Bambi y el duque - Capítulo 79
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79: Capítulo 80.
Mía — Parte 2 79: Capítulo 80.
Mía — Parte 2 Editor: Nyoi-Bo Studio Vivian aplaudió cuando la obra llegó a su fin.
Con desilusión vio al hombre que había hecho el papel principal, hacer una reverencia hacia el público y luego desaparecer detrás de la cortina roja.
No lo encontró atractivo como persona, pero con su actuación, fascinó a cada mujer en el auditorio, para la consternación de Leonard.
No hace mucho que le había declarado que ella era su pertenencia, y sin embargo, allí estaba viendo a otro hombre con interés, lo que le hizo hervir la sangre bajo su pálida piel.
—Fue tan hermoso —dijo Vivian poniéndose de pie.
Estirando las entumecidas piernas, vio dispersarse por los lados del escenario a los hombres que habían estado tocando la música, mientras los espectadores se retiraban— sabía que algo pasaba con el gaitero desde el principio.
No creo que nadie hubiera adivinado que él fue quien asesino a su hermana —dijo entusiasta mientras salían del palco.
—La obra está preparada para apaciguar a la audiencia.
Yo diría que fue bastante exitosa —respondió Leonard sin entusiasmo, que fue compensado por el de ella.
—¿Sabías quién era el asesino?
—Vivian tomó la parte frontal de su vestido para evitar pisarlo, ya que casi se había caído cuando llegaron.
Leonard mientras tanto tomó su abrigo del hombre que se lo estaba pasando antes de bajar por las escaleras—, ¿Qué es tan difícil de adivinar?
El gaitero era un campesino a quien abandonaron y reemplazaron por una chica que podía tener el dinero de la familia.
Eso es lo que uno pensaría, pero si lo miras de cerca, el hombre estaba enamorado de la chica.
Un amor prohibido que no es aceptado por la sociedad.
—De verdad?
Guau —exhaló con sorpresa.
—Sí -dijo mirando al público, cuando un hombre calvo apareció frente a él.
—Duque Carmichael —el hombre, que era más bajo que Vivian, tuvo que mirar a Leonard hacia arriba.
—Sr.
Helnor —Leonard y el hombre intercambiaron un pequeño asentimiento— es un honor verlo aquí.
¿Disfrutó la obra?
—le preguntó con cortesanía.
—Oh no, en absoluto.
Considero que es una pérdida de mi tiempo —el hombre calvo frunció el ceño— esperaba encontrarte aquí, ya que no estabas en la mansión.
—¿Hay algún asunto importante sobre el que quiera hablar?
—al oír esto, el hombre, que hasta el momento no se había vuelto para ver a la persona que estaba al lado del Duque, finalmente volteó sus ojos hacia Vivian, pero solo por un segundo.
Ya que la obra estaba dirigida exclusivamente para humanos, no había nadie en el pasillo que pudiera escuchar su conversación.
—En privado —el Sr Helnor apuntó con su cabeza hacia un rincón.
Estaba claro que el hombre no quería que Vivian oyera lo que le tenía que decir a Leonard, por lo que ella inclinó su cabeza y se alejó de los hombres.
Mientras el hombre hablaba rápidamente en susurros, ella volteó su cabeza para observar las paredes y esperar a que terminaran de conversar.
Por una puerta a su derecha pudo echar un vistazo al escenario.
Lo había visto tan pequeño desde el palco, pero era todo lo contrario.
Ya que Leonard estaba ocupado, caminó hacia el amplio salón.
Se veía hermoso, el teatro completo la dejaba sin aliento, Vivian deseó poder quedarse ahí todo el día.
El techo estaba pintado de color oro y grandes candelabros lo decoraban, esto le hizo preguntarse si así se sentía estar en el cielo.
Vio a los actores actuar, interpretar un papel, bailar y cantar, lo que la hizo querer formar parte de ese mundo.
Vivian nunca fue una niña infeliz.
Era como un rayo de luz, incluso cuando sus padres la renegaron sin que ella fuera consciente de ello.
Era querida por toda la gente que la rodeaba, brillaba aún más que el mismo sol.
Acercándose a los instrumentos musicales, observó los asientos que estaban lejos del palco.
La evidente diferencia entre la clase alta y baja de la sociedad.
Ahora que era una dama, podía hacer muchas cosas en las que antes solo había pensado.
Podía leer más, aprender sobre las cosas que no tuvo la oportunidad cuando era una simple criada.
Sonrió pensando en las miles de posibilidades.
De repente Leonard apoyó su cabeza en el hombro de ella—¿a qué le estás sonriendo aquí sola?
¿Nadie te ha dicho que ese comportamiento no se toma muy bien?
Menos cuando la sonrisa es tan amplia.
—Sí me lo han dicho.
Lo suficiente para considerarme una loca —Leonard soltó una risita ante sus palabras.
—Ajá, siempre has sido extraña, incluso cuando éramos niños.
¿En que estabas pensando?
—En el futuro.
Leonard no le presionaba el hombro mientras apoyaba su barbilla ahí—¿Y qué ves en ese futuro?
—Muchas cosas.
¿Qué ves en tu futuro, Leo?
—Muchas cosas también.
Me veo siendo un gran Duque, un hombre que puede servir al consejo.
Siendo capaz de dejar atrás las cosas por las que me arrepiento que inquietan mi corazón.
Veo un futuro en donde no hay conflictos entre las criaturas de la noche, los humanos y las brujas.
Conviviendo en paz, pero lo más importante, Vivi —Vivian se estremeció cuando la tomó en sus brazos para tenerla frente a él— es que te veo a ti en él.
—Yo también te veo a ti en el mío —se dejó acercar a él.
—Me alegro de oír eso —le dijo suavemente, besando su mejilla y sonriendo antes de mirar hacia las cortinas donde un hombre estaba de pie desde que había entrado en busca de Vivian.
El hombre no era otro que el actor que interpretó el papel principal en la obra, quien se había quedado cegado por la presencia de Vivian.
No se atrevió a hablarle, pero de haberlo hecho, Leonard se hubiera asegurado de borrar su existencia de la tierra de Bonelake.
Lo que menos necesitaba Leo ahora, era una competencia, sobre todo cuando Vivian finalmente estaba aclarando sus sentimientos por él.
Una vez que volvieron a la mansión, Vivian de costumbre se dirigió a la habitación de los sirvientes, mientras que Leonard, que estaba por irse a su cuarto, se vio interrumpido por la presencia de su familiar paterno.
—Leonard, hijo mío —Sullivan Carmichael apareció con el mayordomo quien lucía un poco pálido.
Afortunadamente, Vivian no lo había acompañado, en cambio, se fue al cuarto de sirvientes.
—¡Tío Sullivan!
Que agradable sorpresa tenerte aquí—Leonard se dio la vuelta para bajar por las escaleras— prepara el té—le ordenó a Jan, a lo que Sullivan levantó la mano.
—No será necesario.
Vine para ver cómo te estaba yendo y al parecer estás bien.
Escuché por parte del mayordomo, que andabas en el teatro.
—Tú—respondió Leonard desviando la mirada hacia el mayordomo y luego de vuelta hacia su tío, calmadamente.
De forma sutil trató de desviar la conversación— perdón por dejarte esperando.
De haber sabido que ibas a venir, hubiera cancelado mis planes.
—Eres un vampiro joven, no debería interrumpirte cuando estás disfrutando tu tiempo con una mujer.
Espero que no sea la dama llamada Shirley.
Los humanos son absolutamente patéticos, incluso con el dinero —dijo con disgusto el tío Sullivan— es mejor succionarle la sangre, acostarse con ella y luego dejarla.
Pero chico, ¿qué haces yendo a una obra para humanos cuando deberías estar disfrutando la noche?
—sonrió el hombre.
—Un pequeño cambio nunca mató a nadie —Leonard ayudó al hombre con su abrigo.
—No, no lo hizo.
Pero eso no significa que tú también tengas que cambiar, Leo —su tío le dio unas palmaditas en la espalda— somos de sangre pura, tenemos que vivir de la forma que lo hemos hecho.
De todas formas, ¿quién es la chica?
—preguntó intrigado el hombre, sabiendo que su sobrino no sacaba a pasear a muchas mujeres.
—Es una chica muy especial —Leo le dedicó una sonrisa reconfortante a su tío.
—¿Lo es?
Espero conocerla pronto.
—Por supuesto.
Vas a quedar encantado una vez que la conozcas —luego de que su tío se subiera al carruaje, cerró la puerta y mientras abandonaba la mansión se despidió de él con la mano.
Una vez que el carruaje se fue, se quedó en la entrada mirando en silencio hacia las rejas que llevaban al mundo exterior—¿Qué te pregunto el tío Sullivan?
—le pregunto al mayordomo que se encontraba a cinco pasos de él.
—Quería saber dónde estaba y con quién había salido —le contestó Jan al hombre que lo estaba observando por sobre el hombro— Yo le dije que no sabía.
—Bien —respondió Leonard dejando escapar un suspiro— te voy a pedir que las cosas se mantengan así.
—Sí, amo -Jan inclinó la cabeza sintiéndose mucho mejor ahora que el tío del amo se había ido.
Durante la ausencia de Leonard en la mansión, Sullivan le había preguntado sobre los sirvientes, su trabajo, las visitas.
Para ser un vampiro que trabajó para el Señor Nicholas, daba la impresión de que andaba caminando sobre cascaras de huevo.
El mayordomo tenía completo conocimiento sobre las dinámicas entre los vampiros de sangre pura y los humanos.
Nunca congeniaron, y si el Sr.
Carmichael llegaba a saber de los recientes cambios que se habían hecho, se escandalizaría, y ni hablar de la reacción que tendría si se entera de que Leonard convirtió a una criada en dama en tan solo un par de minutos.
Actualmente trabajaba para Leonard Carmichael y estaba obligado a proteger la vida del hombre y su honor como se debía.
Eso era lo que quería el Señor que hiciera y él era la persona más fiel que se podía encontrar entre los sirvientes.
—¿Preparaste la habitación con todas las necesidades?
le preguntó el Duque por la habitación que pronto comenzaría a utilizar la chica.
—Todo ha sido limpiado y equipado.
La Señora no debería tener ningún problema —le informó a su amo.
Leonard asintió— Bien —y sin decir otra palabra, volvió a la mansión.
El mayordomo no lo siguió por los pasillos, sino que se dirigió a la cocina a preparar la próxima comida.
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