BENDECIDOS POR BELIAL - Capítulo 12
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12: Los six-pack con sentimientos 12: Los six-pack con sentimientos Después de ir a la botillería a comprar un six-pack de cervezas, me senté con Belial en la mesa del centro, la atmósfera cargada de tensión y curiosidad.
Con las latas frías en la mano, tomé un respiro profundo y comencé a relatarle todo lo que había sucedido durante la cita.
—Primero, antes de entrar a la ciudad fantasmal, Abyllie me implantó el sello —empecé, mirando a Belial a los ojos—.
Me dijo que era para protegerme de los fantasmas y preparar mi mente para lo que estaba por venir.
Me sentí un poco abrumado, pero sabía que era importante.
Belial escuchaba atentamente, su expresión cambiando entre la sorpresa y el interés.
—¿Eso fue antes de que entraran?
—preguntó, frunciendo el ceño—.
Eso es arriesgado, pero también demuestra que confía en ti.
—Sí, me explicó que el sello me ayudaría a ver lo que otros no pueden y a resistir cualquier intento de los espíritus de influenciarme —continué, sintiendo el peso de la situación—.
Una vez dentro, la ciudad era surrealista.
Las calles estaban llenas de colores vibrantes, y había un ambiente acogedor, a pesar de estar habitada por espíritus que parecían disfrutar de su existencia.
—Además, me dijo que el sello me ayudaría a abrir mi tercer ojo —agregué, sintiendo la profundidad de la conversación—.
Todo está conectado a una dimensión superior a través de la glándula pineal.
Era algo que un antiguo sabio de Providens había descubierto.
Belial asintió, dándose cuenta de que su hija había hecho una buena introducción al tema.
—Así que la introducción al poder está completa; bueno, más que completa, te explicó lo básico —dijo Belial, con un tono de preocupación en su voz—.
Mi sello es algo especial: lo asimilas o él te asimila.
—¿A qué te refieres con eso?
—preguntó Iston, confundido.
—Mi sello, en el infierno, se le conoce como la marca de la locura —respondió Belial, su expresión seria—.
Cualquiera que lo tome estará en una constante lucha con su yo interno, para ver quién toma el control.
—¿Y qué pasa si no puedo tomar el control?
—preguntó Iston, preocupado.
—El sello te devora y absorbe tus recuerdos, dándote pesadillas mientras la locura de tu ser toma el control de tu personalidad —admitió Belial, sus ojos fijos en Iston.
Tomé una cerveza y le di un trago, sintiendo cómo la burbujeante bebida ayudaba a calmar mis nervios.
La gravedad de la situación empezaba a calar hondo.
—¿Y cómo lucho contra mi yo interno para no caer en la locura?
—preguntó Iston, la ansiedad evidente en su voz.
Belial respiró hondo antes de responder.
—Primero, necesitas entender cómo te dio el sello mi hija.
Es una forma demasiado primitiva.
Normalmente, el sello se implanta de manera más suave, cuando los cuerpos y almas de las personas se conectan.
Iston, confundido, frunció el ceño.
—¿A qué te refieres con eso?
—Cuando tienen intimidad.
Por eso perdí la cabeza momentáneamente cuando me dijeron que ella te lo dio por voluntad propia.
—¿Intimidad?
—repitió Iston, procesando la información.
—Sí.
El sello puede atravesar lugares en tu cuerpo, hasta llegar a los órganos importantes y asentarse allí.
Piensa en ello como un embarazo: en un proceso normal de nueve meses, el sello nace de manera tranquila.
Pero lo que mi hija hizo fue apurar el proceso, de modo que estuvieras en “parto” hoy mismo.
—¿Entonces estás diciendo que mi organismo no lo ha asimilado del todo?
¿Que está ahí como un instinto vago?
—preguntó Iston, frunciendo el ceño mientras trataba de entender la magnitud de lo que Belial le explicaba.
Belial asintió, su expresión seria.
—Exactamente.
El sello está presente, pero tu cuerpo aún no se ha adaptado completamente a él.
Es como si estuviera esperando el momento adecuado para manifestarse por completo.
Mientras tanto, tendrás que enfrentarte a esa lucha interna hasta que tu organismo logre integrarlo.
—¿Y en qué consiste esta lucha?
¿Cómo me afecta eso al momento de entrenar el sello?
—preguntó Iston, con el ceño fruncido mientras trataba de comprender la magnitud de la situación.
Belial respiró hondo, preparándose para explicar.
—Mira, en psicología y sociología, Sigmund Freud habló del “yo” como una parte de la conciencia que podemos manejar, pero también mencionó que hay una parte de nosotros que actúa de manera impulsiva: el “ello”.
En este caso, el sello actúa como un impulso que libera tus instintos humanos reprimidos.
Iston asintió, comenzando a entender.
—¿Y eso significa que tendré que luchar contra esos impulsos?
—Exactamente —confirmó Belial—.
Vamos a tener que trabajar en tu conciencia para reprimir esos instintos.
El entrenamiento del sello no solo implica aprender a utilizar su poder, sino también a dominar lo que emerge de tu interior.
Necesitarás encontrar un equilibrio entre tu yo consciente y esos instintos que el sello puede despertar.
—¿Y cómo puedo mejorar mi conciencia para evitar todo eso?
—preguntó Iston, decidido a enfrentar el desafío, aunque la incertidumbre lo invadía.
Belial, preocupado por primera vez en la conversación, lo miró con seriedad.
—Primero, necesitamos hacerte consciente de tu “yo” como un individuo completo —comenzó Belial, su tono firme y claro—.
Esto implica un proceso que puede parecer extraño, pero es esencial.
Iston escuchó atentamente, aunque todavía se sentía confuso.
—La clave está en aceptar la locura de manera gradual y consistente.
Para ello, te recomiendo que pases un tiempo en una cámara anecoica.
—¿Cámara anecoica?
—preguntó Iston, frunciendo el ceño.
—Sí, es un espacio donde no hay sonido ni eco —explicó Belial—.
Este ambiente te permitirá confrontar tus pensamientos más profundos sin distracciones.
Es el primer paso para entenderte mejor.
—¿Y después?
—inquirió Iston, con curiosidad.
—Una vez que te sientas más en sintonía contigo mismo, comenzaremos a trabajar en las runas demoníacas y el arameo.
Estos conocimientos te ayudarán a manipular el poder del sello y a canalizarlo de manera efectiva.
Iston asintió lentamente, intentando asimilar toda la información.
—¿Y si no puedo hacerlo?
—preguntó, sintiendo una ligera ansiedad.
—No te preocupes —dijo Belial, su voz relajante—.
Es un proceso, y estaré aquí para guiarte en cada paso.
Lo importante es que te mantengas enfocado y abierto a lo que viene.
—Aparte, tengo que cuidar de mi yerno —dijo Belial, con un tono juguetón, intentando romper el hielo—.
Si no lo hago, ¿cómo vamos a tener descendencia en mi círculo infernal?
—Aún tu hija no me acepta, así que no puedo prometer nada —respondió Iston, sintiendo la presión de la situación.
—Pero el hecho de que digas que aún no te acepta me indica que, de alguna manera, sí le gustas —replicó Belial, una sonrisa traviesa asomándose en su rostro—.
Eso ya es un buen comienzo.
Los dos se reían mientras terminaban sus cervezas, el ambiente más relajado después de la conversación tensa.
—¿Y cómo estás tan seguro de que todo saldrá bien?
—preguntó Iston, mirándolo con curiosidad.
Belial sonrió, recordando tiempos pasados.
—Porque ella es igual a su madre —respondió, su voz llena de nostalgia—.
Biggi actuó de la misma manera conmigo en su momento.
—El nombre de su madre es Biggi —dijo Iston, dudando, aún asombrado—.
Es la primera vez que escucho un nombre así para un demonio.
—Es un apodo.
Su verdadero nombre es Sara —respondió Belial, una sonrisa en sus labios, como si recordara viejos tiempos—.
Era la esposa de Abraham antes de morir.
—¿La conociste?
—preguntó Iston, intrigado.
—Sí, la conocí cuando su alma llegó al infierno —continuó Belial, su mirada volviendo a ese momento del pasado.
Su voz se llenó de nostalgia—.
Siempre fue fuerte y decidida, una fuerza de la naturaleza, aunque su nombre no lo sugiera.
—Fue la primera alma humana que amé —dijo Belial, su voz cargada de tristeza—.
Pero la felicidad no dura para siempre.
Esa maldita guerra y ese trono de mierda me la quitaron.
Sus ojos se oscurecieron con el recuerdo, y la frustración se reflejaba en su rostro.
—Perdí más de lo que puedo expresar, y el peso de esa pérdida aún me persigue.
—Me centré en la ira y la frustración, dejando de lado a mi bella hija —dijo Belial, su voz temblando con emoción—.
Solo la hice sufrir mientras buscaba venganza contra el verdugo de mi mujer, Fray Lucius, quien tenía la voluntad de Zaphkie.
La rabia en sus palabras era palpable, y el peso de su culpa parecía llenar la habitación.
—Me obsesioné tanto con recuperar lo que había perdido que olvidé lo que realmente importaba: proteger a Abyllie.
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