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Batallas Entre Los Seres Celestiales - Capítulo 20

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20: RECLUTACION 20: RECLUTACION La noche avanzó con una calma inquietante.

Las sombras que había dejado la lluvia no atacaron, no se movieron más… simplemente **permanecieron**, como cicatrices en la tierra.

Y entonces, sin advertencia, el cielo volvió a cambiar.

No fue una ruptura violenta como antes.

Fue **lento**.

Deliberado.

KA fue el primero en sentirlo.

—Algo… se está alineando —dijo, mirando al horizonte.

El aire vibró suavemente, como una cuerda afinándose.

Las estrellas comenzaron a **desplazarse**, no cayendo, sino acomodándose en patrones nuevos.

El cielo se abrió en un arco gigantesco, mostrando otro firmamento detrás del suyo.

—Eso no es una invasión —susurró Bonnie, analizando—.

Es… una convergencia estable.

Entonces lo vieron.

Un **segundo planeta**, superpuesto al suyo, no chocando, sino **encajando** como una pieza que siempre faltó.

Continentes translúcidos aparecieron primero, montañas fantasmales que poco a poco se volvieron sólidas.

Océanos que no derramaban agua, sino que **compartían gravedad**.

El mundo tembló… y luego se calmó.

Desde el cielo comenzaron a descender **estructuras**, plataformas flotantes, naves de diseño desconocido, pero sin armas visibles.

Y con ellas, personas.

Habitantes del otro planeta.

No bajaban con miedo.

Bajaban con respeto.

Familias, exploradores, sabios, guerreros… todos cruzaban como si hubieran esperado este momento durante generaciones.

Sus ropas eran distintas, sus símbolos desconocidos, pero sus rostros mostraban alivio.

—Nos están… aceptando —dijo Steve, sorprendido.

Uno de los recién llegados, un hombre mayor de piel oscura y ojos brillantes, se acercó al grupo e inclinó la cabeza.

—Nuestro mundo se llama **Aethryn** —dijo con voz serena—.

Durante eras, vagamos al borde del caos.

Hoy, por fin, encontramos un plano que resiste.

KA dio un paso al frente.

—Este mundo ya está en guerra —advirtió—.

No es seguro.

El hombre sonrió con calma.

—Lo sabemos.

Por eso venimos.

Mientras los habitantes comenzaban a asentarse, ayudándose mutuamente, **tres presencias distintas** se manifestaron cerca del grupo.

No descendieron del cielo.

Simplemente… aparecieron.

Tres espadas tocaron el suelo al mismo tiempo.

El primero era un hombre alto, de cabello plateado, con una espada recta de hoja clara.

Su postura era relajada, pero cada movimiento suyo transmitía disciplina absoluta.

—Mi nombre es **Eron Valka** —dijo—.

Espadachín del Alba.

La segunda era una mujer de mirada firme y cabello oscuro recogido, con dos espadas curvas cruzadas en la espalda.

Su energía era contenida, peligrosa.

—**Maelis** —se presentó—.

Guardiana del Equilibrio.

El tercero parecía el más joven.

Ojos dorados, sonrisa tranquila, una espada delgada que parecía casi invisible cuando no la mirabas directamente.

—Y yo soy **Ithar** —dijo—.

Caminante de Filo.

Gray entrecerró los ojos.

—Ustedes… no son del caos.

Eron asintió.

—No.

Somos espadachines que **rehusamos** servirlo.

KA los observó con atención.

—Sirius dijo que había trece espadachines… —Doce ahora —corrigió Maelis—.

Sirius murió gracias a ustedes.

Fue valiente.

Bonnie dio un paso adelante.

—¿Y por qué venir aquí?

Ithar miró el cielo, donde ambos mundos ahora compartían estrellas.

—Porque este plano no solo resiste —respondió—.

**Contraataca**.

Hubo un silencio largo.

Luego Steve habló: —Si se unen a nosotros… no será fácil.

Eron clavó su espada en el suelo, en señal de juramento.

—Nunca lo es.

KA respiró hondo y extendió la mano.

—Entonces pelearemos juntos.

Los tres espadachines asintieron.

Mientras los mundos se acomodaban uno junto al otro, mientras nuevas vidas comenzaban a mezclarse, algo quedó claro para todos: El caos había dado su primer paso.

Pero por primera vez… **No estaban solos.** Y en algún lugar, más allá de las estrellas compartidas, los tronos del caos **crujieron**.

Porque ahora, la guerra había cambiado.

El amanecer llegó distinto.

No más brillante, no más oscuro… **doble**.

Dos luces nacieron en el horizonte, superpuestas, como si ambos mundos respiraran al mismo tiempo.

El planeta de KA y **Aethryn** habían terminado de encajar.

No sin tensión, no sin cicatrices, pero **estables**.

El refugio ya no estaba solo.

A su alrededor comenzaron a levantarse nuevas estructuras: viviendas de piedra viva traídas por los aethrynianos, mezcladas con madera y metal del mundo de KA.

No hubo órdenes.

No hubo jerarquías impuestas.

Solo **colaboración**.

Gray observaba desde una colina improvisada.

—Nunca pensé ver algo así —murmuró—.

Dos mundos… trabajando juntos.

Bonnie estaba a su lado, tomando notas mentales, siguiendo flujos de energía.

—La fusión fue limpia —dijo—.

Eso significa que alguien la permitió… o que el caos aún no puede impedirla.

—O ambas —añadió KA, acercándose.

Los tres espadachines “buenos” se reunieron con el grupo cerca del centro del asentamiento improvisado.

Eron examinaba el terreno, Maelis observaba a las personas, Ithar parecía más interesado en el cielo.

—No suelen darse fusiones así —dijo Eron—.

Normalmente terminan en colapso.

—¿Por qué esta no?

—preguntó Steve.

Maelis cruzó los brazos.

—Porque aquí hay algo que el caos odia.

Todos miraron a KA.

—No soy yo —dijo él con calma—.

Es lo que hemos hecho.

Resistir sin convertirnos en monstruos.

Ithar sonrió.

—Exacto.

Se sentaron alrededor de una mesa improvisada.

No era un consejo formal, pero **lo parecía**.

Mapas comenzaron a aparecer: proyecciones de Aethryn, marcas del caos, zonas donde la lluvia había dejado sombras.

—El jefe de los espadachines no atacará de inmediato —explicó Eron—.

Va a medirlos.

Va a enviar heraldos, corruptores, criaturas incompletas.

—¿Y los otros espadachines?

—preguntó Kanen.

Maelis respondió: —Algunos vendrán por honor.

Otros por venganza.

Pero no todos son iguales a Sirius.

Bonnie levantó la vista.

—Ella dijo que era la más débil… Ithar asintió, serio.

—Y no mentía.

Los demás no juegan con conceptos.

**Los rompen**.

Un silencio pesado cayó sobre el grupo.

Steve respiró hondo.

—Entonces necesitamos algo más que fuerza.

KA apoyó las manos sobre la mesa.

—Necesitamos **un frente unido**.

No solo guerreros.

Estrategas.

Gente que piense distinto.

Gray sonrió levemente.

—Por una vez… me gusta cómo suena eso.

En ese momento, un aethryniano joven se acercó corriendo.

—¡Señores!

—dijo, agitado—.

Algo se está manifestando en el límite de la fusión.

Todos se pusieron de pie.

Desde lo alto, podían ver el borde donde ambos mundos se tocaban.

La tierra allí estaba **vibrando**, formando una grieta luminosa.

No era oscura como el caos… era **inestable**.

Eron desenvainó su espada.

—Eso no es un ataque.

Maelis frunció el ceño.

—Es una **respuesta**.

KA miró a su grupo, luego a los tres espadachines.

—Sea lo que sea… lo enfrentamos juntos.

Ithar dio un paso adelante, ojos brillando.

—Bienvenidos a la verdadera guerra.

En la grieta, algo comenzó a **emerger**.

No una criatura.

No un espadachín.

Sino una **señal**.

Y el mundo contuvo el aliento, porque esta vez, el caos no estaba llamando a destruir… Estaba llamando a **negociar**.

La grieta **se abrió por completo**.

No explotó.

No rugió.

Simplemente… **cedió**.

Desde ella no emergió una figura única, sino **oleadas**.

El aire se volvió denso y el cielo se cubrió de símbolos oscuros, marcas del caos que se grababan sobre las nubes como cicatrices vivas.

El suelo tembló con un ritmo constante, como un corazón gigantesco comenzando a latir.

—No es negociación… —murmuró Bonnie, pálida—.

Es una declaración.

El primer ejército apareció.

Criaturas nacidas a medio camino entre mundos: cuerpos deformados, armaduras fusionadas a la carne, ojos múltiples observando direcciones imposibles.

No gritaban.

No cargaban con furia.

**Avanzaban**, disciplinados, inevitables.

Y detrás de ellos… Portales.

Docenas.

Cada uno escupiendo más horrores, más soldados, más entidades que no pertenecían a ningún plano estable.

—Formaciones defensivas —ordenó KA con voz firme—.

¡Ahora!

Gray golpeó el suelo y murallas improvisadas surgieron al frente del asentamiento.

Aethrynianos activaron artefactos de energía cristalina, creando barreras que vibraban al contacto con la presión del caos.

—¡Arqueros a las plataformas!

—gritó Eron—.

¡No apunten a los cuerpos, apunten a las **uniones**!

La batalla **estalló**.

El primer choque fue brutal.

Espadas contra carne corrupta, energía contra distorsión.

Steve luchaba junto a KA, espalda con espalda, moviéndose como si llevaran años entrenando para ese instante.

Cada golpe contaba.

Cada error costaba sangre.

Maelis danzaba entre enemigos, sus espadas curvas cortando con precisión quirúrgica.

Donde ella pasaba, el caos perdía cohesión.

Ithar aparecía y desaparecía, atacando puntos imposibles, rompiendo nodos invisibles que sostenían a las criaturas.

—¡Son anclas vivientes!

—gritó Bonnie desde retaguardia—.

¡Si caen esos núcleos, el resto se derrumba!

Kanen lideró un contraataque directo hacia uno de los portales.

Gray avanzó con él, absorbiendo impactos que habrían destrozado a cualquiera más.

El portal **colapsó**, succionando a varias criaturas con un chillido silencioso.

Pero por cada portal destruido… **dos más se abrían**.

El cielo se oscureció aún más.

Entonces ocurrió.

Un **pulso** atravesó todos los planos.

No fue una explosión.

Fue una **presencia**.

Los ejércitos del caos se detuvieron un segundo.

Las criaturas se arrodillaron.

El aire se volvió pesado hasta doler.

KA alzó la vista.

—No… —susurró—.

Aún no… En lo alto del campo de batalla, el espacio se partió como vidrio, y una figura descendió lentamente, envuelta en sombras condensadas.

No llevaba armadura exagerada.

No mostraba poder de forma ostentosa.

Pero **todo** reaccionó a su llegada.

—Uno de los espadachines… —dijo Eron con el rostro tenso—.

Y no es de los menores.

La figura aterrizó sin ruido.

Una espada negra tocó el suelo.

—Han resistido más de lo esperado —dijo la voz, profunda, calmada—.

Eso los convierte en un problema.

KA dio un paso al frente.

—Este mundo no caerá.

La figura inclinó ligeramente la cabeza.

—No hoy —admitió—.

Pero la guerra ya comenzó.

Levantó la espada.

Los portales brillaron con más fuerza.

El cielo rugió.

Las criaturas del caos retomaron el avance, ahora con renovada ferocidad.

Steve apretó los dientes.

—Entonces no retrocedemos.

Gray sonrió, cubierto de sangre.

—Jamás.

KA alzó su espada.

—¡Por este mundo!

¡Por los que viven en él!

El grito fue respondido por humanos, aethrynianos y espadachines renegados por igual.

Y bajo dos cielos fusionados, con la luna observando en silencio, **la guerra contra el caos comenzó de verdad**.

FIN…

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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