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Batallas Entre Los Seres Celestiales - Capítulo 18

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  4. Capítulo 18 - 18 Un amanecer inexistente
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18: Un amanecer inexistente 18: Un amanecer inexistente El siguiente amanecer **no llegó**.

Sirius levantó la espada… y la bajó sin moverse.

El efecto ocurrió **antes** del gesto.

Una franja de luz atravesó la galaxia, partiendo reflejos, posibilidades y espacio.

Gray reaccionó por instinto, interponiéndose donde **sabía** que el golpe estaría, no donde lo veía.

El impacto lo lanzó a través de constelaciones enteras, su cuerpo rebotando entre espejos de realidades posibles.

—¡GRAY!

—gritó Steve.

Gray se detuvo en seco, jadeando, aún vivo.

—Sigo… —escupió—.

Pero no por mucho.

Tronwer y Kanen atacaron en pinza, pero Sirius **no esquivó**.

Simplemente eligió una versión de sí misma donde no fue alcanzada.

Las otras imágenes se disolvieron como polvo estelar.

—No la persigan —gritó KA—.

¡Anticípenla!

Steve apretó los dientes.

—¿Cómo anticipas algo que ya pasó?

—Pensando al revés —respondió KA—.

No qué hará… sino **qué necesita que creamos** que hará.

Holley lanzó un ataque directo, deliberadamente obvio.

Sirius lo aceptó, sonriendo, como si confirmara una predicción.

Pero en ese instante, Kanen atacó el vacío **donde Sirius no estaba**.

Y la espada de Kanen **rozó algo real**.

Sirius retrocedió medio paso.

Solo medio.

Pero fue suficiente.

—La tocaste… —murmuró Gray, sorprendido.

La galaxia vibró.

Sirius los observó con renovado interés.

—Empiezan a leer el amanecer —dijo—.

Bien.

Bonnie, que había permanecido atrás, **no luchaba**.

Giraba lentamente, observando los reflejos, las repeticiones, los desfases.

Sus ojos se movían rápido, siguiendo patrones invisibles para los demás.

—Esto no es solo una fortaleza… —susurró—.

Es un **sistema**.

Steve se acercó a ella mientras esquivaba un reflejo hostil.

—¡Habla!

Bonnie señaló el vacío.

—Sirius no controla todo el no-tiempo —explicó—.

Controla el **primer instante**.

El amanecer.

Todo lo demás… se replica.

KA la miró de golpe.

—¿Quieres decir…?

—Que si rompemos el primer reflejo —continuó Bonnie—.

Todo lo que venga después se cae.

Como si hubiera escuchado, Sirius apareció frente a ellos, espada en alto.

—Correcto —dijo—.

Y por eso nunca lo alcanzarán.

El ataque descendió.

Steve empujó a Bonnie fuera de la trayectoria.

El impacto ocurrió **antes** de que el movimiento terminara.

El espacio se desgarró.

Steve salió despedido, su cuerpo golpeando múltiples versiones de sí mismo antes de detenerse.

—¡STEVE!

—gritó KA.

Algo en KA **se quebró**.

No de debilidad.

De enfoque.

Cerró los ojos y respiró profundo, ignorando el caos alrededor.

—Gray —dijo—.

Necesito que seas el primer impacto.

Gray sonrió, aun sangrando.

—Siempre lo soy.

—Tronwer, Kanen —continuó KA—.

Ustedes no ataquen a Sirius.

Ataquen **la sombra de su espada** cuando se estire.

—¿Y tú?

—preguntó Holley.

KA abrió los ojos.

—Yo voy a atacar el amanecer.

Bonnie levantó la mirada, entendiendo.

—El primer instante… —susurró—.

El momento exacto en que ella decide que algo existe.

Sirius los observó reorganizarse.

—¿Creen que la estrategia puede existir aquí?

—preguntó—.

Qué ingenuos.

La espada se alargó de nuevo, atravesando galaxias.

—**Nuevo amanecer**.

Gray se lanzó de frente, absorbiendo el impacto que aún no había ocurrido.

Tronwer y Kanen golpearon la sombra de la hoja, no la hoja misma.

Por primera vez, la espada **vaciló**, como si dudara de su propia existencia.

KA apareció justo frente a Sirius.

No atacó.

La miró.

—Este instante —dijo—.

Este es el único que no puedes repetir.

Bonnie gritó desde atrás: —¡AHORA!

¡ANTES DE QUE DECIDA!

KA extendió la mano.

No hacia la espada.

No hacia Sirius.

Hacia el **concepto**.

La galaxia se detuvo.

Sirius abrió los ojos, sorprendida de verdad.

—¿Qué… hiciste?

KA sonrió, apenas.

—Te obligué… —dijo—.

A amanecer conmigo dentro.

El suspenso se volvió absoluto.

Porque por primera vez, Sirius no sabía qué venía después.

El universo **gritó sin sonido**.

El “Gran Amanecer” se fracturó desde dentro, no como una explosión, sino como una **contradicción**.

Las galaxias-reflejo comenzaron a desalinearse; estrellas que nacían antes de existir se apagaron a mitad de su primer latido.

El no-tiempo, forzado a **coincidir**, empezó a sangrar instantes.

Sirius retrocedió un paso.

Solo uno.

Pero en su fortaleza, **un paso era una eternidad**.

—Así que… —dijo, recuperando la compostura— eligieron romper el origen.

Gray se lanzó como un meteorito, usando la inercia imposible del lugar.

No apuntó a Sirius; apuntó al **vacío** donde su sombra se negaba a reflejarse.

El impacto abrió una grieta de luz blanca.

Tronwer apareció desde arriba, clavando su ataque en la estela que Sirius había decidido dejar atrás.

Kanen siguió la secuencia rota y cortó **el después** del movimiento.

Steve y KA se movieron en espejo.

No como individuos, sino como **una sola intención**.

Steve forzó una reacción, KA tomó el intervalo.

Donde antes no existían pausas, ahora había **silencios cortables**.

Bonnie gritó, señalando patrones que solo ella veía: —¡Cada amanecer tiene un eco!

¡No ataquen el golpe, ataquen la **repetición**!

Holley lanzó un ataque aparentemente inútil contra un reflejo lejano.

El reflejo respondió… y al hacerlo, **reveló el bucle**.

Gray cambió de dirección a mitad de carga y atravesó ese punto.

El espacio se plegó.

Sirius chocó contra su propio resultado.

Por primera vez, **sangró**.

No sangre común: luz dorada que se dispersó en chispas de amanecer fallido.

Sirius sonrió, auténtica, peligrosa.

—Excelente.

La espada se tensó.

El infinito detrás de ella se comprimió como una cuerda a punto de romperse.

—Entonces vean esto.

El no-tiempo intentó **reiniciarse**.

Pero no pudo.

Bonnie, con los ojos muy abiertos, comprendió el núcleo final.

—¡Su fortaleza no elimina el tiempo!

—gritó— ¡Lo **apila**!

Cada amanecer es una capa… ¡y ya no puede sostenerlas!

KA asintió, entendiendo al instante.

—Gray, colapsa las capas externas.

Tronwer, Kanen, mantengan presión.

Steve… conmigo.

Steve no preguntó.

Corrieron.

Gray golpeó con todo lo que tenía, no buscando romper, sino **cansar al concepto**.

Cada impacto hacía temblar capas enteras de amaneceres superpuestos.

Tronwer y Kanen cortaban las costuras, impidiendo que Sirius redistribuyera la carga.

Steve y KA llegaron al centro: un punto imposible donde todos los reflejos convergían.

Sirius apareció frente a ellos, espada en alto.

—Si dan un paso más —advirtió—, perderán lo que son.

Steve dio el paso.

KA también.

El choque fue absoluto.

La espada descendió con la decisión de mil comienzos… y **se detuvo**.

No por fuerza, sino porque el centro ya no podía sostener otra capa.

La fortaleza **se quebró**.

Las galaxias se apagaron una a una.

Los reflejos colapsaron en polvo.

El no-tiempo se rindió y el mundo **regresó** con un rugido ensordecedor.

Cayeron.

Piedra.

Antorchas.

El castillo.

Sirius cayó de rodillas, la espada clavándose para sostenerla.

El “Gran Amanecer” se desvaneció como una aurora al amanecer real.

Por un instante, solo se oyeron respiraciones agitadas.

Gray apoyó una mano en el suelo, exhausto.

Bonnie se dejó caer, temblando.

Steve y KA se miraron, vivos.

Sirius respiró hondo… y **rió**.

Se puso de pie.

No había derrota en su postura.

Había **decisión total**.

—Muy bien —dijo, alzando la espada, ahora corta, pesada, real—.

Sin fortaleza.

Sin no-tiempo.

El aire **ardió**.

Un aura brutal estalló alrededor de Sirius.

No era elegante.

No era conceptual.

Era **poder puro**, concentrado, ancestral.

Cada paso suyo agrietaba la piedra.

Cada movimiento de la espada arrancaba viento y fuego.

—Ahora lucho —anunció— con **todo**.

Atacó.

El primer golpe lanzó a Kanen contra una columna que se hizo añicos.

El segundo obligó a Gray a bloquear con el cuerpo entero.

Tronwer fue arrojado por los aires.

Holley apenas esquivó una onda cortante que partió el salón.

Steve y KA se interpusieron juntos.

El impacto los empujó varios metros, pero resistieron.

Sirius avanzó, imparable, ojos encendidos.

—Esto es lo que soy —dijo—.

Sin amaneceres.

Sin pruebas.

La batalla se volvió **salvaje**.

Acero contra voluntad.

Estrategia contra fuerza absoluta.

Cada uno dio todo lo que tenía.

No había más trucos.

No había más capas.

Solo quedaba una verdad: Si podían resistir **esto**, entonces el caos, por primera vez, tendría miedo.

El salón del castillo era ya **irreconocible**.

Columnas derrumbadas, muros abiertos, el suelo partido en múltiples grietas humeantes.

El aire estaba cargado de polvo, sangre y respiraciones rotas.

Cada uno del grupo apenas se mantenía en pie, pero **nadie retrocedía**.

Sirius avanzaba entre ellos como una tormenta final.

Su espada ya no brillaba con conceptos ni amaneceres, sino con **furia cruda**.

Cada golpe era directo, brutal, sin elegancia, como si quisiera acabarlo todo antes de caer.

Gray recibió un impacto frontal y fue arrastrado varios metros, dejando un surco en la piedra.

Kanen logró detener otro golpe, pero salió despedido, rodando sin aire.

Holley apenas se sostuvo detrás de un muro roto, cubriendo a Bonnie, que ya casi no podía levantarse.

Steve y KA atacaron juntos una vez más.

El choque fue devastador.

El filo de Sirius atravesó la defensa, cortando el aire a centímetros de ellos.

KA bloqueó por instinto; Steve contraatacó.

Por primera vez, **Sirius retrocedió varios pasos**, jadeando.

—…bien —murmuró, sangre corriendo por la comisura de sus labios—.

Así debía terminar.

Alzó la espada para un último ataque.

No vio a **Tronwer**.

Desde detrás de una columna caída, silencioso, con el cuerpo destrozado pero la mirada firme, Tronwer reunió lo último que le quedaba.

No gritó.

No dudó.

No buscó gloria.

Solo avanzó.

La hoja atravesó la espalda de Sirius y salió por su pecho.

El tiempo pareció **detenerse**.

Sirius abrió los ojos, incrédula.

La espada cayó de sus manos con un estruendo metálico.

Tronwer retiró el arma y cayó de rodillas detrás de ella.

Sirius dio un paso… luego otro… y cayó al suelo.

—Sirius… —susurró Bonnie.

La mujer tosió violentamente.

**Sangre oscura** brotó de su boca, manchando la piedra.

Su cuerpo temblaba; el aura que la rodeaba se apagaba como una llama sin oxígeno.

KA se acercó despacio.

Levantó su espada y la apuntó directo a su garganta.

No había odio en su rostro.

Solo necesidad de verdad.

—¿Quién eres… —preguntó— y de dónde vienes?

Sirius levantó la mirada con esfuerzo.

Sonrió débilmente, una sonrisa cansada, casi triste.

—Soy… —tosió de nuevo, la sangre cayendo— una de los **trece espadachines más poderosos del mundo del caos**.

KA apretó el agarre.

—¿Trece…?

Sirius respiró hondo por última vez.

—Y si te lo preguntas… —susurró— yo… soy la más débil.

Sus ojos perdieron el brillo.

La cabeza cayó hacia un lado.

El silencio se apoderó del castillo.

No hubo celebración.

No hubo palabras.

Solo la comprensión brutal de lo que acababan de escuchar.

Si **ella**, con ese poder, con esa fortaleza imposible, era la más débil… Entonces el caos apenas había comenzado.

FIN…

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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