BENDECIDOS POR BELIAL - Capítulo 164
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Capítulo 164: El Instinto del Liberador
El bosque estaba quieto, como si escuchara.
Abyllie seguía mirando la puerta de la prisión, sus dedos apenas tocando la madera, midiendo la distancia entre ella y algo que no sabía nombrar.
Lilith se acomodó contra la pared de tierra, cruzando los brazos con suavidad.
—No es personal —repitió Abyllie, sin girarse.
Lilith ladeó levemente el rostro.
—Nunca lo es… la primera vez.
Abyllie frunció el ceño y finalmente la miró.
—No sé de qué hablas.
Lilith sostuvo la mirada con calma, sin presión.
—Cuando Biggi empezó a quedarse más tiempo cerca de Belial —dijo, apoyando el talón contra la pared—, yo tampoco sabía lo que me pasaba.
Abyllie parpadeó.
—Pero tú eras su amiga.
Lilith asintió una sola vez.
—Lo era.
El viento movió una rama alta.
—Y aun así —continuó Lilith, deslizando los dedos por la manga—, noté que él la escuchaba distinto.
Abyllie inclinó apenas la cabeza.
—¿Distinto cómo?
Lilith miró hacia el bosque antes de responder.
—Más presente.
Abyllie bajó la vista.
—Eso no es malo.
—No —admitió Lilith—. No lo es.
Guardó silencio un momento.
—Pero cuando estás acostumbrada a ser el lugar donde alguien descansa… notar que empieza a hacerlo en otro sitio descoloca.
Abyllie sintió un nudo en el pecho.
—No es lo mismo.
Lilith no discutió.
—No lo es —aceptó—. Pero el cuerpo no distingue tan rápido.
Abyllie desvió la mirada hacia el suelo.
—No me siento desplazada.
Sus manos se cerraron sobre sí mismas.
Lilith observó ese gesto.
—Yo tampoco usé esa palabra.
Abyllie respiró más profundo.
—Solo… no me gustó que ella lo sostuviera antes que yo.
La frase salió baja.
Lilith no respondió enseguida. Miró hacia la puerta y luego volvió a ella.
—Fue instintivo.
Abyllie asintió apenas.
—Sí.
—Y tú querías estar ahí primero.
Abyllie levantó la vista, molesta.
—No por competencia.
Lilith suavizó la expresión.
—Lo sé.
Abyllie volvió a mirar la madera.
—No quiero que lo vean como algo que puede romperse y seguir siendo útil.
Lilith avanzó un paso, quedando a su lado.
—Dalah no lo ve reemplazable.
Abyllie frunció el ceño.
—Lo llamó especie.
Lilith dejó escapar una leve exhalación.
—Para su pueblo, eso es reconocimiento. No desprecio.
Abyllie guardó silencio.
Lilith continuó con calma:
—Dalah es princesa. Es exploradora. Se interna sola en el bosque. No buscaría a alguien más débil que ella.
Abyllie sintió la frase como una piedra pequeña, pero firme.
—Entonces, ¿por qué esa frialdad?
Lilith inclinó el rostro.
—Porque aún no lo considera a su altura.
El aire se volvió más denso.
Abyllie bajó la mirada.
—Eso no debería importarme.
Pero su respiración cambió.
Lilith la observó sin intervenir.
—Cuando Biggi empezó a acercarse más a Belial —añadió con suavidad—, yo también decía que no importaba.
Abyllie la miró.
—¿Y sí importaba?
Lilith sostuvo la mirada.
—Importaba porque yo no sabía dónde quedaba yo en ese cambio.
El bosque crujió suavemente.
Abyllie tragó saliva.
—No quiero quedarme fuera.
Lilith asintió apenas.
—Eso es humano.
Abyllie apretó los labios.
—No me gusta sentir esto.
Lilith apoyó la mano en su hombro, firme pero breve.
—A mí tampoco me gustó.
Abyllie la miró.
Lilith bajó la voz.
—Pero no es debilidad.
Abyllie respiró más lento.
—¿Entonces qué es?
Lilith sostuvo su mirada con una serenidad que no forzaba nada.
—Es darte cuenta de que alguien empieza a importarte de una forma que no habías previsto.
Abyllie no respondió. Miró hacia la puerta otra vez.
Dentro, Iston dormía sin saber nada.
—No quiero que cambie tanto que deje de mirarme igual —murmuró, casi para sí.
Lilith la escuchó.
—No puedes controlar cómo cambia —dijo con suavidad—. Solo cómo tú lo acompañas.
Abyllie cerró los ojos un segundo. Cuando los abrió, la tensión no había desaparecido, pero ya no la asfixiaba.
—No sé qué hacer con esto.
Lilith sonrió apenas.
—No tienes que hacer nada todavía.
El viento volvió a moverse entre los árboles.
Abyllie retiró la mano de la madera lentamente. No entendía lo que sentía, pero por primera vez… dejó de intentar negarlo.
Y eso ya era un paso.
El tambor sonó a lo lejos, pero dentro de la prisión el aire estaba inmóvil.
Belial volvió a dibujar el círculo en el suelo con un fragmento de carbón. Esta vez no corrigió las líneas torcidas ni buscó simetría. El trazo fue más profundo, más marcado, como si presionara con más fuerza sin notarlo.
Iston se colocó frente a él sin decir nada. No bajó la vista al círculo.
Abyllie observaba desde el borde del recinto, los brazos cruzados con menos rigidez que antes, pero el peso mal distribuido en los pies; el talón derecho apenas levantado del suelo.
Dalah se mantuvo cerca de la pared, atenta al gesto más que a la forma, los dedos apoyados en la madera como si midiera vibraciones invisibles.
Lilith no habló. Solo miró las manos de Belial al trazar la última runa, notando cómo el carbón se quebró ligeramente en el último trazo.
Belial se puso de pie y se sacudió el polvo de los dedos con un movimiento más brusco de lo habitual.
—Hoy no entrenas técnica —dijo, levantando la vista hacia Iston mientras acomodaba el cuello de su chaqueta con dos dedos—. Hoy sostienes presión.
Iston inclinó apenas la cabeza, los hombros sueltos.
—¿Más que ayer? —preguntó, girando levemente el cuello como si liberara tensión.
Belial sostuvo su mirada un segundo más largo de lo normal. Sus pupilas no parpadearon.
—Mucho más.
Abyllie dio medio paso hacia adelante.
—Su cuerpo todavía está ajustándose —dijo, apoyando una mano en la mesa, los nudillos tensos como si la madera pudiera anclarla.
Belial no la miró.
—El cuerpo aprende cuando la mente deja de interferir —respondió, flexionando apenas los dedos antes de cerrarlos.
Lilith cruzó los brazos, apoyando el peso en una pierna.
—Y cuando la mente se rompe —dijo con suavidad, inclinando el mentón—, el cuerpo paga.
Belial la miró apenas, solo lo suficiente.
—No se romperá.
Iston extendió el brazo sin que se lo pidieran.
Belial lo observó un segundo, sin sonreír.
—Palmas.
Iston apoyó la mano contra la de Belial. La piel fría contra la tibieza aún irregular de su pulso. El contacto fue firme, no ceremonial.
Dalah se acercó un paso más al círculo.
—Recuerda —dijo, apoyando la punta del pie en la línea de carbón, dejando una marca leve—. No es un combate. Es una representación de lo que podría pasar.
Iston giró el rostro hacia ella.
—Entonces no me contengas —respondió, ajustando apenas la presión de su mano contra la de Belial.
Dalah sostuvo su mirada y luego asintió, retirando el pie del borde.
Belial cerró los ojos un segundo. Su respiración fue más profunda esta vez.
—Repite.
Ambos hablaron al mismo tiempo:
“Tibi licentiam ingrediendi concedo; hunc iter suscipio.”
El carbón vibró. El aire cambió sin iluminarse.
Iston no cayó hacia adelante.
Se hundió.
Afuera, su cuerpo quedó rígido, aún de pie dentro del círculo. Los músculos del cuello se tensaron.
Un segundo después, su respiración se volvió irregular.
Abyllie dio un paso instintivo.
—¡Está entrando demasiado rápido! —dijo, inclinándose ligeramente hacia el círculo sin cruzarlo.
Lilith la detuvo sujetándole la muñeca con dos dedos.
—No interfieras —murmuró, sin apartar la vista.
Dentro, no había líquido esta vez.
Había oscuridad comprimida.
La presión era mayor que antes, más densa, más hostil. Como si el vacío tuviera intención.
Belial apareció frente a él sin transición.
No habló.
Atacó.
El primer golpe fue directo al esternón.
Iston sintió cómo el impacto atravesaba el plano mental y repercutía en su cuerpo físico.
Afuera, Iston se arqueó violentamente. El aire escapó de sus pulmones con un sonido seco.
Dalah contuvo el impulso de entrar.
—El golpe fue real —murmuró, observando cómo la piel de Iston se enrojecía bajo la ropa.
Belial atacó otra vez dentro del plano mental.
No usaba palo.
Usaba manos.
Golpes cortos, vitales. Sin advertencia.
Iston absorbió uno en el hombro. Desvió otro con el antebrazo. Falló el tercero.
Sangre real apareció en la comisura de sus labios físicos.
Abyllie apretó los dientes.
—¡Es demasiado! —dijo, bajando la voz mientras sus dedos se clavaban en el suelo.
Lilith no apartó la vista.
—Es necesario.
Dentro, Iston dejó de intentar anticipar.
Se movió, no elegante, no técnico, sino instintivo.
Belial atacó con más velocidad.
Iston no retrocedió.
Entró en el espacio.
Su mano impactó el antebrazo de Belial en el punto exacto donde la fuerza nacía.
Belial sintió la interrupción.
Y algo se encendió.
Atacó con más fuerza.
Golpe al cuello, rodilla, costillas.
Iston cayó.
Se levantó.
Sin mirar al suelo.
Belial vio la pausa.
Misma pausa.
Misma forma de no apartar la mirada incluso desde abajo.
Lucifer también se levantaba así.
No por desafío.
Por convicción.
Belial atacó de nuevo.
Sin ritmo.
Sin patrón.
Impacto directo en el abdomen. Otro a la clavícula. Un tercero a la tráquea.
Afuera, Iston cayó de rodillas dentro del círculo. Su cuerpo convulsionó un segundo.
Abyllie cruzó la línea por instinto.
—¡Belial! —dijo, arrodillándose junto al borde.
Dalah la sujetó del antebrazo con firmeza.
—Si lo sacas ahora —dijo, apretando apenas los dedos—, mañana lo matarán.
Abyllie respiraba rápido.
—¡Está perdiendo el aire!
Dentro, Belial no veía a Iston.
Veía otra cosa.
Otra mirada.
Otra promesa de liberación.
Otra caída.
Lucifer no empezó corrupto.
Empezó convencido.
Belial atacó de nuevo.
Más bajo.
Más directo.
El siguiente golpe iba a la garganta.
No entrenamiento.
Final.
Y en el último segundo—
Belial sintió su propia intención.
No estaba probando.
Estaba eliminando.
El brazo se detuvo a milímetros del cuello de Iston.
Dentro, Iston lo miraba desde el suelo.
No miedo.
No súplica.
Vida.
Demasiada vida.
Belial retiró el brazo lentamente. El vacío comenzó a disolverse.
Afuera, Iston colapsó hacia adelante. Abyllie lo sostuvo esta vez sin mirar a nadie más, su mano temblando apenas mientras lo acomodaba contra su pecho.
Belial abrió los ojos en el plano físico. Su mano todavía estaba extendida. La bajó despacio.
Lilith dio un paso hacia él.
—No era una prueba —dijo en voz baja, observando sus dedos aún tensos.
Belial no respondió de inmediato. Miró a Iston inconsciente, recordando otra caída, otra mirada, otra historia que terminó en ruptura.
—Lo estás viendo —murmuró Lilith, inclinando apenas la cabeza.
Belial apretó los dedos detrás de la espalda.
—Sí.
Lilith sostuvo su mirada.
—No es él.
Belial bajó la voz.
—Eso espero.
Dalah observaba el círculo apagándose.
—Mañana no lo probarán —dijo con calma, limpiándose el polvo de las manos—. Intentarán romperlo.
Belial levantó la vista hacia Iston.
Y por primera vez…
No estaba seguro de si el mundo estaba preparado para que no se rompiera.
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