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Batallas Entre Los Seres Celestiales - Capítulo 36

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36: ORGULLO 36: ORGULLO El aire cambió antes de que alguien la viera.

No fue viento.

Fue **presión**.

KA se detuvo en seco.

Holley sintió cómo su respiración se volvía pesada, como si el oxígeno hubiera decidido resistirse a entrar en los pulmones.

Tronwer clavó la espada en el suelo para no perder el equilibrio.

Bonnie frunció el ceño.

—Esto no es una fortaleza común… —murmuró—.

El entorno está siendo *cerrado*.

Kanen levantó la mirada.

—No… está siendo **doblado**.

Entonces apareció.

No descendió del cielo ni emergió del suelo.

Simplemente **estaba ahí**, a unos metros del grupo.

Cabello oscuro recogido, ropa ligera que se movía con el viento inexistente.

En sus manos, dos abanicos metálicos, finos, llenos de símbolos grabados que vibraban apenas.

Sus ojos eran fríos.

No había odio.

No había desprecio.

Solo evaluación.

—Espadachín Número Cuatro —dijo con voz baja—.

—**Kirijura**.

No añadió nada más.

Abrió uno de los abanicos.

Y el mundo **se comprimió**.

— ## **Expansión de Fortaleza: Abanico del Cierre** El sonido fue seco.

*CLACK.* El aire se plegó sobre sí mismo como una hoja de papel.

De pronto, el espacio entre cada respiración se redujo.

Cada movimiento requería fuerza.

Cada paso era una lucha contra una corriente invisible que empujaba desde todas direcciones.

—¡No puedo moverme!

—gritó Holley, forzando una zancada.

Kirijura desapareció.

No se teletransportó.

**Se desplazó con el aire**.

Apareció detrás de Tronwer y cerró el segundo abanico.

El impacto no fue visible… pero Tronwer salió despedido, su cuerpo girando violentamente como si una pared invisible lo hubiera golpeado.

Cayó varios metros atrás, dejando un surco sangriento en el suelo.

—Rápida… —gruñó Kanen—.

Demasiado.

KA avanzó, forzando cada músculo.

—¡Kirijura!

Ella giró apenas la cabeza.

KA atacó.

Su espada cortó… **nada**.

Kirijura ya estaba a un costado.

Abrió ambos abanicos a la vez y giró sobre sí misma.

El aire se convirtió en cuchillas.

Holley levantó su espada justo a tiempo, pero la fuerza del impacto la lanzó al suelo.

Sangre brotó de su hombro, la herida limpia, precisa.

—No desperdicies movimientos —dijo Kirijura por primera vez mientras caminaba—.

—El aire decide antes que tú.

Bonnie cerró los ojos con fuerza.

—El patrón… —susurró—.

No ataca personas.

Ataca *espacios*.

Kanen la miró.

—¿Qué?

—Kirijura no corta cuerpos —explicó rápido—.

Cierra trayectorias.

Si estás donde el aire se pliega… ya perdiste.

Kirijura levantó un abanico, apuntando al grupo completo.

—Correcto.

Lo cerró.

El espacio frente a ellos **colapsó**.

KA reaccionó por instinto, lanzándose hacia adelante, clavando la espada en el suelo y usando el Shinen para anclar su cuerpo a la realidad.

El aire gritó.

Literalmente.

Holley rodó, salvándose por centímetros.

Bonnie fue lanzada contra una roca, el impacto sacándole el aire.

Kanen cayó de rodillas, tosiendo sangre.

Kirijura se detuvo.

Observó.

—Siguen vivos —dijo—.

Bien.

Caminó hacia ellos, abanicos abiertos, el mundo doblándose con cada paso.

—El Espadachín Número Cuatro no persigue —continuó—.

—**Cierra**.

El cielo se oscureció ligeramente.

No por nubes… sino porque el aire mismo estaba siendo sellado.

KA se puso de pie, respirando con dificultad, su mirada firme.

—Entonces —dijo—.

Vamos a abrirlo.

Kirijura alzó un abanico.

Por primera vez… sus ojos se afilaron.

La verdadera batalla **acababa de empezar**.

El aire se volvió un enemigo vivo.

Kirijura avanzó y el **Abanico del Cierre** se desplegó por completo.

El sonido metálico de los abanicos abriéndose fue como el chasquido de una trampa antigua.

El espacio se comprimió de golpe y el grupo sintió cómo sus cuerpos eran empujados desde dentro, como si los pulmones quisieran colapsar.

Holley fue la primera en lanzarse.

Corrió en zigzag, forzando su cuerpo a moverse contra corrientes invisibles.

Cada paso arrancaba sangre de sus pies, la presión cortándole la piel como cuchillas microscópicas.

Kirijura giró uno de los abanicos con un movimiento mínimo.

El aire **explotó**.

Holley salió despedida, girando sin control.

Su brazo chocó contra una roca y se oyó un crujido seco.

El hueso sobresalió de la piel.

Holley gritó, pero siguió moviéndose, arrastrándose con la espada como apoyo.

—No… me vas… a detener… —escupió sangre.

Kirijura no respondió.

Tronwer apareció por el costado, lanzando un tajo horizontal con toda su fuerza.

El abanico derecho de Kirijura se cerró de golpe frente a la hoja.

*CLANG.* La espada se partió en dos.

La presión del aire atravesó el pecho de Tronwer como un martillo invisible.

Su torso se hundió y salió despedido hacia atrás.

Cayó de espaldas, vomitando sangre, los pulmones luchando por no colapsar.

Bonnie gritó su nombre.

Kanen se movió entonces.

Activó el Shinen de forma defensiva, envolviendo su cuerpo en una capa de continuidad forzada.

Avanzó paso a paso, cada centímetro ganado a base de dolor.

El aire rugía alrededor de él, tratando de arrancarlo de la existencia.

Kirijura giró ambos abanicos hacia Kanen.

—Persistente —dijo—.

Inútil.

El aire se cerró en espiral.

Kanen sintió cómo sus costillas se quebraban una a una, cómo su estómago se comprimía hasta casi reventar.

Cayó de rodillas, jadeando, pero mantuvo el Shinen activo, cosiéndose mientras se rompía.

KA observaba.

No intervenía aún.

Sus ojos seguían cada movimiento del aire, cada pliegue invisible.

Sentía la presión contra su propia grieta interna, aquella que Kanen había dejado abierta.

El Shinen en su interior **reaccionaba**, vibrando como una herida que quería expandirse.

Kirijura se giró hacia él.

—Tú —dijo—.

Eres el centro de esta deformación.

Desapareció.

El aire detrás de KA se cerró como una puerta violenta.

KA rodó por instinto, pero aun así el impacto lo alcanzó.

Su espalda se abrió en carne viva, la presión arrancándole capas de piel.

Gritó, clavando la espada en el suelo para no ser lanzado al vacío.

Holley, arrastrándose, lanzó su espada con la última fuerza que tenía.

Kirijura la desvió sin mirar.

Bonnie, sangrando por la frente, cerró los ojos.

—No es invulnerable… —susurró—.

El aire la recompone… pero su cuerpo sigue siendo un punto fijo.

KA lo entendió.

Se levantó.

Avanzó de frente.

Cada paso era una tortura.

El aire le aplastaba los órganos, le cortaba la piel, le arrancaba sangre de los ojos.

Usó el Shinen para **anclarse**, no para curarse.

No cerró nada.

Solo avanzó.

Kirijura abrió ambos abanicos y los cruzó.

El mundo se cerró sobre KA.

KA gritó y **atravesó** el cierre.

Con un rugido, impulsó todo su cuerpo hacia adelante y **clavó su espada en el pecho de Kirijura**.

La hoja atravesó carne, hueso y salió por la espalda.

Kirijura abrió los ojos.

La sangre cayó lenta, oscura, espesa.

El aire se detuvo.

El Abanico del Cierre colapsó.

La presión desapareció.

Kirijura cayó de rodillas, la espada aún incrustada en su pecho.

—Lo… logramos… —susurró Holley, desplomándose.

Kirijura levantó la cabeza.

Sonrió.

Su cuerpo comenzó a **deshacerse en corrientes de aire**.

La herida se cerró desde dentro, el pecho reconstruyéndose como si nunca hubiera sido atravesado.

La espada fue expulsada, cayendo al suelo con un sonido hueco.

Kirijura se puso de pie, intacta.

—¿De verdad pensaron… —dijo, abriendo lentamente los abanicos— —…que el aire solo corta una vez?

El viento volvió a rugir.

Y su risa, suave y cruel, se mezcló con el sonido del mundo cerrándose otra vez.

FIN…

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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