Batallas Entre Los Seres Celestiales - Capítulo 44
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44: UNO 44: UNO El primer movimiento no fue un ataque.
Fue una **decisión**.
KA se obligó a levantarse aun cuando sus piernas no respondían del todo.
La presión combinada del Mundo Numérico y el Abanico del Cierre lo hacía sentir más pesado a cada segundo, como si el propio concepto de “avanzar” estuviera siendo penalizado.
La mujer alzó la mano… y **el aire cortó**.
No como viento: como hojas invisibles que abrieron la piel.
Sangre brotó en líneas limpias por los brazos de Holley y el costado de Tronwer.
El dolor llegó tarde, retrasado por el Tiempo Residual, lo que lo hacía aún peor.
—No sigan patrones —gruñó KA—.
—Si repiten movimientos, ella ya los ganó.
Bonnie, con el rostro pálido, forzó su mente a mantenerse anclada.
—Está superponiendo reglas —dijo—.
Pero no puede **priorizarlas todas al mismo tiempo**.
Hay micro-retrasos.
Kanen avanzó un paso, reuniendo Shinen de forma irregular, sin intentar sanar del todo.
Lo usó para **sostener**, no para reparar.
Cada segundo que mantenía la energía activa, una araña invisible le mordía la voluntad.
La mujer giró sobre sí misma.
El circo **cambió de eje**.
Gradas se alzaron, el suelo se inclinó, y una lluvia de números invisibles cayó sobre el grupo.
Holley sintió cómo su fuerza disminuía de golpe.
Tronwer, en cambio, fue lanzado hacia arriba por telequinesis y estrellado contra una pared inexistente.
—¡TRONWER!
Antes de que impactara de nuevo, el vacío se abrió brevemente bajo él, absorbiendo parte de la fuerza.
Cayó al suelo, sangrando, pero consciente.
—Sigue… —escupió—.
No me detengas.
La mujer chasqueó la lengua.
—Persistentes.
Como insectos.
El eco del Gran Amanecer apareció otra vez.
Reflejos infinitos rodearon al grupo; cada uno veía versiones de sí mismos fallando, cayendo, rindiéndose.
La ausencia de tiempo hacía que no supieran si llevaban segundos o horas sangrando.
KA cerró los ojos.
Y dio un paso **incorrecto a propósito**.
La reducción numérica se activó… pero falló medio latido.
La mujer frunció el ceño.
—Ahí —gritó Bonnie—.
¡Ahora!
Holley se lanzó, ignorando el dolor, y atacó desde un ángulo absurdo, casi torpe.
No buscó herir: **interrumpió**.
Su arma golpeó el aire donde convergían tres reglas a la vez.
El espacio **chilló**.
La mujer retrocedió un paso por primera vez.
No por daño.
Por sorpresa.
—Interesante… —susurró—.
Están aprendiendo dentro del acto.
Furiosa, alzó ambas manos.
La fortaleza compuesta rugió.
Huesos invisibles se cerraron alrededor del grupo.
Sangre cayó al suelo en gotas espesas.
Kanen cayó de rodillas, gritando, mientras su Shinen era arrancado y devuelto una y otra vez, como burla.
KA avanzó entre todo eso.
Cada paso le arrancaba un gemido.
Cada respiración era sangre.
—No eres invencible —dijo, con voz rota—.
—Solo estás **acumulada**.
La mujer lo miró fijamente.
—Y tú… —respondió— —sigues siendo humano.
Chasqueó los dedos.
El circo se oscureció de golpe.
Solo quedaron las respiraciones, el goteo de sangre, y una sensación insoportable de que **algo** estaba a punto de decidirse.
No hubo muerte.
Pero la guerra, en ese instante, **se volvió personal**.
El silencio duró un latido.
Luego, **Bonnie dio un paso al frente**.
No gritó.
No avisó.
Simplemente cerró los ojos… y **aceptó algo dentro de sí**.
—Ya basta —dijo en voz baja—.
—Si este escenario se alimenta de reglas… entonces lo voy a **enterrar**.
El suelo del circo **se volvió arena**.
No arena común: era negra, espesa, pesada, como si cada grano fuera un recuerdo muerto.
Las luces comenzaron a apagarse una por una, absorbidas por esa oscuridad granular que se expandía en círculos concéntricos.
—¿Qué es esto…?
—murmuró la mujer, por primera vez genuinamente intrigada.
Bonnie abrió los ojos.
Eran distintos.
—**Expansión de fortaleza: Arenas Oscuras**.
El circo dejó de ser un escenario.
Se convirtió en un **desierto sin cielo**, donde cada paso hundía no solo el cuerpo… sino la intención.
Las reglas superpuestas de la mujer comenzaron a **desgastarse**, como inscripciones borradas por el viento.
—Mi fortaleza no anula —explicó Bonnie, caminando mientras la arena le obedecía—.
—**Descompone**.
Todo poder que se mantenga activo… se erosiona.
La mujer alzó la mano para usar telequinesis.
La arena **pesó** sobre su brazo.
—Interesante —dijo, aunque su voz ya no era tan calmada—.
Pero insuficiente.
Entonces— Un estruendo atravesó el desierto.
⚡⚡⚡ Kanen gritó, pero no de dolor.
De **liberación**.
Rayos azules y violetas recorrieron su cuerpo, tatuando símbolos eléctricos en su piel.
El aire vibró, cargado, cada grano de arena chisporroteó como metal vivo.
—He estado conteniéndome… —dijo, flotando apenas sobre el suelo— —porque esto quema tanto al aliado como al enemigo.
Extendió ambas manos.
—**Expansión de fortaleza: Electro Mágico**.
El cielo inexistente **se llenó de tormentas**.
Relámpagos descendieron en patrones arcanos, no aleatorios: cada descarga buscaba energía activa, poderes en uso, reglas forzadas.
Las fortalezas heredadas de la mujer comenzaron a **recibir retroalimentación violenta**.
El Tiempo Residual colapsó.
El Mundo Numérico se sobrecargó.
El Abanico del Cierre se volvió inestable.
La mujer retrocedió varios pasos, hundiéndose hasta los tobillos en las Arenas Oscuras mientras los rayos le arrancaban fragmentos de control.
—Así que… —dijo entre dientes— —este es su verdadero acto.
KA y Holley avanzaron al mismo tiempo.
KA atacó de frente, rompiendo patrones, forzando decisiones imposibles.
Holley giró por los flancos, usando el terreno cambiante, atacando justo cuando la arena absorbía un cálculo y el rayo lo castigaba.
La mujer gritó.
No de dolor físico.
De **frustración**.
Usó telequinesis para levantarse— la arena la jaló hacia abajo.
Activó una fortaleza heredada— un rayo la castigó.
Por primera vez, estaba **limitada**.
—¡Ahora!
—gritó Bonnie, la arena elevándose como olas negras.
Kanen descargó todo.
Un rayo gigantesco cayó desde ningún lugar y golpeó el centro del desierto.
La explosión lanzó arena, sangre y energía en todas direcciones.
El impacto no mató a nadie… pero **rompió el ritmo** del acto.
La mujer cayó de rodillas.
Respirando agitada.
Cubierta de heridas.
Sonriendo.
—Maravilloso… —susurró—.
—Realmente maravilloso.
Se levantó lentamente, aún rodeada por arena y relámpagos.
—Ahora sí —dijo—.
—Esto… es una pelea.
Y el desierto oscuro, cargado de electricidad, **rugió**, preparándose para algo aún peor.
FIN…
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