Bambi y el duque - Capítulo 89
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89: Capítulo 90.
Bendición o maldición — Parte 2 89: Capítulo 90.
Bendición o maldición — Parte 2 Editor: Nyoi-Bo Studio La habitación estaba tranquila, el silencio rodeando a Vivian mientras dormía en la cama.
Las cortinas que fueron cerradas, no impedían a los relámpagos para que dejaran de asomarse a través de ellas, ocasionalmente entrando y saliendo para traer luz no sólo a los objetos sino también a las sombras.
Una de esas sombras que acechaba en la habitación se adelantó, arrastrando su oscuro y harapiento manto por el suelo, trayendo consigo la invitación a la muerte.
Sin un susurro de voz en la habitación, se paró junto a la cama donde la joven estaba profundamente dormida.
La cara oculta mirando hacia abajo en su dirección, pasando de segundos a minutos antes de que su mano se moviera hacia su delgado cuello.
Esqueléticos dedos rondaban sobre ella para envolver su cuello como una sanguijuela sin despertarla.
La criatura le apretó repentinamente el cuello, despertándola de su sueño por el shock y la falta de aire para respirar.
Apartó la mano huesuda, las mangas de la capa que ocultaban su cara mientras su cuello estaba más apretado, lo que la hacía arremeter contra la cama, pero su cuerpo era débil contra el demonio.
Sus dedos se clavaron en su piel, magullándola.
—Sería mejor matarte que dejar salir el secreto.
Escuchó la voz de Lord Nicholas al otro lado de la habitación.
Su mano se levantó, pidiendo detener al demonio, pero el Lord no tenía tales planes.
El aire comenzó a desaparecer de su pecho, su cabeza se volvió más ligera y mareada mientras luchaba por respirar.
De repente, Vivian se despertó de su sueño y se sentó erguida en la cama con un jadeo y sudor que cubría su frente mientras buscaba aire.
Tocándose el cuello y mirando alrededor de la oscura habitación en busca del signo del demonio, suspiró.
Era sólo un sueño.
Había soñado con el demonio tratando de matarla mientras dormía.
Al no dormir lo suficiente, por la mañana Vivian se despertó con un ligero dolor en la cabeza.
Con ropa ya empacada, se preparó antes de bajar las escaleras y el alivio brotó cuando sus ojos se fijaron en unos cabellos rubios.
Como si sintiera su presencia, Leonard, que estaba hablando con el Lord, y su primo Rhys, que había regresado con él, se volvió para verla caminar por el pasillo.
Sin hacerla esperar, dio cuatro pasos hacia ella, levantando su mano de tal manera que cuando ella se acercó a él la rodeó con un círculo alrededor de su cintura.
Tirando de ella cerca, le besó la parte superior de la cabeza, lo que la hizo sonrojarse instantáneamente.
Leonard nunca había sido discreto cuando se trataba de los afectos que tenía por Vivian.
Era más bien una señal para que otros supieran que ella era su amada.
Alguien que no debía ser herido.
Aunque los hombres en la sala no mostraron ninguna diferencia notable cuando se trataba de sus expresiones, Vivian no pudo evitar sentirse avergonzada por la abierta muestra de afecto de Leo.
El primo de Leo, Rhys, estaba allí de pie con una cara aburrida, mientras Lord Nicholas le sonreía cuando sus ojos se encontraban.
Cuando se trataba del interés de Leonard en Vivian, no era un secreto en el círculo cerrado del duque Carmichael que le había gustado la chica durante mucho tiempo.
—¿Cómo estás?
—Su voz se volvió más suave que el tono que había usado con los hombres antes de que ella llegara.
Su brazo se detuvo alrededor de su cintura antes de alejarse para verla—.
¿Me extrañaste?
Leonard notó las ojeras alrededor de sus ojos como si no hubiera estado durmiendo bien.
—Yo, sí —susurró para que sólo Leonard la oyera, pero los otros hombres la oyeron de todos modos con sus oídos de vampiros de sangre pura.
Ella sintió su pulgar correr bajo sus ojos—.
¿Cómo estuvo tu viaje?
¿Fue provechoso?
—Le preguntó ella, con la esperanza de que así fuera, ya que él había viajado muy lejos hasta Valeria.
—No completamente, pero sí.
Encontramos algo allí con la ayuda de Lord Alexander.
Deberíamos poder resolver pronto el caso —contestó sin poder apartar su mirada de su rostro.
No había sido difícil sólo para Vivian, pero los tres días que Leonard había pasado lejos de ella habían sido duros.
La había puesto bajo el cuidado de Nicholas, pero su corazón se sentía perturbado por la incertidumbre de no saber si podía acudir a ella en caso de que algo sucediera.
Consideraba a Lord Nicholas como uno de sus aliados más cercanos, pero el hombre tenía su propia manera de hacer las cosas tanto que no se podía confiar en la persona completamente.
Fue cuando los ojos de Vivian se encontraron con los de Lord Nicholas, cuando él notó la forma en que su vista se alejaba nerviosamente.
Algo debe haber pasado, pensó Leonard para sí mismo y cuando se volvió para mirar a Lord Nicholas con los ojos entrecerrados, el hombre sonrió.
Una sonrisa que decía que el Lord entendía lo que estaba pensando.
—El tiempo se ve bien hoy, ¿qué tal si hoy desayunamos fuera?
Lord Nicholas aplaudió.
El mayordomo y las sirvientas comenzaron a poner mesas y sillas en la parte trasera de la mansión, donde había hojas verdes, a diferencia de los árboles vacíos y sin vida que había en la parte delantera de la mansión.
Como dijo Lord Nicholas, el número de nubes en el cielo había desaparecido para traer algo de luz y calor.
No hacía calor, en Bonelake nunca lo hacía, el viento que soplaba era ligero, perdiendo algo de frescura de la noche anterior.
Una vez colocadas las sillas, los sirvientes trajeron la comida, una por una, que fueron preparadas recién en la cocina.
—¿Cuándo creen que deberíamos reportarlo ante el consejo?
—preguntó Rhys con el pelo negro que parecía un desastre, mientras se sentaron alrededor de la mesa.
Vivian no podía evitar mirar a Leonard, que tenía el pelo rubio bien peinado—.
No creo que Igor se quede callado.
—Igor quiere ocuparse él mismo del caso.
Aunque le pidió ayuda a Nicholas, fue simplemente porque el consejo principal me pidió que me incorporara al trabajo.
Su orgullo fue herido porque alguien que no es de su departamento fue asignado al caso, ya que ellos no pudieron obtener ninguna información sólida.
Rueben sólo puede mantenerlos a raya por un tiempo más, antes de ser interrogado en la próxima reunión de la corte —dijo Leonard.
—Igor sabía que no sería capaz de persuadirte y le pidió a Lord Nicholas —comentó Rhys, sin tocar nada de la mesa cuando se servía el desayuno.
—Eso es porque Leo no estaría de acuerdo si yo no interviniera.
¿Qué encontraste de la bruja negra?
Lord Nicholas recogió la taza de té, vertiendo el té de la tetera y añadiendo dos cubos de azúcar en ella.
Luego se la ofreció a Vivian, a quien Leonard entrecerró los ojos.
El hombre sólo hacía té para las mujeres que necesitaba, gente a la que podía usar y matar después de su trabajo.
Lord Nicholas había sido demasiado frívolo antes de darse cuenta de lo que Leonard observaba.
El chico observaba y comprendías las cosas muy rápidamente.
Pequeños comportamientos que no todos notaban.
Incluso los detalles que él mismo, como Lord, no captaba.
—Sólo le estoy ofreciendo té.
No hay necesidad de estar celoso.
—Vivian escuchó al Lord hablarle a Leonard cuando ella tomó la taza de té pero Leo se la quitó.
Tomando un sorbo, él se la devolvió—.
Tu falta de confianza en mí congela mi corazón, Leo.
Leonard puso los ojos en blanco antes de responder a la pregunta anterior de Lord Nicholas.
—Dos de ellos fueron sorprendidos escondidos en el refugio que no está lejos de la frontera de Valeria, pero encontramos otro rastro.
El rastro nos lleva de vuelta a Bonelake.
—No es un misterio.
Las brujas negras se han propagado bien —comentó Lord Nicholas.
Leonard continuó hablando: —Oímos que los funcionarios de una ciudad de Mythweald fueron aniquilados hace una noche.
No se ha encontrado ningún rastro de vida en el vecindario.
—¿Sacrificio?
—preguntó Lord Nicholas.
—¿Qué más puede ser?
Las brujas han usado a los humanos para su sacrificio de vez en cuando.
Este podía ser uno más grande —dijo Rhys sumando su pensamiento a la conversación.
—¿Entonces, que ha estado causando todo este alboroto en el consejo?
—preguntó Lord Nicholas, inclinándose hacia adelante en su asiento con la mano apoyando su barbilla.
—Mutantes.
La última vez que me encontré con Elliot Wells, me habló de trozos de carne similares a las serpientes que se despojan de su piel.
Un mutante es un tipo que puede transformarse en otra persona.
No creo que copiar a alguien sea fácil, ya que el que capturamos trató de convertirse en Rhys, pero eso no salió bien —dijo Leo.
—Nunca he oído hablar de algo así.
Hace que uno se pregunte cuántos más hay aparte de los de nuestra especie —dijo Lord Nicholas frotándose la barbilla.
Leonard continuó diciendo: —Creemos que necesitan tiempo para estudiar al individuo antes de convertirse en uno…
Vivian, que estaba sentada entre ellos, bebió tranquilamente su té sin tener nada que decir.
Sólo había oído hablar de las brujas negras y había tenido la suerte de no encontrarse con ninguna.
En su mente eran como criaturas míticas malvadas pero que sabía que podían sacrificar a un pueblo entero.
Pensar que había otros tipos, un tipo que podía copiarla para transformarse en ella, era algo que no podía imaginar.
Sus ojos deambularon por la alta mansión, moviéndose de una ventana a otra hasta que se detuvo para ver una sombra oculta que les miraba.
Más que las brujas negras o mutantes que Leo había mencionado, ella había encontrado anoche a la criatura en la mansión más aterradora.
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