Bambi y el duque - Capítulo 85
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85: Capítulo 86.
Propuesta de matrimonio — Parte 3 85: Capítulo 86.
Propuesta de matrimonio — Parte 3 Editor: Nyoi-Bo Studio Desde el cielo empezaron a caer gotitas de agua, el suelo que la absorbía y se sumaba a la ya húmeda y fangosa tierra.
Pronto y lentamente comenzó a llover, gruñidos estruendosos que hacían eco en todo Bonelake, la gente que vivía en las tierras ya estaba acostumbrada.
Vivian sintió que los dedos de Leonard jugaban con los botones que estaban en la parte superior de su vestido, girándolos mientras él la miraba fijamente a los ojos esperando su permiso.
Ella no podía creer lo feliz que estaba de escuchar de Leonard que éste planeaba hacerla su esposa algún día.
Su esposa, pensó Vivian para sí misma.
Para alguien que no sabía su apellido, ella estaba feliz, sabiendo que adquiriría su apellido después de casarse.
Vivian Carmichael.
Ella sonrió, sin darse cuenta de que todo el tiempo Leonard tenía sus ojos fijos en ella.
Esperándola pacientemente.
—Vivi —llamó dulcemente Leo para despertarla de sus sueños.
Volviendo de sus pensamientos, cuando Vivian se dio cuenta de lo que estaba esperando, sintió que su corazón temblaba.
Se le enseñó a no dejar que un hombre la tocara antes del matrimonio, a no dejar que un hombre la besara y ella lo había hecho felizmente con Leonard.
Ahora que lo pensaba, cuando se trataba de Leo, todas las enseñanzas que había recibido de Paul y Martha salían por la ventana.
Nada más importaba en su presencia.
Ella sintió como él pasaba su dedo por sus mejillas para llamar su atención mientras ella comenzaba a alejarse con sus pensamientos.
Él le dio una sonrisa dulce, una que no era grande sino pequeña, del tipo que contenía susurros de promesas.
—Voy a desabrochar el vestido —dijo, haciendo que sus ojos se abrieran de par en par—.
No haré nada más, nada que no te guste.
Llevó su mano debajo de su barbilla para inclinar su cabeza y darle un beso.
Escuchó el latido de su corazón volver lentamente a la normalidad mientras besaba sus labios.
Leonard había hablado en serio cuando mencionó lo de su castigo.
Ella había cometido el error de instigarlo usando a Jerome para vengarse de él, y él no iba a pasar por alto el asunto.
No importaba lo pequeño que fuera, tenía que aprender a no hacer algo así.
Por supuesto, podía usar otros métodos, pero éste sería el más efectivo y era cuestión de tiempo que su relación avanzara.
Vivian era suya, por lo tanto, no veía por qué tenía que esperar para tenerla.
Cuanto más lo prolongara, más difícil sería protegerla de otros hombres.
No era que quisiera aprovecharse de la situación, pero no dejaría que una oportunidad así se le escapara de las manos.
Sus talentosos dedos se apresuraron a desabotonar los dos primeros botones mientras se besaban, algo de lo que ella aún no se había dado cuenta.
Después del lánguido beso, se alejó de sus labios y se aseguró de tirar del botón con el dedo para que ella supiera dónde estaban sus dedos.
—¿Leo?
—dijo con voz tímida, sus manos sosteniendo las sábanas que estaban debajo de ella.
—¿Hmmm?
—respondió, manteniendo sus ojos en ella y que no se desbordara, para asegurarse de que estaba cómoda.
—¿Vas a quitármelo todo?
—dijo, incapaz de mantener su mirada ardiente, sus ojos se alejaron de él.
—Me encantaría hacer eso, pero por ahora sólo nos quedaremos con el vestido, Bambi.
Me alegro de que hoy lleves puesto este —murmuró la última frase con un tono de aprobación.
A diferencia de los vestidos que él la había visto usar a menudo, éste tenía un lazo alrededor de su cuello, que él había desatado al principio con sólo cinco botones que le salían por la cintura.
Vivian no sabía si eran sus dedos o el aire que pasaba por las ventanas lo que la hacía temblar mientras estaba acostada en la cama con Leonard.
Como si se diera cuenta de algo, se levantó de la cama para cerrar una de las ventanas que estaba justo al lado de la cama.
Una vez que regresó, le dio su mano para que la tomara y ella se sentó.
Sus largos y delgados dedos llegaron hasta los hombros de ella antes de que él le quitara el vestido de los hombros.
Ayudándola a quitarse el vestido, la acostó cómodamente en la cama, dejándola sólo con una enagua que llevaba dentro del vestido y le llegaba hasta la rodilla.
La vio tragar saliva suavemente.
—¿Confías en mí, Bambi?
Asintió con la cabeza ante su pregunta.
Claro que sí, pensó Leo para sí mismo.
Tan crédula él la hacía sentir cuando estaba con él, Vivian no era tan fácil de ser influenciada.
Ella era para él y él para ella.
—¿Por qué me haces preguntas de las respuestas que ya sabes…?
—dijo con sus mejillas teñidas de rosa.
—Porque es bueno oír las palabras que salen de tus bonitos labios.
Para saber lo que piensas y sientes.
Vivian jadeó cuando su dedo índice tocó completamente sus labios antes de llevarlo hasta su cuello.
Leo no pudo evitar lamerse los labios al ver su cuerpo desnudo que estaba escondido bajo el blanco y endeble material que llevaba puesto.
La enagua caía bajo sobre su pecho permitiéndole ver la parte superior de éste.
Sus ojos melancólicos continuaron viajando hacia abajo para ver los pezones que se habían oscurecido en contraste a la blanca y casi trasparente tela.
Vivian, que al principio no estaba segura, había apartado la mirada de Leonard, pero después de dos segundos había vuelto a mirar a Leonard, quien parecía comérsela con los ojos.
Como si estuviera tocando su piel desnuda con los ojos.
Con las manos sobre la cama, cruzó las piernas para tímidamente abrirlas y dejarle ver lo que había entre ellas.
Mientras sus ojos se dirigían cada vez más abajo, mirando las curvas de su cuerpo, los dedos de sus pies doblados, mordiendo sus labios.
Pero sus ojos nunca se detuvieron allí, más de lo necesario, su mirada se deslizó hacia abajo contemplando sus piernas, se extendía hasta sus rígidos pies.
—¿Estás avergonzada?
—preguntó directamente.
Para alguien que no había estado con otro chico, Leo era demasiado franco y no entendía por qué debía ser tímida cuando ambos se querían.
—¡Claro que sí!
—susurró queriendo esconderse bajo la cama, pero dudaba de que él se lo permitiera.
Él la sacaría para traerla de nuevo a la cama—.
Yo-yo…
Sus ojos se volvieron vidriosos.
Le había pedido su consentimiento antes de quitarle la ropa, no que le hubiera dado muchas opciones en nombre del castigo, pero se había asegurado de pedírselo.
Si no le hubiera gustado, habría dicho que no.
Mirando más de cerca se dio cuenta de que ella no estaba molesta ni triste, esperó a que ella continuara hablando.
—Nunca he estado así delante de nadie.
Estaría avergonzada.
Así que tenía razón, pensó Leo.
No era que estuviera herida, sino que sin la ropa se sentía vulnerable frente a él.
—Me hubiera molestado mucho si no fuera así.
—Le acomodó suavemente un mechón de pelo descarriado detrás de su oreja—.
Así me gusta, tal como eres.
Eres hermosa, Vivi.
—Mentiras.
No le miró a los ojos cuando él la halagó.
—¿Por qué dirías eso?
—Soy una chica sencilla, Leo —dijo mientras su corazón se hundía en su pecho.
—Y a veces eso es todo lo que necesitamos.
—Sus palabras la tocaron y ella no pudo parar de sonreírle—.
Te tomaré tal como eres.
—Levantando su mano, él besó el dorso de su mano.
Presionando sus labios sobre la piel de ella y dejándola ir.
—Vamos a vestirte de nuevo, cariño.
La sacó de la cama.
¿Eso era todo?
Había estado un poco ansiosa y excitada al principio pensando que él la tocaría, la besaría en lugares que nunca tuvo, pero no lo hizo.
Como si leyera la expresión de su rostro, Leo dijo: —Prometí que sólo vería, ¿verdad, Bambi?
Mientras Leo la ayudaba a vestirse, Vivian recordó la época en que Martha solía vestirla cuando iba a hacer un viaje a la aldea local donde vivía la hermana de Paul, Grace.
Ante el recuerdo de ello, la tristeza comenzó a filtrarse, pensar que las cosas habían cambiado tanto en tan poco tiempo.
Al mirarla, Leonard le preguntó preocupado: —¿Estás bien, Bambi?
—Una vez que estuvo completamente vestida, él se inclinó hacia adelante para darle un beso en la frente.
A medida que la tarde se transformaba en noche, Leo se quedó con Vivian, pasando su tiempo con ella antes de ir a Valeria.
Él había pensado en llevársela, pero tenía que dejarla en paz, ya que el consejo no aprobaba que se involucrara a los plebeyos cuando se realizaba un trabajo.
También había otro asunto en el que no quería que ella lo encontrara con sangre en las manos.
Vivian podía haber tenido una ligera sospecha sobre a lo se dedicaba, pero no quería exponerla a ese lado de él.
Ese lado de asesino a sangre fría.
Saber algo y verlo en persona eran dos cosas diferentes.
Era un viaje de tres días y terminaría el trabajo rápidamente antes de regresar a Bonelake.
Después de pensarlo mucho, decidió enviarla a la mansión de Rune.
Mantenerla allí cuando él no iba a estar cerca no le convenía.
Después de él, el lugar más seguro para Vivian era la mansión de Lord Nicholas.
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