Batallas Entre Los Seres Celestiales - Capítulo 43
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- Capítulo 43 - 43 Una Verdadera Reyna
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43: Una Verdadera Reyna 43: Una Verdadera Reyna El aire **se quebró**.
No hubo explosión.
No hubo destello.
Simplemente, el mundo **obedeció**.
KA sintió primero el tirón en el pecho, como si una mano invisible le apretara el corazón desde afuera.
Su espada se elevó sola, vibrando, luchando contra una fuerza que no podía ver.
—Telequinesis… —gruñó— pero no es normal.
La mujer alzó lentamente la mano.
Y el circo **se levantó**.
Asientos completos se arrancaron del suelo y flotaron.
Las gradas se doblaron como papel.
Cadáveres de payasos muertos se elevaron también, retorciéndose, aún sonriendo.
—La materia es torpe —dijo ella con calma—.
—La voluntad no lo es.
Cerró el puño.
Los asientos salieron disparados como proyectiles.
Tronwer se interpuso, activando fragmentos de su fortaleza.
El vacío devoró varios, pero otros lo golpearon con fuerza brutal.
Costillas crujieron.
Sangre salió disparada de su boca.
—¡HIJA DE—!
Una araña saltó sobre su rostro.
Antes de que pudiera quitársela, la mujer **giró dos dedos**.
El cuerpo de Tronwer se elevó en el aire… y se **retorció**.
No se rompió.
No se partió.
Se dobló en ángulos que el cuerpo humano no debería soportar.
—¡TRONWER!
—gritó Holley.
Kanen intentó correr hacia él, pero el suelo se levantó como una ola sólida y lo lanzó contra una pared invisible.
Decenas de arañas se le subieron encima, mordiéndolo, sellando su energía.
—¡No puedo moverme!
—jadeó— ¡Me está usando como ancla!
Bonnie observaba, aterrada… y pensando.
—No está moviendo cosas —gritó—.
—Está **reescribiendo vectores**.
Decide hacia dónde existe todo.
La mujer giró la cabeza hacia Bonnie.
—Inteligente —admitió—.
Pero inútil.
Con un simple gesto, el aire alrededor de Bonnie se comprimió.
Sus pulmones colapsaron.
Cayó de rodillas, ahogándose en silencio.
KA rugió.
Forzó cada músculo de su cuerpo, clavó la espada en el suelo y resistió la presión telequinética con pura voluntad.
La hoja comenzó a **crujir**.
—¡MÍRAME!
—gritó KA.
La mujer lo hizo.
Sus ojos se encontraron.
Por un instante, la presión disminuyó.
—Interesante… —susurró ella—.
—Aún puedes decidir.
KA arrancó la espada del suelo y avanzó, paso a paso, mientras todo a su alrededor flotaba.
Arañas fueron aplastadas en el aire por fuerzas opuestas.
Sangre cayó como lluvia espesa.
Ella alzó ambas manos.
Ahora no solo movía objetos.
Movía **personas**.
Holley fue levantada y lanzada contra KA como un proyectil vivo.
KA apenas logró atraparla antes de que ambos se estrellaran contra la pista.
El impacto levantó huesos, polvo y sangre.
—No puedo… respirar… —jadeó Holley.
La mujer descendió lentamente, sin tocar el suelo.
—La telequinesis no es fuerza —dijo—.
—Es prioridad.
Y ustedes… no la tienen.
Las arañas rodearon al grupo, millones, cerrando el círculo.
El circo temblaba, saturado de gritos invisibles y materia suspendida.
KA se incorporó, sangrando, temblando… pero aún de pie.
—Entonces —dijo con voz rota— —te vamos a obligar a mirarnos.
Y por primera vez desde que comenzó la fiesta, la sonrisa de la mujer **se tensó**.
Porque algo, en ese instante, acababa de salirse de su control.
El aire vibraba como una cuerda a punto de romperse.
Nada murió.
Pero **todo sufrió**.
KA avanzó un paso más… y la presión volvió a caer sobre él como un océano invisible.
Sus huesos crujieron, sus músculos ardieron, la sangre comenzó a brotar de sus oídos.
Aun así, no cayó.
La mujer frunció el ceño por primera vez.
—No deberías poder moverte —dijo, ya sin tono juguetón.
KA escupió sangre.
—Tú mueves cuerpos… —respondió— —pero no entiendes decisiones.
Extendió la mano libre y clavó la espada en el suelo otra vez.
No para atacar.
Para **anclarse**.
Bonnie, aún sin aire suficiente, se obligó a pensar.
Su mente trabajaba más rápido que su cuerpo.
—KA… —logró decir— —no está levantando todo a la vez… necesita **focos**.
Kanen, cubierto de arañas que bloqueaban su Shinen, apretó los dientes y canalizó energía de forma imperfecta, brutal.
No curó.
**Forzó estabilidad**.
Lo suficiente.
Las arañas comenzaron a caer… no muertas, sino desorientadas.
Tronwer, aún suspendido en el aire, dejó de resistirse.
Y sonrió.
—Oye… —dijo con voz rota— —si mueves todo… La mujer giró apenas la cabeza.
—…entonces también mueves el vacío.
Tronwer liberó un pulso mínimo de su fortaleza, no expansivo, no letal.
Un **desorden local**.
El espacio alrededor de su cuerpo se volvió impredecible.
La telequinesis **resbaló**.
Tronwer cayó al suelo de golpe, rompiendo madera, pero vivo.
La mujer retrocedió un paso en el aire.
—Qué fastidio… —murmuró.
Holley, apenas capaz de mantenerse en pie, lanzó su arma hacia el suelo, no contra ella, sino **entre las arañas**.
El impacto liberó una onda que no mató, pero dispersó al enjambre, rompiendo la formación.
—¡Ahora!
—gritó.
KA avanzó de nuevo.
No rápido.
No fuerte.
**Decidido.** La mujer alzó ambas manos y el circo entero respondió: gradas colapsando hacia adentro, luces cayendo, aire comprimiéndose como un puño gigante.
Pero algo había cambiado.
La presión ya no era perfecta.
Bonnie lo vio.
—Está forzando demasiado —dijo—.
—Su fortaleza nos quiere **quietos**, no muertos.
La mujer apretó los dientes.
—CÁLLATE.
Intentó aplastar a KA contra el suelo.
KA resistió… y dio un paso más.
Sus botas se deslizaron sobre sangre seca y pintura vieja.
Sus manos temblaban.
Su respiración era un cuchillo en el pecho.
—Si no puedes matarnos… —dijo— —entonces tampoco puedes detenernos.
Por primera vez, la mujer **descendió al suelo**.
Las arañas se replegaron.
Las luces parpadearon.
La música se distorsionó.
No atacó.
Los observó.
Uno por uno.
—Interesante —dijo finalmente—.
—Muy bien… el acto continúa.
Chasqueó los dedos otra vez.
Pero esta vez… no pasó nada inmediato.
El circo quedó en silencio.
Ella dio media vuelta y comenzó a caminar hacia la oscuridad del fondo de la carpa.
—La función aún no termina —añadió sin mirarlos—.
—Solo cambió de ritmo.
Las luces se atenuaron.
El grupo quedó de pie, destrozado, sangrando, exhausto… Pero vivo.
Y con la certeza más aterradora hasta ahora: No habían ganado.
No habían perdido.
Solo habían demostrado que **merecían seguir en escena**.
El circo **respiró**.
No fue metáfora.
Las telas de la carpa se inflaron y desinflaron como pulmones gigantes.
El suelo latió.
Las luces se alinearon solas, formando símbolos que ninguno quería reconocer.
La mujer se detuvo en el borde de la pista.
—Muy bien —dijo, sin volverse—.
—Si sobrevivieron al prólogo… entonces conocerán el repertorio completo.
Giró lentamente.
Sus ojos ya no eran solo suyos.
En ellos brillaban **doce reflejos distintos**.
El aire **se quebró en capas**.
Primero, una presión conocida: la sensación de estar siendo observados desde todas las direcciones a la vez.
El eco del **Mundo Numérico** del Espadachín Doce se manifestó; cifras invisibles se arrastraron por el suelo y, con cada paso del grupo, sus fuerzas se redujeron, calibradas, medidas, optimizadas en su contra.
—No… —murmuró Bonnie—.
Está usando **reducción proporcional**.
Luego, el espacio **olvidó**.
Un latigazo mental atravesó al grupo.
Recuerdos se borraron por segundos, reaparecieron torcidos.
La **Memoria Muerta** del Noveno espadachín se superpuso al circo.
Holley cayó de rodillas, incapaz de recordar por qué estaba luchando… hasta que el dolor se lo recordó.
La mujer avanzó un paso.
El tiempo **titubeó**.
Fragmentos de futuros posibles se superpusieron: KA viéndose caer, levantarse, caer otra vez.
El rastro del **Tiempo Residual** del Décimo espadachín hacía que cada acción tuviera consecuencias atrasadas.
Un corte que aún no ocurría ya dolía.
—Está encadenando fortalezas… —dijo Kanen con horror—.
Sin colapso.
El aire **se cerró**.
Dos corrientes opuestas golpearon al grupo desde lados distintos.
El recuerdo del **Abanico del Cierre** de Kirijura comprimió el espacio; costillas crujieron, sangre salió disparada, pero nadie murió.
El control era quirúrgico.
Cruel.
La mujer alzó una mano.
La **galaxia sin tiempo** apareció por un latido: reflejos infinitos, ausencia de pasado y futuro.
El eco del **Gran Amanecer** de Sirius anuló cualquier fortaleza activa.
El Shinen de Kanen se apagó por completo.
El vacío de Tronwer se volvió inestable.
—¿Cómo…?
—jadeó Tronwer.
—No imito —respondió ella—.
**Herede**.
El suelo se abrió en tumbas ilusorias.
Calaveras se arrastraron, hielo se condensó en el aire.
El poder de **Noct Boʻn** se manifestó sin cuerpo: manos de humo helado sujetaron tobillos, muñecas, gargantas.
Y entonces, la **telequinesis** volvió.
Pero ahora era distinta.
No solo movía cosas.
**Las orquestaba**.
Asientos flotaron siguiendo patrones numéricos.
El aire comprimido obedecía al cierre de Kirijura.
El tiempo retrasado castigaba cada intento.
La memoria fallaba justo cuando más la necesitaban.
KA cayó de rodillas.
No derrotado.
**Abrumado**.
—Esto… —susurró Bonnie— —esto es una fortaleza compuesta.
Un escenario donde **todas** las reglas anteriores son válidas… a la vez.
La mujer caminó hasta el centro.
—Cada espadachín cayó —dijo—.
—Sus fortalezas no murieron.
Se **perfeccionaron**.
Se detuvo frente a KA.
—Ustedes luchan como humanos —continuó—.
Yo actúo como archivo.
Alzó el dedo índice.
Todo se detuvo.
No el tiempo.
No el espacio.
**La intención**.
Nadie podía atacar.
Nadie podía huir.
El cuerpo obedecía, pero la voluntad estaba suspendida, atrapada en un margen exacto de decisión.
La mujer sonrió.
—No teman —dijo—.
—Si quisiera matarlos, ya no existirían.
Bajó la mano.
El mundo volvió a moverse.
—Esto —concluyó— —es el acto central.
Las luces del circo cambiaron de color, formando un patrón nuevo, más complejo, más profundo.
Y por primera vez, todos lo entendieron: No estaban enfrentando a una espadachina.
Estaban frente a **la síntesis del caos**.
Y el espectáculo… apenas había alcanzado su verdadero clímax.
FIN…
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