Leer Novelas
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

BENDECIDOS POR BELIAL - Capítulo 11

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. BENDECIDOS POR BELIAL
  4. Capítulo 11 - 11 La confusión de un padre
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

11: La confusión de un padre 11: La confusión de un padre Iston se encontraba en la cocina, observando atónito el desastre que había dejado Belial.

Un enorme agujero en el techo revelaba el baño del segundo piso, y fragmentos de ollas de estofado estaban esparcidos por toda la habitación.

El olor a quemado aún flotaba en el aire, mezclándose con el aroma de lo que una vez había sido un guiso prometedor.

—¿Qué demonios pasó aquí?

—murmuró Iston, mientras su mirada se deslizaba entre el caos.

El suelo estaba cubierto de trozos de madera y restos de comida, como si un huracán hubiera pasado por la cocina.

Belial, aun tosiendo por el humo, se acercó con una expresión de orgullo en el rostro y un delantal que parecía más bien una armadura desgastada.

—¡Lo logré!

—exclamó, señalando el agujero—.

¡Es una nueva forma de cocina hogareña, con un toque infernal!

Iston no pudo evitar reírse, a pesar de la incomodidad que le generaba el caos.

—¿Cocina hogareña?

¡Esto es un desastre!

—gritó, haciendo un gesto hacia el agujero—.

¡El estofado ahora tiene más aire que sabor!

Justo en ese momento, el aroma a especias y carne quemada se intensificó, impregnando la cocina con un toque del inframundo, como si los demonios mismos hubieran dejado su huella en la comida.

Abyllie entró, aturdida por el espectáculo.

—¿Qué ha pasado aquí?

—preguntó, sus ojos brillando con un atisbo de diversión.

Iston se giró hacia ella, señalando el agujero.

—Belial decidió que quería un “estilo de cocina hogareña” con un poco de “sazón infernal”, pero parece que su idea de hogar implica un incendio.

Abyllie soltó una risa, disfrutando del humor de la situación.

—¡Eso es lo más ridículo que he escuchado!

Belial, ofendido, se cruzó de brazos, pero no pudo evitar sonreír ante la risa que provocaba.

—No entienden el arte de la cocina demoníaca, eso es todo.

El sabor y el aroma son parte de la experiencia.

Iston se rascó la cabeza, la mezcla de olores aún flotando en el aire y provocando un tumulto en su estómago.

—Deberíamos hacer una cena en el campo esta vez —sugirió Abyllie, con una sonrisa traviesa—.

Algo más seguro que cocinar aquí y que no huela a fuego del infierno.

—¡Me parece perfecto!

—exclamó Iston, aun riendo—.

Pero esta vez, sin explosiones ni aromas que hagan que la gente se pregunte si estamos invocando a algún demonio.

Con este nuevo plan en mente, los tres se unieron en risas, dejando que el caos de la cocina se convirtiera en una anécdota más para contar en el futuro.

La aventura continuaba, y las posibilidades eran infinitas.

—Cambiando de tema, compraré una casa mañana —dijo Iston, intentando desviar la atención—.

Pero antes de eso, necesito que me enseñes cómo usar tu sello y cómo cultivarlo.

Belial frunció el ceño, la preocupación reflejada en su rostro.

—¿Cómo sabes sobre mi sello?

No era mi intención que lo supieras.

A menos que… —su mirada se volvió seria—.

¿Acaso mi hija te lo implantó después de lo que ocurrió anoche?

—¿Qué sucedió anoche, Abyllie?

Necesito que me expliques lo que ocurrió —dijo Belial, su voz tensa, mientras la inquietud comenzaba a calar en su interior.

Mirando preocupado por la seguridad de su hija, Belial frunció el ceño y se dirigió a Iston con una voz grave.

—¿Cómo te atreves a hacer eso con mi hija?

Ella es una flor delicada, y no permitiré que un humano la mancille.

—¡Papá, ¿de qué estás hablando?!

—respondió Abyllie, alzando la voz con frustración—.

Él no me obligó a nada.

Yo le ofrecí mi sello.

—¿Qué?

¿Cómo que tú se lo diste?

—exclamó Belial, con incredulidad y preocupación en su mirada—.

¿Acaso no comprendes lo que eso significa?

—Papá, no es lo que piensas —respondió Abyllie, tratando de calmar la situación—.

Fue un acto de confianza, algo que necesitaba hacer.

Iston, sin saber exactamente qué estaba pasando, observaba la interacción entre Belial y Abyllie con creciente preocupación.

La atmósfera estaba cargada de tensión, y sentía que había algo más en juego, un doble sentido que lo dejaba inquieto.

—¿De qué están hablando?

—preguntó, su voz temblando con la duda—.

No entiendo lo que está sucediendo aquí.

—¿Cómo que no sabes, humano?

—gritó Belial, su voz resonando con furia, cada palabra cargada de indignación—.

¡Mi hija tuvo una noche de pasión contigo!

¡Maldito, has mancillado su demoniaca pureza!

La mirada de Belial era intensa, y su presencia imponente llenaba la habitación con una mezcla de rabia y protectora preocupación.

Iston, aturdido, sintió cómo la sangre se le helaba en las venas mientras trataba de comprender la magnitud de la acusación.

Abyllie se sonrojó intensamente, furiosa por las acusaciones de su padre.

Sin pensarlo dos veces, le propinó varios manotazos en la cabeza.

—¡Estúpido!

¡No pasó nada de eso!

—exclamó, su voz llena de indignación—.

Simplemente entramos a una ciudad fantasmal, y no tenía cómo protegerlo.

Su frustración era palpable, y mientras golpeaba a Belial, la tensión en la habitación se disipó un poco, reemplazada por la cómica realidad de su defensa.

Mientras Belial se defendía de los golpes de su hija, exclamó con frustración:  —¡¿Por qué no me lo dijeron desde el principio?!

¡Esto no habría pasado si lo hubiera sabido!

Su expresión era una mezcla de indignación y exasperación, mientras intentaba evitar los manotazos de Abyllie, dándose cuenta de lo absurdo de la situación.

Iston, sin saber qué decir, levantó las manos en un gesto de rendición.

—No, no, espera.

No dejes que asumas nada —dijo, mientras se acercaba a Abyllie, quien seguía golpeando a Belial—.

Solo asumiste lo peor.

Con un suspiro, Iston decidió unirse al caos.

—Si vamos a hacer esto, ¡hagámoslo bien!

—exclamó, levantando las manos y dándole un suave golpe en la espalda a Belial—.

¡Esto es por incomodarnos, viejo!

Belial se giró, atónito, mientras Iston intentaba ayudar a Abyllie a dar su merecido.

—No me hubiera molestado, pero esto no es lo que quería en este momento —agregó Iston, riendo mientras se sumaba a la golpiza con una sonrisa traviesa.

Abyllie se detuvo de golpe, mirándolo fijamente.

—¿Te hubiera gustado eso?

—preguntó, con una mezcla de desafío y curiosidad en su voz.

Iston, atrapado en la intensidad de su mirada, tartamudeó nervioso, sin saber qué responder.

Su mente divagó hacia la imagen de Abyllie de la noche anterior, su belleza iluminada por la luz de la luna, lo que hizo que se sonrojara de inmediato.

—Eh…

yo, bueno…

—balbuceó, tratando de encontrar las palabras adecuadas—.

No sé, tal vez…

Su nerviosismo era evidente, y el silencio entre ellos se volvió cargado de tensión, con el caos de la cocina como telón de fondo.

Belial, aun cubriéndose la cabeza, miraba a Iston con sorpresa.

No podía creer lo que acababa de suceder.

Iston había domado a su hija en un instante, algo que nunca hubiera imaginado que sucedería.

Abyllie, con su actitud desafiante, jamás habría pensado en decir algo así a cualquier demonio.

—¿Realmente te atreverías a decir eso?

—preguntó Belial, frunciendo el ceño mientras intentaba procesar la situación.

La expresión de su hija lo sorprendía tanto como el hecho de que un humano se atreviera a participar en su pequeño “drama familiar”.

—¡Papá, siempre arruinas todo!

—exclamó Abyllie, furiosa, mientras se daba la vuelta y se dirigía al segundo piso, indignada por toda la situación.

Su frustración era palpable, y cada paso que daba resonaba en la casa, dejando a Iston y Belial en un silencio tenso.

Belial, aún sorprendido por la reacción de su hija, se quedó parado en la cocina, sintiéndose impotente ante la tormenta que había desatado.

Belial, todavía aturdido por la situación, se giró hacia Iston con los ojos entrecerrados.

—¿Qué demonios le hiciste a mi hija?

—preguntó, la incredulidad reflejada en su voz—.

Nunca imaginé que vería esta escena.

Belial, con una mezcla de orgullo y sorpresa, sonrió de manera desconcertante.

—Tú, hijo mío, eres digno de mi sello —declaró, su voz resonando con una autoridad renovada—.

Has logrado lo que muchos demonios no podrían.

Quizás haya más en ti de lo que pensé.

—Te explicaré sobre el sello y cómo cultivarlo, pero primero… —dijo Belial, sentándose con una expresión cómplice—.

Como tu futuro suegro, quiero que me cuentes todo lo que pasó anoche.

Se acomodó en una silla, cruzando las piernas con un aire despreocupado, como si estuviera hablando con su mejor amiga.

—Hoy será una noche larga, así que, ¿qué te parece si pides una cerveza o algo más fuerte?

—exclamó, una sonrisa traviesa en su rostro.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo