Batallas Entre Los Seres Celestiales - Capítulo 32
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- Capítulo 32 - 32 Un poder oculto
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32: Un poder oculto 32: Un poder oculto El caos alcanzó su punto de quiebre.
No con un grito.
No con una explosión.
Con **tres muertes** que el caos **no había previsto**.
— ### La caída del Espadachín Nº11 Nyssara, *la Negación del Yo*, avanzaba entre cuerpos inmóviles.
Soldados yacían de rodillas, vacíos, sin identidad.
El campo estaba lleno de gente viva… **incapaz de decidir vivir**.
—No existe el “yo” —susurró—.
Solo órdenes.
Dio un paso más.
Y **algo falló**.
Holley estaba frente a ella.
No temblaba.
No dudaba.
Sangraba por la boca, con el cuerpo al límite, pero **seguía siendo ella**.
—Te equivocas —dijo, con voz rota—.
El “yo” existe cuando eliges… incluso con miedo.
Nyssara alzó la espada.
Holley también.
No hubo técnica.
No hubo fortaleza.
Solo un choque brutal.
La espada de Holley atravesó el pecho de Nyssara por pura inercia.
La sangre salió negra, espesa, como tinta.
Nyssara abrió los ojos, confundida.
—¿Por qué… pude morir?
Holley la empujó hacia atrás.
—Porque por primera vez… dudaste.
El cuerpo cayó.
Y con él, miles de soldados recuperaron el control… **y el trauma completo de lo que habían hecho**.
Los gritos llegaron después.
Nyssara murió sin entender qué era ser humano.
— ### El fin del Espadachín Nº10 Eryx, *el Tiempo Residual*, reía mientras el campo se llenaba de ecos.
Ataques repetidos, cuerpos cayendo una y otra vez, el pasado matando al presente.
Kanen apenas se sostenía en pie.
—No puedo… alcanzarlo… —jadeó.
Gray, cubierto de sangre seca, lo miró.
—No —respondió—.
Pero podemos **esperarlo**.
Bonnie entendió al instante.
Clavó sus manos en el suelo y forzó su percepción hasta romperse por dentro.
No controló el tiempo.
**Leyó los residuos**.
—¡AHORA!
—gritó.
Kanen lanzó su espada.
Falló.
La espada cayó… y **tres segundos después**, volvió a aparecer atravesando el cuello de Eryx.
El espadachín se quedó congelado.
—¿Qué… hicisteis?
Gray caminó hacia él y lo empujó.
—Nada especial —dijo—.
Dejamos que tu propio pasado te alcanzara.
El cuerpo de Eryx se fragmentó en múltiples versiones de sí mismo, todas muriendo de formas distintas, hasta que el tiempo **se negó a sostenerlo**.
El reloj del caos se rompió.
— ### La erradicación del Espadachín Nº9 Lethariel, *el Archivista del Olvido*, retrocedía por primera vez.
Sus símbolos se deshacían.
Los recuerdos volvían… **demasiado rápido**.
—¡NO!
—gritó—.
¡SIN MÍ, EL CAOS SE DESORDENA!
Tronwer apareció detrás de él.
No habló.
No dudó.
Lo sujetó del cuello y lo levantó del suelo.
—Entonces… desordénate.
Apretó.
Los símbolos explotaron dentro del cuerpo de Lethariel.
Su cabeza estalló como un libro arrancado página por página.
Recuerdos ajenos se derramaron por el suelo en forma de gritos, rostros y nombres.
El cuerpo cayó… y el mundo recordó todo lo que había perdido.
— ### Y entonces… El campo de batalla **se silenció**.
No por calma.
Por anticipación.
El aire se volvió pesado.
Uno a uno, **los espadachines restantes descendieron**.
Axiom, el Horizonte Inmóvil.
Morvane, el Fragmentado.
Kaelrix, el Inversor de la Causalidad.
Seraphyne, la Simetría Perfecta.
Maltheon, el Archivo de las Decisiones.
Y desde lo alto… **Vahr’Zuun**.
Todos rodearon el campo.
Cuerpos.
Ruinas.
Sangre hasta los tobillos.
—Tres han caído —dijo el jefe, con voz grave—.
Más de lo que esperaba.
Miró a los supervivientes.
—Pero ahora… están todos aquí.
Las fortalezas comenzaron a **resonar al unísono**.
El caos no retrocedía.
Se **concentraba**.
Y esta vez, no habría errores.
FIN…
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