BENDECIDOS POR BELIAL - Capítulo 159
- Inicio
- Todas las novelas
- BENDECIDOS POR BELIAL
- Capítulo 159 - Capítulo 159: Var’keth
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
Capítulo 159: Var’keth
La prisión tribal olía a tierra húmeda y madera vieja. Afuera, los tambores seguían sonando, pero ya no como consulta; ahora eran un pulso fijo, como si el pueblo entero respirara al mismo ritmo.
Dalah se quedó de pie junto a la puerta, sin entrar del todo. No necesitaba hacerlo. La palabra que traía bastaba.
—El Rosh exige juicio —dijo al fin.
Iston sintió que el aire se comprimía en su pecho.
Dalah tragó saliva.
—Y exige disculpas. De los señores demonios presentes. Por la historia. Por las cicatrices de su vida… por el exterminio de nuestro pueblo durante la conquista.
Abyllie quedó inmóvil. No por miedo, sino por el peso de esa exigencia, que la obligaba a cargar con una culpa antigua como si fuera propia.
Belial fue el primero en moverse. No dio un paso, pero su postura cambió. El traje seguía impecable, pero la voz no.
—Entonces… ¿me estás diciendo que quiere que nos hagamos responsables de algo que no se hizo bajo nuestras órdenes? —preguntó, sin teatralidad—. ¿Por qué necesita mantener su orgullo como jefe?
Dalah lo miró con un profundo pesar, como si esa pregunta ya hubiera sido planteada mil veces en su historia y siempre doliera igual.
—No es orgullo —susurró. Es supervivencia. Un líder no puede permitir que su pueblo sienta que la herida quedó sin respuesta. Pero… sí. Lo que pide… no es justo para ustedes.
Lilith, apoyada contra la pared, habló con calma.
—No es justo. Pero es lógico. Las víctimas no distinguen jerarquías cuando el dolor viene con el mismo rostro.
Belial giró lentamente hacia ella.
—No soy Paimon.
—Lo sé —respondió Lilith. Pero el sistema que lo dejó existir… también tenía tu sello.
Abyllie apretó los dedos contra su propio brazo, con la mirada oscilando entre el suelo y el rostro de Iston. Había algo peligroso en ese momento: si Belial se defendía con rabia, el juicio se convertiría en guerra.
Belial volvió a mirar a Dalah. No como rey, sino como alguien que era juzgado por una sombra que no era suya.
—Dalah… dime una cosa sin adornos —dijo. ¿Hay algo que podamos solicitar para mantener nuestra honra y alegar el juicio de tu abuelo?
Dalah se quedó callada. Los segundos pesaron.
Finalmente, habló.
—Sí… hay algo. Pero yo tengo que participar como intérprete. Sin traducción, no existe legitimidad. Y si el Rosh acepta, se puede pedir un Var’keth.
Iston levantó la vista.
—¿Var’keth?
Dalah asintió.
—Un duelo por honra. Se invoca cuando alguien considera que su nombre fue manchado por mentiras difundidas en la tribu o por imputaciones injustas. No borra el daño… pero separa responsabilidades.
Belial respiró hondo, como si esa palabra fuera el único camino que no lo obligaba a mentirse a sí mismo.
—Eso es lo que necesito.
Lilith frunció apenas el ceño.
—Un duelo no es justicia.
—No —respondió Belial. Es un límite. Si debo cargar con el peso histórico, que sea por el sistema… no por un crimen ajeno.
Dalah bajó la mirada.
—Hay un problema.
Belial no dijo nada. Esperó.
Dalah lo sostuvo con firmeza.
—Solo puede pelear uno que no tenga linaje directo contigo ni con Lilith. Porque ustedes son señores demonios… y aquí son interpretados como realeza. Como dominación viva.
Abyllie dio un paso adelante, rápido.
—Yo puedo pelear por mi padre.
Dalah negó sin dudar.
—No puedes.
Abyllie se tensó.
—¿Por qué?
Dalah respiró hondo.
—Porque eres su hija. Y tu estatus es de princesa. El Var’keth exige que no se requiera un estatus nobiliario en el desafío. Si tú peleas… el pueblo lo verá como la continuidad de los antiguos designios. Como si el mismo orden de conquista todavía existiera. Y entonces… nunca los perdonarán, ni siquiera si ganan.
Abyllie apretó los dientes. No era capricho esta vez; era rabia impotente.
Lilith habló con calma cortante.
—Entonces pelearé yo.
Dalah la miró con dureza.
—Tampoco.
Lilith no se alteró.
—¿Por qué no?
—Porque eres otra señora demonio —respondió Dalah. Tu sola presencia en el círculo sería interpretada como una imposición. El Var’keth no es un combate. Es un símbolo. Y ustedes… son símbolos de lo que nos destruyó.
Silencio.
Abyllie miró a Iston como si ya supiera lo que ocurriría.
Dalah añadió, con una verdad amarga:
—Además… nadie en el pueblo va a querer ser su representante. No para defender la honra de un señor infernal. No con lo que recuerdan.
Iston dio un paso al frente. No fue teatral. Fue inevitable.
—Entonces me tocará a mí realizar ese duelo.
Abyllie lo miró como si hubiera pronunciado una sentencia.
—Tú… —su voz salió más baja—. En tu vida pelearon una batalla real y fue en la ciudad fantasmal. No sabemos cómo pelean los tribales. Puedes morir. De verdad.
Iston no apartó la vista.
—Pero soy el único que puede pelear en su honor.
Belial lo observó como si quisiera decirle que no. Que no debía. Que era demasiado.
Pero el orgullo no le dejaba mentir: necesitaban un representante que el pueblo no odiara por existir.
Abyllie respiró hondo.
—Yo tengo entrenamiento militar —dijo, mirándolo con dureza. Puedo enseñarte a defenderte. A moverte. A sostenerte. Con el armamento que tenga la tribu.
Iston asintió y luego añadió, casi como si quisiera encontrar una salida rápida:
—O puedo usar el arma de mi padre… el Incauto.
Belial lo negó de inmediato. Rotundo.
—No.
Iston frunció el ceño.
Belial dio un paso adelante.
—No sabemos qué puede generar aquí la pólvora. No sabemos qué reacciona ante la energía del territorio. Y no sabemos qué entidad podrías provocar si disparas a un demonio… o, peor aún, a un tribal que es una mezcla de razas y memorias. Un disparo podría convertir el Var’keth en una masacre.
Iston tragó saliva.
Asintió.
—Entonces enséñenme a pelear.
Lilith lo observó como si evaluara una pieza crítica de ajedrez.
—No a ganar —dijo. A no romperte.
Iston miró a Dalah.
—¿Cuándo tenemos el juicio?
Dalah respiró hondo.
—Dentro de tres días.
Tres días.
Iston miró a los tres: Abyllie, Lilith, Belial.
—¿Creen que sea suficiente… para poder defenderme solo?
Belial lo pensó un momento.
Y por primera vez desde que la Era Oscura había sido nombrada, sonrió.
No con burla.
Con certeza.
—Sí. Es más que suficiente.
Abyllie frunció el ceño.
—¿Qué planeas?
Belial habló despacio.
—Empezaremos el entrenamiento en la sala de aislamiento sensorial.
Lilith elevó una ceja.
—¿Vas a usar eso aquí?
—Sí —dijo Belial. Te entrenaré para moverte con fluidez en un ambiente líquido. Sin estabilidad. Sin referencia. Sin suelo confiable.
Iston sostuvo su mirada.
—¿Y eso me ayudará contra un guerrero tribal?
Belial asintió.
—Si aprendes a sostenerte cuando el mundo no tiene piso… podrás sostenerte cuando un hombre intente derribarte con intención real.
Abyllie lo miró con una seriedad nueva.
—Tres días… —susurró. Entonces no dormiremos.
Iston respiró hondo.
No había heroísmo en su pecho.
Solo peso.
—Entonces ya tenemos un plan para el juicio —dijo. Solo queda desarrollarlo.
Belial lo miró durante un instante más de lo necesario.
—No —corrigió con suavidad extraña—. Solo queda sobrevivirlo.
Y el tambor afuera volvió a sonar.
Como si el pueblo entero ya supiera que la honra se decide donde la palabra se rompe… y la carne habla.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com