama deshecha.
Ella asintió.
—Tengo que despertarme temprano para trabajar mañana.
—No será necesario, —le dijo entrando a la habitación— Necesito ir a visitar al Señor Nicholas a su mansión y me gustaría que me acompañaras.
—No hay problema —respondió con una pequeña sonrisa.
—No hay problema si te arropo, ¿no es así?
—esto la hizo reír.
—No soy una niña, Leo —le recordó.
—Estoy consciente de ello —respondió, de todas formas, ayudándola a acostarse— estoy seguro de que hemos establecido más de una vez en que ya no eres una niña —le dio una mirada que la hizo recordar del momento cuando se besaron—¿cómoda?
—le preguntóél.
—Más que nunca —su respuesta le hizo sentir un dulce dolor en su pecho.
—Estarás mucho más cómoda en el futuro —dijo sin esconder sus pensamientos —¿Por qué?
—No pienses que estarás durmiendo aquí para siempre, ¿o sí?
Por mucho que me guste que estés aquí porque estas cerca, preferiría tenerte durmiendo en mi cama —lo dijo como si estuviera hablando de la ropa que debía usar.
Leonard sabía que sería egoísta de su parte pedirle que se trasladara a su habitación, sobre todo cuando ella estaba recién estableciendo sus sentimientos por él.
Ya había esperado por bastante tiempo y si ella necesitaba un poco más, él se lo daría.
Se sentó en la cama.
Su mano se acercó a la cabeza de ella, quitando el cabello lejos de su rostro, observando sus ojos negros.
Sus pupilas ya no se dilataban en señal de miedo y su corazón latía más tranquilamente, a un ritmo al que él ya se había acostumbrado.
Luego la escucho decir—¿no me vas a preguntar por lo que pasó allá?
—avergonzada, trato de cambiar la conversación.
—Esperaré hasta que te sientas cómoda hablando de ello.
No hay apuro —le aseguro.
—¿Por qué eres tan amable…
algunas veces?
—agregó y un lado de los labios de él se curvo.
—Por ti.
Ella se volteó hacia su lado para poder verlo sin la necesidad de estirar el cuello.
Vivian no había pensado en algunas cosas tan profundamente, pero hace unos días había llegado a la conclusión de que Leo, siempre había sido especial y que no compartía ese mismo vínculo con nadie más.
Mientras más lo aceptaba, mayor era el revuelo que causaba su corazón cuando él estaba cerca.
Su suave cabello rubio caía sobre sus oscuros ojos color sangre que la miraban gentil y pacientemente.
Luego de quitarle el cabello del rostro, puso su mano nuevamente en su regazo.
Gotas de lluvia comenzaron a golpear el techo y la ventana, camuflando cualquier otro sonido en el ambiente.
—Pueden las nuevas reglas sustituir a las antiguas?
—preguntó ella.
—Algunas si y otras no.
¿Es por la mansión?
¿Por el esqueleto?
—ella lentamente movió su cabeza de arriba abajo.
Apoyando su mano en el colchón, Vivian se sentó para mirar a Leo, las sábanas se resbalaron hasta su regazo.
—Pienso que el esqueleto necesita ser enterrado.
El alma…
el alma de la persona ya ha sido torturada lo suficiente —Leonard levantó sus cejas por sus palabras.
—¿Por qué lo dices?
la persuadió para que le diera una respuesta.
Vivian tragó saliva y ordenó sus palabras antes de abrir la boca— cuando toqué el esqueleto, yo, yo vi algo —respiró profundo, desviando la mirada de la de él— había sangre, mucha sangre en el piso y, y piel desgarrada…
—fue incapaz de detallar lo que vio.
Cerró sus ojos —a pesar de que fue por un momento, no pude seguir viendo— negó con la cabeza.
Si pensaba que ya había visto violencia y sangre, lo de hoy era mucho peor.
¿Por qué lo vio?
Leonard no había visto nada, pero ella sí, algo que se mantenía escondido y que no se debía saber.
Cuando sus ojos se volvieron a encontrar, él suspiró suavemente—, eres especial, Vivian.
No sé cómo o por qué, pero no eres como el resto.
—¿A qué te refieres?
—dijo frunciendo el ceño.
—En nuestro mundo hay distintas especies.
Algunas con las que estamos familiarizados y otras que no son conocidas por la gente común.
Humanos, brujas blancas, brujas negras, vampiros, vampiros de sangre pura —ella lo interrumpió.
—¿Soy una bruja blanca?
—sus palabras estaban llenas de curiosidad.
Leonard meneó la cabeza —no, eres una especie diferente.
Una que esta extinta.
Una sanadora.
—¿Una sanadora?
—Sí.
No tengo mucho conocimiento al respecto, pero como el nombre lo dice, puedes sanar gente.
Esa es tu respuesta al incidente que ocurrió en el mercado, la herida de la que hablas.
—No creo que sea verdad —sacudió su cabeza.
—Aunque no te puedes curar a ti misma.
Puedes sanar a todos excepto a ti, Vivian, pero mientras más lo hagas, más corta será tu vida.
Considéralo como algo en lo que estás dando tu vida para ayudar a alguien más —le explicó a Vivian, quien lucía confundida tratando de entender la situación— debido a que los sanadores pertenecen a una rara especie, el exponer tus habilidades te pondría en problemas.
Brujas, hombres del consejo, vampiros, para nombrar algunos de lo que intentaran cazarte.
Por favor abstente de usarlo —a pesar de que tenía razón, por otro lado, no quería que su vida se acortara.
¿Cazarme?
pensó Vivian mientras la sangre abandonaba su rostro, empalideciendo.
La visión quizás tenía que ver con ser una sanadora.
—Está bien —asintió ¿Como podía ser algo que nunca había sido antes?
Después de todo, todo este tiempo había sido humana.
Viendo las palmas de sus manos, se dio cuenta que nada había cambiado.
—Creo que necesito saber de dónde vengo —a pesar de haberlo murmurado, Leonard la escuchó claramente.
—Déjame ayudarte con eso entonces —ella le dedicó una pequeña sonrisa en forma de aceptación.
—Ven aquí—le dijo el abriendo sus brazos.
Vivian dudó acercarse a él— No tienes nada de qué preocuparte, Vivi.
No importa cómo resulten las cosas, siempre estaré a tu lado —con sus brazos alrededor de ella, se abrazaron.
—Gracias Leo —dijo suavemente.
Aún era algo que había que procesar, si podía descubrir de dónde venía, eso respondería las preguntas que inundaban su mente.
Luego de un momento, dijo— creo que algo muy malo ocurrió ahí—susurró, refiriéndose a la mansión.
—Ocurren muchas cosas que no vemos.
Déjame intentar investigar qué pasó y veamos qué encuentro —le ofreció, sabiendo que ella no sería capaz de estar tranquila antes de resolver este misterio— ahora duerme —le besó la cabeza.
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