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Batallas Entre Los Seres Celestiales - Capítulo 15

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  4. Capítulo 15 - 15 Un nuevo grupo
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15: Un nuevo grupo 15: Un nuevo grupo Cinco horas después… La casa por fin estaba terminada.

No era lujosa ni perfecta, pero era real.

Madera firme, paredes levantadas con esfuerzo y silencios, un techo que no prometía seguridad eterna, pero sí un refugio.

Los amigos de KA y Steve se quedaron de pie, observando su obra sin sonreír.

Nadie celebró.

Nadie habló.

Algo estaba mal.

El cielo, que antes aún conservaba restos de azul, se volvió gris, de un gris muerto, espeso, como si el mundo hubiera perdido profundidad.

Las nubes desaparecieron, no se movieron, no se dispersaron… simplemente dejaron de existir.

El aire se volvió pesado, inmóvil, y el viento cesó por completo.

Steve fue el primero en sentirlo.

Un escalofrío le recorrió la espalda.

No era frío… era presión.

Como si algo invisible estuviera empujando la realidad desde afuera.

KA alzó la vista lentamente.

—¿Lo sienten…?

—murmuró.

Entonces ocurrió.

El horizonte se quebró.

No con un sonido, sino con una sensación brutal, como si el mundo hubiera parpadeado mal.

Durante un segundo, el suelo vibró y el cielo se deformó, ondulándose como agua sucia.

Colores imposibles aparecieron entre grietas del aire: rojos enfermizos, negros profundos, violetas que no deberían existir.

Un mundo se estaba fusionando con el suyo.

Un mundo del caos.

Estructuras retorcidas comenzaron a manifestarse a lo lejos: torres hechas de materia viva, montañas que parecían respirar, sombras que se movían sin tener dueño.

El suelo bajo sus pies seguía siendo el mismo… pero ya no pertenecía del todo a su realidad.

Los amigos retrocedieron instintivamente.

—Esto no es una invasión —dijo uno de ellos, con la voz temblorosa—.

—Es peor… —respondió KA—.

Es una superposición.

Steve apretó los puños.

Sus lágrimas de horas atrás ya se habían secado, pero la decepción seguía ahí, transformándose lentamente en algo más peligroso: determinación.

Miró la casa recién construida, ese pequeño símbolo de esperanza… ahora rodeado por un mundo que no conocía la palabra paz.

Del otro lado del horizonte, algo observaba.

No atacó.

No habló.

Solo esperó.

Porque el mundo del caos no llega con violencia inmediata… llega para corromper, para probar, para romper a quienes aún creen que pueden resistir.

Y esta vez, no había un final escrito.

Apenas el comienzo.

El grupo que descendió del mundo del caos fue invisible solo bajaron y se escondieron sin que nadie se diera cuenta y el mundo del caos desapareció, todos quedaron confundidos y con miedo pero en un instante una lluvia de meteoros comenzó.

En mundo se sacudió los meteoros eran cada vez más grandes y fuertes todos intentaban cubrirse del caos, todos se separaron corriendo y gritando pero en un instante un meteoro alcanzo a Steve tumbandolo y en otro instante otro meteoro apuntaba a ala dirección de Steve, steve cegado no se percato y a los pocos centímetros de ser aplastado por el meteoro.

El meteoro se partió en pedazos desapareciendo.

Steve abrió los ojos y enfrente de el vio a KA que lo había protegido, salvado.

El estruendo cesó de golpe.

Los fragmentos del meteoro **se deshicieron en polvo luminoso** antes de tocar el suelo, como si una fuerza invisible los hubiera negado.

El aire aún vibraba cuando Steve, aturdido, **abrió los ojos**.

KA estaba frente a él.

De pie.

Con un brazo extendido.

El suelo a su alrededor estaba **fracturado**, pero intacto donde él se encontraba.

Pequeñas grietas irradiaban desde sus pies como si la tierra misma hubiese intentado resistirse a su presencia.

—…Levántate —dijo KA, con la voz baja pero firme.

Steve respiró con dificultad.

El corazón le golpeaba el pecho como un tambor descontrolado.

—Pensé que… —tragó saliva— que ya no iba a despertar.

KA no respondió de inmediato.

Sus ojos recorrían el cielo, que había vuelto a un gris enfermizo.

**Algo no había terminado**.

—No fue suerte —dijo finalmente—.

Ellos ya están aquí.

Steve frunció el ceño.

—¿Quiénes?

Antes de que KA pudiera responder, el suelo **se estremeció** de nuevo, pero esta vez no por impacto.

Las vibraciones eran… **rítmicas**, como pasos amortiguados bajo la tierra.

Los meteoros dejaron de caer.

El silencio fue peor.

A lo lejos, los gritos del grupo se apagaban poco a poco.

No porque estuvieran a salvo… sino porque algo los estaba obligando a **callar**.

KA bajó el brazo lentamente.

—El grupo que descendió del mundo del caos… nunca se fue —susurró—.

Solo se ocultaron.

Invisibles.

Esperando el momento exacto.

Steve intentó ponerse de pie, apoyándose en una roca.

—¿Y los meteoros?

KA apretó los dientes.

—Distracción.

Pánico.

Separación.

Entonces ocurrió algo aún más inquietante.

Sombras comenzaron a **desprenderse del suelo**, no como figuras sólidas, sino como distorsiones, como manchas que no obedecían a la luz.

Una de ellas se alargó, tomó forma humanoide por un segundo… y volvió a desaparecer.

Steve sintió un frío profundo recorrerle la nuca.

—Nos están cazando… KA asintió.

—No atacan cuerpos primero —dijo—.

Atacan la voluntad.

En ese instante, una voz **resonó dentro de sus cabezas**, no en el aire: *“El mundo creyó haber sobrevivido al caos.”* *“Ahora aprenderá a convivir con él.”* KA dio un paso al frente, colocándose delante de Steve una vez más.

—Escúchame —dijo con urgencia—.

Pase lo que pase, no te separes de mí otra vez.

Steve lo miró, aún temblando, pero algo dentro de él se encendió.

—Esta vez… no pienso huir.

A su alrededor, las sombras se multiplicaban.

Y en algún lugar invisible, el verdadero combate acababa de comenzar.

El aire se volvió denso, casi **irrespirable**.

Las sombras dejaron de moverse al azar y comenzaron a **coordinarse**, formando círculos invisibles alrededor de los restos de la casa.

No había pasos, no había ruido… solo la sensación constante de estar siendo observado desde todos los ángulos posibles.

KA cerró los ojos un instante.

Cuando los abrió, **algo en su mirada había cambiado**.

—Ya nos marcaron —dijo—.

Desde el momento en que te salvé.

Steve apretó los dientes.

—¿Qué significa eso?

KA extendió la mano hacia el suelo.

Las grietas bajo sus pies **brillaron débilmente**, como venas de luz contenida.

—El mundo del caos no elige al azar —explicó—.

Elige a quienes aún pueden cambiar el resultado.

Antes de que Steve pudiera responder, una figura **se manifestó** frente a ellos.

No salió del aire ni del suelo: simplemente **apareció**, como si siempre hubiera estado ahí y sus ojos recién pudieran verla.

Era alta, delgada, cubierta por una silueta negra que parecía absorber la luz.

No tenía rostro definido, solo un vacío donde deberían estar los rasgos.

—Uno salvó —dijo la entidad, con una voz múltiple, superpuesta—.

—Y el otro fue salvado.

Steve sintió que sus piernas querían fallar.

KA dio un paso al frente.

—No tienes derecho a estar aquí.

La entidad inclinó ligeramente la cabeza.

—El caos no pide derechos.

**Reclama consecuencias**.

A su alrededor, otras presencias comenzaron a revelarse de forma intermitente: brazos que se formaban y desaparecían, ojos que se abrían en superficies imposibles, siluetas incompletas que nunca terminaban de existir.

—¿Qué quieren?

—gritó Steve.

La figura volvió su vacío hacia él.

—Probar.

El suelo **se hundió** de golpe bajo los pies de Steve.

KA reaccionó al instante, sujetándolo del brazo y tirando de él con fuerza.

Donde Steve había estado, ahora había un abismo oscuro, profundo, sin fondo visible.

—No mires abajo —ordenó KA.

Pero Steve ya había sentido algo peor que el miedo.

Desde el borde del abismo, **manos invisibles** intentaron aferrarse a su sombra, no a su cuerpo.

Cada vez que lo tocaban, recuerdos le cruzaban la mente: errores, pérdidas, palabras que nunca dijo.

—¡KA…!

—jadeó.

KA apretó su agarre.

—No les des lo que quieren.

Si dudas, te arrastran.

La entidad alzó un brazo.

—Si resisten juntos… el mundo se romperá más rápido.

KA respondió sin vacilar: —Entonces que se rompa.

Una onda de choque surgió de él, empujando las sombras hacia atrás por un segundo.

El cielo tembló, como si algo gigantesco se hubiera movido detrás de la realidad.

La entidad retrocedió, por primera vez.

—Interesante —susurró—.

El vínculo aún no está corrompido.

Las sombras se replegaron, fundiéndose de nuevo con el entorno.

El abismo se cerró como si nunca hubiera existido.

Pero el silencio que quedó fue **una promesa**, no una victoria.

KA soltó lentamente a Steve.

—Esto no fue el ataque —dijo con gravedad—.

Fue la invitación.

A lo lejos, un eco resonó desde ningún lugar y desde todos a la vez: *“Cuando caiga la próxima lluvia… no habrá salvadores.”* Y Steve entendió algo con absoluta claridad: El caos no había venido a destruir el mundo.

Había venido a **quedarse**.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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