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BENDECIDOS POR BELIAL - Capítulo 146

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Capítulo 146: Salomón

Abyllie, Lilith y Belial avanzaban por el bosque con pasos medidos, los sentidos tensos como cuerdas a punto de romperse. Buscaban a Iston, y cada sonido, cada crujido, hacía que su corazón latiera con fuerza.

El eco de sus nombres recorrió las ramas y el aire húmedo del bosque, despertando a los depredadores. Criaturas desconocidas, que Belial y Lilith jamás habían visto, comenzaron a moverse desde sus escondites: ojos brillantes entre la maleza, movimientos rápidos y calculados.

Un grupo de seres extraños emergió entonces: criaturas similares a monos, de pelaje negro como carbón y ojos oscuros, que se desplazaban con agilidad por los árboles. Ramitas y hojas volaban a su alrededor, lanzadas como proyectiles, mientras los observaban con una inteligencia inquietante.

—Comiencen a juntarse —ordenó Belial, firme—. No dejaremos la espalda expuesta.

Lilith y Abyllie se movieron en formación triangular, cada paso medido, cada mirada evaluando la amenaza. Los monos arrojaban ramas con precisión, y cada golpe resonaba en el pecho de los demonios como un aviso: aquí, cualquier error podía ser mortal. Avanzaron lentamente, sintiendo la presión de cada sombra y el crujir de las ramas bajo sus pies.

Pronto llegaron a una cueva, pero lo que encontraron los dejó sin aliento: una jauría de Jatáp-Inshá, ocho en formación de pinza, cerrando el cerco. Se movían con una coordinación casi humana, conscientes de que cualquier oportunidad de escape se reducían a segundos.

—¿Qué podemos hacer? —preguntó Abyllie, sus ojos buscando desesperadamente una salida.

Lilith, en silencio por un instante, solo pudo murmurar:

—Solo podemos pelear… y rezar para que Iston esté bien.

Belial apoyó la mano en una rama cercana, y una risa corta y aguda emergió de sus labios, rememorando tiempos más oscuros.

—Sí… como la primera vez que cruzamos este bosque —dijo—. Ahora solo toca pelear.

Antes de que comenzara la confrontación, un sonido recorrió el aire, cortando la tensión. Los depredadores se congelaron, alzando la mirada hacia el cielo. Un aleteo leve, constante, se transformó en un silencio absoluto que lo llenó todo.

Y apareció.

Un búho con cuerpo de halcón descendió desde las copas de los árboles. Sus ojos amarillos ardían con un brillo que penetraba incluso en la oscuridad más densa, y su pico negro y afilado reflejaba la escasa luz del bosque. Su vuelo era silencioso, perfecto, mortal.

Se lanzó en picada hacia Belial, Lilith y Abyllie. Cada movimiento era calculado, cada respiración contenida. Se acercó lentamente a Belial, evaluando a su nueva presa. El aire se volvió ácido de tensión; incluso los monos y los Jatáp-Inshá retrocedieron, conscientes de que enfrentaban algo superior.

De pronto, un disparo cortó el aire como un relámpago. La criatura se detuvo en seco, confundida y enfadada. El silencio del bosque se rompió en un instante, y todos los ojos se volvieron hacia el origen del disparo.

—Ahora vendrá por ti —susurró una voz distante, cargada de advertencia y furia.

Iston emergió de entre las sombras, firme y decidido, con su arma aún humeante. Sus ojos se clavaron en el búho-halcón. La tensión se transformó en un instante: depredadores, monos, Jatáp-Inshá y la propia criatura dejaron de moverse, conscientes de que algo había cambiado.

El búho-halcón giró la cabeza, sus ojos amarillos fijos en Iston, midiendo, calculando. Sus alas se abrieron lentamente, como si aguardara el momento exacto para atacar. Pero algo había cambiado; Iston no era una presa fácil.

Belial, Lilith y Abyllie respiraron hondo, preparados para el choque inevitable. El bosque se cerró a su alrededor, cargado de presencias invisibles, sonidos apenas perceptibles y un aire que olía a peligro y muerte. Cada segundo contaba, y todos sabían que la verdadera cacería apenas comenzaba.

El búho-halcón se movió un paso más, su mirada fija, su vuelo controlado. Iston apretó el arma, la tensión recorriendo cada fibra de su cuerpo. El bosque, silencioso y mortal, esperaba… y en ese instante, todos comprendieron que la partida había cambiado, que sobrevivir requeriría más que fuerza: astucia, rapidez y voluntad de hierro.

El bosque parecía contener la respiración. Cada rama, cada sombra, cada hoja se movía con intención. Iston avanzaba con cautela, creyendo que estaba frente a un depredador que podía medir, un enemigo que podía estudiar y anticipar. Su corazón latía fuerte, pero creía que aún estaba cazando, que podía controlar la situación.

—¿Qué hace un elegido por Tanín-Magnum en mi bosque? —tronó la voz del Rey del Bosque, profunda y milenaria, resonando entre los árboles.

Iston se detuvo. La criatura no era un simple depredador; era la cúspide de la cadena alimentaria, un apex predator que emanaba autoridad y peligro con cada movimiento. Pero en su mente, Iston aún evaluaba: “Si entiendo sus patrones, puedo salir de esto”.

—¿Tú… puedes hablar? —susurró, sin poder ocultar el asombro.

El Rey del Bosque se acercó lentamente, evaluando cada gesto, cada respiración. Para él, Iston era una presa más, alguien que se creía valiente pero que aún no entendía la diferencia de poder. Su mirada lo examinaba como un gourmet inspecciona una delicadeza, como si ya hubiera decidido su destino.

—Si piensas que solo esas sanguijuelas podían hablar… —dijo, con un tono que rebosaba confianza—. Ahora, elegido de Tanín… ¿qué haces aquí?

Iston levantó la mano, buscando sostenerse, pero el miedo latente hizo que su poder inconsciente comenzara a surgir. El anillo en su dedo brilló primero tenue, luego más intenso, hasta inundar el bosque con luz pura y cortante.

El Rey del Bosque se detuvo en seco. Su confianza, su postura de depredador absoluto, comenzó a temblar. Cada fibra de su cuerpo percibió algo imposible: el control no estaba en él. El poder estaba en Iston.

—¿Qué…? —murmuró, incrédulo, dando un paso atrás—. ¿Qué eres tú?

Iston ni siquiera comprendía lo que estaba haciendo. No era intención ni plan; era instinto, la fuerza de Tanín-Magnum fluyendo a través de él, activándose en el momento preciso. La criatura que antes dominaba el bosque ahora sentía miedo, respeto y desconcierto, todo al mismo tiempo.

Un temblor recorrió al Rey del Bosque. Sus alas se agitaron, no con furia sino con incertidumbre. Su pico se abrió, y su cuerpo entero, la misma presencia que había aterrado a incontables criaturas y demonios, tembló como un polluelo recién salido del cascarón.

Iston levantó la mano y sostuvo la mirada del Rey del Bosque. No necesitaba palabras. La luz del anillo y la presión que emanaba dejaban claro algo imposible de ignorar: él no era la presa, él era el poder absoluto en ese instante.

El bosque guardó silencio. Los monos negros, los Jatáp-Inshá, los Rir-Caenum, incluso las sombras más antiguas del lugar parecían contener la respiración. Todos sabían que algo había cambiado.

El Rey del Bosque retrocedió, comprendiendo la verdad: había venido a cazar, pero ahora se hallaba frente a un ser que superaba su propia cima. La arrogancia que lo mantenía en la cúspide se desmoronó, reemplazada por la claridad absoluta de que Iston, la presa que él creía era el verdadero amo del juego.

Y en ese instante, un nombre surgió en la mente del Rey del Bosque, un recuerdo de respeto y temor ancestral:

—Salomon… —susurró, incapaz de apartar la mirada.

Iston respiró hondo, sin necesidad de pronunciar palabras, sin necesidad de atacar. La luz del anillo brillaba, y el bosque entero parecía inclinarse ante él. La caza había terminado antes de empezar.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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