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Batallas Entre Los Seres Celestiales - Capítulo 40

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  4. Capítulo 40 - 40 expansión absoluta
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40: expansión absoluta 40: expansión absoluta El silencio se estiró.

Pasaron segundos… luego minutos… quizá horas.

Nadie lo sabía con certeza.

No había relojes, ni cielo visible, ni una sensación clara del paso del tiempo.

El circo seguía ahí, **perfectamente quieto**, como si hubiera sido abandonado justo antes de comenzar una función.

KA caminó hacia uno de los extremos de la pista circular.

Tocó la madera.

Fría.

Real.

Golpeó con la empuñadura de su espada.

*Tok.* Sólida.

—No es una ilusión —dijo—.

Esto existe.

Holley subió unos escalones de las gradas y se sentó en uno de los asientos blancos.

El material era duro, incómodamente limpio.

—Ni polvo… —murmuró—.

¿Cuánto tiempo lleva esto aquí?

Kanen probó usar su energía.

Cerró los ojos, dejó fluir el Shinen con cuidado, buscando grietas, heridas del espacio, algo que pudiera sanar o abrir.

Nada.

—No responde —dijo con preocupación—.

Como si el lugar… no estuviera dañado.

Bonnie caminó alrededor del perímetro, contando pasos, tocando paredes invisibles.

—Estamos en un círculo perfecto —explicó—.

No hay puertas, no hay salidas ocultas, no hay irregularidades.

Es como si el concepto de “salir” no existiera aquí.

Tronwer rió por lo bajo, sin humor.

—Un circo sin salida… qué apropiado.

Intentaron todo.

Golpear las paredes.

Lanzar energía.

Escalar las gradas hasta el punto más alto de la carpa.

Nada.

Cada intento terminaba igual: una resistencia suave, firme, absoluta.

No dolía.

No atacaba.

Simplemente **decía no**.

Se reunieron de nuevo en el centro.

—¿Y ahora qué?

—preguntó Holley.

KA miró alrededor.

Las luces seguían encendidas, inmóviles, iluminando asientos vacíos que parecían observarlos.

—Esperar —respondió—.

—Este lugar no nos quiere muertos… todavía.

Kanen frunció el ceño.

—Eso es lo que más me preocupa.

Bonnie se sentó en el suelo, cruzando las piernas, respirando con lentitud.

—Los circos existen para entretener —dijo—.

Para observar reacciones humanas.

Miedo, risa, sorpresa… desesperación.

Nadie respondió.

El aire se sentía **demasiado limpio**, sin olor, sin viento.

Cada sonido que hacían resonaba con una claridad incómoda, como si alguien —o algo— lo escuchara con atención absoluta.

Tronwer se apoyó contra un poste de la carpa.

—Si esto es una jaula —dijo—, es la más educada que he visto.

Pasó más tiempo.

No ocurrió nada.

No apareció nadie.

No hubo voces.

No hubo señales.

Solo el circo.

Normal.

Silencioso.

Cerrado.

Y poco a poco, sin que ninguno lo dijera en voz alta, todos empezaron a sentir lo mismo: No estaban atrapados para ser castigados.

No estaban ahí para luchar.

Estaban ahí para **ser observados**.

Y el espectáculo… aún no había comenzado.

El tiempo volvió a estirarse de forma antinatural.

No ocurrió nada espectacular.

No hubo temblores ni voces.

Justamente eso fue lo que empezó a incomodar a KA.

Se había apartado del grupo, caminando lento alrededor de la pista, con la mano apoyada en la empuñadura de su espada, no por amenaza, sino por costumbre.

Sus ojos recorrían el circo una y otra vez… hasta que algo **no encajó**.

Las luces.

Todas eran iguales: blancas, frías, simétricas, colocadas a la misma distancia.

Todas iluminaban con la misma intensidad… excepto una.

KA se detuvo.

—…esperen —murmuró.

Holley levantó la cabeza.

—¿Qué pasa?

KA no respondió de inmediato.

Entrecerró los ojos y dio unos pasos hacia uno de los focos del borde superior de la carpa.

A simple vista parecía igual a las demás, pero cuanto más la observaba, más evidente se volvía el error.

Esa luz **no proyectaba sombra**.

—Kanen —llamó KA en voz baja—.

¿Ves eso?

Kanen se acercó, siguiendo la dirección de su mirada.

Tardó unos segundos… y luego su expresión cambió.

—Eso… no debería pasar.

Bonnie se unió rápidamente, analítica como siempre.

—Todas las luces generan sombras coherentes según un mismo punto de origen —dijo—.

Esa no.

Su iluminación no interactúa con el espacio… lo atraviesa.

Tronwer chasqueó la lengua.

—Entonces no es una luz.

KA asintió despacio.

—Es un **ancla**.

El ambiente pareció tensarse apenas pronunció esa palabra, aunque nada se movió.

—Una expansión de fortaleza —continuó KA—.

Pero no como las que hemos visto antes.

Holley frunció el ceño.

—No hay dominio visible.

No hay presión.

No hay hostilidad.

—Exacto —respondió KA—.

Porque no está diseñada para atacar… sino para **existir sin ser notada**.

Kanen tragó saliva.

—Una fortaleza pasiva… Bonnie cerró los ojos, concentrándose.

—No detecta emociones, no detecta energía, no responde a provocaciones —dijo lentamente—.

Es como si el lugar ya hubiera decidido el resultado… y solo estuviera esperando que lo aceptemos.

KA apartó la mirada de la luz y observó el circo entero.

Las gradas.

La pista.

Las telas blancas y negras.

El silencio perfecto.

—No estamos dentro de un circo —dijo—.

—Estamos **dentro de una función congelada**.

Nadie habló durante varios segundos.

—¿Y el espadachín?

—preguntó Holley al final.

KA negó con la cabeza.

—No está aquí… o no necesita estarlo.

Tronwer soltó una risa seca.

—Genial.

Una fortaleza sin dueño visible.

Eso siempre acaba bien.

La luz parpadeó.

Solo una vez.

Muy leve.

Como si hubiera escuchado.

KA dio un paso atrás instintivamente.

—No la toquen —ordenó—.

—Si esto es una expansión de fortaleza… entonces cada cosa “normal” aquí existe porque **alguien decidió que así fuera**.

El circo siguió igual.

Normal.

Silencioso.

Cerrado.

Pero ahora lo sabían.

No estaban esperando a que algo empezara.

La expansión ya estaba activa desde el primer segundo.

Y ellos llevaban todo ese tiempo… actuando dentro de ella.

Fin…

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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