BENDECIDOS POR BELIAL - Capítulo 122
- Inicio
- Todas las novelas
- BENDECIDOS POR BELIAL
- Capítulo 122 - Capítulo 122: Una semana
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
Capítulo 122: Una semana
Había pasado una semana desde el conflicto.
Lilith despertó sin sobresalto. No hubo jadeo ni confusión; solo la lenta certeza de volver a ocupar un cuerpo que aún no estaba listo para recibirla de nuevo.
Lo primero que vio fue a Buer.
Estaba frente a ella, recostada, inmóvil. Su posición no había cambiado. El rostro seguía sereno, demasiado sereno para alguien que llevaba días sin estar realmente allí. No había vendas que ocultaran su estado. No había engaño.
Lilith intentó incorporarse, pero el dolor la alcanzó antes de lograrlo. Un espasmo brutal le atravesó el costado, obligándola a doblarse sobre sí misma, con los dientes apretados para no emitir sonido alguno. No era un dolor nuevo; era uno que había estado esperando a que despertara.
—No te muevas —dijo una voz cercana.
Iston estaba a un lado de la cama. Abyllie, al otro, con vendas limpias entre las manos. Se habían detenido al notar que sus ojos ya no estaban perdidos.
—Ya despertó… —susurró Abyllie, como si temiera que decirlo en voz alta pudiera romper algo.
Antes de que Lilith pudiera responder, Abyllie salió de la habitación casi corriendo.
Lilith siguió su movimiento con la mirada. No hizo falta preguntar.
—¿Cuánto tiempo ha pasado? —dijo al fin.
Iston dudó un segundo.
—Una semana.
Lilith cerró los ojos brevemente. Cuando los abrió, su mirada volvió, inevitable, al cuerpo de Buer.
—Entonces… —murmuró— sigue igual.
Iston no esquivó la respuesta.
—Sí. El cuerpo está estable. Respira. Reacciona a estímulos básicos. Pero la medicina experimental que usó… no dejó conciencia. Solo impulsos. Es… —buscó la palabra correcta— un cascarón.
Lilith no reaccionó de inmediato. Observó a Buer en silencio, como si esperara que algo —cualquier cosa— contradijera esas palabras. No lo hizo. Solo asintió una vez, despacio.
No había sorpresa. Solo confirmación.
La puerta se abrió poco después.
Belial entró sin anunciarse.
Sus ojos fueron directamente a Lilith. No al cuerpo en la otra cama. No a Iston. A ella.
Por un instante, Lilith sostuvo su mirada con algo cercano a la ironía cansada.
—¿De verdad creíste que te ibas a deshacer de mí tan fácil, querido?
No hubo respuesta.
Belial se acercó y, sin decir palabra, la abrazó.
No fue un gesto calculado. No fue solemne. Fue inmediato.
Lilith se quedó rígida. No esperaba eso.
—Espera… —balbuceó— esto no… no era lo que quería. Bueno, sí, pero no así—
Belial se dio cuenta tarde. Se separó de golpe, como si el contacto lo hubiera sorprendido a él también. Giró el rostro, evitando mirarla.
—¿Qué tal las heridas? —preguntó, con voz controlada—. ¿Aún te cuesta moverte?
Lilith lo observó un segundo más de lo necesario. El rubor le subió al rostro sin pedir permiso.
—Sí —respondió al final, bajando la mirada—. Bastante.
El silencio volvió a instalarse en la habitación. Buer seguía respirando. Y, por primera vez desde que despertó, Lilith entendió que esa respiración no significaba regreso alguno. Solo espera.
—¿Y ahora qué decisión hay que tomar? —preguntó Lilith—. ¿O qué vamos a hacer con Buer?
La pregunta quedó suspendida en la habitación. No apuntaba a nadie en particular, pero todos supieron que les pertenecía.
Abyllie fue la primera en hablar.
—Hay un plan —dijo—. Buer me habló de esto antes de… —se detuvo— antes de perder la conciencia.
Lilith giró apenas el rostro hacia ella.
—Su habitación —continuó Abyllie—. Dijo que su laboratorio estaba oculto. Que no era visible a simple vista.
Hizo memoria, con cuidado.
—Aparece al mover un libro específico. No dijo cuál. Solo que… cuando lo encontráramos, lo sabríamos.
—¿Un laboratorio? —murmuró Iston.
—Sí —asintió Abyllie—. Dijo que había algo importante allí. Algo que no podía quedar expuesto. Algo que teníamos que encontrar.
Lilith guardó silencio. Miró nuevamente a Buer e intentó imaginarlo hablando de secretos mientras ya se preparaba para desaparecer.
—Entonces… —dijo al fin— entendiste lo que podía ser.
—No —respondió Abyllie—. Pero entendí que no era opcional.
Lilith frunció levemente el ceño.
—La pregunta real es otra —dijo—. ¿Por qué no lo han buscado aún?
Iston abrió la boca, pero fue Abyllie quien respondió.
—Porque no sabíamos qué íbamos a encontrar —dijo—. Si es una cura, necesitábamos que estuvieras despierta. Si es algo peligroso… también.
Lilith la observó con atención.
—No querían enfrentarlo sin mí.
Abyllie asintió.
—Y porque no sabíamos si tocarlo mientras estabas inconsciente era… —tragó saliva— correcto.
El silencio volvió a cerrarse.
Lilith dejó escapar una exhalación lenta.
—Entonces ya no hay razón para esperar.
Intentó moverse otra vez. El dolor respondió de inmediato, pero esta vez no la detuvo.
Belial dio un paso al frente.
—No estás en condiciones —dijo—. Apenas puedes incorporarte.
Lilith lo miró de frente.
—¿Y qué propones? —preguntó—. ¿Esperar dos semanas más hasta que pueda caminar sin dolor?
Su voz no se elevó. No hizo falta.
—Quizás para entonces —continuó— su cuerpo ya no aguante.
Belial no respondió de inmediato. La objeción era lógica. Irrefutable.
Asintió lentamente.
—Bien —dijo al fin—. Entonces iremos.
Lilith relajó apenas los hombros.
—Pero no ahora —añadió Belial—. Primero te cambian los vendajes.
Lilith asintió… y luego levantó la vista.
—Quiero que tú lo hagas.
Belial parpadeó.
—¿Qué?
—Tú —repitió—. Quiero que seas tú quien me cambie los vendajes.
Iston frunció el ceño.
—Lilith, yo puedo—
—No —la interrumpió ella, sin dureza—. Quiero que Abyllie e Iston salgan.
La habitación quedó en silencio.
Abyllie miró a su padre. Luego a Lilith.
—¿Por qué? —preguntó, con cuidado.
Lilith sostuvo la mirada de Belial.
—Porque hay algo que necesito decirle —respondió—. Y no voy a hacerlo con testigos.
Belial no se movió. No dijo que sí. No dijo que no. Solo entendió que, por primera vez desde el conflicto, no se trataba de guerra, ni de planes, ni de Buer. Se trataba de algo que había quedado pendiente entre ellos.
—Salgan —dijo finalmente.
Abyllie dudó un segundo… y obedeció. Iston la siguió sin protestar.
La puerta se cerró.
Lilith y Belial quedaron solos. Entre vendas. Entre respiraciones contenidas. Y con un cuerpo que seguía vivo, recordándoles que el tiempo no estaba de su lado.
—Primero necesito hablar contigo de tres cosas —dijo Lilith.
Belial no levantó la vista. Sus manos seguían trabajando con precisión, retirando las vendas con cuidado, como si la concentración pudiera protegerlo de lo que estaba por venir.
—La primera… —continuó ella— no sé qué hacer con mis sentimientos por ti.
Belial se detuvo.
No fue un movimiento brusco. Fue peor: una pausa absoluta, como si el tiempo hubiera tropezado.
—Me nublan el juicio —añadió Lilith—. Y no sé qué hacer para que me notes.
El silencio que siguió fue denso, incómodo, antiguo.
Belial tragó saliva. Reanudó el cambio de vendajes, pero sus manos ya no eran del todo firmes.
Por primera vez en mucho tiempo, no buscó una salida estratégica. No usó ironía. No se refugió en autoridad.
—No esperaba que eso fuera lo primero —admitió.
Lilith no respondió. No necesitaba hacerlo.
Belial exhaló lentamente.
—La verdad… —dijo al fin— es que me gustas, Lilith.
Las palabras salieron sin solemnidad. Sin épica. Como una confesión dicha tarde.
—No he podido dejar de pensar en ti desde que te fuiste —continuó—. Y cada vez que lo hago, me siento inútil. Un imbécil… por haberte dejado ir.
Lilith sintió que el mundo se detenía un segundo. Abyllie había tenido razón. Y esa certeza, lejos de tranquilizarla, la dejó en blanco.
—Pero no estamos en condiciones de desarrollar nada —dijo Lilith, obligándose a hablar—. El mundo… puede cambiar a partir de ahora. La muerte de Lucius no es un detalle menor.
Belial asintió.
—Lo sé.
Lilith no añadió nada más. En cambio, alzó la mano, tomó el rostro de Belial con decisión y lo besó.
No fue un beso contenido. Ni tímido. Fue antiguo y cansado de esperar.
—Mira, imbécil —dijo cuando se separó apenas—. He esperado esta respuesta durante más de dos mil años. No voy a esperar más.
Belial no respondió. No porque no quisiera, sino porque no podía.
Lilith se apoyó de nuevo contra la cama, respiró hondo y su tono cambió.
—Ahora viene lo más importante.
Belial volvió a escuchar. De verdad.
—Mi sello sigue intacto —dijo ella—. Pensé que se fragmentaría… que algo se rompería en mí. Pero no ocurrió.
Lo miró con seriedad.
—No estoy bien —aclaró—, pero mi alma no presenta secuelas. Al menos por ahora.
Belial frunció el ceño.
—Eso no debería ser posible…
—Lo sé —interrumpió Lilith—. Y no puedo prometer que vuelva a salir ilesa si lo hago otra vez.
Belial bajó la mirada.
—Tienes que aprender a controlar tu sello —continuó ella—. No puedes volver a empujarme a ese límite.
El silencio volvió a caer.
—Lo siento —dijo Belial—. Te llevé a ese extremo solo por ayudarme. Por evitar que yo me perdiera.
Lilith lo observó largo rato.
—Ese es el problema —respondió—. Siempre miras hacia afuera cuando el peligro eres tú.
Se incorporó con esfuerzo.
—Y eso nos lleva al tercer punto.
Belial alzó la vista.
—Tenemos que volver al Infierno.
La palabra no fue enfatizada. No hizo falta.
—¿Estás segura? —preguntó.
Lilith asintió.
—Sí —dijo—. Porque si no lo hacemos… todo va a empeorar.
No había dramatismo en su voz. Solo certeza. Y eso, para Belial, fue lo más aterrador.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com