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Bambi y el duque - Capítulo 76

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76: Capítulo 77.

La mansión de Rune — Parte 1 76: Capítulo 77.

La mansión de Rune — Parte 1 Editor: Nyoi-Bo Studio Desde que el carruaje había partido de la mansión Carmichael, Vivian no pudo dejar de mirar de reojo a Leonard, quien finalmente se volvió para mirarla.

—¿Qué pasa, Vivi?

—le preguntó, su mano se acercó a ella para poner un mechón de pelo detrás de su oreja.

Ella meneó su cabeza en respuesta— Si me sigues mirando así, me hace pensar que no estás feliz con la decisión que tomé.

—Lo estoy.

Solo me tomó por sorpresa.

¿Te puedo preguntar algo?

—él asintió para que ella continuara—¿Por qué ahora?

—¿Por qué deshice el vínculo después de todo este tiempo?

o ¿por qué te estoy convirtiendo en una dama?

¿Cuál pregunta es?

—Leonard la conocía bien, articulaba las preguntas que ella no podía hacerlo en ese momento.

—¿Por qué decidiste deshacer el vínculo hoy?

—lo vio reclinarse en su asiento.

—Lo decidí después de que te dormiste.

Sé que recién has comenzado a experimentar cosas y tomará tiempo hasta que identifiques completamente tus sentimientos por mí—su voz era gentil— hace poco te has dado cuenta de lo que sientes.

Como dije, me gustaría algún día compartir la cama contigo, pero eso no significa que tengas que dormir en ese cuarto estrecho.

Te mereces mucho más y no veo porqué no podría consentirte con todo lo que tengo —dijo sinceramente.

—E-eso no responde mi pregunta —Vivian lucía avergonzada antes de ordenar sus pensamientos —¿es por la sociedad?

—¿Qué hay con ello?

No sabía como decirlo sin que las palabras sonaran duras —que las personas nos rechazarían.

Un Duque y una criada teniendo un amorío…

—dijo tocando un nervio.

—Vivian —al decir su nombre ella se preparó para ser regañada, porque así se oía su voz— esto no es un amorío.

Lo que tengo contigo está lejos de ser un amorío y respecto a la sociedad, no tengo interés en saber lo que la gente piense —luego agregó—¿preferirías quedarte como una criada?

—Nunca dije eso —Vivian frunció el ceño.

Pasar de ser una criada a una dama en cosa de minutos se sintió sub real, como si estuviera soñando.

—Por supuesto que no.

No te preocupes por pequeñeces, lo único por lo que deberías preocuparte, es por mi —lo dijo de una forma tan directa que Vivian sintió que sus mejillas y su cuerpo se acaloraban.

Ahora que Vivian ya no era más una criada, tenía mucho tiempo libre en el que podría tejer y leer, ya que se le permitía obtener libros que antes de que Leonard volviera de su larga estadía en la mansión de Rufus, no podía.

Los sirvientes, que pertenecían a la clase más baja de la sociedad, no tenían el privilegio de la educación, lo único que se les permitía en edad escolar, era trabajar.

A excepción de Vivian.

Durante su infancia, aprendió palabras y luego de trasladarse a la familia Carmichael, Leonard fue quien le enseñó a leer y escribir.

Cada vez que Leonard se sentaba a escribir, la pequeña Vivian iba en su búsqueda, a lo que él la hacía sentarse y leer juntos.

—¿Por qué vamos a la mansión del Señor?

—preguntó curiosa.

—El Señor Nicholas pidió que nos reuniéramos en su mansión diciendo que teníamos temas importantes que discutir.

Algunas cosas no se pueden conversar por cartas —señaló.

—Eso ya lo sé—se mordió la mejilla después de decirlo.

—Por supuesto que lo sabes —luego, se acercó a ella para mirarla, lentamente se acercó más y la beso en los labios.

Fue un beso suave.

Un beso de certeza.

Enderezándose, dijo— No tienes que sentirte ansiosa, Vivian.

Yo estoy aquí.

Siempre estaré donde tu estés.

—sus ojos miraron a los de ella con la promesa.

Para su sorpresa, Vivian, esta vez redujo la distancia, besándolo en los labios.

Antes de que se pudiera apartar, Leonard presionó nuevamente sus labios en los de ella.

Luego comenzó a morder su labio inferior, succionándolo y soltándolo cada segundo mientras la acercaba a él.

El camino por el cual viajaba el carruaje era más liso que en los otros lugares, lo que facilitó que él la sentara en su regazo.

Con un brazo envolvió su cintura para que no se resbalara, y con el otro sujetó su barbilla para tenerla en el ángulo que quería.

Justo mientras se besaban, el carruaje tuvo una pequeña sacudida, lo que provocó que Vivian se agarrara de su hombro y del abrigo café que llevaba puesto.

—Te tengo, Vivi —afirmándola de la nuca, continuaron besándose.

Cuando sus lenguas se encontraron, ella pudo sentir la áspera textura que era dulce con su lengua.

Vivian no se dio cuenta de la forma en que su lengua buscaba la de él, lo que hizo al hombre sonreír en medio del beso.

Retrocediendo, descansó su frente en la de él, controlando su respiración con los ojos cerrados.

Lentamente, la mano con la que se aferraba al hombro de él, se deslizó hacia su propio regazo.

El tiempo en Bonelake continuaba con su lluvia rutinaria.

El suelo lodoso y las nubes grises y aburridas que se rehúsan a abandonar el cielo.

Al llegar a la mansión de Rune, donde vivía el Señor Nicholas, Vivian siguió a Leonard hacia adentro.

Parecía estar acostumbrado al lugar, después de todo había crecido junto al cuarto Señor.

El mayordomo solamente inclinó su cabeza, sus ojos apenas la miraron cuando pasaron por su lado.

Vivian no estaba segura si se le permitía entrar a la habitación donde estaba el Señor sentado con sus pies arriba del sillón, sosteniendo una copa.

—Buenos días, Vivian, no sabía que vendrías de visita hoy —el Señor Nicholas quitó sus largas piernas del sillón para sentarse erguido, indicándole con la mano para que se sentara.

—Buenos días, Señor Nicholas.

Disculpe por importunar su día sin previo aviso —el Señor Nicholas sonrió, luego volvió su vista hacia Leonard que se sentó al lado de Vivian, donde habían más asientos disponibles.

—No te preocupes.

Alguien como Leonard siempre es bienvenido, especialmente cuando viene con una chica agradable como tu —el Señor era cortés, pero su mirada denotaba una oculta travesura— Pareciese que algo cambió—observo a Vivian.

—¿De qué querías hablar?

No me gusta la presencia de Toby en mi mansión —Leonard sonaba levemente irritado.

—Qué puedo decir…

le agradas —sonrió el Señor Nicholas—¿sabías que Alexander ha estado enviando pergaminos intentando cerrar el establecimiento de esclavos?

—Lo escuché por parte de Mathias.

Una de sus criadas que había estado fuera del pueblo, fue secuestrada para ser devuelta al establecimiento sin su conocimiento —respondió Leonard.

No era común que pusieran a los sirvientes ahí nuevamente, pero era posible.

—Ajá—dudó el Señor—¿te gustaría algo de beber, querida Vivian?

¿Agua quizás?

—Estoy bien, gracias —inclinó su cabeza— me gustaría algo de aire fresco —sugirió, a lo que el Señor Nicholas asintió.

—Por favor, ve.

El mayordomo estará a la vuelta de la esquina si necesitas algo —a Leonard no le agradaba la idea de que Vivian estuviera alejada de él cuando no estaban en la mansión Carmichael, pero decidió guardar silencio.

Como dijo Nicholas, el mayordomo estaría cerca si llegara a necesitar algo.

Inclinando su cabeza una vez más, ambos hombres la vieron abandonar la habitación.

—¿Cómo te fue anoche?

¿Salió todo como querías?

—preguntó el Señor Nicholas cuando se cerró la puerta del salón principal.

La sombra que producía el fuego de la chimenea hacía que el Señor pareciera malvado, no es como si no lo fuera a los ojos de Leonard.

Puede que haya sido generoso con él, pero al mismo tiempo, no se podía decir lo mismo respecto a los demás y por ello no podía evitar pensar en Vivian.

—Sí, fuimos a la mansión de cristal —Leonard caminó hacia donde estaban las botellas de licor.

Buscó la que generalmente bebía y la tomó.

—¿No fueron al teatro?

—preguntó con sorpresa el Señor—¿Por qué el cambio repentino?

—Tu idea de invitar a una chica a salir es terrible —resopló Leonard con los ojos estrechados.

Con la copa en una mano y la botella en otra, utilizó sus dientes para abrirla.

Luego de servirse, volvió a sentarse— Vivian no es como las mujeres que te coges.

Ella es importante para mí.

—Vaya, vaya, tu amor por ella es algo que me intriga.

Es una chica simple, Leo.

Lo hagas ahora o después, no tiene mucho sentido —el Señor bebió un trago de su copa, observando a Leonard, quien como de costumbre, ignoró sus palabras.

—Espero que algún día te enamores, Nick.

Por un amor que necesites trabajar duro.

—No sé si debería estar preocupado o compadecerme por mi futuro —el Señor Nicholas soltó una risita a lo que el Duque dio vuelta los ojos.

—¿Por qué no haces ambas cosas?

El futuro no está tan lejos —murmuró antes de beber de la copa.

Vivian luego de salir del salón principal, caminó por los oscuros pasillos hacia una locación mucho más iluminada.

El Señor Nicholas podría ser cercano a Leonard, pero eso no significaba que ella se sintiera cómoda compartiendo el mismo espacio con él.

Lo había escuchado asesinar a una criada que ella conocía, simplemente porque la chica decidió no trabajar en la mansión Carmichael.

Sacudió su cabeza al pensar que un hombre que parecía tan gentil y amable fuera capaz de actuar de forma tan drástica.

La mansión de Rune estaba igual se silenciosa que la Carmichael, si no supiera como eran las cosas, pensaría que no había nadie allí.

Hasta las criadas eran difíciles de ubicar.

Recorriendo la mansión, miraba los objetos decorativos que adornaban las paredes y los rincones.

Luego de explorar por más de veinte minutos, se encontró con pinturas colgadas en las paredes.

Había pinturas del Señor anterior que no alcanzó a conocer, debido a que él falleció cuando ella era joven.

Había pinturas de él y otros miembros de la familia.

Al otro lado, en un rincón, lejos de las demás pinturas, había una que estaba aislada del resto.

Acercándose a ella, vio a una hermosa mujer.

Tenía el cabello castaño y una dulce sonrisa.

Una sonrisa que se parecía bastante a la del Señor Nicholas, solo que la de ella lucía mucho más sincera.

Debe ser su madre, pensó Vivian para sí misma.

A diferencia de los demás, que tenían sus nombres atornillados bajo los retratos, ella no tenía nada.

Lo que la hizo preguntarse por qué.

Acercándose aún más, levantó su mano y pasó sus dedos por la pintura, lo que causo que una visión pasara por su mente, junto con risas.

—¡Mamá!

—por un segundo, retiró su mano cuando vio la imagen de una chica corriendo.

Vivian tragó saliva, preguntándose qué acababa de pasar.

Claramente no era su imaginación.

Viendo nuevamente a la mujer de la pintura, respiró profundamente antes de volver a poner de lleno su palma, a lo que tuvo otra visión.

—¡Mamá!

¡Mamá!

—la chica fue a tirar la falda de su madre.

—¿Qué pasa, hija?

—preguntó la mujer mayor que estaba en la cocina.

—Guilene tomó mi conejo de peluche —se quejó la pequeña.

—Yo no lo tomé—se oyó la voz de una niña que lucía uno o dos años mayor que la otra— no me interesa su peluche.

—Debe estar en alguna parte de tu cuarto, querida —le dijo la madre a la más joven que hacía un puchero.

—¡Ya lo busqué!

el sr.

Perkins no está por ningún lado.

¡Guilene lo secuestró!

—la madre y el resto del personal se rieron—¡estoy hablando en serio!

—la chica del cabello castaño lucía molesta.

—Oh, Louise.

Dame un minuto y voy a buscar al sr.

Perkins contigo.

Vivian que estaba al frente del retrato, recorrió con sus dedos la áspera pintura con los ojos cerrados mientras la escena cambiaba.

Copos de nieve caían del cielo, cubriendo la mansión.

Adentro había velas prendidas, regalos y una celebración.

Un hombre estaba sentado en el piano, tocando música mientras la familia bailaba.

El espacio estaba lleno de felicidad y risas.

Cuando la canción terminó, el padre de las niñas aplaudió, elogiando al hombre.

—Fue una pieza maravillosa, Wilhelhum.

¡Maravillosa!

—El hombre se levantó del piano—, deberías enseñarle a las niñas.

Louise me ha estado pidiendo que la deje aprender, pero los únicos profesores que encuentras acá son humanos —dijo.

—¿Es eso verdad, Louise?

—el hombre llamado Wilhelhum le preguntó a la joven que sin dudas era la misma mujer de la pintura, ya que lucían casi de la misma edad—, ¿Por qué querrías un profesor cuando yo te puedo enseñar mucho mejor que los humanos?

—le preguntó el hombre.

Louise era una chica hermosa, a diferencia de las otras dos chicas que lucían mayores que ella, era mucho más atractiva que sus hermanas.

Louise elevó los hombros en respuesta.

Habló con timidez —No me importa dónde lo aprenda, tío Wilhelhum.

Pienso que la música que produce es muy melodiosa y encantadora.

¿Estarías dispuesto a enseñarme?

—Cualquier cosa por ti, querida —abrazó a la chica.

—¿Escucharon eso, Venetia, Guilene?

—la voz de Louise estaba llena de felicidad—¡el tío Wilhelhum dijo que me enseñaría a tocar el piano!

—Sí, lo oímos —le respondió su hermana mayor aburrida, sin importarle su hermana menor.

—Por supuesto que lo hiciste —dijo Louise con una sonrisa brillante como una vela.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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