Batallas Entre Los Seres Celestiales - Capítulo 31
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- Capítulo 31 - 31 ARCOIRIS DEL IFRAMUNDO
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31: ARCOIRIS DEL IFRAMUNDO 31: ARCOIRIS DEL IFRAMUNDO El mundo **se rompió del todo**.
No hubo bandos.
No hubo órdenes.
No hubo estrategia.
Solo **voluntad chocando contra voluntad**.
Las fortalezas se activaron **todas al mismo tiempo**.
El cielo se partió en **capas superpuestas**: unas ardían, otras se congelaban, otras repetían el mismo segundo una y otra vez.
El suelo dejó de ser suelo; era un mosaico de realidades incompatibles, cada paso podía llevarte a otro lugar… o a otro final.
—¡YA NO IMPORTA QUIÉN GANE!
—rugió Tronwer, activando toda su fuerza— ¡SOLO SOBREVIVAN!
El **Espadachín Nº3, Kaelrix “El Inversor de la Causalidad”**, atacó.
Gray **murió**.
Cayó al suelo, atravesado, con los ojos abiertos.
Bonnie gritó.
Un segundo después, Gray **se levantó**, jadeando, mientras la herida aparecía en el cuerpo de Kaelrix.
—¿Qué…?
—murmuró el espadachín.
—Atacaste —escupió Gray—.
Después pagas.
Kaelrix rugió y su fortaleza se expandió más… y chocó de frente contra otra.
El **Espadachín Nº8, Seraphyne “La Simetría Perfecta”**, apareció frente a él.
Ambos se miraron.
Ambos atacaron.
El impacto **borró kilómetros de realidad**.
La onda expansiva arrancó extremidades, pulverizó cuerpos, y lanzó a Holley contra una pared invisible.
Tosió sangre, levantándose a la fuerza.
—Esto es… —jadeó—.
Esto es una locura… El **Espadachín Nº10, Eryx “El Tiempo Residual”**, se movía entre ellos como un fantasma.
Cada corte que daba no ocurría una vez… ocurría **después**, **antes**, y **otra vez**.
Sus enemigos caían destrozados por ataques que ya habían esquivado.
Kanen gritó de dolor cuando tres versiones del mismo tajo lo atravesaron al mismo tiempo.
—¡KANEN!
—Holley corrió hacia él.
El **Espadachín Nº4, Maltheon “El Archivo de las Decisiones”**, levantó su espada.
Sombras surgieron del suelo.
Sombras con los rostros de los caídos.
—Cada elección —dijo—.
Cada error… vuelve.
Las sombras atacaron **a todos**, sin distinguir aliados.
Humanos, espadachines, criaturas del caos.
Nadie estaba a salvo de su propio pasado.
Tronwer fue atravesado por la sombra de alguien que había matado años atrás.
—…lo siento —susurró, antes de arrancarla a golpes.
El **Espadachín Nº11, Nyssara “La Negación del Yo”**, caminaba entre el caos sin ser tocada.
Los que la miraban se detenían.
Soltaban sus armas.
—¿Por qué… lucho?
—preguntó un soldado, con la voz vacía.
Nyssara lo atravesó sin emoción.
—Porque te dijeron que eras alguien.
Las fortalezas **se devoraban entre sí**.
La simetría copiaba la causalidad.
La causalidad rompía el tiempo.
El tiempo multiplicaba el silencio.
El silencio asfixiaba la voluntad.
El mundo gritaba sin boca.
Desde el trono, **Vahr’Zuun** extendió los brazos.
—Hermoso —dijo—.
El caos en su forma más pura.
Entonces… Una fortaleza **nueva** tembló.
No del caos.
No humana.
Las cadenas de KA **se rompieron**.
Una presión distinta atravesó todos los planos.
No dominaba.
No anulaba.
**Decidía**.
Vahr’Zuun giró la cabeza lentamente.
—Ah… —sonrió—.
Por fin.
KA cayó de rodillas, respirando con dificultad.
Voces gritaban en su mente, órdenes contradictorias, futuros posibles, finales inevitables.
—¡NO!
—rugió KA— ¡CÁLLENSE!
El impacto de su grito **apagó tres fortalezas** por un instante.
Todos se detuvieron.
Solo un segundo.
Fue suficiente para que el caos entendiera algo aterrador: Esto ya no era una guerra entre mundos.
Ni entre espadachines.
Ni siquiera entre el caos y la humanidad.
Era una guerra por **quién tiene derecho a decidir qué es un monstruo**.
Y nadie saldría limpio.
FIN…
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