BENDECIDOS POR BELIAL - Capítulo 161
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Capítulo 161: El Error del Creador
Iston no apartó la mirada.
—Entonces… ¿qué fue lo que vi?
Belial tardó en responder, no porque no supiera, sino porque elegir las palabras era más peligroso que el recuerdo.
—Técnicamente… no soy yo —dijo al fin. Pero tampoco puedo negar que lo sea.
Iston frunció el ceño mientras Belial caminaba unos pasos en la oscuridad líquida.
—Dios no creó individuos. Creó líneas. Versiones. Generaciones. Cada una conectada a una mente común, una red. Si uno fallaba, otro ocupaba su lugar.
Iston sintió un frío distinto al del líquido.
—¿Una mente colmena?
Belial asintió apenas.
—Yo pertenezco a la última generación de esa línea: B3L14Lv20.
La forma en que lo dijo no fue orgullosa, sino cansada.
—Nos dieron mayor libre albedrío. Fue un error de nuestro creador. Creyó que así tendríamos un mayor impacto en la humanidad que deseaba moldear.
Iston recordó el laboratorio, la jeringa y el nombre APPLE.
—¿La fórmula…?
Belial cerró los ojos un instante.
—APPLE era un compuesto. Una ampliación del libre albedrío, robada a los Leuvar. Una raza anterior. Más antigua. Más libre.
Iston sintió que cada palabra abría otra grieta.
—¿Entonces ustedes no eran ángeles… sino prototipos?
Belial lo miró.
—Éramos funciones.
Silencio.
—Modelos antiguos —continuó—. Cuando surgieron los nuevos Tronos, nuestras funciones se volvieron obsoletas. Demasiado independientes, demasiado… impredecibles.
Iston entendió antes de que lo dijera.
—El diluvio.
Belial asintió.
—No fue solo castigo humano. Fue erradicación. Intento borrar nuestra línea por traición.
La palabra “traición” sonó incompleta.
—Yo fui el único que escapó —dijo Belial. Los demás fueron eliminados. No por error. A sangre fría.
Iston no habló.
—La mente colmena murió con ellos. Solo quedaron fragmentos. Recuerdos heredados. Lo que viste… pertenece a una generación anterior. No es mi experiencia directa.
Iston bajó la mirada.
—Invadí algo que no era mío.
Belial lo observó. Por primera vez, no había soberbia.
—No te culpo.
Iston respiró hondo.
—Lo siento.
Belial sostuvo la mirada unos segundos y luego asintió.
Eso fue todo.
Belial dio un paso atrás.
—Ahora entrenaremos.
El suelo comenzó a hundirse, no como caída, sino como inmersión. Los cuerpos de ambos descendieron lentamente en una masa negra y espesa.
Iston abrió la boca para hablar, pero el líquido lo cubrió todo.
No era agua.
Era más denso, más pesado.
No podía ver más allá de su propia mano.
—Aquí no hay luz —dijo la voz de Belial, resonando en su mente. No la necesitarás.
Iston intentó orientarse.
No había arriba ni abajo.
Solo presión.
—Aprenderás a esquivar sin depender de la vista.
Antes de que pudiera preguntar cómo—
Un impacto seco le dio en las costillas.
El dolor explotó.
El líquido amplificó la vibración en su cuerpo.
Iston se retorció.
—Levántate —ordenó Belial. El guerrero no tendrá piedad como yo.
Otro golpe, esta vez en la espalda.
Iston perdió la orientación e intentó respirar.
El líquido no ahogaba, pero confundía.
—Escucha el movimiento —dijo Belial. No el sonido. La resistencia.
Iston cerró los ojos.
Inútil.
Ya no había nada que ver.
Sintió una vibración distinta en el líquido.
Giró.
Demasiado tarde.
Golpe en el abdomen.
El dolor era real.
—Otra vez.
Golpe.
—Otra vez.
Golpe.
Iston comenzó a entender algo.
Cada movimiento generaba una onda mínima.
El líquido se movía antes del impacto.
Una fracción de segundo, apenas perceptible.
Intentó girar antes.
Recibió el golpe igual, pero menos fuerte.
Belial observaba desde la oscuridad.
—Bien.
Iston escupió sangre que no flotó, sino que se disolvió en el negro.
—Aún no.
Belial sonrió apenas.
—Ahora aumentaremos la intensidad.
El líquido vibró.
Esta vez, el impacto fue más prolongado.
No puño, sino palo.
La resistencia cambió.
El golpe arrastró.
Iston apenas logró mover el torso.
El palo pasó rozándolo.
El siguiente no.
Dolor en el hombro.
—El arma extiende el alcance —dijo Belial. Si no entiendes la longitud… morirás antes de tocarla.
Iston respiraba con dificultad.
—Otra vez.
El palo cortó el líquido.
Iston sintió la onda.
Giró.
El golpe pasó rozándole el costado.
Belial habló con satisfacción contenida.
—Si antes de los tres días logras esquivar sin ver… te enseñaré la lanza.
Otro impacto.
Más fuerte.
—Porque no pelearás con fuerza.
Golpe.
—Pelearás con espacio.
Golpe.
—Y el espacio… se siente antes de verse.
Iston ya no pensaba en el laboratorio.
No pensaba en APPLE.
No pensaba en generaciones.
Pensaba en sobrevivir al siguiente segundo.
Y por primera vez—
Esquivó completamente.
Belial detuvo el siguiente golpe.
En la oscuridad líquida, sonrió.
—Ahora empieza el entrenamiento real.
El círculo de runas seguía vibrando apenas, como si respirara.
Dentro, Belial e Iston no se movían, pero la energía a su alrededor era densa.
Dalah mantenía los brazos cruzados, no por frío, sino por distancia.
—¿Siempre es así? —Preguntó sin mirar a las dos demonias. ¿Tan… silencioso?
Lilith respondió primero.
—Cuando Belial decide enseñar algo importante, sí.
Abyllie no apartaba la vista del círculo.
—No está enseñando —dijo en voz baja. Lo está rompiendo.
Dalah la miró.
—¿Rompiendo?
Abyllie tardó en responder.
—Desmontando sus reflejos. Sus certezas. Sus límites. Mi padre no entrena cuerpos. Entrena estructuras.
Lilith sonrió apenas.
—Y luego las reconstruye.
Dalah bajó la mirada al suelo de tierra.
—Eso suena peligroso.
—Lo es —respondió Lilith sin suavidad.
Un leve pulso recorrió el círculo.
La tierra vibró bajo sus pies.
Dalah dio un paso atrás instintivamente.
—¿Puede morir ahí dentro?
Abyllie respondió sin vacilar.
—No físicamente.
Silencio.
Lilith completó la frase.
—Pero puede salir distinto.
Dalah observó a Abyllie con más atención.
—¿Y tú estás de acuerdo con eso?
Abyllie sostuvo la mirada.
—Estoy de acuerdo en que sobreviva al Var’keth.
—No fue eso lo que pregunté.
El aire se tensó.
Abyllie desvió la mirada hacia el círculo.
—No puedo pelear por mi padre —dijo finalmente. No puedo representar su honor. Pero puedo asegurarme de que Iston no muera por él.
Dalah inclinó la cabeza.
—Eso no suena como deber.
Lilith intervino antes de que Abyllie respondiera.
—No lo es.
Silencio.
Dalah volvió a observar el círculo.
—Mi abuelo cree que ustedes representan un sistema que nos destruyó.
Lilith no se ofendió.
—Lo representamos.
Dalah la miró, sorprendida por su honestidad.
—¿Y no te pesa?
Lilith sostuvo la mirada sin parpadear.
—Pesa, pero no me define.
Abyllie apretó ligeramente los dedos.
—Mi padre no fue quien ejecutó a tu pueblo.
—Pero fue parte del orden que lo permitió —respondió Dalah sin agresividad.
Nadie discutió eso.
El círculo vibró con mayor intensidad.
Un sonido sordo atravesó la tierra.
Dalah cerró los ojos un instante.
—Si Iston muere… —dijo en voz baja—, mi pueblo creerá que la justicia fue hecha.
Abyllie la miró con dureza.
—Y si vive…
Dalah abrió los ojos.
—Entonces tal vez empezaremos a creer que la historia puede cambiar.
Lilith observó a ambas.
—La historia nunca cambia —dijo con calma. Solo cambia quien la escribe.
Silencio.
Dalah miró a Abyllie.
—¿Le tienes miedo al duelo?
Abyllie negó.
—No.
Dalah sostuvo la mirada un segundo más.
—Le tienes miedo a perderlo.
Esta vez, Abyllie no respondió.
El círculo volvió a vibrar, más fuerte, como si algo dentro acabara de impactar.
Lilith exhaló suavemente.
—Ya empezó.
Dalah miró el símbolo trazado en la tierra.
Y por primera vez desde que los encerraron…
No estaba segura de quién realmente estaba siendo juzgado.
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