Bambi y el duque - Capítulo 81
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81: Capítulo 82.
Hombre del consejo — Parte 2 81: Capítulo 82.
Hombre del consejo — Parte 2 Editor: Nyoi-Bo Studio Al llegar a la mansión de Rune, el viejo mayordomo que había servido al padre del Señor Nicholas, apareció para tomar su abrigo.
Las tierras de Bonelake estaban cubiertas de barro húmedo y sucio, sin embargo, los zapatos del Señor Nicholas estaban tan limpios como si recién los hubiera comprado en el pueblo de Isle, el centro de mercadeo para la élite de la sociedad de los vampiros de sangre pura.
—¿Tuvo éxito en su visita al consejo, milord?
—le preguntó el viejo mayordomo con su voz ronca, siguiendo a Nicholas hacia el salón.
El viejo mayordomo ha servido muchos años en la mansión de Rune, incluso antes de que el Señor actual siguiera los pasos de su padre.
A pesar de que le había servido muchos años a Wilhelhum, su favorito era el Señor actual.
La edad lo estaba alcanzando y para un vampiro promedio como él, se estaba quedando corto de tiempo.
En su calva cabeza solo quedaban un par de cabellos grises que acomodaba hacia el lado.
Los brillantes ojos rojos que lucía en su juventud se apagaron.
Había a veces en las que no comprendía muy bien los motivos del Señor Nicholas, pero le ayudaba en lo que fuera que necesitara realizar.
—Sí.
Al menos eso espero.
Los concejales son tan problemáticos —el Señor Nicholas se quitó los guantes y se los pasó al mayordomo quien los tomó con rapidez.
—Siempre se han quedado en el pasado.
Debe ser una ventaja tener al amo Leonard en el consejo —comentó el mayordomo siguiendo al Señor como una sombra.
—Ciertamente.
El caso que se le había asignado a Leonard se trasladó al departamento principal, ya que no se ha encontrado nada, pero fue una visita afortunada.
Conociendo a Rubén, va a extender el plazo.
¿Sabes quién estuvo de visita hoy?
—Dijo el Señor Nicholas con un brillo en sus ojos.
—No, amo Nicholas —respondió sin emoción el hombre viejo.
—El Señor Alexander —sonrió—¿podrías prepararle uno o dos presentes?
No sería bueno perder la oportunidad de ser amigos.
Después de todo, es alguien importante —el mayordomo asintió en señal de estar de acuerdo.
—Debería evitar crear problemas en otras tierras si quiere mantener la imagen que ha creado.
La desconfianza siempre está presente, milord —Nicholas había llegado a su cuarto.
De sus labios escapó una risita seca, sin humor.
A veces, no importa qué tan bien alguien esconda sus crímenes, el rastro generalmente los persigue de algún modo y de algún lado.
El Señor Nicholas tenía los suyos, cosas que estaban escondidas y eran desconocidas para los demás.
—No tienes de qué preocuparte —le sonrió al mayordomo —envíame el almuerzo a mi habitación.
Mientras más joven, mejor, tal como la última vez.
—Sí, milord —el mayordomo inclinó la cabeza y se retiró.
El Señor de cabello castaño sonrió suavemente al entrar a su habitación, luego de desabrocharse la camisa, la tiró a la cama.
Recibió el título de Señor a principio de sus veintes en edad vampiro, después de que su padre falleciera en un desafortunado accidente.
Al igual que el resto de los eventos que tuvieron lugar en la historia de las tierras de los cuatro imperios, este comenzaba a olvidarse, tal como un día se borró de la mente de las personas la muerte de los padres de Leonard.
El Señor Nicholas era un hombre inteligente, más que la mayoría de los vampiros de sangre pura, tanto que aún antes de que se le diera el título de Señor, se le ofreció trabajar bajo el mando del director del consejo, Rubén, debido a la inteligencia que poseía.
Pero eso no era lo único que tenía, también habían otros que le ayudaban y acompañaban.
De todos los de sangre pura, el único que sentía que estaba a su nivel era el Señor de Valeria.
El Señor Alexander Delcrov que sentía aversión por él.
A diferencia suya, que se escondía detrás de las hermosas mascaras que construyó con años de experiencia, el Señor Alexander no se molestaba en tener una.
Lo que con frecuencia generaba desacuerdos con ciertos concejales.
El Señor Nicholas se dirigió a la bañera y se metió al agua, sumergiéndose completamente después de quitarse toda la ropa.
El Señor Alexander no siempre era hostil con él, pensó el Señor Nicholas con una risita.
Solo que Alexander había descubierto la reciente actividad de Nicholas.
Hace siete meses, cuando Nicholas había estado en Valeria, durante un paseo en la noche, eligió a un chico de apenas ocho años para beber su sangre como cena.
Bebió su sangre hasta que ya no le quedaba ni una gota y eventualmente tiró al chico al suelo con indiferencia.
Era un hábito que obtuvo viviendo con su padre.
El Señor Nicholas podía tenerlo todo ahora, un poder que se necesitaba para controlar a la gente y sangre de gran calidad, pero años atrás las cosas no eran así.
La vida es extraña, pensó el Señor mientras una criada llegó a su baño para que le bebiera la sangre.
La mujer era dócil, no dijo ni una palabra mientras se quitaba la ropa hasta quedar desnuda, se metió a la bañera donde la espalda de él descansaba contra el frío mármol.
Una vez que terminó el baño, el Señor Nicholas salió de la bañera mientras el agua corría por su firme cuerpo, en cada paso iba dejando la huella de sus pies mojados en el suelo mientras se alejaba de la bañera que quedó con un leve color rojizo y los ojos de la crida sin vida.
En las tierras de Bonelake, donde quedaba la mansión Carmichael, Vivian estaba a la espera de que llegara Leonard.
Estaba en el balcón de su habitación esperando y viendo las rejas por donde debía entrar el carruaje.
Ahora que ya no era una criada, se dio cuenta de lo lento que pasaba el tiempo cuando no tenía nada particular que hacer.
Por muy raro que sonara, extrañaba limpiar la mansión, los establos, hablarle a los animales y a las criadas.
Luego de que cambiaran sus cosas al cuarto de invitados, las criadas inmediatamente se volvieron hostiles con ella.
Y con los que hablaba antes, solo le dedicaban una sonrisa antes de volver a las tareas que les había asignado el mayordomo.
Lo extrañaba, pero al mismo tiempo, de alguna forma disfrutaba de su nueva posición enfrente de los sirvientes que no se llevaban con ella solo porque era cercana a Leonard.
Ahora ni siquiera una palabra en su contra podría meterla en problemas.
Vivian creció con la esperanza de llevarse con todos, querer y ser querida por todos, pero Leonard le enseñó que no podía esperar eso de todos, siendo que uno de sus primos la había tratado mal cuando él no estaba.
Sus manos apretaron las barandas del balcón mientras el viento sopló entre las tierras, y la lluvia temporalmente había dejado de amenazar con caer en el suelo mojado y lodoso.
La lluvia no esperó la llegada de Leonard y comenzó a caer, gruñidos de truenos se escucharon en el cielo.
Con el agua yendo en su dirección, retrocedió y volvió a su nueva habitación, a la que ya se estaba acostumbrando.
Ya que tenía tiempo, comenzó a tejer un suéter nuevo para Leo, esta vez de color blanco.
El color combinaba con su piel y con él, un hombre que, a sus ojos, era directo y puro.
Lo tenía hasta la mitad y necesitaría un par de días más para que estuviera listo.
Para no sentirse encerrada entre cuatro paredes, decidió salir de la habitación, cuando sus manos tocaron la baranda de las escaleras, tuvo una visión.
Sangre.
Sangre por todas partes.
En su estado, rompió la vasija que tenía a su lado.
A pesar de que alejó sus manos de la baranda, las imágenes siguieron pasando hasta el momento en el que asesinaron a los padres de Leonard.
Su respiración se aceleró cuando vio a la Sra.
Carmichael de pie no muy lejos de ella, se sentía real.
Sus manos estaban llenas de sangre, Vivian no sabía si era la de otros o de la Sra.
Carmichael.
Cuando la Sra.
Carmichael dio un paso, Vivian retrocedió uno.
—¿S-Señora Carmichael?
—pero la mujer no respondió.
Vivian olvidó por un momento que la Sra.
Carmichael era solo un fragmento de memoria en ese instante.
Una mala memoria que se estaba repitiendo.
Justo antes de que la Sra.
Carmichael se le pudiera acercar, Leonard se puso entre ellas y empujó a su madre.
Pero la mujer ya no era ella, sus ojos negros observaron a su hijo y luego se volvieron hacia Vivian con sutileza, lista para atacarla.
En ese mismo momento, Leonard intentó detenerla, ambos cayeron lentamente al suelo mientras Leonard abrazaba a su madre.
Con la respiración entrecortada Vivian se quedó ahí mirándolos, un líquido rojo comenzó a teñir el piso bajo ellos.
Leonard había matado a su madre.
Para que no causara más daño del que ya había hecho y originado.
Mientras la visión desaparecía, Vivian no pudo hacer más que dejarse caer de rodillas al suelo.
Lágrimas silenciosas comenzaron a caer por sus mejillas, una tras otra.
Leonard había matado a su propia madre cuando la Sra.
Carmichael intentó ir donde ella estaba.
—¿Vivi?
—Leonard que recién había vuelto a casa se apresuró para sentarse a su lado.
Confundido y preocupado por el estado en el que se encontraba —¿Qué pasó?
¿Alguien te lastimó?
Vivian sacudió la cabeza mientras más lagrimas caían por sus mejillas.
—¡L-lo s-siento!
—le dio hipo —Yo- —Shh —la arrulló, tomándola en sus brazos y encontró la vasija de cristal rota detrás de ella— Si estás preocupada por la vasija, podemos reemplazarla por una nueva, Vivi —le acarició la cabeza con gentileza preguntándose qué la había hecho llorar.
Mientras más gentiles eran las palabras de Leo hacia ella, más lloraba Vivian en sus brazos.
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