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Batallas Entre Los Seres Celestiales - Capítulo 39

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39: ENCIERRO 39: ENCIERRO El cementerio quedó en un silencio antinatural.

No había viento.

No había crujidos.

Ni siquiera el eco lejano de huesos moviéndose.

Los esqueletos yacían inertes, desarmados, como si por fin se hubieran permitido descansar.

Las tumbas dejaron de vibrar.

Las calaveras ya no miraban.

El frío se disipó poco a poco.

KA permanecía de rodillas, la espada clavada frente a él como único soporte.

La sangre seguía cayendo de su cuerpo, formando pequeños charcos oscuros entre los huesos.

Respiraba… apenas.

Holley fue la primera en tocarlo.

—Hey… —dijo en voz baja—.

Sigue aquí.

KA asintió lentamente, sin levantar la mirada.

—Noct Boʻn se fue —murmuró—.

Pero no huyó.

Bonnie se acercó, observando el lugar donde el humo se había disipado.

—No —confirmó—.

Se… retiró.

Como alguien que ya no tiene por qué quedarse.

Kanen, temblando, se arrodilló junto a KA y activó el Shinen con sumo cuidado.

Esta vez no hubo luz intensa ni reconstrucción forzada.

Fue un **Shinen suave**, casi respetuoso.

—No voy a cerrarlo todo —dijo—.

Estás demasiado roto para eso.

KA cerró los ojos.

—Está bien —respondió—.

Déjalo así.

Tronwer observaba el cementerio con el ceño fruncido.

—Este lugar ya no es un arma —dijo—.

Es… un recuerdo.

Bonnie asintió.

—Un archivo de lo que el caos deja atrás cuando se cansa de matar.

Permanecieron allí unos minutos más, en silencio.

Nadie celebró.

Nadie habló de victoria.

La derrota de Noct Boʻn no había sido gloriosa… había sido **triste**.

Holley rompió el silencio.

—Quedan dos.

Kanen levantó la vista.

—El Número Dos… y Vahr’Zuun.

KA se puso de pie con dificultad.

Cada movimiento dolía, pero no se detuvo.

—Noct Boʻn nos enseñó algo —dijo—.

—El caos no solo pelea con fuerza.

Pelea con lo que dejamos atrás.

Miró el cementerio una última vez.

—Y si seguimos… vamos a tener que cargar con todo.

El grupo retomó la marcha, dejando atrás el campo santo.

A sus espaldas, el cementerio comenzó a **desmoronarse lentamente**, no por destrucción, sino por desgaste.

Como si su propósito finalmente se hubiera cumplido.

Muy lejos, más allá de capas de realidad… El Espadachín Número Dos **ya los estaba esperando**.

El viaje continuó sin combates, pero no sin peso.

Caminaron durante lo que parecieron **días sin relojes**.

El terreno cambiaba lentamente, como si el mundo se cansara de mantener una forma estable.

Montañas que se disolvían en llanuras, ríos que fluían hacia arriba, cielos que nunca terminaban de oscurecerse del todo.

Nadie hablaba mucho.

No porque no tuvieran qué decir, sino porque cada palabra parecía **quitar fuerza**.

Kanen caminaba apoyándose en su bastón improvisado, usando el Shinen solo cuando el dolor amenazaba con derribarlo.

Holley había aprendido a moverse con su brazo aún mal curado.

Tronwer iba en silencio, más callado que nunca.

Bonnie observaba todo, tomando nota mental de cambios que nadie más parecía percibir.

KA iba al frente.

No liderando.

Resistiendo.

Hasta que el mundo **se apagó**.

No hubo advertencia.

Un paso más… y **todo se volvió negro**.

No oscuridad natural.

Una negrura densa, cerrada, sin profundidad.

—¿Ven algo?

—preguntó Holley.

No hubo respuesta visual.

Solo voces.

—Estoy aquí —dijo Kanen.

—Yo también —gruñó Tronwer.

—No puedo sentir el espacio —susurró Bonnie—.

Esto no es un lugar… es un cierre.

El suelo bajo sus pies era sólido, pero indefinido.

No podían avanzar más de unos pasos sin sentir una resistencia suave, como si el aire mismo se negara a dejarlos ir más lejos.

KA respiró hondo.

—Estamos encerrados.

Entonces… *CLIC.* Una luz se encendió.

Luego otra.

Y otra más.

Focos antiguos, alineados en círculos concéntricos, iluminando lentamente el lugar.

La oscuridad retrocedió revelando **gradas** que se alzaban alrededor de ellos.

Asientos.

Filas y filas de asientos vacíos.

Blancos y negros.

Alternados con una simetría perfecta.

El suelo era una pista circular de madera pulida.

Arriba, una carpa enorme se extendía como una cúpula, con telas rayadas en blanco y negro, impecables, sin una sola mancha.

—…¿Un circo?

—murmuró Holley.

Era un circo normal.

Demasiado normal.

No había jaulas rotas.

No había sangre.

No había monstruos.

Solo el silencio de un lugar preparado para un espectáculo que aún no comenzaba.

Bonnie frunció el ceño.

—Esto no es un campo de batalla —dijo—.

Es un **escenario**.

Tronwer escupió al suelo.

—No me gusta.

KA avanzó un paso hacia el centro de la pista.

El eco de sus botas resonó con claridad perfecta.

—El Espadachín Número Dos —dijo—.

—Está aquí.

Las luces se mantuvieron encendidas.

Pero nadie apareció.

Solo el circo, esperando.

Y la sensación inquietante de que, esta vez… **ellos eran el acto principal**.

FIN…

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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