Bambi y el duque - Capítulo 75
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75: Capítulo 76.
Desayuno en la mesa 75: Capítulo 76.
Desayuno en la mesa Editor: Nyoi-Bo Studio Cuando Vivian despertó en la mañana, seguía lloviendo.
Se restregó los ojos mientras bostezaba.
Se había quedado dormida anoche muy tarde en compañía de Leonard, de quien no había rastro en su habitación ahora.
Obligándose a levantarse de la cama, se sentó observando vacíamente la pared frente de ella.
Sus labios formaron una pequeña sonrisa a medida que recordaba las nuevas memorias que se crearon.
La llenó de alegría el pensar que finalmente habían pasado el tiempo juntos.
A pesar de algunas cosas que había descubierto, anoche fue hermoso.
¿Por qué no habría de serlo?
había pasado todo el tiempo con Leonard.
Hablando con él, caminando a su lado mientras conversaban de su trabajo, en el que ella había estado siempre interesada.
Pero Leonard nunca le dijo nada.
Solo le habló de los que creía que ella iba a entender.
No era como que le estuviera mintiendo.
Después de todo, esconder era distinto a mentir.
A los ojos de Vivian, su trabajo consistía en viajar y conocer distintas personas que vivían en diferentes tierras, la información que él convenientemente omitía era que, parte de su trabajo como miembro del consejo, lamentablemente, asesinaba gente.
La sonrisa en sus labios se deshizo cuando recordó lo que había visto en el cuarto de pintura.
Leo le dijo que investigaría sobre aquello, pero que no sería fácil obtener la información sensible que era enterrada con otros hechos para borrar lo que realmente ocurrió.
Sus ceño se frunció en preocupación.
Todos estos años había crecido para ser parte de la sociedad humana, el decirle que de pronto pertenecía a otra especie, la hizo mirar sus manos.
¿Realmente tenía ese tipo de poderes?
No era difícil de creer.
No, luego de que ayudó al pequeño niño en el mercado.
Vivian deseó que pudiera probarlo una vez más, pero eso significaba que alguien tenía que ser herido físicamente, con lo que ella no se sentía cómoda.
Y también estaba el hecho de que Leonard le había advertido de no utilizarlos, ya que disminuiría su tiempo de vida.
En lo profundo, se sentía secretamente feliz por ello.
Por pensar que era especial y única en su especie.
Mirando hacia afuera por su pequeña ventana, se preguntó qué hora era.
La mañana, el medio día y la tarde lucían casi igual, si alguien despertara de su sueño en uno de esos horarios, sería difícil saber qué hora es exactamente.
En la tierra de Bonelake, era difícil adivinar la hora considerando que todo el tiempo llovía y estaba nublado.
Ya que Leonard le había pedido que lo acompañara donde el Señor Nicholas, se alistó y fue a la cocina para comer algo antes de abandonar la mansión de Rune.
En su camino, se encontró con la criada llamada Hana que estaba mirando el piso mientras el mayordomo la regañaba, —¿Cuánto crees que pasó desde la última vez que te advertí?
—escuchó a Jan decirle a la criada.
La criada abrió la boca, pero no dijo nada por el miedo de no saber si iba a ser regañada por hablar delante de él.
Físicamente, Jan, el mayordomo, lucía delgado y débil, si no fuera por sus brillantes ojos rojos, alguien podría considerarlo un objetivo fácil para golpear en el callejón del mercado, pero era su afilada lengua lo que mantenía a las personas trabajando en la mansión Carmichael—, ¿perdiste la lengua?
—le pregunto él.
—Ha-hace una semana —consiguió decir Hana.
Era la misma criada que usualmente la criticaba, por lo que Vivian no sintió pena por ella.
—Hace menos de una semana —le corrigió el mayordomo—, ¿no dice una de las reglas que a las criadas que se les encontrara chismorreando temas innecesarios enfrentarían consecuencias?
Creo que tengo que hacer algo al respecto —murmuró la última frase para sí mismo.
—¡Por favor perdóneme!
—se disculpó la criada, pero aquí no había lugar para los errores.
El mayordomo estaba consciente de que su ausencia generaba murmureos e historias entre las criadas de la mansión, las que se callaban ante él.
Debido a la salida del Duque y la criada la tarde de ayer, las palabras no se hicieron esperar por los humanos inferiores, y no sería tolerado.
A sus ojos, era mejor eliminar la hierba de raíz antes de que se esparciera y causara daño, y ahora mismo, esa chica era la mala hierba.
—Como castigo, iras a la mansión del Señor y le vas a “ayudar” a alimentar los lobos —dijo Jan cuidadosamente.
—¿Ayudar?
—Sí, eso será todo —el mayordomo se giró para ver a Vivian, que había pasado por su lado— Vivian.
Vivian intentó pasar desapercibida para no enfrentarse a los ojos como de halcón del mayordomo, pero al parecer había fallado en su intento de ser invisible.
No es como que pudiese lograrlo, considerando que esta era la única forma de llegar desde dentro de la mansión a la cocina, ya que la otra, era entrar por la puerta de atrás que estaba al fondo de la mansión.
—Dígame —respondió.
—El amo Leonard ha pedido que lo acompañes a tomar el desayuno en el comedor —le informó.
—Oh.
Está bien —inclinando su cabeza, se dirigió hacia Leonard, quien ya estaba sentado en la mesa con el periódico en su mano— Buenos días —lo saludo con una sonrisa.
Al oírla, Leonard levanto la vista y sonrió—, Buenos días.
¿Cómo dormiste?
—le preguntó.
No pasó mucho antes de que el mayordomo apareciera para servirles.
Jan acomodó la silla en frente de Leonard para ella y Vivian no estaba segura de cómo reaccionar.
Había estado en el comedor varias veces, pero nunca en toda su vida, se sentó en esa mesa.
A los sirvientes no se les permitía sentarse con sus amos, era un protocolo que cada familia seguía.
La última vez que estuvo con más gente, fue en la mansión del Señor, lo que la hizo preguntarse si se haría de nuevos alguna velada para la élite.
Este pensamiento llenó su pecho de inquietud.
—Siéntate, Vivian —con pasos vergonzosos, caminó alrededor de la mesa para sentarse y ser gentilmente acercada a la mesa.
Antes de sentarse, Vivian le dedicó una mirada al mayordomo quien lucía carente de alguna expresión, pareciendo una estatua.
No importaba cuánto intentara esconder su sorpresa, Leonard estaba atento, sabía bien lo que estaba pasando por la mente de Vivian en ese momento.
Podía haber sido una criada que trabaja para los Carmichael desde muy joven, pero él, no planeaba que ella siguiera en los niveles más bajos de la sociedad.
Desde su punto de vista, no había razón para estar perdiendo el tiempo cuando podía cambiar todo ahora mismo.
Ella era quien él quería en su vida y no la cambiaría por nada.
Ni siquiera un alma.
Para él, ella era el ancla que lo mantenía en tierra.
Lejos de lo oscuro que había llegado a ser este mundo por las cosas que él ya conocía.
—Aquí no hay nadie más que nosotros.
Come libremente —le comentó cuando Jan fue a servir la sangre del frío frasco.
—Bueno —respondió ella, tomando la servilleta que tenía a su lado para ponerla en su regazo.
Cogiendo el pequeño tenedor de plata, comenzó a comer en silencio mientras Leonard comía tranquilamente.
No ayudaba que el mayordomo, quien estaba constantemente diciéndole que hiciera su trabajo, estuviera ahora sirviéndole desayuno con extremada cortesía.
Sin saber cómo sentirse al respecto, considerando que hace unos días le había dicho que se estaba tomando demasiadas libertades, comió con sumo cuidado.
—¿Iremos a la mansión del Señor?
—preguntó para saber si había algún cambio en el itinerario de Leonard.
—Si.
Será una visita corta.
Una hora máxima.
—Está bien.
Gracias —murmuró cuando el mayordomo llenó su vaso con agua pues ella ni siquiera se lo había pedido.
—¿Eso es lo que vas a usar?
—por la pregunta Vivian miró su vestido antes de volver a levantar la vista.
—¿Quieres que me cambie?
—le respondió con otra pregunta.
El vestido que tenía puesto ahora no era magnifico, pero era decente, no estaba roto ni era aburrido.
A sus ojos, era el mejor vestido que tenía, pero quizás, no lo era para Leonard, pensó Vivian para sí misma.
—No, ese está bien —no agregó otra palabra hasta que Jan volvió a la sala— Jan —el mayordomo se detuvo y prestó total atención a lo que Leonard tenía que decir.
—¿Si, amo?
—Dile a los sirvientes que limpien el tercer cuarto en el ala derecha de la mansión.
Hay que poner sabanas limpias y de ser necesario cambiar la colcha por una nueva.
Asegúrate que el agua del baño funcione, ya que ha pasado bastante tiempo desde la última vez que se utilizó—le informó al mayordomo.
Vivian se preguntó si algún familiar de él se iba a quedar en la mansión por un tiempo— y mueve todas cosas y las pertenencias de Vivian al cuarto, —¿Al tercer cuarto?
—el mayordomo verificó si había escuchado bien.
Vivian que se estaba preguntando sobre la visita, fijó sus ojos en Leo.
—¿Dije el cuarto?
—Leonard le preguntó al mayordomo, moviendo su cabeza en pregunta.
—No, Señor.
—¿Por qué van a trasladar mis pertenencias allí?
—preguntó Vivian, obtuvo respuesta apenas las palabras abandonaron su boca, conteniendo el aliento.
—Jan.
Cierra la puerta —ordenó, dejando el tenedor, se levantó de su asiento y rodeó la mesa, mientras al mismo tiempo Vivian se levantó de su asiento.
Una vez que Jan cerró la puerta, Leonard tomó la mano de Vivian.
Tanto Vivian como el mayordomo esperaron a ver cuál era la intención de Leonard—, quédate quieta.
Esto va a doler —dijo— recorriendo la palma de su mano con la uña del dedo para concentrar la sangre y luego presionar.
Nadie está acostumbrado a que le entierren la uña en las palmas de sus manos, menos Vivian.
A medida que Leonard presionaba aún más su uña en la piel, ella se encogió de dolor, lo que llenó sus ojos de lágrimas.
Una vez que él la soltó, ella sin saber si era porque no tenía uñas, pero de repente se sintió como si desapareciera un peso de sus hombros.
—Desde ahora, ya no serás más una criada de la mansión Carmichael —el mayordomo, quien hace poco lucia carente de cualquier emoción, no pudo esconder su expresión de asombro ahora que Leonard hablaba.
Leonard había eliminado el vínculo de amo-esclava entre ellos— no vas a trabajar más como criada acá, en cambio, vas a vivir una vida más respetada.
Vas a vivir como mereces, Vivian —dijo acercándose a ella.
La marca que se formó en su espalda durante el vínculo se desvaneció lentamente bajo el vestido.
Al principio, cuando la marcó con el vínculo de esclava, se entristeció al pensar que él no confiaba en ella, pero así había ameritado la situación.
Él perdió a su familia por una criada.
Le estaba ofreciendo una vida que muchos desearían tener, pero de la que nunca podrían ser parte.
—Yo…
—Vivian trató de digerir sus palabras— No sé qué decir —dijo francamente y lo vio sonreír.
Él sacó el pañuelo de su bolsillo para envolver la mano sangrante de ella y dijo, —No tienes que hacerlo…
—aseguró la tela blanca que se volvió carmesí al absorber la sangre—, lo sé, Bambi.
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