BENDECIDOS POR BELIAL - Capítulo 163
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Capítulo 163: La Sombra del Amanecer
El círculo terminó de apagarse y el aire volvió a sentirse pesado. Iston cayó hacia adelante, sus manos apenas rozando la tierra antes de que el peso lo venciera.
Abyllie llegó primero. Se arrodilló sin mirar a nadie más y apoyó la palma en el pecho de Iston, sintiendo el ritmo irregular bajo sus dedos.
—Respira —dijo, inclinándose sobre él mientras apartaba el cabello pegado a su frente.
Iston inhaló con dificultad. La sangre manchaba la tierra bajo su mejilla.
Dalah se acercó por el otro lado, evaluando el ángulo del hombro sin tocarlo todavía.
—Está fuera —murmuró, observando la tensión en la clavícula.
Abyllie levantó la vista hacia ella sin apartar la mano del pecho de Iston.
—Hazlo —dijo, retirándose apenas para darle espacio.
Dalah ajustó la articulación con un movimiento limpio. El sonido seco quebró el silencio.
Iston apretó la mandíbula y clavó los dedos en la tierra. No gritó.
Cuando abrió los ojos, su mirada buscó a Belial, que estaba de pie, inmóvil, sosteniendo esa mirada mientras entrelazaba los brazos detrás de la espalda. Algo en la quietud de Iston lo hizo tensarse apenas. Esa pausa antes de reaccionar, esa forma de observar sin preguntar.
Belial sintió un recuerdo que cruzó la mente como una fisura. Un ángel que miraba igual, justo antes de decidir.
Desvió la mirada hacia el suelo.
—Mañana será peor —dijo, ajustando el cuello de su chaqueta sin mirar directamente a Iston.
Iston apoyó la espalda contra la madera y levantó el mentón, respirando con dificultad.
—Entonces mañana estaré más atento —respondió, limpiándose la sangre del labio con el dorso de la mano.
Belial lo observó en silencio, atento. No dijo más fuerte ni más rápido.
Lilith se acercó un paso, apoyando el peso en una pierna y cruzando los brazos.
—No te gusta —dijo, inclinando levemente la cabeza mientras estudiaba el perfil de Belial.
Belial mantuvo la vista fija en Iston.
—Se adapta demasiado rápido —respondió, flexionando apenas los dedos como si midiera algo invisible.
Lilith lo observó unos segundos más, buscando una fisura.
—Eso era lo que querías —dijo finalmente, descruzando los brazos con lentitud.
Belial no la miró.
—No de esta manera —añadió, con la mandíbula apenas tensa.
Lilith guardó silencio. No estaba segura de qué había visto en su expresión, pero no preguntó.
Dalah ayudó a Iston a incorporarse, sosteniéndolo por el antebrazo mientras él intentaba apoyar el peso en la rodilla.
—Despacio —dijo, ajustando el agarre cuando sintió que la pierna fallaba.
Iston intentó apartarse.
—Estoy bien —murmuró, aunque el aire todavía le dolía al entrar.
Abyllie dio un paso adelante, colocando la mano en la espalda de Iston para sostenerlo también.
—No lo estás —dijo, sin apartar la vista de su rostro.
Dalah soltó el brazo con naturalidad y retrocedió medio paso.
—Si llega roto, no importa lo que haya aprendido —dijo, observando la respiración irregular de Iston.
Abyllie levantó la vista hacia ella.
—No se está rompiendo —respondió, apretando la mano contra la espalda de Iston como si pudiera afirmarlo con presión.
Iston miró a Abyllie.
—No me estoy rompiendo —repitió, sosteniendo su mirada mientras ajustaba el equilibrio por sí mismo.
Belial lo observó hacer ese ajuste. No fue fuerza, sino corrección mínima, una economía de movimiento. Lucifer también había reducido sus gestos así.
Belial entrelazó los dedos detrás de la espalda con más fuerza.
—No intentes predecirme —dijo, clavando los ojos en Iston mientras daba un paso hacia él.
Iston levantó el mentón.
—No lo hago —respondió, apoyando el peso en la pierna sana sin perder la mirada.
Belial sostuvo ese intercambio y comprendió que no estaba intentando copiarlo, sino integrándolo. Eso era lo que lo inquietaba.
Lilith se movió ligeramente para quedar entre Belial y el resto, observando el silencio que se había formado.
—Te preocupa —dijo, dejando caer los brazos a los costados mientras medía la reacción.
Belial no respondió de inmediato. Miró a Iston una vez más, ese brillo en los ojos, esa pausa antes de hablar. Lucifer había tenido esa misma pausa.
Belial respiró hondo.
—No —dijo finalmente, girándose apenas para romper el contacto visual.
Lilith lo estudió. No insistió. No estaba segura de qué estaba ocurriendo, pero algo no encajaba.
Abyllie permanecía junto a Iston, sintiendo la tensión en su propio pecho mientras lo ayudaba a sentarse con más firmeza contra la columna.
¿Por qué me altera esto? No había nada indebido en los gestos de Dalah. Nada que reclamar. Y aun así, cuando la vio sostenerlo antes que ella, algo se cerró dentro. Ridículo. Está herido. Eso es todo.
Iston volvió a mirar a Belial. No como alumno, no como hijo, sino como si midiera la distancia exacta entre intención y movimiento.
Belial sostuvo la mirada por última vez y supo, sin decirlo, que había visto esa evolución antes y que no siempre terminaba en obediencia.
El tambor tribal sonó a lo lejos, marcando el tiempo.
Iston cerró los ojos un instante y luego los abrió con una calma distinta, más instintiva, menos reflexiva.
Abyllie lo miró y comprendió algo que no sabía cómo nombrar. No temía que perdiera el duelo; temía que cambiara demasiado. Y que cuando eso ocurriera… ya no supiera cómo alcanzarlo.
La noche cayó sin ceremonia. El tambor había cesado. Iston dormía apoyado contra la madera, la respiración más estable que horas antes. La herida del hombro ya no sangraba.
Abyllie permanecía despierta, sentada a pocos pasos de él, observándolo. No sabía cuánto tiempo llevaba así.
Dalah regresó con un recipiente de agua y algunas hierbas trituradas. Se agachó junto a Iston con naturalidad, humedeciendo un paño antes de limpiar con cuidado la sangre seca de su cuello.
Abyllie la miró en silencio.
—Ya está limpio —dijo finalmente, cruzando los brazos mientras mantenía la espalda recta.
Dalah no levantó la vista.
—La sangre atrae infección —respondió, presionando el paño con precisión controlada.
Abyllie se puso de pie.
—No es tu responsabilidad.
Dalah dejó el paño en el recipiente y ahora sí la miró.
—Lo trajeron como representante —dijo, incorporándose con calma—. Si se rompe antes del duelo, el juicio pierde sentido.
Abyllie sostuvo su mirada.
—No necesitas cuidarlo tanto.
Dalah inclinó apenas la cabeza.
—Soy así con él por el trato.
Abyllie frunció el ceño.
—¿Qué trato?
Dalah recogió el recipiente sin prisa.
—Quiero estudiar la nueva especie que encontré en el bosque.
La frase cayó sin emoción.
Abyllie parpadeó.
—¿Nueva especie?
Dalah asintió.
—Un humano que resiste presión demoníaca sin fragmentarse. No lo había visto antes.
Abyllie sintió algo moverse en su pecho.
—No es una especie.
Dalah la observó con curiosidad leve.
—Para nosotros lo es.
Abyllie dio un paso más cerca.
—Él no es un experimento.
Dalah sostuvo el recipiente contra su cadera.
—No lo estoy tratando como uno.
—Lo acabas de hacer.
Silencio.
Dalah no apartó la mirada.
—Si se rompe —continuó con el mismo tono—, no lo puedo estudiar.
La palabra “estudiar” quedó suspendida.
Abyllie apretó los dientes. No eran celos, no exactamente. Pero algo en esa lógica la atravesó.
No lo mira como yo.
La idea apareció sola y la incomodó.
Dalah observó el cambio en su postura.
—No lo estoy reclamando —añadió, con voz estable—. Estoy siendo práctica.
Abyllie bajó la mirada un instante.
Práctica. Claro. Eso era. Nada más. Entonces, ¿por qué duele?
Dalah ajustó el recipiente entre sus manos.
—Mañana necesitará energía —dijo, desviando la vista hacia Iston—. No lo agoten antes de tiempo.
Abyllie sostuvo la mirada de Dalah un segundo más.
—No lo estoy agotando.
Dalah asintió.
—Entonces estamos de acuerdo.
Se dio media vuelta y comenzó a caminar hacia la salida.
Antes de cruzar la puerta, se detuvo apenas.
—No es personal.
Y salió.
Abyllie quedó inmóvil.
No es personal.
Repitió la frase en silencio.
Entonces, ¿por qué se siente así?
Miró a Iston.
Dormía sin saber nada, con respiración profunda y tranquila. Su rostro no tenía la dureza del combate, solo cansancio.
Abyllie se acercó y se arrodilló a su lado, apoyando la mano en la madera sin tocarlo.
No lo estoy reclamando. ¿Entonces qué es esto?
Sintió la presión en el pecho otra vez. No era enojo, no era miedo, era algo más silencioso, como si estuviera perdiendo terreno que nunca supo que tenía.
Lilith apareció a su lado sin hacer ruido.
—No duermes —dijo, apoyándose contra la pared con los brazos cruzados.
Abyllie no levantó la vista.
—No tengo sueño.
Lilith la observó unos segundos.
—Quieres hablar.
No fue pregunta.
Abyllie exhaló lentamente.
—No sé qué me pasa.
Lilith se acercó un paso.
—Entonces sí sabes.
Abyllie alzó la vista.
—No.
Lilith sostuvo su mirada.
—Te duele que alguien más lo vea sin carga.
Abyllie frunció el ceño.
—No es eso.
Lilith ladeó apenas el rostro.
—Entonces dime qué es.
Abyllie abrió la boca, pero la cerró. Miró a Iston, miró la puerta por donde había salido Dalah y volvió a mirar a Lilith. No encontró palabras.
Lilith asintió suavemente.
—Ven —dijo, separándose de la pared y señalando hacia el exterior—. Hablemos antes de que te rompas tú también.
Abyllie dudó un instante, luego se puso de pie.
Miró a Iston una última vez y siguió a Lilith hacia la noche.
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