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Batallas Entre Los Seres Celestiales - Capítulo 28

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  4. Capítulo 28 - 28 Un villano formidable
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28: Un villano formidable 28: Un villano formidable El **primer choque** fue brutal.

Las espadas se encontraron en el centro del Mundo Numérico con un estruendo seco, sin eco, como si el sonido hubiese sido **calculado y cancelado** al mismo tiempo.

Chispas geométricas salieron disparadas, fragmentándose en cifras que se disolvían en el aire.

Holley retrocedió un paso.

El Doce **no**.

—Lento —dijo, girando la muñeca.

Su espada segmentada se **reconfiguró en pleno movimiento**, alargándose apenas lo necesario para rozar el hombro de Holley.

La herida apareció *después* del golpe, como si el daño hubiera sido autorizado con retraso.

Holley gruñó, apretó los dientes y volvió a entrar.

No pensó.

No midió.

**Sintió**.

Sus pies golpearon el suelo cambiante con fuerza, impulsándose hacia arriba.

Giró el cuerpo, bajó la espada y atacó desde un ángulo imposible.

El Doce bloqueó.

Pero esta vez, **el impacto lo movió**.

—Hm.

Fue solo un paso atrás.

Pero ocurrió.

Holley no se detuvo.

Giró sobre sí misma, encadenando un segundo y un tercer golpe, cada uno más rápido, más cercano, más visceral.

No buscaba el punto débil: buscaba **romper el ritmo**.

El Mundo Numérico respondió de inmediato.

Clones del Doce emergieron alrededor, cerrando el espacio, sincronizados como un reloj perfecto.

Todos atacaron a la vez.

Holley rodó por el suelo, sintiendo cómo el aire se partía a centímetros de su cuello.

Se levantó de un salto, bloqueó uno, esquivó otro, chocó espada contra espada en una sucesión tan rápida que sus brazos ardían.

—Adaptación continua —dijo el Doce desde todas partes—.

Cada movimiento tuyo ya fue previsto.

Holley jadeaba.

—Entonces… —respondió, lanzándose de nuevo— **deja de pensar**.

Entró de lleno.

Cuerpo a cuerpo.

Las espadas chocaban tan cerca que sentía la vibración en los huesos.

El Doce atacaba con precisión quirúrgica; Holley respondía con fuerza cruda, girando hombros, usando el cuerpo, empujando con el antebrazo, forzando el combate a una distancia donde **no había tiempo para calcular**.

El Doce frunció el ceño.

—Ineficiente.

Intentó retroceder.

Holley no lo dejó.

Golpeó su guardia con el pomo, bajó la espada y le dio una patada directa al pecho.

El impacto lanzó al Doce varios metros atrás, deslizándose sobre un suelo que se reajustaba frenéticamente.

El sistema **corrigió**.

El Doce se detuvo.

—Curioso —dijo, levantándose—.

Tu fuerza debería estar reducida.

Holley levantó la espada, temblando, sangrando, sonriendo apenas.

—Tal vez… —jadeó— no todo se mide igual aquí.

El Doce avanzó de nuevo, más rápido esta vez.

Su espada se multiplicó en trayectorias imposibles, cada segmento atacando desde un ángulo distinto.

Holley bloqueó una, dos, tres—la cuarta le atravesó el costado.

Gritó.

Cayó de rodillas.

El Mundo Numérico **se cerró**, presionando, limitando su movimiento, drenando su energía.

—Fin de la simulación —dijo el Doce, levantando la espada para el golpe final.

Holley levantó la mirada.

Sus ojos no mostraban miedo.

—No —susurró—.

Esto no es una simulación.

Se puso de pie **a la fuerza**, empujando contra el sistema con puro instinto.

La espada del Doce descendió—Holley la recibió con la suya, ambas hojas bloqueadas a centímetros de su rostro.

Chisporrotearon.

Cara a cara.

—No peleo para demostrar nada —dijo Holley entre dientes—.

Peleo porque si caigo yo… **otros caen después**.

El Mundo Numérico **vaciló**.

Solo un latido.

Pero fue real.

El Doce abrió los ojos con sorpresa genuina.

—Imposible… Holley empujó.

Con todo.

Las espadas se separaron en una explosión de energía, lanzando a ambos en direcciones opuestas.

Holley rodó por el suelo, apenas consciente.

El Doce se estabilizó en el aire, recalculando… **recalculando demasiado**.

Desde la torre imposible, el jefe del caos observaba en silencio.

—Cuerpo a cuerpo… —murmuró—.

Donde incluso un sistema perfecto puede dudar.

Holley se incorporó lentamente, apoyándose en su espada.

La respiración le ardía.

El cuerpo le gritaba que se detuviera.

No lo hizo.

—Vamos —dijo, mirando al Doce—.

**Vuelve a adaptarte**.

Y el Mundo Numérico, por primera vez, no supo exactamente cómo responder.

El Mundo Numérico **rugió**.

No con sonido, sino con correcciones desesperadas.

Cifras se sobreescribían unas a otras, trayectorias se recalculaban sin descanso.

El Doce avanzó otra vez, más rápido, más preciso, con el ceño fruncido por primera vez desde que había aparecido.

—Error detectado —dijo—.

Se corrige.

Desapareció.

Holley sintió el vacío antes del ataque.

Giró por instinto, levantando la espada justo a tiempo para bloquear un tajo que habría partido su cuello.

El impacto la lanzó hacia atrás, rodando por el suelo geométrico.

Se levantó tambaleándose.

—Siempre corriges… —jadeó—.

Nunca dudas.

El Doce apareció a su espalda.

—La duda es ineficiencia.

Su espada descendió en un ángulo perfecto.

Holley reaccionó tarde.

Demasiado tarde.

El golpe no iba a matarla… iba a **inmovilizarla**.

Pero entonces el suelo **cambió**.

No por voluntad del Doce.

No por estrategia de Holley.

Una fluctuación mínima.

Una corrección superpuesta.

Una casualidad.

El piso se elevó apenas un centímetro bajo el pie del Doce.

Fue suficiente.

Su equilibrio se rompió por una fracción de segundo.

Y en un combate cuerpo a cuerpo… una fracción de segundo **es todo**.

Holley cayó hacia adelante, tropezando, perdiendo la postura.

Su espada se le escapó del control perfecto, girando en un arco torpe, nada elegante, nada calculado.

—¿Qué…?

—alcanzó a decir el Doce.

La hoja atravesó su pecho.

Silencio.

El Mundo Numérico **se congeló**.

Holley quedó inmóvil, con la espada aún incrustada, respirando con dificultad, sin entender qué había pasado.

—Yo… —susurró—.

No… no era así… El Doce miró hacia abajo.

No había dolor en su rostro.

Solo incredulidad.

—Imposible… —murmuró—.

No estaba en el cálculo.

Intentó moverse.

No pudo.

Su cuerpo comenzó a fragmentarse en números rotos, ecuaciones incompletas, datos sin solución.

—¿Morí… por azar?

—preguntó, casi curioso.

Holley retiró la espada de golpe, retrocediendo.

—No… —dijo con voz temblorosa—.

Moriste porque incluso lo perfecto… **no controla todo**.

El Doce sonrió por primera vez.

Una sonrisa real.

—Entonces… el caos… no era mío… Su cuerpo se desintegró en silencio.

El Mundo Numérico colapsó sobre sí mismo, las cifras cayendo como lluvia muerta, el espacio recomponiéndose en algo informe y vacío.

Holley cayó de rodillas.

Las manos le temblaban.

—Yo no… —susurró—.

No quería… El aire se estabilizó.

Desde lo alto de la torre imposible, el jefe del caos **no sonrió**.

—Interesante —dijo con voz grave—.

El Duodécimo no fue vencido… fue superado por algo que no existe en mis dominios.

Se giró lentamente.

—El azar.

Holley levantó la mirada, exhausta, ensangrentada, viva.

No había victoria en su rostro.

Solo la comprensión terrible de algo nuevo: Había matado a un espadachín del caos no por fuerza, no por estrategia, sino porque **el caos mismo** había decidido no obedecer a nadie.

Pero el jefe de los espadachines tenía un plan, ¿que tal si el vez de mandar uno a uno, mandara a todos los espadachines ala vez?

FIN…

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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