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BENDECIDOS POR BELIAL - Capítulo 10

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  4. Capítulo 10 - 10 ¿Soy un Arconte
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10: ¿Soy un Arconte?

10: ¿Soy un Arconte?

Los dos miraron al guardia con escepticismo, tratando de entender a qué se refería.

Antes de que pudieran preguntar, el guardia gritó con desesperación:  —¡Activen las alarmas!

¡Ha llegado un arconte!

¡Esto no es un simulacro!

¡Activen las defensas!

Abyllie, al escuchar la palabra “arconte”, no pudo contener la risa.

—¿De verdad?

—preguntó entre risas—.

¡No puedo creer que estés tan asustado!

¿Un arconte?

Por favor, en el infierno no son más que una leyenda.

Solo un simple humano confundido con un mito.

El guardia la miró con desdén, su expresión tensa y apretada por la ansiedad.

—Esto no es una broma, chica.

Los arcontes son fuerzas del inframundo, y no se presentan sin razón.

Abyllie, aunque aún divertida, sintió que la seriedad del momento comenzaba a calar.

La risa se desvaneció de su rostro mientras consideraba la realidad que se les presentaba.

—Bueno, si es así, tal vez deberíamos prestar atención —dijo Iston, sintiendo cómo la tensión en el aire se hacía palpable.

—¡Idiota!

¡Está hablando de ti!

¡Tú eres el arconte!

—exclamó Abyllie, sin poder contener la risa y el dolor de estómago por la hilarante confusión.

Iston la miró, atónito.

—¿Yo?

¿Un arconte?

¿Qué es eso?

—preguntó, frunciendo el ceño mientras trataba de procesar la idea.

Abyllie, aun riendo, se tomó un momento para explicarle.

—Un arconte es una de esas poderosas entidades del inframundo, un ser superior que puede influir en el destino de los mortales.

Pero, por lo que veo, no tienes ni la apariencia ni el porte de uno.

Iston soltó un suspiro de alivio, aunque la idea de ser confundido con un ser tan poderoso lo hacía sentir incómodo.

—Entonces, ¿qué se supone que debo hacer?

—dijo, mirando al guardia, que aún parecía confundido.

—Hijo, tu marca es la de un arconte que ha sido influenciado por un señor demonio —interrumpió el guardia, hablando con seriedad—.

En la antigüedad, cada señor demonio estaba bajo el cargo de un arconte, un ser superior encargado de dictar decisiones que afectarían a los seres humanos.

Iston se quedó atónito, procesando lo que escuchaba.

—¿Qué significa eso para mí?

—preguntó, sintiendo una mezcla de inquietud y curiosidad, su corazón latiendo más rápido ante la posibilidad de un nuevo destino.

El guardia continuó, su voz grave resonando en el aire.

—Los arcontes no eran solo figuras de autoridad; mantenían el equilibrio entre el mundo humano y el inframundo.

Tenían el poder de influir en el destino de las personas, guiándolas hacia el bien o el mal.

Pero con ese poder venía una gran responsabilidad.

A menudo, los demonios trataban de manipular a los arcontes, susurrándoles tentaciones y deseos oscuros, para que tomaran decisiones que favorecieran sus propios intereses.

Abyllie intervino, mirando al guardia con atención y preocupación.

—¿Entonces, eso significa que Iston está conectado a fuerzas que pueden influir en sus decisiones?

—preguntó, su tono serio y reflexivo.

El guardia asintió lentamente, lo que hizo que un escalofrío recorriera la espalda de Iston.

Su mente se llenó de dudas sobre lo que podría significar realmente tener esa conexión.

En ese momento, Iston y Abyllie no pudieron contener la risa, preguntándose si Iston realmente sería capaz de tomar ese tipo de decisión.

—¿De verdad crees que podría hacer algo así?

—preguntó Iston, entre risas, sintiéndose aliviado por el alivio cómico en medio de la tensión.

Abyllie se sacudió de la risa, mirando a Iston con complicidad.

—Tal vez no sea tan absurdo —respondió, aun sonriendo—.

Pero, sinceramente, solo imagínate: negociando con mi padre para que no ataque al mundo humano.

Iston se rió, sacudiendo la cabeza en incredulidad.

—Sí, eso sería un espectáculo.

Me imagino a ti, ahí de pie, intentando convencer al señor demonio de la corrupción de no corromper.

La risa de Abyllie llenó el aire, y Iston no pudo evitar unirse a ella, imaginando la escena absurda.

Sin más que decir, Iston se encogió de hombros y comentó con una sonrisa:  —Yo quiero lo que fuma este tipo.

Abyllie soltó una risa, divertida por la respuesta despreocupada de Iston, y el guardia, aún confundido, no pudo evitar esbozar una leve sonrisa ante la ocurrencia.

—Si quieres, te puedo dar el opio que consumo —respondió el guardia, creyendo que hablaba en serio.

Iston lo miró, sorprendido por la respuesta, y luego soltó una risa.

—No, no, solo estaba bromeando.

No necesito más problemas de los que ya tengo.

Abyllie se unió a la risa, disfrutando del alivio cómico en medio de la tensión.

Iston, ya sin más aliento, miró al guardia y preguntó:  —¿Podemos explorar la ciudad?

Te aseguro que no soy un arconte, solo tengo el sello de Belial que me fue entregado hace unos diez minutos.

—¿Cómo es posible que lo hayas obtenido hace diez minutos?

Sacar el sello suele demorar más de tres años para las personas normales —dijo el guardia, frunciendo el ceño mientras evaluaba a Iston.

—Aquí tengo a mi maestra, la hija de Belial, la princesa Abysal —dijo Iston, señalando a Abyllie con un toque de orgullo.

El guardia, sin saber qué decir, finalmente respondió:  —Con la alarma activada, no puedo hacer que la ciudad vuelva a estar en pie como la vieron al principio.

Si quieren, pueden regresar mañana para realizar su tour; yo los puedo guiar.

Iston y Abyllie asintieron.

—Si regresamos mañana, gracias por el buen rato.

Fue muy gratificante.

Abyllie sonrió, sumándose a la gratitud.

—Sí, muchas gracias.

Apreciamos tu ayuda.

—Les agradezco.

Nos vemos mañana.

Que tengan un buen viaje de regreso —dijo el guardia, con un tono cordial.

Desde las sombras del pueblo, una figura borrosa los observaba alejarse con una sonrisa macabra.

—Por fin llegó…

es hora.

Al fin llegó el heredero —musitó, su voz baja y siniestra.

Después de unas horas caminando de regreso, Abyllie se acercó a Iston, su expresión seria.

—Oye, Iston —dijo, con un tono que indicaba que tenía algo importante que compartir—.

Necesitamos hablar sobre lo que ocurrió hoy.

Iston la miró, sintiendo que la tensión en el aire aumentaba.

—¿Sobre el guardia?

—preguntó, todavía un poco confundido por la intensidad de la situación.

—No solo eso.

—Abyllie se detuvo un momento para reunir sus pensamientos—.

También sobre lo que significa realmente el sello de Belial y cómo puede cambiar las cosas entre nosotros.

—Si mi padre lo aplica, significa que te reconoce como heredero de su trono —comenzó Abyllie, mirando a Iston con seriedad—.

Pero si yo lo hago, eso significa que te reconozco como prometido.

Y quiero dejar claro que, aunque tengo fe en ti, aún no eres lo suficientemente capaz para ser mi pareja.

Iston frunció el ceño, sintiendo la presión de sus palabras.

—Entiendo.

—dijo, tratando de ocultar la incomodidad que surgía en él—.

Pero estoy dispuesto a aprender y demostrar que puedo serlo.

—Lo sé, por eso te lo estoy explicando.

Por lo que me has demostrado hoy, quiero que seas tú.

Pero todo depende de los logros que alcances en el futuro.

Si logras cumplir con esas expectativas, entonces tal vez esto se convierta en realidad.

Iston asintió, sintiendo tanto la presión de sus palabras como la oportunidad que representaban.

—Y por otra parte, gracias por hacerme feliz hoy.

Hace años que no reía ni sonreía como lo hice esta noche.

De verdad, fue mágico y nostálgico.

Abyllie miró a Iston con sinceridad, una sonrisa suave dibujándose en su rostro.

—No sabía cuánto necesitaba esto hasta ahora.

Abyllie se acercó y le dio un beso suave en la mejilla a Iston como agradecimiento.

—No pienses que esto va a ser así siempre —dijo, sonriendo ligeramente—.

Pero te lo mereces por hoy.

Iston sintió un calor en su rostro, sorprendido por el gesto, y una sonrisa se dibujó en sus labios.

Llegaron a la puerta de la casa cuando Belial salió corriendo en una nube de humo negro, tosiendo mientras se acercaba.

—¡Ya llegaron!

—exclamó—.

Iston, tenemos que hablar contigo.

Vamos a necesitar una nueva cocina y casa.

La expresión de Iston pasó de sorpresa a confusión, preguntándose qué tipo de caos había desatado Belial en su ausencia.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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