Leer Novelas
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

BENDECIDOS POR BELIAL - Capítulo 120

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. BENDECIDOS POR BELIAL
  4. Capítulo 120 - Capítulo 120: Consecuencias
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

Capítulo 120: Consecuencias

Belial no apartó la mirada de la escena hasta que estuvo seguro de que nada más iba a romperse en ese lugar.

El silencio posterior al combate no era paz. Era agotamiento. Cuerpos que aún respiraban, heridas que no habían terminado de decidir si iban a matar o no, y una ausencia que ya se sentía más pesada que cualquier cadáver.

Entonces pensó en los que seguían vivos.

Iston yacía inconsciente, el arma aún cerca, como si incluso dormido se negara a soltarla. Lilith respiraba con dificultad; la sangre había sido contenida, pero no detenida. Y Buer…

Belial no la miró de nuevo.

No porque no pudiera, sino porque ya lo había entendido.

—Abyllie —dijo al fin, con una voz más baja de lo habitual.

Ella levantó el rostro, los ojos hinchados, el llanto aún atrapado en el pecho.

—Ve al castillo. Busca a un guardia. Al primero que encuentres. —Hizo una pausa mínima—. Necesitamos llevarlos de inmediato.

Abyllie asintió, aunque las piernas le temblaban.

—Es momento de curar lo que pueda curarse —continuó Belial—. Y llevar el cuerpo de Buer. Después veremos qué hacer.

No hubo consuelo en esas palabras. Tampoco promesas.

Solo orden.

Abyllie se dio la vuelta y corrió.

No miró atrás. No porque no quisiera, sino porque sabía que, si lo hacía, no podría seguir avanzando. El camino hacia el castillo se le hizo eterno. Cada paso retumbaba con recuerdos demasiado recientes, con voces que no se iban.

Casi al llegar, distinguió una figura armada.

Un guardia.

Era el mismo que había ido a informar cuando el ataque comenzó. Su armadura estaba manchada, el rostro tenso, como si todavía esperara otra embestida.

—¡Tú! —llamó Abyllie, con la voz rota pero firme—. Sígueme. Ahora.

El guardia no preguntó. Al verla, al reconocer quién era, entendió que las preguntas podían esperar. Giró de inmediato y la siguió de regreso.

Cuando llegaron, la escena habló por sí sola.

No hicieron falta explicaciones.

Con cuidado —demasiado cuidado para un campo de batalla— levantaron a Iston primero. Su cuerpo estaba frío, pesado, como si aún cargara el precio de lo que había usado. Luego Lilith, envuelta, sostenida como si cualquier movimiento brusco pudiera quebrarla del todo.

Por último, Buer.

No fue el peso lo que incomodó al guardia. Fue la respiración.

El cuerpo seguía vivo, pero no había respuesta. No había presencia.

Belial observó en silencio mientras la cargaban. No dijo nada. No dio instrucciones extras. Simplemente caminó delante, marcando el paso.

El trayecto de regreso al castillo no fue una retirada. Fue una marcha forzada hacia lo inevitable.

Las puertas se abrieron.

Y con ellas, comenzó otra etapa.

No de guerra.

De consecuencias.

Iston despertó de golpe.

El aire entró en sus pulmones como si acabara de salir del agua. Su cuerpo reaccionó tarde, pesado y torpe, como si no le perteneciera del todo. Intentó moverse por instinto, buscando el arma, buscando el frente, esperando el siguiente impacto.

Pero no hubo nada.

Solo silencio.

Sus ojos recorrieron la habitación con rapidez, tensos y alerta. Techo de piedra. Paredes conocidas. Antorchas apagadas. No había humo. No había gritos. No había presión en el ambiente.

Castillo.

La certeza llegó lenta, pero firme.

El conflicto había terminado.

Y con esa comprensión, algo dentro de él se apagó. No alivio. No descanso. Simplemente… cierre. En su mente, la batalla ya estaba atrás, como si hubiera sucedido en otra vida.

Giró el rostro apenas.

Entonces los vio.

Dos cuerpos, en la misma habitación.

Lilith yacía en una cama cercana, completamente vendada. El pecho subía y bajaba con dificultad, pero respiraba. Su presencia era frágil, contenida por cuidados que no alcanzaban a borrar lo cerca que había estado del final.

Más allá, separado, inmóvil.

Buer.

No había vendas. No había movimiento. No había intención de ocultar su estado.

Iston intentó incorporarse.

No por heroísmo. Por necesidad.

Necesitaba acercarse. Necesitaba confirmar. Necesitaba entender.

Pero su cuerpo no respondió.

Las fuerzas simplemente lo abandonaron. Las piernas cedieron primero, luego el torso, y cayó al suelo con un golpe seco, mucho más fuerte de lo que había imaginado. El ruido quebró la quietud de la habitación.

Pasos apresurados.

La puerta se abrió casi de inmediato.

Belial entró primero. Abyllie detrás.

Ambos se detuvieron al verlo en el suelo.

Consciente.

—¡Iston! —dijo Abyllie, corriendo hacia él.

Belial ya estaba a su lado cuando ella se arrodilló, sosteniéndole el rostro con manos temblorosas.

—Por fin despertaste… —dijo ella, la voz quebrándose—. Por fin…

Iston parpadeó, confundido.

Su mirada iba de uno a otro, intentando ordenar la información.

—¿De qué estás hablando…? —murmuró—. Si la batalla terminó hace poco.

Abyllie se quedó inmóvil.

El silencio se estiró solo un segundo, pero fue suficiente.

—No —respondió finalmente, con una suavidad que dolía—. No fue hace poco.

Iston frunció el ceño.

—¿Cuánto…?

Abyllie tragó saliva.

—Han pasado tres días.

La frase cayó con más peso que cualquier golpe recibido en combate.

Tres días.

Iston cerró los ojos un instante. No por cansancio. Por comprensión tardía.

Mientras él dormía, el mundo había seguido avanzando. Mientras él estaba inconsciente, las decisiones se habían tomado. Mientras él no estaba… alguien se había ido.

Cuando volvió a abrir los ojos, su mirada se desvió, inevitablemente, hacia el cuerpo de Buer.

No preguntó. No hizo ruido.

Porque en ese silencio, empezó a entender que la calma que había sentido al despertar no era paz.

—¿Buer… murió? —preguntó Iston.

La voz le salió rota, no por el llanto, sino por algo peor: por no estar preparado para escuchar ninguna respuesta.

Abyllie lo miró.

Abrió la boca. La cerró. Sus manos se aferraron a la tela de su ropa como si eso pudiera sostenerla. No sabía qué decirle, porque ninguna palabra era correcta.

Belial dio un paso al frente.

—No —dijo—. No como crees.

Iston levantó la vista hacia él, buscando algo firme, algo que pudiera entender.

—Entró en un estado vegetativo —continuó Belial—. Su cuerpo sigue vivo. Respira. Reacciona a estímulos básicos. Pero su conciencia… —hizo una pausa breve— no aparece en ninguna parte.

No en el plano físico. No en el espiritual. No en los márgenes donde aún quedan rastros cuando alguien se resiste a partir.

—Es como si… —Belial bajó la voz— ya no estuviera aquí.

Iston sintió el golpe con retraso.

No era muerte. No era vida. No era algo contra lo que pudiera luchar.

—Yo… —intentó decir algo, pero no encontró palabras—. No pensé que…

El shock lo atravesó por completo. Había esperado heridas, pérdidas, incluso funerales. Pero esto… esto no tenía forma. No tenía enemigo. No tenía cierre.

—¿Qué hacemos ahora? —preguntó al fin.

No sonó como una estrategia. Sonó como alguien pidiendo dirección.

Abyllie levantó la cabeza.

Sus ojos estaban enrojecidos, pero su voz, aunque frágil, fue clara.

—Esperar a que se recuperen —dijo—. Tú, Lilith… todos.

Iston asintió apenas.

—Y… —añadió ella, tragando saliva— hacer lo que ella me pidió antes de irse.

Belial giró el rostro hacia su hija.

—¿Qué te pidió?

Abyllie miró hacia el cuerpo de Buer. No se acercó. No pudo.

—Que encontrara su laboratorio —respondió—. Dijo que lo que había allí… era importante.

El silencio volvió a ocupar la habitación.

Iston cerró los ojos un segundo.

Laboratorio. Buer. Importante.

Nada de eso sonaba a despedida.

Cuando volvió a abrirlos, su mirada ya no estaba perdida. No estaba calmada. Pero había algo distinto.

Determinación cansada.

—Entonces no se fue sin dejar nada —murmuró—. Solo eligió cuándo soltar el control.

Belial no respondió.

Porque en el fondo, todos entendían lo mismo:

Si Buer había dejado algo atrás, no era una cura. No era una solución.

Era una consecuencia que todavía no estaban listos para enfrentar.

Y esta vez, no habría batalla que la resolviera.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo