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BENDECIDOS POR BELIAL - Capítulo 110

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Capítulo 110: Antesala

Naqam no entendía nada.

No la ciudad en ruinas, ni los cuerpos en las calles, ni el humo ni el fuego que lo cubría todo. Eso podía explicárselo el mundo; las guerras siempre encontraban una excusa.

Lo único que no lograba comprender era por qué él seguía allí.

Iston la miraba, pero no realmente.

Dudó. Apenas un parpadeo.

—…espero que podamos hablar —dijo finalmente.

No sonrió ni se quebró. Se dio la vuelta y comenzó a alejarse, su silueta perdiéndose entre el humo y diluyéndose en la ciudad rota, convirtiéndose en una sombra más entre tantas.

Iston la siguió con la mirada hasta que desapareció por completo. Cuando lo hizo, el vacío se asentó en su pecho con una calma cruel. No había rabia ni llanto, solo aceptación.

—Es muy tarde para volver a hablar… —murmuró, sin saber si se lo decía a ella o a sí mismo.

Guardó la munición y se giró para regresar junto a Abyllie, sin mirar atrás. Algunas personas no se pierden por odio ni por traición, sino porque eligen un camino donde ya no caben dos.

Abyllie despertó con un jadeo corto. El mundo volvió de golpe: el olor a humo, el ardor en la garganta, el peso del cuerpo contra el suelo frío. Parpadeó varias veces, desorientada, hasta que su mirada encontró a Iston cerca.

—Is… —intentó decir.

Su voz no respondió.

Iston se giró de inmediato.

—No —dijo con suavidad, levantando una mano para detenerla—. No hables todavía.

Se acercó y se agachó frente a ella, evaluándola rápidamente. Su respiración seguía siendo irregular.

—Primero descansa —continuó—. Recupera el aire. Después volvemos con los demás.

No fue una orden; fue una promesa.

Abyllie cerró los ojos unos segundos, obedeciendo más por agotamiento que por voluntad. Cada respiración le dolía, pero el dolor ya no era pánico; era supervivencia.

Mientras la observaba, un recuerdo cruzó la mente de Iston: la sala antes de salir, las palabras de Belial, dichas con gravedad, advirtiéndoles que no fueran donde Lucuis.

No era una advertencia, sino una certeza. Lucuis no los vería como enemigos ni como peones, sino como moneda de cambio.

Iston apretó la mandíbula al recordarlo. Belial había sido claro: si Lucuis los encontraba, los usaría, y si Zaphkiel decidía atacar, no serían un objetivo secundario, sino un problema que debía resolverse rápido.

Un estorbo.

No por debilidad, sino por existir en el lugar equivocado.

Belial también les había dejado una salida: si todo se volvía irrecuperable, si la ciudad caía por completo, si el tablero se rompía, podían volver. Esconderse, desaparecer de la línea frontal, pero no huir.

Solo no interponerse entre fuerzas que no dudarían en aplastarlos.

Iston bajó la vista hacia Abyllie. Ella respiraba mejor ahora, lento y controlado. Había peleado y había sobrevivido, pero no estaba hecha para ser usada como cebo, amenaza ni excusa.

—Todavía no —murmuró—. Aún no es nuestro momento.

Porque si Lucuis los encontraba y Zaphkiel decidía actuar, no habría advertencias. Solo decisiones tomadas muy por encima de ellos, y ninguno de los dos sobreviviría a estar en medio de eso.

Iston rompió el silencio.

—Vamos a prepararnos —dijo—. Para no ser un estorbo y para poder luchar en condiciones.

Alzó la mirada, firme, sin dureza, pero decidido.

—Si elegí este camino, no puedo resignarme a solo mirar cómo otros cargan con todo.

Abyllie lo observó unos segundos. Su respiración aún era irregular, pero ya no estaba perdida. Cuando habló, su voz fue baja, pero clara.

—Entonces lo haremos juntos.

Extendió la mano y tomó la de Iston. Sus dedos aún temblaban un poco, pero el gesto fue seguro.

—Vamos a ser más fuertes —añadió—. Lo suficiente para estar a la altura.

No sonrió; no lo necesitaba.

El momento duró poco.

—Mientras tanto —continuó—, movámonos lo que podamos. No sabemos cuándo aparecerán más problemas.

Iston negó con la cabeza.

—Aún no —respondió—. Todavía no puedes ni respirar bien, Abyllie. No puedo llevarte a ningún lado en ese estado.

Apretó ligeramente su mano antes de soltarla.

—Tenemos que esperar.

No hubo discusión, solo aceptación incómoda.

Y entonces ocurrió.

Un impacto brutal sacudió la calle.

Un cuerpo salió volando desde algún punto invisible, atravesando el humo antes de estrellarse contra la fachada ennegrecida de una casa abandonada. El muro cedió con un crujido seco, y una nube de ceniza se alzó en el aire.

Iston reaccionó al instante.

Tomó el arma y se acercó con cautela, los sentidos tensos, esperando cualquier cosa… menos eso.

Cuando el polvo se asentó, la figura quedó a la vista.

—…¿Buer?

Estaba golpeada, magullada, con cortes visibles y la ropa destrozada.

Pero respiraba.

Buer levantó la cabeza apenas. Su rostro estaba torcido por el dolor, pero sus ojos seguían afilados. Al verlo, dejó escapar una risa seca que terminó en tos.

—Cómo odio a ese maldito Avatar… —murmuró.

Con manos temblorosas pero precisas, sacó una pequeña jeringa del interior de su abrigo. La observó un segundo. Luego otra. Tres en total.

—Me quedan pocas —añadió, más para sí que para él.

Se inyectó una sin dudar. El líquido desapareció bajo la piel, y su respiración se volvió un poco más estable, aunque el cansancio persistía.

Iston se agachó frente a ella.

—¿Qué pasó? —preguntó—. ¿Cómo van Belial y Lilith contra él?

Buer cerró los ojos un segundo antes de responder, no para dramatizar, sino para reunir fuerzas.

—Siguen de pie —dijo finalmente—. Eso ya es decir mucho.

Abrió los ojos y lo miró con seriedad.

—Pero no subestimes a Zaphkiel. Ese bastardo no pelea para ganar rápido; pelea para desgastar.

El humo seguía cubriendo la ciudad, y las llamas no se apagaban.

Por primera vez, Iston entendió que el tiempo que estaban “esperando” no era descanso.

Era la antesala de algo mucho peor.

—Comencemos a movernos —dijo Iston—. Ahora necesitamos caminar.

Abyllie quiso asentir, pero su gesto se quedó a medio camino. Su respiración era irregular, como si cada inhalación tuviera que ser negociada. Aun así, dio un paso al frente.

—Estoy bien —murmuró—. Puedo seguir.

Iston la miró de reojo. No discutió, pero tampoco le creyó del todo.

—¿Y ella? —preguntó Abyllie, señalando hacia adelante.

Buer estaba en el suelo, recostada contra una pared quemada. Al notar que la observaban, levantó una mano con un movimiento lento, casi perezoso, como si quisiera restarle importancia a su estado.

Aquí estoy. —dijo, sin levantar la voz.

—¿Qué pasó? —preguntó Abyllie, acercándose un poco más—. ¿Los atacaron?

Buer dejó escapar una risa breve, sin humor.

—Nos atacaron —respondió—. Y no pudimos hacer mucho.

Iston frunció el ceño.

—Entonces estás muy herida.

—No —negó Buer.

Se incorporó apenas, apoyándose en el muro. El gesto fue firme, aunque el temblor en el brazo la delató.

—No tanto como para quedarme atrás.

Abyllie respiró hondo y dio otro paso. El movimiento le tensó el pecho, y tuvo que detenerse un segundo, apretando los dientes antes de recuperar el ritmo.

—Si vamos a movernos… —dijo—, tiene que ser ahora.

No era valentía, sino terquedad sostenida por necesidad.

Buer la observó con atención por primera vez, no con lástima, sino con reconocimiento.

—Zaphkiel no va a darnos una segunda oportunidad —añadió—. Y este lugar va a empeorar antes de mejorar.

Las llamas rugieron a lo lejos. El suelo vibró apenas, como un eco tardío de algo demasiado grande para estar cerca… o demasiado cerca para ignorarlo.

Iston ajustó el arma en sus manos.

—Entonces no nos detenemos —dijo—. Pero nadie se queda atrás.

Abyllie asintió, aunque cada paso le costaba más de lo que estaba dispuesta a admitir.

A lo lejos, el suelo vibraba con la presencia de algo más poderoso de lo que ellos imaginaban.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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