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Batallas Entre Los Seres Celestiales - Capítulo 45

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45: Porfin 45: Porfin El desierto negro **rugió**.

Las **Arenas Oscuras** se movían como un mar vivo, formando dunas que respiraban, tragándose fragmentos del circo que aún intentaban existir.

Cada grano pesaba como un recuerdo enterrado a la fuerza.

El cielo inexistente se llenó de relámpagos arcanos que no seguían leyes naturales: **obedecían a Kanen**.

La mujer alzó el rostro.

Su belleza ya no era intacta.

Sangre oscura corría por su frente, mezclándose con polvo negro y chispas eléctricas.

Aun así, sonreía.

No una sonrisa dulce.

Una sonrisa **hambrienta**.

—Esto… —susurró— —esto sí es humano.

Extendió ambos brazos.

Y **todo respondió**.

Las fortalezas heredadas se activaron a la vez.

El **Mundo Numérico** volvió con violencia: símbolos invisibles se grabaron en la arena, reduciendo la fuerza de cada paso que daba el grupo.

Las piernas de KA temblaron; sentía que cada movimiento costaba el doble que el anterior.

El **Tiempo Residual** se desató en espiral.

KA sintió el dolor antes del impacto, luego el impacto, luego el recuerdo del dolor, todo superpuesto.

Gritó cuando una herida que aún no había ocurrido empezó a sangrar.

—¡No pierdan el ritmo!

—gritó Bonnie—.

¡Si se detienen, los entierra!

La mujer giró sobre sí misma.

El **Abanico del Cierre** se manifestó sin abanicos: el aire se plegó como cuchillas invisibles.

La arena fue comprimida hasta volverse vidrio negro que explotó en fragmentos afilados.

Uno atravesó el hombro de Holley, saliendo por la espalda con un chasquido húmedo.

Holley gritó, pero no cayó.

—¡No me mires!

—rugió— ¡Sigue!

Kanen descargó otro rayo.

⚡⚡⚡ La electricidad recorrió las Arenas Oscuras, convirtiéndolas en un campo conductor.

Cada grano chisporroteó.

El poder de la mujer se **retroalimentó**, explotándole en los brazos.

Su piel se quemó, mostrando símbolos antiguos grabados bajo la carne.

Por primera vez, **gritó**.

El eco del **Gran Amanecer** apareció como una burla: reflejos infinitos del desierto, todos mostrando finales distintos.

En algunos, el grupo caía.

En otros, la mujer era atravesada.

En ninguno había paz.

KA avanzó entre los reflejos.

Cada paso dejaba huellas que la arena intentaba borrar.

—No eres un archivo —dijo entre jadeos—.

—Eres un cementerio mal organizado.

La mujer lo miró con furia genuina.

—¡YO SOY LA SÍNTESIS!

—rugió.

Levantó el suelo.

No metafóricamente.

**Literalmente**.

Placas de arena solidificada se elevaron como cuchillas gigantes.

Una aplastó a Tronwer contra el suelo.

Huesos crujieron.

Sangre brotó de su boca, espesa.

—¡Tronwer!

—gritó Kanen.

Tronwer rió, escupiendo sangre.

—He estado peor… Activó su vacío por instinto.

No una expansión completa.

Solo un **desgarro**.

La placa fue devorada, pero el retroceso lo lanzó varios metros, dejando un surco de sangre en la arena.

Las arañas reaparecieron.

No millones esta vez.

**Miles**, pero diferentes.

Eran más grandes, con cuerpos translúcidos que mostraban órganos latiendo.

Cada una portaba fragmentos de fortalezas: una drenaba Shinen, otra invertía direcciones, otra mordía recuerdos específicos.

Bonnie alzó ambas manos.

Las Arenas Oscuras **se elevaron**.

—¡No las dejen tocar el suelo!

La arena negra se convirtió en una tormenta, triturando arañas, aplastándolas, pero cada muerte liberaba una descarga de energía caótica que golpeaba al grupo como metralla invisible.

Kanen cayó de rodillas.

—¡No aguanto mucho más!

—gritó— ¡El Electro Mágico me está quemando por dentro!

Bonnie sangraba por la nariz, los ojos, los oídos.

Mantener su fortaleza le arrancaba capas de pensamiento.

—Entonces… —jadeó— —aceleramos.

La mujer aprovechó ese segundo.

La **telequinesis absoluta** descendió como una sentencia.

KA fue levantado en el aire, aplastado desde todos los ángulos.

Su armadura crujió.

Costillas se rompieron.

La espada cayó de su mano.

—Tú eres el eje —dijo la mujer, acercándose flotando—.

—Si te quiebro… KA escupió sangre.

—Tendrás… —tosió— —que hacerlo mejor.

Holley, con el hombro destrozado, se lanzó sin pensar.

No atacó a la mujer.

**Cortó el aire** justo detrás de ella, interrumpiendo un vector telequinético.

La presión falló.

KA cayó al suelo, rodando, agarrando su espada con manos temblorosas.

Tronwer, medio arrastrándose, alzó la cabeza.

—Oye… Bonnie… —Lo sé —respondió ella, sin mirarlo—.

—Es ahora… o nunca.

Las Arenas Oscuras **colapsaron hacia adentro**.

No como un ataque, sino como un entierro ritual.

La arena comenzó a devorar reglas, no cuerpos.

El Mundo Numérico se fragmentó.

El Tiempo Residual se volvió errático.

El Gran Amanecer perdió coherencia.

Kanen gritó y descargó **todo**.

Un rayo colosal descendió, atravesando el desierto de arriba abajo.

El impacto fue tan violento que el espacio se dobló.

No hubo explosión.

Hubo **desintegración parcial**.

La mujer fue lanzada contra el suelo.

No murió.

Pero quedó incrustada en la arena, convulsionando, con el cuerpo cubierto de quemaduras, cortes y símbolos rotos.

Intentó levantarse… y falló.

Respiraba con dificultad.

Por primera vez.

KA se acercó, cojeando, cubierto de sangre seca y fresca.

—¿Sigues creyendo que esto es un espectáculo?

—preguntó.

La mujer rió… y tosió sangre.

—Siempre lo fue —respondió—.

—La diferencia… es que ahora el público también sangra.

Intentó alzar la mano.

Nada respondió.

Las Arenas Oscuras la sujetaban.

El Electro Mágico aún chisporroteaba en el aire.

El desierto temblaba, saturado de dolor, energía y decisiones humanas.

Nadie celebró.

Nadie bajó la guardia.

Porque todos lo sabían: Aquello **no había terminado**.

La sangre empapaba la arena negra.

El aire olía a ozono y carne quemada.

Y en medio de ese caos grotesco, bizarro y terrorífico, la guerra acababa de demostrar su verdad más cruel: No importaba cuántas fortalezas existieran.

Al final… **todo se decidía por quién estaba dispuesto a romperse primero**.

Kanen lanzó un último rayo perforando el pecho de la mujer al instante, está muriendo.

Laa fortalezas se desvanecieron al instante y todos callaron, exhaustos.

La mujer nunca dijo su nombre, pero todos la reconocieron como la Reyna, una mujer muy fuerte capaz de heredar todas las fortalezas y no solo eso si no, aún más perfectas.

La eliminación de esta espadachín enfureció al jefe.

Y ahora el tendrá que luchar contra un grupo de humanos que aniquilaron asus recipientes.

FIN…

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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