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Bambi y el duque - Capítulo 78

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78: Capítulo 79.

Mía — Parte 1 78: Capítulo 79.

Mía — Parte 1 Editor: Nyoi-Bo Studio Durante su ausencia en la mansión de Rune, algo había ocurrido entre el Señor y Vivian.

Sintió la tensión de ella en su cuerpo, que se ausentaba en sus pensamientos cada vez que alguien dejaba de hablarle, como si se sumergiera en un lugar profundo.

Le habló a Vivian, pero luego volvió al mismo estado.

Sus ojos rojos revisaron rápidamente su apariencia y todo se veía de la misma manera que la última vez que había estado con ella.

No tenía ni un solo rasguño y su respiración era regular, lo que le hizo preguntarse cuál era la causa de su silencio.

A pesar de que no dijera ni una palabra, Leonard se daba cuenta de sus sutiles movimientos.

Puso su mano sobre la de ella, que había agarrado el asiento inconscientemente.

—¿A dónde vamos?

—ella se escuchó preguntar como si estuviera tratando ahuyentar sus pensamientos, a lo que él le siguió la corriente y le respondió como si no lo hubiera notado.

—Al teatro.

Están presentando una nueva obra que quizás sea de tu estilo —respondió, ella asintió.

—¿De mi estilo?

—Ajá.

Algo que se centra en el romance, confesiones llenas de amor —sus palabras eran secas, dichas con nada de interés y era evidente que iban solo por ella.

Los temas románticos no eran cosa de Leonard, él prefería ver obras con otros temas.

Especialmente las que estaban llenas de sangre, política o deseo, a las que solo podían asistir unos pocos miembros de la sociedad y que se presentaban cerca de la media noche.

Solo porque no ha tocado una mujer antes no significa que no sabe lo que es o cómo se hace.

Algún día necesitará complacer a la mujer que ama y ha investigado lo suficiente para saber cómo conseguir a la chica con atenciones simples y tocando su mano.

—¿Por casualidad conoces la historia?

—Vivian se volvió hacia Leo con entusiasmo.

A diferencia de Leonard, quien desde joven había estudiado para ser parte del consejo, Vivian pasó su tiempo leyendo las novelas que estaban disponibles.

Lo que Vivian no sabía, era que en la mansión Carmichael no había más que dos libros de romance y que era Leonard el que seguía llevando libros nuevos para que ella leyera.

—Es sobre un campesino que trabaja para la familia de un hombre del consejo y se enamora de su hija —le dijo un poco sobre lo que había escuchado por parte de un colega del consejo.

Al parecer, la historia está dirigida para los humanos y no los vampiros, por lo que lo más probable es que el teatro este casi vacío hasta que se presente otra obra que le guste a todos.

—¿Y qué más?

esperaba que él le dijera más, pero él respondió: —¿Cuál sería el punto de ir al teatro si te cuento toda la historia ahora?

¿no lo crees, querida?

—Vivian le dedicó una sonrisa avergonzada.

—Tienes razón.

Debería esperar y verla.

—Sí.

—enlazó sus dedos con los de ella— Vivi —Vivian que había estado mirando sus dedos entrelazados, levantó la mirada—¿Nicholas te dijo algo?

—pregunto él.

—Nada importante.

Dijo que aprendiste a tocar el piano.

¿Por qué no tocaste una pieza, alguna canción cuando estuviste de vuelta o entre tus visitas?

—le preguntó con curiosidad—¿Ya no tocas?

Él sonrió pensando en algunos de los recuerdos que tenía de cuando había aprendido a tocar el piano con Nicholas.

El Señor podía haber mostrado preferencia hacia él, e incluso haberlo convencido para que aprendiera el instrumento, pero sus enseñanzas, al igual que su resplandor, eran tranquilos.

Hubo tiempos en los que sus notas no eran las correctas, pero, como un buen hermano mayor, el Señor Nicholas le enseñó música sin perder ni una vez la paciencia.

para liberar sus emociones en esas teclas blancas y negras.

—Nunca encontré el tiempo para ello —respondió a su mirada en cuestión— cada vez que iba de visita, padre y madre estaban siempre conmigo queriendo saber cómo estaba, siendo que fueron ellos quienes me alejaron de casa.

Y el poco tiempo libre que tenía, lo pasaba contigo —sus honestas palabras la hicieron sentir a gusto, haciéndole saber lo importante que ella había sido desde el principio.

—No hagas eso —murmuró ella.

—¿Hacer qué?

—dijo frunciendo el ceño.

—Hablas tan directamente, Leo.

Es demasiado…

—buscó las palabras correctas.

—¿Demasiado qué?

—le apretó la mano haciendo que su corazón diera un vuelco.

Después de tragar saliva, abrió la boca para hablar —es difícil.

—¿Es difícil de digerir, Bambi?

—la acerco a él.

—Ya-ya nos besamos, Leo.

—Los besos no se cuentan —soltó las palabras en sus labios que parecían dispuestos dejar que la besara.

Con sus labios cerca, ella cerró los ojos —te voy a besar cuantas veces quiera, porque eres mía —tiró de su labio con los dientes.

Vivian apenas podía creer que la estuviera besando nuevamente.

Según ella, Leonard ya le había dado su beso del día.

El pensar que quería seguir besándola, hizo que su corazón se acelerara.

Para cuando llegaron al teatro, el pecho de Vivian subía y bajaba suavemente.

Con los ojos medio cerrados, descansaba su cabeza en el pecho de Leonard.

Leonard, no le había dicho al cochero que abriera la puerta del carruaje todavía, ya que esperaba que Vivian tranquilizara sus emociones físicas.

A pesar de que adoraba verla sonrojada, no quería que nadie más la viera en ese estado.

A sus ojos, se veía atractiva.

Esa inocencia y seducción que fluye por ella sin que se dé cuenta.

Una vez que sintió que ya estaba bien, tocó la ventana del cochero para que abriera la puerta.

Para cuando Vivian puso un pie fuera del carruaje, la frase “eres mía” atravesó su corazón como si cupido estuviera empujando la flecha que ya estaba ahí para asegurarse que no se saliera.

Las palabras de parte de él siempre eran directas, tanto que muchas veces se quedaba sin respuesta.

—Te vas a encontrar con muchos humanos, por lo que no te será difícil pasar desapercibida, para que no te preocupes —dijo mientras cruzaban el óvalo alto como un edificio— vendremos acá nuevamente, pero esta vez habrá más vampiros.

Esto debería asegurarte bien.

Vivian, que venía de la clase baja, nunca había estado en el teatro.

Todo lo que hizo hasta ahora fue leer sobre él.

Nadie antes, le comentó sobre el teatro y cuando vio los altos techos que parecía que llegaban hasta el cielo, no pudo evitar mirarlos boquiabierta.

Tal como Leonard le informó anteriormente, había poco público.

Caminaron por entre asientos y escaleras hasta que llegaron a un palco desde donde podían ver claramente el escenario.

—Estos asientos están reservados para los vampiros de sangre pura —dijo Leonard viéndola observar a la altura en la que estaban.

—Está muy alto.

¿Por qué están reservados solo para los vampiros de sangre pura?

—ella se volteó y lo vio sentado, por lo que se acercó y se sentó a su lado, bastante cerca.

—Porque solo un vampiro de sangre pura, puede pagar lo que cuestan.

Podrían valer el salario de un año de diez criadas.

Los humanos están demasiado ocupados ganando dinero, mientras que los de sangre pura están ocupados gastándolo —se cruzó de piernas.

Vivian recorrió con la mirada los demás asientos y se dio cuenta que en otro palco como en el que estaban ellos, había otra pareja, mientras que el resto de la audiencia estaba abajo.

—Deberías estar agradecida de que me conoces, Vivi —le recordó sutilmente sobre la importancia de él en su vida.

Ahora podría ser una sanadora, pero siempre fue la chica que cuando eran niños andaba tras él, como una polilla sigue la llama que le atrae.

Vivian infló un lado de sus mejillas— ya sé que tienes dinero y yo no.

Yo no tengo nada —desvió la mirada hacia el escenario.

—No lo decía de esa forma.

Te pido disculpas.

—Pero es lo mismo, ¿no?

—se silenció cuando comenzó a sonar la música de fondo y una pareja apareció en el escenario.

Empezó la obra, la música llenaba el auditorio, resonando y tocando las paredes y a las personas.

A pesar de que Vivian se concentraba en la obra, sus pensamientos volvían a donde estaba.

Tomando en cuenta lo ciertas que eran las palabras de Leonard.

La volvió una dama, pero no había sido más que una mera criada.

Ahora que tocaron el tema del estatus, la inseguridad había comenzado a instaurarse en su mente, —Leo…

¿seré suficiente?

—Ya lo eres.

Más de lo que voy a necesitar en toda mi vida —sus labios la besaron en la nuca— No voy a tener a nadie más que a ti.

Ella volvió su cabeza hacia él— Lo digo en serio, Bambi.

Tu eres mía tal como yo soy tuyo.

No tardes tanto en enamorarte de mí para poder tenerte pronto —lo que Leonard no sabía es que ya era suya.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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