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Bambi y el duque - Capítulo 94

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94: Capítulo 95.

La sangre de los muertos — Parte 2 94: Capítulo 95.

La sangre de los muertos — Parte 2 Editor: Nyoi-Bo Studio Después de la llegada de otros miembros del consejo que residían en Mythweald, vinieron a inspeccionar el estado en el que se encontraba el cuerpo, el cadáver de Charlotte fue bajado del árbol.

La Sra.

Easton lloró y se lamentó por la muerte de su hija.

La forma en la que fue encontrada, era bastante dolorosa.

Con su pecho abierto de par en par a ambos lados de su cuerpo, algo de sangre había goteado para mostrar los jugosos órganos que tenía dentro, pero que con el tiempo se había secado con el viento de la mañana siguiente.

Tocó su cara con moretones cuando acunó la cabeza de su hija, entró en contacto con sangre húmeda y pegajosa debido a que la parte posterior de la cabeza estaba abierta por los golpes.

Los ojos vacíos de Charlotte miraban al cielo, su cuerpo frío y listo para descomponerse.

—Snif snif… mi… mi hermosa hija.

A diferencia de su esposo que estaba conteniendo sus emociones, la Sra.

Easton no podía ocultar la devastación que sentía y sollozaba, sin importar lo sangrienta que se veía su hija en este momento.

Los aldeanos que anteriormente estuvieron en la escena, fueron llevados de vuelta a sus casas por los concejales para poder trabajar en lo que había sucedido.

—¡¿Por qué?!

—exclamó la Sra.

Easton mientras arrullaba a la joven de un lado a otro—.

Hijos míos….

El duque Harrison se paró a unos pasos de la escena mientras hablaba con los dos concejales que habían venido a inspeccionar la escena.

Su pelo se erizó debido a la brisa seca.

—No parece un trabajo de brujas.

Nunca dejan los cuerpos, como se sabe que los toman para poder utilizar las partes.

Las heridas que recibió la joven fueron por objetos y no por la fuerza de las manos —dijo uno de los concejales, y sacudió la cabeza—.

¿Qué te parece, Frey?

—preguntó a su compañera, quien era una mujer de pelo corto.

—Es difícil decir esto pero.

—La concejala bajó la voz para que nadie pudiera oírla—.

No creo que fueran las brujas o los vampiros los que lo hicieron esto por despecho.

—Eso es ridículo —respondió el duque Harrison, mirando hacia la pareja que estaba al lado de su hija muerta antes de mirar hacia atrás a los dos miembros del consejo—.

Los humanos nunca se atreverían a tal cosa.

Son conscientes de las consecuencias.

—Después de hablar con los aldeanos, me enteré de que dos humanos están desaparecidos del lote, no los han visto desde anoche y por la mañana.

¿No es gracioso?

Esto es Mythweald después de todo, un lugar que fue construido sólo para los humanos.

El duque Harrison, como los Easton, estaba en estado de shock cuando se encontró con la petición del magistrado de ir a la aldea rápidamente.

La única noticia que había recibido era que una vampiresa había sido colgada en el árbol para que la gente la viera, pero nunca habría adivinado que la chica que se suponía era su novia y había sido asesinada tan terriblemente.

Quienquiera que la hubiera matado, parecía que la había matado por despecho y rabia.

Su cuerpo parecía estar maltratado, con heridas que le dejaban cicatrices en el rostro, que en otro tiempo era encantador y siempre estaba lleno de luz.

No era fácil matar a una vampiresa de sangre pura.

Aunque fuera fácil matar a un vampiro y a un humano clavándole una estaca en el corazón, se necesitaba mucho para acabar con un vampiro de sangre pura.

Se tendría que remover el núcleo, que era una piedra presente en todos los vampiros de sangre pura, era lo que les definía, diferenciándolos de todos los demás seres.

Este núcleo era la parte más importante, si estaba corrompido, podía llevar a uno a la locura.

Había comprobado los alrededores para ver que no había ningún otro rastro aparte de los humanos, lo que sólo concluía que lo había hecho un humano.

Como muchos otros que habían venido a ver la escena, estaba molesto.

Enfadado de que una vampiresa que no había hecho nada fuera asesinada.

—¿Qué hacemos, señor?

¿Quiere que hagamos un reporte para notificar a la cabeza del consejo?

—preguntó el concejal, esperando las órdenes del duque, ya que él era el responsable de este lado de la tierra.

El Duque se quedó callado.

Su frente se arrugó, habló después de unos segundos.

—No.

Ambos miembros del consejo miraron al hombre confundidos.

—¿No presentaremos el informe?

—preguntó Frey, la concejal.

—Los humanos aquí han cometido un grave error.

Vamos a encontrar a las personas que le hicieron esto a la Señorita Easton antes de presentar el informe.

Si lo hacemos de inmediato, los concejales se adelantarán para tomar bajo su control cosas que yo no quiero —asintió la concejala, que era una vampirera—.

Envía un mensaje al duque Carmichael que se requiere de su presencia inmediata en Mythweald.

Le gustaría ser informado.

—La concejala inclinó la cabeza y fue a terminar el trabajo que acababa de serle asignado—.

Opus.

—Sí, duque Harrison —respondió el concejal.

—Reúne a los aldeanos de nuevo.

Me gustaría hablar con cada uno de ellos personalmente esta vez.

Opus, el concejal, aceptó a regañadientes la petición del duque, ya que temía por los aldeanos.

Aunque la mayoría de los vampiros y los humanos se despreciaban mutuamente; los humanos porque no podían lograr lo que los vampiros tenían y los vampiros porque no les gustaban los seres humildes que eran inferiores a ellos.

Sin embargo, había unos pocos que simpatizaban con el otro.

No sabía por qué los humanos provocarían una pelea innecesaria con los vampiros colocando uno de los cuerpos de sangre pura como demostración para fastidiarlos.

Habían sembrado sus errores y ahora se arrepentirían de lo que habían hecho.

—Sí, duque Harrison Opus intercambió reverencias con el duque antes de alejarse de los árboles y dirigirse a las casas que formaban parte de la aldea de los humanos.

El cuerpo de Charlotte fue preservado en la habitación del sótano de la mansión Easton, donde la temperatura era más fresca.

Las brujas blancas, que estaban disfrazadas de sacerdotisas, habían venido a bendecir el alma de la vampiresa, al mismo tiempo que frenaban la descomposición del cuerpo.

Al tercer día, Leonard llegó a la mansión de su tía materna.

No le llevó mucho tiempo saber cuál era el asunto que necesitaba de su presencia.

Con Vivian detrás de él, Leonard entró en el sótano donde su tía estaba sentada junto al ataúd, con la cara cubierta con un pañuelo, no podía creer lo que le habían hecho a su hija.

El Sr.

Easton saludó a Leonard con una inclinación de cabeza, con los ojos apagados y círculos negros alrededor de sus ojos.

Cuando Leonard se paró frente al ataúd donde su prima yacía con los ojos abiertos, el vacío era evidente por el alma que la había abandonado.

Sus manos se convirtieron en un puño, volviéndose blancas por una ola de ira incontrolable.

La sangre se había vuelto negra, su cuerpo desnudo y abierto, donde podía verse su columna vertebral y sus huesos.

Le dolía ver a su querida prima en ese estado.

Era la más amable de todas, más amable que su hermano, siempre sonreía ante todo.

Una sonrisa que podía iluminar el día de cualquiera como el mismo sol.

Todavía podía recordar la época en que su madre le leía un libro…

Podía escuchar a la joven Charlotte preguntar: —¿Y el cazador?

¿Regresa otra vez?

—Por supuesto que sí —contestó el joven Leo.

—¿Y qué pasa cuando lo haga?

—preguntó su prima.

—¿De qué sirve que la tía Renae te lea el libro si lo vas a escuchar por partes?

—preguntó Julliard a su hermana para escucharla exclamar—.

¡No podré dormir si no lo sé ahora!

Charlotte era una de las raras personificaciones de la luz en su mundo oscuro y pensar que ya no lo era, lo hacía difícil de creer.

Leonard se acercó para mirarla.

Llevó su mano a la cabeza de ella, que tenía una rajadura en ella, alisando las hebras de pelo que se pegaban de forma irregular.

—Charlotte —susurró el nombre de su prima, ansiando poder volver atrás y así salvarla de quienquiera que le hubiera hecho esto.

La ira hervía en sus venas.

Si lo que el duque Harrison le había dicho era verdad, los humanos pagarían por ello.

Los que habían traído tanta miseria a su familia, pagarían el alto precio de matar a alguien a quien tanto quería.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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