Leer Novelas
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

BENDECIDOS POR BELIAL - Capítulo 114

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. BENDECIDOS POR BELIAL
  4. Capítulo 114 - Capítulo 114: El segundo disparo
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

Capítulo 114: El segundo disparo

Belial comenzó a chocar con la criatura sin retroceder.

No era un combate elegante. Era pura resistencia.

El arma que Lilith había desprendido de su propio sello reaccionó al contacto con él. La materia oscura se estiró y se afinó, adoptando una forma que no había tenido en manos de nadie más. Para Belial, no fue una espada ni un martillo.

Fue una lanza.

Larga, pesada, diseñada para mantener la distancia. Para contener, no para ejecutar.

Cada vez que Belial la clavaba en la carne deformada, la vibración recorría el arma hasta su brazo. El impacto no hacía retroceder a la criatura, pero sí la obligaba a detenerse, a reajustarse, como si su cuerpo tuviera que recordar constantemente qué forma debía sostener.

Pero el precio se pagaba en otro lugar.

Lilith.

A cada choque, el arma emitía un pulso irregular. Las inscripciones antiguas se encendían y apagaban fuera de ritmo. El sello no estaba diseñado para un uso prolongado, mucho menos en ese estado.

Lilith sintió cómo algo cedía dentro de su pecho.

No era dolor inmediato. Era colapso.

Su cuerpo empezó a fallar en silencio: la respiración se volvió superficial, la visión se le nubló, y un hilo de sangre descendió por la comisura de sus labios. Apretó el suelo con los dedos, obligándose a no caer.

Aún no.

Belial lo sintió.

Cada grieta nueva en la lanza resonaba en su interior como una advertencia. El arma no se estaba rompiendo solo por la fuerza del enemigo.

Se estaba agotando porque Lilith lo estaba haciendo.

—Aguanta… —murmuró Belial, sin saber si hablaba para ella o para sí mismo.

La criatura respondió con un golpe brutal. La lanza resistió, pero se fragmentó en su superficie, como vidrio sometido a presión constante.

Zaphkiel permanecía, ya no con diversión.

Mientras tanto, a unos metros de distancia, Iston seguía de pie, incapaz de moverse. Todo ocurría frente a él, pero su mundo se había reducido al peso del arma en sus manos.

Entonces, la voz volvió.

—Hola, mi niño.

Iston cerró los ojos.

No había reproche en ese tono. Solo cansancio.

—Perdón —continuó la voz—. Por todo lo que hicimos. Yo… y tu madre. Por empujarte a este destino sin darte opción.

Iston apretó los dientes.

—Cállate… —susurró—. No me hables como si esto fuera inevitable.

—Lo fue —respondió la voz—. Pero lo que viene ahora no.

Iston levantó la vista. Vio a Belial retroceder un paso. Vio a Lilith inclinarse, luchando por mantenerse consciente. Vio el arma fracturarse lentamente.

—Lo importante —dijo su padre— es que salgas vivo de aquí.

La frase lo desarmó.

—Tú… Lilith… Belial… y su hija —continuó—. Ese es el destino que aún puede sostenerse.

Iston negó con la cabeza.

—¿Y Lucuis?

El silencio duró apenas un latido.

—Lucuis ya no está en juego —respondió la voz—. Zaphkiel sí.

La criatura avanzó otro paso.

—Tú eres el punto de inflexión de esta batalla, hijo —dijo su padre—. No por lo que eres, sino por lo que puedes romper.

Iston miró el cuerpo del clérigo.

Deformado. Forzado. Antinatural.

—Dispara otra vez —ordenó la voz, sin dureza—. Al cuerpo del clérigo.

El dedo de Iston tembló sobre el gatillo.

—Eso lo hará cambiar de nuevo —dijo—. Físicamente.

—Sí —respondió su padre—. Y esta vez, no será una evolución.

Zaphkiel giró la cabeza con violencia hacia Iston.

Por primera vez, su voz perdió la calma.

—No te atrevas.

La criatura dio un paso hacia él, dejando expuesta una grieta luminosa en su torso, un punto donde la energía no terminaba de estabilizarse.

La voz habló una última vez.

—Hazlo ahora. Antes de que encuentre equilibrio.

Iston respiró hondo.

No sabía si estaba salvando a todos o condenándolos de otra forma.

Pero ya no podía quedarse quieto.

El disparo resonó.

Y el cuerpo de Lucuis comenzó a cambiar otra vez.

No hacia arriba.

Hacia algo que no debía existir.

Zaphkiel perdió toda capacidad de pronunciar palabra.

No fue silencio por control. Fue silencio por quiebre.

El cuerpo dejó de obedecer cualquier voluntad consciente. La estructura que había sostenido su descenso se volvió inestable, y lo que quedaba ya no respondía a órdenes, recuerdos ni propósito.

Solo a instinto.

La evolución comenzó de inmediato.

El cuerpo humanoide se desgarró desde dentro. Los músculos se rompieron como si algo intentara escapar sin conocer límites ni forma. La piel cedió en múltiples puntos, abriéndose en capas irregulares, y una amalgama de carne expuesta, hueso y sangre azul comenzó a arrastrarse sobre sí misma.

No caminaba. Se reorganizaba.

La plaza se llenó de un sonido húmedo, visceral, como si el suelo estuviera siendo masticado.

Aquello que alguna vez tuvo rostro dejó de tenerlo.

Los rasgos se hundieron, se disolvieron, y la estructura ósea emergió torcida, incompleta, envuelta en músculo vivo que se contraía sin patrón. La sangre azul ya no fluía: emanaba, formando un miasma espeso que corroía la piedra allí donde tocaba.

El aire ardía.

Entonces, de su espalda, algo volvió a romperse.

Una segunda ala emergió.

No se desplegó. Se arrancó.

Una extensión ósea fracturada, sostenida por tendones malformados y sangre solidificada que intentaba imitar plumas. El ala colgó un instante y luego se movió, impulsando al cuerpo de manera errática, antinatural.

Belial retrocedió un paso.

No por miedo.

Por reconocimiento.

Eso ya no era un enemigo que pudiera medirse.

La criatura no rugió, no gritó, no emitió desafío alguno. Su presencia misma era la amenaza: una masa esquelética de músculo vivo, ácido y hueso, avanzando sin dirección clara pero con una certeza absoluta.

Destruir.

Lilith sintió un escalofrío recorrerle la columna.

—Eso… —murmuró— …ya no es un humano.

Ni siquiera un descendido.

La sangre ácida continuó expandiéndose, devorando símbolos, grietas y restos de la plaza. El sello de contención comenzó a reaccionar por reflejo, vibrando con violencia en manos de Belial.

Zaphkiel había perdido algo esencial.

No poder. No forma.

Había perdido identidad.

Y lo que había quedado atrás no pertenecía a ningún orden conocido.

No cielo. No infierno. No carne.

Solo una aberración nacida de forzar una existencia más allá de lo permitido.

Y todos, sin excepción, entendieron la misma verdad al mismo tiempo:

Aquello no estaba destinado a ganar.

Estaba destinado a arrastrar todo consigo.

Belial giró la cabeza.

Sus ojos se clavaron en Iston con una dureza que no necesitó alzar la voz.

—¿Qué demonios hiciste…? —dijo—. Esto es peor que todo a lo que nos hemos enfrentado antes.

No había reproche. Había alarma.

Iston no respondió.

No levantó la mirada. No explicó. No se defendió.

Simplemente alzó el arma otra vez.

El metal pesó en sus manos como una condena conocida.

Apretó el gatillo.

El disparo rompió el aire con un estruendo seco, más fuerte de lo que debería haber sido.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo