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Batallas Entre Los Seres Celestiales - Capítulo 24

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24: Abandono 24: Abandono ### Dos días después La calma se había vuelto costumbre.

Demasiado cómoda para un mundo en guerra.

Durante el día, KA y Steve seguían juntos como siempre: compartían turnos, bromas silenciosas, miradas que no necesitaban palabras.

Para los demás, eran un ancla.

La prueba de que aún quedaba algo humano entre tanto caos.

Y esa noche… simplemente eran pareja.

La habitación estaba tibia, iluminada por la luz suave de las lunas gemelas.

Steve estaba recostado boca abajo, riéndose mientras intentaba arrebatarle algo de las manos a KA.

—Devuélvemelo —dijo entre risas—.

Eso no se hace.

—Demasiado tarde —respondió KA, sonriendo, dejándose caer a su lado.

Rieron.

Se empujaron.

El mundo parecía lejos.

Steve se giró para mirarlo.

—¿Sabes qué es lo peor?

—dijo—.

Que cuando todo esto termine… voy a extrañar incluso el miedo, si no estás tú.

KA no respondió de inmediato.

Lo miró.

Lo memorizó.

—No digas eso —murmuró—.

No sabes cuánto dura “todo esto”.

Steve frunció el ceño, pero luego sonrió.

—Entonces quédate.

Eso basta.

KA asintió.

—Voy al baño —dijo al levantarse—.

Vuelvo enseguida.

—No tardes —respondió Steve—.

Estoy ganando esta guerra de almohadas por decreto.

KA salió y cerró la puerta con cuidado.

El baño estaba oscuro.

Silencioso.

KA apoyó ambas manos en el lavamanos y levantó la vista hacia el espejo.

Por un instante, su reflejo **no se movió** cuando él lo hizo.

KA parpadeó.

—… —susurró.

No hubo voz.

No hubo órdenes.

Solo una sensación clara, exacta, indiscutible.

*Es el punto de quiebre.* *Si vive, dudas.* *Si dudas, el mundo cae.* KA respiró hondo.

—No… —dijo, con un hilo de voz.

Su mano se cerró alrededor de la empuñadura de su espada, que descansaba apoyada contra la pared.

No recordaba haberla llevado allí.

Pero estaba.

—Es por el bien de todos —murmuró.

La frase no se sintió ajena.

Se sintió… correcta.

Cuando regresó a la habitación, Steve estaba sentado en la cama, de espaldas, acomodando las almohadas.

—¿Todo bien?

—preguntó sin girarse—.

Te tardaste.

KA se detuvo a unos pasos.

La espada aún envainada.

—Steve —dijo con una calma que no parecía suya—.

Mírame.

Steve se giró, sonriendo… hasta que vio la expresión de KA.

—¿Qué pasa?

KA dio un paso adelante.

La espada salió de la vaina con un sonido limpio, casi elegante.

—KA… —dijo Steve, confuso—.

¿Qué haces?

No hubo respuesta.

No hubo odio.

Solo ejecución.

KA avanzó y hundió la espada en un solo movimiento, preciso, directo, como si hubiera practicado ese gesto miles de veces.

Steve apenas tuvo tiempo de respirar su nombre.

—…KA… Sus manos intentaron aferrarse, no para defenderse, sino para entender.

Luego cayeron.

KA sostuvo la empuñadura un segundo más… y retiró la espada.

Steve se desplomó sobre la cama.

El silencio fue absoluto.

KA permaneció de pie, mirando el cuerpo, con la espada aún en la mano.

Su respiración era regular.

Demasiado regular.

—Ahora… —dijo en voz baja—.

Ahora no habrá dudas.

Por un instante, algo dentro de él **gritó**.

Una grieta.

Un recuerdo.

Una risa.

Pero fue sellado al instante.

KA limpió la hoja con cuidado, la envainó y se sentó en el borde de la cama.

Acomodó a Steve con una delicadeza casi amorosa, como si aún durmiera.

—Descansa —susurró—.

Yo me encargo del mundo.

Afuera, nadie oyó nada.

Pero esa noche, Bonnie despertó sobresaltada.

Holley se llevó la mano al pecho.

Gray sintió un vacío sin nombre.

Y muy lejos, en el mundo del caos, un espadachín abrió los ojos y sonrió con satisfacción.

Porque el control no siempre se nota cuando empieza.

A veces… solo se reconoce cuando ya es demasiado tarde.

Y esta vez no fue la excepción.

### Al amanecer KA había desaparecido.

No hubo rastro de huida.

No señales de combate.

No distorsión caótica.

Simplemente… **no estaba**.

Fue Bonnie quien lo notó primero.

Los sensores del asentamiento marcaban una ausencia limpia, como si KA jamás hubiera ocupado ese espacio durante la noche.

—Eso no es normal… —susurró, revisando una y otra vez—.

No dejó huella energética.

Gray llegó poco después, todavía somnoliento.

—¿Dónde está KA?

Bonnie levantó la vista, pálida.

—No lo sé.

El silencio que siguió fue pesado, incómodo, como si el mundo mismo se negara a completar la frase.

—¿Y Steve?

—preguntó Holley desde la puerta.

Nadie respondió.

— ### La habitación La puerta estaba cerrada.

La cama intacta… **demasiado** intacta.

Gray fue el primero en entrar.

Se detuvo en seco.

Steve estaba allí.

No parecía una escena violenta.

No había caos.

No había destrucción.

Solo el cuerpo, inmóvil, y una quietud que no pertenecía al sueño.

—No… —murmuró Gray, dando un paso atrás.

Bonnie sintió cómo se le iba el aire de los pulmones.

—Esto… esto no tiene sentido… Holley cayó de rodillas.

Kanen apretó los puños hasta sangrar.

—¿Dónde está KA?

—repitió, esta vez con rabia—.

¿Dónde está?

Nadie respondió.

Porque nadie quería decirlo en voz alta.

— ### Afuera La noticia se propagó rápido.

KA, el líder.

KA, el decisor.

KA, el que había aceptado ser llamado villano.

Desaparecido.

Steve… muerto.

El asentamiento entró en un estado extraño: no pánico, no caos, sino **desconfianza**.

Miradas que evitaban otras miradas.

Susurros que se apagaban cuando alguien se acercaba.

—¿Y si fue el caos?

—¿Y si KA se lo llevó para protegernos?

—¿Y si… nunca se fue?

Bonnie cerró los ojos, con la mente trabajando sin descanso.

—No hay señales de ataque externo —dijo finalmente—.

Ningún espadachín cruzó este plano anoche.

Gray la miró, con el rostro endurecido.

—Entonces KA se fue por voluntad propia.

Holley negó con la cabeza.

—No.

Algo no encaja.

KA jamás habría… —su voz se quebró— jamás habría dejado esto así.

Tronwer golpeó una pared con rabia.

—Pues lo hizo.

Y ahora tenemos un cadáver y ningún culpable.

— ### Muy lejos de allí KA caminaba.

No huía.

No corría.

Caminaba por un espacio sin cielo ni suelo definidos, un corredor de realidades superpuestas.

Cada paso lo llevaba más lejos del mundo fusionado… y más cerca de algo que **lo esperaba**.

—Has avanzado rápido —dijo una voz.

KA se detuvo.

No parecía sorprendido.

—No recuerdo decidir venir aquí —respondió.

—No hacía falta —contestó la voz—.

Ya habías aceptado el rol.

KA miró sus manos.

No había sangre en ellas.

—¿Dónde estoy?

Una figura se materializó frente a él.

No era el jefe.

No era el Doce.

Era otro espadachín.

—En el punto donde los villanos dejan de preguntarse si lo son.

KA levantó la mirada.

—¿Y Steve?

Por primera vez, hubo una pausa.

—El precio —respondió la voz—.

El primero de muchos… si no despiertas.

Algo dentro de KA **tembló**.

No un recuerdo.

No una emoción clara.

Sino una grieta que se negaba a cerrarse.

Y mientras en el mundo fusionado comenzaba la cacería silenciosa por respuestas, KA seguía avanzando hacia el corazón del caos… sin saber aún si estaba siendo guiado, o si ya había cruzado el punto sin retorno.

El espacio sin cielo **se cerró**.

KA dio un paso más… y el mundo se plegó sobre sí mismo como una trampa perfecta.

—Demasiado lejos —dijo una voz.

El aire **se endureció**.

KA intentó moverse, pero su cuerpo no respondió como esperaba.

No era parálisis.

Era algo peor: cada intención suya era **interceptada** antes de convertirse en acción.

—Así que este es el famoso punto de quiebre —dijo otra voz, burlona—.

Pensé que sería más… ruidoso.

KA alzó la mirada.

Uno a uno, **aparecieron**.

No por portales.

No por grietas.

Simplemente **existieron allí**.

Cinco espadachines del caos rodeándolo, formando un círculo perfecto.

Cada uno distinto, cada uno emanando una presión insoportable.

Entre ellos, símbolos grabados en sus armas: números, conceptos, jerarquías.

—Tranquilo —dijo uno de ellos, de cabello blanco y sonrisa torcida—.

No vamos a matarte.

KA apretó los dientes.

—Entonces suéltenme.

El espadachín rió.

—Oh, no.

Eso sería desperdiciar una obra en progreso.

KA intentó dar un paso atrás.

El suelo desapareció.

Manos invisibles lo sujetaron por los brazos, por la espalda, por la mente.

No dolía… pero era **humillante**.

Como si cada fibra de su ser hubiera sido medida y considerada insuficiente para resistir.

—Control confirmado —dijo uno con voz grave—.

El anclaje mental respondió perfectamente.

KA sintió un tirón en el pecho.

Recuerdos intentaron emerger.

Risas.

Una cama.

Un nombre.

Fueron **empujados hacia abajo**.

—No lo rompan —ordenó una voz más profunda que las demás.

El círculo se abrió.

ÉL avanzó.

No necesitaba presentación.

El aire mismo se inclinó ante su presencia.

Su espada no estaba desenvainada, pero todos los planos sabían que podía hacerlo.

—Has cumplido tu función inicial —dijo el jefe de los espadachines—.

Mataste el vínculo.

KA levantó la cabeza con dificultad.

—No… —susurró—.

Yo no— —Sí —interrumpió el jefe con calma—.

Aunque no recuerdes **cómo**.

Se acercó hasta quedar frente a él.

—Eso es lo fascinante de ti, KA.

No te quebraste cuando te empujamos.

Te **adaptaste**.

KA sintió una presión en la sien, como si alguien hojease su mente.

—Aún dudas —continuó el jefe—.

Eso es un problema.

Levantó la mano.

Una marca oscura apareció en el brazo de KA, extendiéndose lentamente como tinta bajo la piel.

—Pero también es lo que te hace útil.

Los otros espadachines tensaron sus armas.

—Llévenlo —ordenó el jefe—.

Antes de que recuerde lo suficiente como para odiarnos.

KA fue alzado del suelo.

Mientras lo arrastraban a través del corredor de realidades, algo **logró escapar** del control por una fracción de segundo.

Una imagen.

Steve, sonriendo.

KA gritó.

No con la voz.

Con el alma.

El jefe lo observó en silencio.

—Bien —murmuró—.

Aún queda algo que romper.

Y así, mientras el mundo fusionado lloraba a Steve y buscaba a KA, el caos no celebraba una victoria… Preparaba una **transformación**.

Porque un villano creado por la fuerza es peligroso.

Pero uno que aún recuerda lo que perdió… es PERFECTO.

FIN…

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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