Batallas Entre Los Seres Celestiales - Capítulo 30
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- Capítulo 30 - 30 Once Espadachínes
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30: Once Espadachínes 30: Once Espadachínes — El mundo ya no gritaba.
**Sangraba.** Las grietas abiertas por la fusión de planos seguían supurando energía negra, como heridas que no podían cerrarse.
Ciudades enteras habían sido partidas en capas verticales; calles flotaban unas sobre otras, y cuerpos —humanos, criaturas, soldados— caían sin fin, desapareciendo en abismos que no tenían fondo.
El **mundo del caos** no invadía.
**Consumía.** —¡FORMACIÓN!
—gritó Gray, con la voz rota, cubierta por el estruendo de explosiones y gritos—.
¡NO SE DISPERSEN!
Demasiado tarde.
Una espada atravesó el aire.
No cortó carne.
Cortó **existencia**.
Un combatiente desapareció en seco, como si jamás hubiera nacido.
No hubo sangre.
Solo el terror absoluto de los que lo vieron dejar de ser.
—Espadachín Nº9, **Lethariel “El Archivista del Olvido”**… —susurró Bonnie, pálida—.
Está aquí.
El suelo comenzó a cubrirse de símbolos que latían como corazones abiertos.
Cada latido arrancaba recuerdos de quienes los pisaban.
Un soldado cayó de rodillas.
—¿Por qué… estoy aquí?
—balbuceó—.
¿Quién… soy?
Una sombra lo atravesó desde atrás.
Su cuerpo quedó clavado al suelo, retorcido en una posición imposible.
La sangre empezó a llover.
No desde el cielo.
Desde **arriba del cielo**.
Tronwer rugió, cubierto de heridas, girando su arma con brutalidad.
—¡SAL DE TU MALDITO ESCONDITE!
Respondió una risa baja.
El **Espadachín Nº6, Morvane “El Fragmentado”**, emergió… o mejor dicho, **emergieron**.
Cinco cuerpos idénticos.
Cinco espadas.
Cinco sonrisas vacías.
—No importa cuántas veces me mates —dijeron al unísono—.
Nunca sabrás si fue suficiente.
Tronwer embistió.
Mató a uno.
El cuerpo explotó en fragmentos de carne y hueso… y de esos fragmentos **nacieron dos más**.
—…mierda.
Kanen gritó desde otro frente.
—¡HOLLEY!
Ella estaba rodeada.
El **Espadachín Nº7, Axiom “El Horizonte Inmóvil”**, había desplegado restos de su fortaleza.
Cada paso que Holley daba era como caminar contra una pared invisible.
Su sangre flotaba en el aire, detenida antes de caer.
—No… avances… —dijo ella entre dientes—.
No quiere que lleguemos a él.
El espadachín la observaba, inmóvil.
—La desesperación es movimiento inútil —dijo—.
Aquí, todos fallan.
Un disparo de energía atravesó su cabeza.
El cuerpo cayó.
Y **se detuvo** a medio camino del suelo.
El **Espadachín Nº5, Oryndel “El Testigo Eterno”**, había activado su fortaleza.
—Mientras me miren… —dijo desde las alturas—.
No puedo morir.
Bonnie levantó la vista.
Y sintió algo **romperse dentro**.
Miles de ojos se abrieron en el cielo.
Ojos humanos.
Ojos muertos.
Cada uno observándolo todo.
Cada uno alimentando su invulnerabilidad.
—Esto… esto no es una batalla —susurró Bonnie—.
Es una carnicería diseñada.
Gray cayó de rodillas.
Su brazo izquierdo colgaba apenas sostenido por tendones.
La sangre formaba charcos negros a su alrededor.
—Entonces… —escupió sangre—.
Hagamos que les cueste.
En ese instante, el **cielo se rasgó**.
No con luz.
Con **oscuridad sólida**.
El **Espadachín Nº2, Noctyrr “El Silencio Final”**, descendió.
*Último Silencio.* Todos los sonidos murieron.
Los gritos quedaron congelados en bocas abiertas.
Las explosiones se volvieron mudas.
Las espadas chocaban sin ruido.
Solo el **latido del miedo** seguía existiendo.
Uno a uno, los combatientes caían… sin entender cómo.
La sangre se expandía lentamente, formando ríos silenciosos.
Y entonces… Un rugido **rompió el silencio**.
No humano.
No del caos.
Algo más antiguo.
—¿Creyeron… que el caos luchaba solo?
El **Espadachín Nº1, Vahr’Zuun “El Portador del Trono del Origen”**, apareció sobre un trono flotante hecho de restos de fortalezas rotas.
—Esto es una purga.
Levantó la mano.
Las fortalezas activas **se inclinaron**.
—Arrodíllense.
El mundo entero tembló.
Holley gritó, aun sin voz.
Tronwer cayó.
Kanen sangraba por los ojos.
Bonnie apenas podía mantenerse consciente.
Y en lo más profundo del caos… KA abrió los ojos.
Encadenado.
Rodeado por espadas.
—Empieza el final —susurró una voz detrás de él—.
Y tú… serás la clave.
La guerra no había alcanzado su clímax.
Apenas había comenzado.
— El aire volvió de golpe.
No como alivio.
Como una **condena**.
El *Último Silencio* se quebró con un estallido invisible, y el sonido regresó multiplicado: gritos ahogados, huesos rompiéndose, el chillido metálico de espadas chocando, y por encima de todo… **el rugido del caos celebrando**.
Gray alzó la cabeza justo a tiempo para ver cómo una columna de soldados era **triturada** por una distorsión espacial.
Sus cuerpos se doblaron, se aplastaron unos contra otros, hasta que la sangre salió disparada en todas direcciones como lluvia espesa.
—¡NO MIRÉIS ARRIBA!
—gritó Bonnie— ¡CIERREN LOS OJOS!
Demasiado tarde.
Los ojos de **Oryndel, el Testigo Eterno**, seguían abiertos en el cielo.
Cada mirada sostenía su existencia.
Cada parpadeo humano era una súplica.
Un combatiente, desesperado, se arrancó los propios ojos.
Cayó riendo.
Luego murió.
—La voluntad también observa —susurró Oryndel—.
No basta con cegarse.
Holley se impulsó hacia adelante, ignorando el dolor.
Su espada chocó contra una de las sombras de **Morvane, el Fragmentado**.
El impacto le recorrió el brazo hasta el hombro, rompiendo hueso.
Ella gritó, pero no se detuvo.
—¡KANEN!
—gritó— ¡AHORA!
Kanen apareció a su lado, cubierto de sangre ajena, y juntos atravesaron a uno de los cuerpos de Morvane.
El cuerpo se abrió desde el pecho hasta la cadera… y aun así **sonrió**.
—Van aprendiendo —dijeron las bocas restantes—.
Lástima que no importe.
Desde lo alto, **Axiom, el Horizonte Inmóvil**, alzó una mano.
La distancia se volvió imposible.
Tronwer intentó correr hacia Holley.
Sus piernas se movían… pero no avanzaba.
El suelo se alejaba con cada paso.
—¡NO!
—rugió, desgarrándose la garganta— ¡NO TE ATREVAS!
Axiom giró apenas la cabeza.
—El esfuerzo es irrelevante.
La espada descendió.
En ese instante, Bonnie gritó algo que nadie entendió… y lanzó un objeto al aire.
Un espejo.
El reflejo atrapó la mirada de Oryndel por una fracción de segundo.
Solo una.
Fue suficiente.
El cielo **parpadeó**.
Gray, con un alarido que no parecía humano, se lanzó con lo que le quedaba de fuerza.
Su espada atravesó el pecho del Espadachín Nº5.
Oryndel gritó.
No de dolor.
De **sorpresa**.
Los ojos del cielo comenzaron a cerrarse uno por uno, sangrando luz negra.
—IMPOSIBLE… —balbuceó—.
SI ME MIRAN… YO… Gray torció la espada.
—Ya no.
El cuerpo de Oryndel explotó en una lluvia de carne, ojos y fragmentos de realidad.
El suelo tembló.
El caos **respondió**.
Desde el trono, **Vahr’Zuun** se levantó por primera vez.
—Uno menos —dijo con calma—.
Once… siguen siendo demasiados.
A su alrededor, nuevas presencias comenzaron a materializarse.
El aire se llenó de espadas.
De intenciones.
De muerte.
Y en lo profundo del mundo del caos, las cadenas de KA se tensaron.
Una espada se apoyó en su cuello.
—Cuando el mundo termine de sangrar —susurró la voz—, tú caminarás entre los restos… como villano o como dios.
KA cerró los ojos.
Y por primera vez, no supo cuál de las dos opciones le daba más miedo.
FIN…
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