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BENDECIDOS POR BELIAL - Capítulo 160

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  4. Capítulo 160 - Capítulo 160: Libre albedrío
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Capítulo 160: Libre albedrío

—Entonces nos moveremos.

Belial dibujó un círculo con el dedo sobre la tierra húmeda.

—Entraremos en mi mente.

Lilith lo miró en silencio.

—¿Estás seguro?

Belial no respondió de inmediato.

—Si abrimos un portal físico, nos rastrearán. Y si nos rastrean aquí… Abyllie y Lilith serán el primer objetivo.

Iston asintió de nuevo.

—Así que entrenaremos sin movernos.

Dibujó un círculo en el suelo de la prisión con un fragmento de carbón. No era un círculo perfecto, sino una arquitectura de runas de aislamiento, sellos de desconexión, marcas que no abrían puertas… sino que cerraban el mundo.

—La sala de aislamiento sensorial no es un lugar —dijo Belial. Es un recuerdo. Y los recuerdos pueden ser invocados.

Lilith observaba en silencio, mientras Abyllie no apartaba los ojos de Iston.

—Te conectarás a mi mente —continuó Belial—. Lo que veas no lo comentarás con nadie.

Iston sostuvo su mirada.

—¿Ni siquiera contigo?

Belial lo observó durante unos segundos.

—Especialmente conmigo.

Silencio.

—Eres el único que tendrá este privilegio, Iston. Así que prepárate. El entrenamiento será duro.

Tardaron dos horas en completar el círculo.

Cuando terminaron, Belial se sentó en el centro, con Iston frente a él.

—Extiende tu brazo.

Las palmas se tocaron. La piel de Belial estaba fría.

—Repite mis palabras.

Ambos hablaron al unísono:

“Tibi licentiam ingrediendi concedo; hunc iter suscipio.”

Las runas vibraron.

No hubo luz.

Hubo ausencia.

El vacío no era oscuridad, sino pura ausencia.

Iston no cayó hacia abajo; cayó hacia adentro.

Primero sintió frío, luego presión y, finalmente, silencio absoluto.

Cuando abrió los ojos, no estaba en un espacio abstracto.

Estaba en un pasillo.

Recto. Perfecto. Artificial.

Las paredes eran blancas, no de un blanco natural, sino de un blanco clínico. Sin textura, sin imperfecciones.

La mente de Belial no es caos, pensó Iston. Es orden. Demasiado orden.

Caminó.

Las puertas estaban numeradas. No con palabras, sino con códigos.

Algunas estaban selladas; otras vibraban levemente.

Una estaba entreabierta.

La luz blanca escapaba por la rendija.

Demasiado blanca.

Iston sintió que no debía entrar, pero lo hizo de todos modos.

El espacio era inmenso.

No como un salón, sino como una catedral. Pero en vez de vitrales, había cápsulas.

Cientos. Miles.

Suspendidas en líquido translúcido.

Cada una está marcada con una placa metálica.

Iston se acercó a la más cercana.

L1L1Th.

Dentro, un cuerpo femenino flotaba en formación.

No era una copia exacta. Era un prototipo.

La estructura ósea ya definida, el rostro incompleto pero inconfundible.

No puede ser…

Retrocedió y se giró hacia otra cápsula.

LvC1F3R.

Un cuerpo masculino en posición fetal.

Más desarrollado.

Tubos conectados al cráneo.

Un fluido espeso ingresando lentamente por una válvula marcada como:

APPLE.

El nombre lo golpeó más fuerte que cualquier imagen.

Apple.

Conocimiento.

Fruta prohibida.

Libre albedrío.

Iston sintió un vacío en el estómago.

—No… —susurró para sí mismo.

Se movió más rápido.

Más códigos.

Más nombres.

Algunos incompletos, otros tachados.

En el fondo del laboratorio, una figura caminaba entre las cápsulas.

Bata blanca. Guantes oscuros.

La placa brillaba bajo la luz:

B3L14L.

El rostro era el mismo.

Pero sin ironía.

Sin teatralidad.

Sin paciencia calculada.

Era frío.

Analítico.

El científico se detuvo frente a la cápsula de Lucifer.

Observó los datos flotando en pantallas translúcidas.

—Iteración estable —murmuró. Conciencia implantada. Voluntad en desarrollo.

Iston sintió que algo dentro de él se fracturaba.

No.

Los ángeles no fueron creados así.

Son criaturas de Dios.

Son emanación del cielo.

Son lo que siempre nos dijeron que eran.

¿Y si no?

¿Y si fueron diseñados?

¿Y si la guerra no comenzó en el cielo… sino aquí?

El científico levantó una jeringa llena del compuesto etiquetado como APPLE.

El líquido tenía un brillo extraño. No luminoso, sino vivo.

Lo inyectó en la cápsula.

El cuerpo dentro convulsionó.

Los ojos se abrieron.

No con inocencia.

Con conciencia.

Iston retrocedió un paso.

Su mente intentaba rechazar lo que veía.

Esto es una metáfora.

Esto es un símbolo.

Esto no es literal.

Pero el laboratorio no se sentía simbólico.

Se sentía histórico.

Miró sus propias manos.

Temblaban.

Si Belial hizo esto…

Entonces no fue solo rey.

Fue arquitecto.

¿Arquitecto de qué?

¿Un ejército?

¿Un error?

¿Una rebelión inevitable?

El científico giró ligeramente el rostro.

Por un segundo, pareció mirar directamente a Iston.

No lo vio.

Pero casi.

Y eso fue peor.

Iston sintió una presión en la cabeza.

Demasiada información.

Demasiada ruptura.

¿Abyllie… también?

Miró de nuevo la cápsula L1L1Th.

¿Ella es creación… o evolución?

¿Qué es natural en este universo?

La idea se formó antes de que pudiera detenerla:

¿Y yo?

El laboratorio comenzó a vibrar.

Las luces parpadearon.

Las cápsulas agrietaron el vidrio.

El sonido fue agudo, insoportable.

La realidad se dobló.

Y entonces—

Una mano lo agarró de los hombros con fuerza brutal.

El laboratorio desapareció.

El suelo volvió a ser líquido.

Belial lo sostenía.

No con furia.

Sino con miedo.

—Olvida lo que viste.

Iston respiraba con dificultad.

—¿Eso fue real?

Belial no respondió de inmediato.

—Algunas verdades… no sostienen el mundo. Lo fracturan.

Iston lo miró.

No como discípulo.

Sino como juez.

—¿Tú los creaste?

Silencio.

El líquido alrededor comenzó a ondular con violencia.

—No entiendes el contexto —dijo Belial.

—Entonces explícamelo.

—No.

La palabra fue más dura que cualquier golpe.

Iston sintió algo nuevo.

No rabia.

Inseguridad.

Si esto es verdad…

Entonces, la guerra no fue una traición divina.

Fue una rebelión contra el diseño.

Y eso lo aterraba más que cualquier demonio.

Belial lo soltó.

Su mirada ya no era soberana.

Era cargada.

—Este entrenamiento no es para que juzgues mi pasado. Es para que sobrevivas.

Iston tragó saliva.

Pero su mente no estaba en el duelo.

Estaba en las cápsulas.

En el líquido.

En el compuesto llamado APPLE.

¿Qué es el conocimiento cuando no nace… sino que se implanta?

El suelo desapareció.

La gravedad cambió.

El primer impacto llegó sin aviso.

Y esta vez, Iston no estaba preparado.

No, porque no podía pelear.

Sino porque acababa de descubrir que el cielo… quizás nunca fue cielo.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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