Leer Novelas
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior

BENDECIDOS POR BELIAL - Capítulo 137

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. BENDECIDOS POR BELIAL
  4. Capítulo 137 - Capítulo 137: La Segunda Hija
Anterior
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

Capítulo 137: La Segunda Hija

No fue inmediato.

Al principio, pensé que el cuerpo estaba reaccionando como debía. Convulsiones previsibles. Respuestas exageradas, sí, pero dentro de lo tolerable. Eso fue antes de que el féretro comenzara a vibrar.

El metal no tiembla sin motivo.

El líquido reaccionó tarde. Siempre lo hace. Como si necesitara confirmar que la carne que toca sigue siendo carne. Cuando finalmente hirvió, supe que algo había salido mal. No por temperatura: por rechazo. Naqam no estaba siendo absorbida. Estaba siendo cuestionada.

Su cuerpo se arqueó con una violencia que no correspondía a un espasmo. Escuché el sonido antes de verlo: algo interno, seco, rompiéndose. La sangre empezó a brotar por las zonas abiertas, no en chorros definidos, sino filtrándose, como si la piel hubiera dejado de cumplir su función.

La sangre negra intentó mezclarse con la suya.

Falló.

La vi arrastrarse sobre su piel, buscar entradas, imponerse. Donde tocaba, la carne se ennegrecía apenas un segundo… y luego se abría. Más sangre. Más resistencia. No era una fusión. Era un forcejeo.

Sus pulmones colapsaron después.

Lo noté por el pecho. Se hundió de golpe, como si alguien le hubiera robado el aire desde dentro. La boca se abrió, pero no salió sonido. Solo sangre. Espesa. Caliente. Mi estómago comenzó a retorcerse bajo la caja torácica, estirándose de formas que no pertenecen a ningún diseño humano.

Ahí entendí que el cuerpo estaba perdiendo jerarquía.

Las piernas cedieron sin aviso.

Escuché los huesos romperse antes de verlos doblarse. Ángulos imposibles. Fragmentos perforando músculo, quedando expuestos. Cada vez que uno tocaba la sangre acumulada en el féretro, el líquido reaccionaba con violencia, oscureciendo el entorno inmediato, como si el color fuera algo que pudiera drenarse.

Todo su cuerpo comenzó a enrojecer.

No era vida.

Era sobrecarga.

Las venas se marcaron bajo la piel, latiendo con una presión que no debería existir. Alrededor del féretro, el espacio empezó a perder definición. No se apagó la luz: se fue el color.

Naqam ya no se movía por voluntad.

Cada espasmo era impuesto, ejecutado, corregido. El sufrimiento había dejado de ser caótico. Ahora seguía un patrón. Eso fue lo que más me inquietó.

El ritual no estaba fallando.

Estaba ajustándose.

Y ella…

Ella seguía viva.

No porque pudiera resistirlo.

Sino porque no se le había permitido morir.

Me giré hacia el patriarca.

No levantó la voz. No lo necesitaba. Su rostro estaba iluminado desde abajo por el reflejo oscuro del féretro, y esa luz le daba una expresión que nunca antes le había visto: no devoción, no temor… placer. Sus labios temblaban apenas mientras susurraba, como si temiera que decirlo en voz alta pudiera despertar algo demasiado pronto.

—Dios quiere descender… —murmuró—. Ella es la segunda hija.

No miraba a Naqam.

Miraba más allá.

—Ella nos guiará en la guerra por venir.

Juntó las manos con una lentitud calculada y comenzó a orar. No era una plegaria desesperada ni humilde. Era precisa. Ensayada. Como si hubiera sido repetida tantas veces que ya no necesitara fe, solo ejecución.

Ahí fue cuando algo dentro de mí se detuvo.

No fue miedo.

No fue sorpresa.

Fue la sensación exacta de haber perdido algo… y no poder señalar qué.

Observé la escena con el cuerpo rígido, incapaz de moverme. Mi mente trataba de aferrarse a una idea que se me escurría entre los dedos. Tal vez era humanidad. Tal vez fe. Tal vez la absurda necesidad de creer que todo esto tenía un límite que no sería cruzado.

No lo sabía.

Solo supe que, al verlos así, entendí que lo que yo creía observar como sacrificio… ellos lo vivían como culminación.

No vi a una elegida.

Vi a la amiga que tuve… deformándose.

No solo en carne. En significado. En propósito. En la manera en que su sufrimiento era reinterpretado como destino. Su dolor ya no le pertenecía. Había sido reclamado, bendecido, celebrado.

Y entonces miré los rostros alrededor.

Los hombres y mujeres a quienes había considerado figuras de autoridad. Guías. Custodios de algo superior. Sus ojos brillaban con una convicción que no admitía duda ni compasión. No eran benevolentes. Nunca lo fueron. Solo eran pacientes.

Actuaban bajo su propia conveniencia, envuelta en palabras antiguas y símbolos que justificaban cualquier cosa mientras el resultado les favoreciera.

El mundo que pensé pulcro, ordenado, seguro… se desmoronó sin ruido.

No era un templo.

Era una amalgama de podredumbre y pecado, barnizada con rituales para que no se notara el hedor.

Y yo estaba dentro.

No como testigo.

Como parte del círculo.

Ahí entendí la verdadera elección que se me imponía, aunque nadie la pronunciara: dar mi vida por una ética que ya no protegía a nadie… o aceptar esto, callar, y seguir mirando cómo el mundo se justificaba mientras se consumía.

No tomé una decisión en ese momento.

Pero algo en mí…

Ya había comenzado a ceder.

Su voz no llegó desde afuera.

No vibró en el aire ni alteró el silencio del recinto.

Resonó dentro de mi cabeza.

—Azrael… —dijo—. Bienvenido al círculo de la idolatría a algo que no es como crees.

No hubo burla. Tampoco consuelo.

Era una constatación, como quien señala una grieta que siempre estuvo ahí.

—Ni siquiera nosotros estamos exentos de esos pecados —continuó—. Creer que lo estamos es solo otra forma de adoración. Pero así funciona el mundo. Y nadie… absolutamente nadie… tiene el poder real para cambiarlo.

Sentí su presencia acomodarse en mis pensamientos, no invadiéndolos, sino ordenándolos. Como si hubiera esperado el momento exacto en que mis certezas estuvieran lo suficientemente debilitadas para no resistirse.

—Así que te daré un consejo —susurró—. No pienses en esto como una soga rompiéndose alrededor de tu cuello. Eso implicaría liberación. Y esto no lo es.

Hizo una pausa.

Una pausa calculada.

—Piénsalo como una oportunidad.

La palabra se deslizó con suavidad, casi amable.

—Una oportunidad para crecer. Para permitir que tu moral y tu ética se muevan… —dijo— entre esta carne podrida. Para que lleguen a donde tú quieres llegar sin que ellos lo vean.

La imagen me repugnó. No por lo que describía, sino porque tenía sentido.

—Ser recto aquí es morir rápido —añadió—. Ser flexible es sobrevivir lo suficiente para decidir qué hacer después.

Sentí la pregunta formarse antes de poder detenerla.

—¿Por qué me ayudas? —pensé—. ¿No querías que fuera solo una marioneta?

Azrael no respondió de inmediato. Cuando lo hizo, su tono cambió apenas. No a defensivo. A honesto.

—No es hipocresía —dijo—. Es pragmatismo.

Pude sentirlo asentir, como si estuviera frente a mí.

—No quiero a alguien que solo siga órdenes. Eso se rompe fácil. Se reemplaza rápido. Yo quiero una marioneta pensante. Alguien que entienda el escenario… y espere el momento adecuado.

La palabra espere quedó flotando.

—Y aún estoy esperando tu respuesta.

Entonces lo sentí: algo más grande moviéndose, no en mí, sino alrededor. Como si mi duda fuera irrelevante frente a un mecanismo que ya había comenzado a girar.

—El movimiento del tablero ya fue confirmado —dijo Azrael—. Los bandos están desplazando sus piezas. Algunas a la vista. Otras… no tanto.

Su voz se volvió casi un murmullo.

—Y tú serás una que nadie esperará.

No hubo promesa de grandeza.

No hubo destino glorioso.

Solo la certeza incómoda de que, quisiera o no, ya estaba dentro del juego.

Y por primera vez desde que todo comenzó, entendí que lo más peligroso no era perder mi moral…

Sino aprender a usarla de una forma que yo mismo no reconocería.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo