Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Bambi y el duque - Capítulo 82

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. Bambi y el duque
  4. Capítulo 82 - 82 Capítulo 83
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

82: Capítulo 83.

Copa de sangre 82: Capítulo 83.

Copa de sangre Editor: Nyoi-Bo Studio Las lágrimas secas y los pequeños hipos estaban desapareciendo a medida que pasaba el tiempo, dejando a Vivian tranquila en los brazos de Leo.

—Lo siento —se oyó en un susurro la voz de Vivian.

—¿Por qué?

—preguntó Leonard, suponiendo que la vasija no fue lo que la hizo quebrar en llanto.

La forma en la que ella se agarraba las manos en el pecho le hizo pensar si se había hecho daño.

Tomó su mano y recorrió la palma con sus dedos antes de mirarla, cosa que ella ya estaba haciendo.

—Yo…

—Vivian intentó decirle lo apenada que estaba por lo que ocurrió esa noche, pero no pudo encontrar las palabras correctas.

Cuando ocurrió, todo a su alrededor se volvió caótico y su mente no alcanzó a entender la forma en la que se presentaron los hechos.

La culpa le carcomía pensando que de cierta manera Leo pudo haber salvado a su madre si es que ella no hubiera decidido atacarla.

Ahora que las lágrimas desaparecieron de su rostro, miró a los ojos a Leonard —Vi lo que pasó—él le dedicó una mirada confundido, alejando sus ojos de él, dijo, —Tu madre…

Te vi a ti…

Leonard sintió que su mano se entumeció por un segundo cuando Vivian le mencionó la noche que tanto había tratado de olvidar durante los últimos meses.

Por muy doloroso que fuera para Vivian revivir la escena, para él era mucho peor tener que recordar la muerte de sus padres, sobre todo la de su querida madre.

Sus manos se separaron de las de Vivian.

Había pasado tiempo desde que alguien mencionó a sus padres en una conversación.

Había contenido tanto sus emociones que nunca hablaba sobre ellos.

—¿Qué viste?

—le preguntó manteniendo una voz calmada y ayudándola a ponerse de pie.

Todo, susurró la mente de Vivian ante la pregunta.

—Memorias de lo que ya había visto —respondió, dándose cuenta de que debería habérselo guardado.

Vivian estaría más que feliz escuchándolo, pero dudaba si él quisiera hablar de ese día en específico.

Los inundó un silencio incómodo, dejando a Leonard pensativo.

Cuando escuchó que Leo dejó escapar un suspiro, su ceño se frunció en preocupación.

—Vivian —escuchar a Leonard llamarla por su nombre la hizo enderezarse —¿Almorzaste?

—ella parpadeó dos veces.

—No, te estaba esperando —él asintió.

Dile a Jan que te prepare el almuerzo.

—¿Qué hay de ti?

—le preguntó, —¿comiste?

—No tengo apetito para almorzar.

Ahora ve.

Estar sin comer tanto tiempo no es bueno para tu cuerpo —puso su mano en la espalda de ella y le dio un suave empujoncito.

Vivian lo vio alejarse caminando en dirección a su habitación mientras ella se quedó ahí un minuto.

Con la mano en la baranda comenzó a bajar por las escaleras alfombradas, una a una.

La comida esa tarde estuvo solitaria.

En el amplio comedor, que estaba vacío a excepción de ella, el mayordomo se retiró una vez que le dijo que no quería nada más aparte de lo que estaba servido, se sentó en la mesa y comió en silencio.

El tenedor en su mano jugaba con la arveja antes de pincharla y metérsela a la boca.

La lluvia murmuraba mientras caía al suelo y por las paredes, las hojas que hace mucho abandonaron los arboles susurraban mientras ella miraba hacia afuera por la ventana.

Las nubes se volvieron más oscuras, oscureciendo el comedor como si una sombra de dolor se moviera con lentitud a su alrededor, tal como había envuelto su corazón.

No tuvo la intención de llorar, al menos no tanto frente de Leonard.

Las lágrimas cayeron como una imparable represa rota, el dolor y la angustia seguían haciendo eco en su mente.

Él le había entregado su corazón, sin embargo, algunos asuntos serían más fáciles de manejar si le compartiera el daño que sufrió.

Vivian no le había contado lo que vio en la mansión de Rune, y si él no la hubiera encontrado justo después de que tuvo la visión, quizás no se lo habría dicho.

No es que quisiera esconderle algo, pero creía que algunas cosas era mejor olvidarlas y no hablar de ellas.

Cosas que no debía saber y que encontró por accidente.

Si tan solo pudiera sanar las heridas que él mantenía ocultas de ella y el mundo, pensó Vivian para sí misma.

Dejando el tenedor al lado del plato, se limpió los labios con la servilleta que estaba en la mesa.

Leo le había dicho que tenía la habilidad y el poder de sanar heridas físicas, pero no eran esas las que dolían, sino las que estaban en el interior.

Y si pudiera ayudarlo de cualquier manera, daría su mejor esfuerzo, sabiendo que Leonard haría lo mismo por ella.

Quería apoyarlo, estar ahí para él, y con ese pensamiento en mente, se puso de pie para tomar una copa de la mesa.

Tomó el cuchillo que estaba en el puesto.

Respirando profundo, se susurró a sí misma: puedes hacerlo.

Pasando el lado con filo del cuchillo por su palma y dejando que el tibio líquido cayera gota a gota en la copa de vidrio para llenarla.

—¿Qué estás haciendo?

La repentina voz de Leonard la sobresaltó, haciendo que escondiera su mano como un niño a quien encuentran robando dulces de la cocina—¿No es esto lo que bebes?

—la pregunta de Vivian estaba en lo correcto de todas formas, ya que estaba acostumbrada a verlo beber eso durante las comidas.

—No me digas que es para mí—su voz se oía cansada, haciéndola sentir como que estaba decepcionado de su actuar— Necesitas dejar de cortarte, Vivian —la regañó— un paso en falso y estarás muerta.

—Aún estoy viva —murmuró, sintiéndose un poco mal de que él no estuviera feliz de que le ofreciera su sangre.

—Chica estúpida.

No lo vuelvas a hacer —tomó su mano en la que la herida tardaría en sanar, secando la sangre fresca que se volvía viscosa.

—Bueno —desvió la mirada.

Él tomó el jarro con agua y comenzó a verterla una vez que le puso la mano en el plato.

—No sé qué es lo que pasa por tu cabeza para cortarte, no una, sino dos veces.

¿O lo has hecho antes sin pensarlo dos veces?

—tomó la servilleta limpia y la puso en su mano, al aplicar presión ella hizo un gesto de dolor.

Ella alejó su mano de él y la puso en su pecho —Solo quería hacer algo lindo por ti.

¿Por qué está tan mal?

—¿No dije que no tenía apetito?

—su rostro expresaba desgano mientras miraba su mano, luego sus ojos vieron la cantidad de sangre que obtuvo.

Ella sacudió la cabeza viendo como él la miraba a ella y a la copa que estaba en la mesa —Saltarse las comidas no es bueno.

No soy solo yo, tú también necesitas comer, Leo.

Han pasado cosas, pero necesitas vivir y no cerrarte —eso pareció haber dado en el clavo, lo que hizo que estrechara los ojos hacia ella.

—¿Por qué?

—su expresión volvió a la vida, pero no de la forma que ella hubiese querido.

El enojo comenzó a acumularse en aquellos ojos rojos que la miraban hacia abajo —¿Sientes lástima?

¿De eso se trata todo esto?

¿De hacerme sentir mal por lo que hice?

—una risa seca escapó de sus labios —¿Eso es?

—le cuestionó.

Vivian pudo haberlo negado, negar que era lástima lo que sentía, pero ignoró las campanillas que le advirtieron que no tomara ese camino.

Afortunada o desafortunadamente, como creció lejos de él, nunca estuvo presente para ser testigo de su temperamento como los que sí vivieron con él.

Siempre se mostró extremadamente calmado y paciente con ella, hubo veces en las que se molestó, pero ella lo tomó con regocijo.

La expresión de su rostro delató lo que estaba pensando y Leonard le dijo— No necesito tu lástima.

No me voy a morir si no como una vez —se dio la vuelta listo para abandonar la sala.

—Háblame, Leo —le suplicó suavemente en un susurro para hacer que se detuviera.

Leonard que ya había abierto la puerta, se volteó hacia ella rápidamente —¿De qué quieres hablar?

¿De mis padres muertos?

—dijo de golpe, lo que la hizo encogerse de miedo —¿O de que me tienes lástima por perder a mi familia?

¿O de cómo asesiné a mi propia madre?

—No fue eso lo que quise decir —frunció el ceño sabiendo que Leo estaba diciendo tales cosas por enojo.

Si él iba a lidiar así con sus emociones, usando el enojo como escudo, entonces no le haría caso.

Vivian sabía que Leonard estaba profundamente herido, pero mantener todo reprimido de esa forma no era saludable.

Ambos habían perdido personas que querían y que eran importantes, él sintió un dolor mucho más grande que el de ella.

El consejo declaró a Paul como el culpable luego de seguirle el rastro por varias semanas.

Paul había sido colgado y no había forma de traer al Sr.

y a la Sra.

Carmichael de vuelta a la vida.

Ella quería que Leo encontrara paz y sobrellevara de manera gradual el dolor, pero algo le decía que aún se aferraba a él.

—Te cierras.

Mientras más te cierres, lo único que vas a hacer es que duela mucho más.

No busco que dejes las cosas en el pasado —la voz de Vivian era gentil.

No parecía que sus palabras pudieran expresar todo lo que quería decir, pero lo intentó, —No tienes que cargar con todo tu solo.

Estoy aquí si me necesitas, Leo.

—Lo sé—respondióél, cerrando la puerta tras de sí cuando abandonó el comedor.

Mirando la copa que había llenado con su sangre, murmuró— no se la tomó.

Tras golpetear con su pie por tres segundos, tomó la copa y salió de la sala, camino al salón para encontrarse con él.

—¡Leo!

—gritó lo suficientemente alto para llamar la atención hacia ella.

Las criadas que estaban trabajando en el salón se detuvieron para ver a la pareja, incluido el mayordomo, que fue a buscar y a limpiar las cosas del comedor, vio a la chica ir detrás del amo Leonard.

La chica finalmente se había convertido en dama, sin embargo, a veces sus acciones volvían a ser las de una plebeya.

Leonard que se volteó para ver qué fue lo que la hizo correr, vio la copa de sangre en su mano.

—Olvidaste esto —dijo ella con una sonrisa en sus labios pese a que su corazón latía con intensidad.

Tenía la idea de que él estaba perdiendo la poca paciencia que le quedaba con ella, antes de que realmente se enojara —Se pondrá mala y será una perdida.

—Deberías haber pensado en eso antes de ponerla ahí—replicó con arrogancia.

Se le rompió un poco el corazón —¿Quieres que la bote entonces?

—Has lo que mejor que te parezca—al mismo tiempo sonó el timbre de la puerta principal y el mayordomo fue a atender.

Y como si su humor no estuviera arruinado lo suficiente, entró el caballero vampiro de cabello rizado, Jerome Wells con Jan detrás suyo.

Vestía un pantalón y una camisa de colores claros, el vampiro lucía tan bien como lo haría un vampiro de élite.

—Amo Leonard, el Sr.

Wells está aquí para verlo —anunció Jan haciendo una reverencia.

—Buenas tardes, Duque Leonard.

Buenas tardes, Vivian —Jerome saludó a ambos, su mirada se prolongó más en Vivian que en Leonard, lo que fastidió al hombre rubio.

—Buenas, Sr.

Wells — Leonard le dio la bienvenida.

Vivian le dedicó una sonrisa y una reverencia hacia el hombre, saludándolo de la misma manera que él lo había hecho.

Como si notara la mirada de parte de Leonard, Jerome habló—Dijo que quería hablar de algo importante —le recordó.

—Vamos a la sala de estar —sugirió Leonard para continuar la conversación en privado.

Vivian que estaba de pie al lado de Leonard, se volvió hacia Jerome cuando le habló—¿la Srta.

Vivian estará con nosotros en la sala?

—nunca la había visto vestida de manera tan fina, como criada siempre vestía ropa mucho menos atractiva debido al salario que reciben de sus amos.

Jerome Wells ha sido el único en llamarla con el título de señorita antes de su nombre, sin saber que ella había pasado de la posición de criada a dama, se seguía refiriendo a ella como siempre lo hizo desde la primera vez que hablaron.

—No creo…

—dijo Vivian arrastrando las palabras sin tener seguro por qué Leonard invitó al Sr.

Wells hoy.

Nunca le preguntaba sobre sus asuntos respecto a por qué venía gente y cuáles eran sus razones para visitarlo en la mansión.

Pero Leonard la sorprendió diciendo —Creo que estaría bien que te nos unieras, Vivian.

A menos que no quieras —¿podía?

se preguntó a sí misma mentalmente.

—Me agrada —replicó Jerome con una sonrisa que pudo haber derretido los corazones de las criadas, pero no el de ella.

No es que no lo encontrara atractivo, pero no se siente de la misma manera que lo hace cuando ve a Leo.

Mientras caminaban con Leonard al frente, Jerome fue lentamente quedándose atrás para caminar al lado de Vivian, le preguntó—¿Qué hay con la copa de sangre?

¿El Duque aún no tiene su comida?

Vivian recordó lo que Leo le dijo justo antes de que apareciera Jerome en la mansión.

“Has lo que mejor te parezca”.

Si esa era realmente su respuesta, entonces no le importaría lo que iba a hacer a continuación —¿Le gustaría tomarla, Sr.

Wells?

Está fresca —sonrió.

—Ya que insiste, no creo que importe —respondió Jerome.

No pasaron ni dos segundos cuando Leonard se volteó y le quitó la copa de las manos, —Esta es mía, Sr.

Wells.

Jan le conseguirá otra copa.

Jan —Leonard chasqueó los dedos.

—No es necesario.

Tuve mi comida antes de salir de casa.

La iba a tomar solo porque la Srta.

Vivian insistió—dijo el Sr.

Wells mientras entraban al estudio.

Vivian no pasó por alto la mirada que le dedicó Leonard cuando Jerome no lo veía.

Miró hacia otro lado como si no se hubiera dado cuenta.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo