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BENDECIDOS POR BELIAL - Capítulo 169

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  4. Capítulo 169 - Capítulo 169: Falsa Certeza
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Capítulo 169: Falsa Certeza

El círculo se despejó sin orden alguno, como si una memoria ancestral guiara los pasos del pueblo. Tres pasos hacia atrás, un eco de viejas tradiciones resonando en el aire. Las armas golpearon el suelo en un solo compás.

Thum.

El silencio se asentó como una carga pesada.

Roth se levantó lentamente del estrado, el bastón apoyado en su palma como una extensión de su propio ser. Su mirada no se desvió hacia Iston, ni un solo instante. Era el pueblo el que lo ocupaba.

—Var’keth esh inicieth —dijo, voz firme y resonante.

“La sangre decidirá.”

Golpeó el suelo.

TAC.

El sonido fue seco. Final.

El círculo quedó sellado.

Adir fue el primero en avanzar, no con rabia, sino con un propósito claro. Tomó una lanza del soporte ceremonial; no era un adorno, sino un arma forjada en la guerra. El asta, gruesa y sólida, brillaba bajo la luz del claro, las muescas en la hoja contaban historias de batallas pasadas.

Iston permanecía quieto, desarmado, con solo una pistola en el cinturón, que no tocó. Levantó los puños al aire, el murmullo del pueblo comenzó a crecer.

—Adir.

Una voz resonó, luego otra.

—ADIR.

Las lanzas golpeaban la tierra con un ritmo creciente, un tamborileo de anticipación.

Abyllie sintió el ruido vibrar en su pecho. No gritó. Sus dedos se cerraron con fuerza sobre el borde de su túnica.

—No… —susurró, su voz un hilo de angustia.

Lilith la escuchó, pero no apartó la vista del círculo. Belial, igualmente, estaba atrapado en la escena.

Adir se agachó, alineando la lanza con el torso de Iston. El ataque fue repentino, sin aviso ni señal.

Explotó.

La estocada fue baja y directa, buscando el abdomen. Iston giró en el último segundo, la hoja rasgó piel, la tela se abrió y la sangre salió a la luz, inmediata e intensa.

El pueblo rugió.

—ADIR.

Adir retiró la lanza, atacando de nuevo sin pausa. Silbó horizontalmente, Iston se inclinó hacia atrás, sintiendo el viento del metal rozar su garganta. Cayó, rodó y se levantó apenas.

El tercer ataque fue descendente, violento. La punta se hundió en la tierra donde su cabeza había estado un latido antes. Astillas saltaron, y Adir giró el arma, usando el asta como maza. El impacto en el hombro resonó con un sonido seco, Iston salió despedido, el aire abandonando sus pulmones.

El pueblo gritaba.

—ADIR.

—ADIR.

—ADIR.

Roth observaba, con los ojos relajados, mirando de reojo a Belial. La decisión ya estaba tomada. En su mente, la imagen era clara: el campeón tribal aplastando al extranjero, la ley restaurada, el honor intacto.

Belial no respondía, sus ojos fijos en los pies de Iston, no en el arma de Adir.

Adir no dejó espacio. Una estocada directa al pecho. Iston giró tarde, la hoja le abrió el pectoral superficialmente, sangre más profunda, roja y espesa, su olor mezclándose con la tierra húmeda.

Abyllie dio un paso adelante involuntario. Pero Lilith le sostuvo el brazo.

—No —susurró, firme.

Adir avanzó con determinación, golpeando con la asta en las costillas de Iston. El sonido del crack era un eco aterrador mientras Iston caía de rodillas, escupiendo sangre real, aunque no profunda.

El pueblo vibraba, un tribal lanzó polvo al aire, otro escupió.

—¡Thir-menor! —gritó uno. —¡No-esh thar-war! —respondió otro.

Adir sonrió apenas, permitiendo a Iston un momento para levantarse, un gesto mínimo de respeto. Iston se incorporó con dificultad, respiración irregular, sangre bajando por su costado. No sacó la pistola. No todavía.

Adir atacó con una finta alta. Iston levantó los brazos, pero la lanza bajó al muslo, la hoja entrando superficialmente. La sangre corrió más rápido, Iston tambaleó bajo la presión del pueblo que gritaba más fuerte.

—ADIR.

—ADIR.

—ADIR.

Roth sintió satisfacción. La venganza tomó forma. La lanza se elevó, esta vez al esternón. Iston giró tarde, la punta rozó carne, un corte más profundo, el metal dejando una línea abierta que empapó su ropa.

Abyllie dejó de respirar. Belial frunció el ceño, no por el golpe, sino por la reacción. Iston no gritaba, no maldecía, no suplicaba. Solo respiraba.

Adir golpeó con la asta en el rostro de Iston. Sangre manó del labio, un diente roto, el público rugía como si ya celebrara. Roth apoyó ambas manos sobre el bastón, convencido de su victoria.

Hoy romperé su honor. Hoy caerán bajo nuestra ley. Hoy sabrán lo que es ser derrotados en nuestro suelo.

Adir retrocedió un paso, la lanza apuntando al pecho de Iston, que estaba de rodillas. Presionó, la punta hundiéndose lentamente en la carne. No letal, pero dolorosa. La sangre brotó.

El público gritaba.

—ADIR.

Abyllie temblaba.

—Levántate… —susurró sin darse cuenta.

Lilith no la soltaba. Belial seguía observando, ahora con la atención aguzada hacia Iston, la forma en que acomodaba su torso, desviando apenas la trayectoria de los ataques. No era torpeza ni suerte; era aprendizaje.

Adir levantó la lanza para la estocada decisiva. El círculo vibraba de euforia. La hoja descendió.

Y el capítulo aún no mostraba la victoria.

Solo la brutalidad.

El suelo del pueblo Roth ya estaba teñido con la sangre del que habían llamado escuálido. La lanza volvió a caer.

Iston intentó rodar. Tarde.

La asta impactó directo en su hombro izquierdo, el mismo que había sido recolocado días atrás. El golpe no sonó como madera contra carne; sonó como algo cediendo.

Un crujido húmedo. Desplazamiento.

El mundo se apagó un instante. Luego llegó el dolor. Amplio. Blanco. Total.

Adir lo vio en el microsegundo exacto en que el brazo perdió tensión. Ajustó su agarre, giró la lanza y golpeó otra vez en el mismo punto. Esta vez el sonido fue más claro. La articulación cedió por completo.

Iston cayó de rodillas, el aire quebrándose en su pecho. El público entendió lo que había ocurrido antes de ver la postura.

—¡ADIR!

—¡ADIR!

—¡ADIR!

Las lanzas golpearon el suelo como martillos celebrando la fractura. Abyllie llevó una mano a su boca, Dalah sintió el recuerdo exacto del hueso volviendo a encajar. Sabía que había quedado vulnerable, que otro impacto lo arrancaría otra vez.

Adir avanzó con calma, colocando la punta de la lanza bajo el mentón de Iston, obligándolo a levantar el rostro. El brazo izquierdo colgaba inútil, la sangre bajando por su costado manchando la tierra de Roth.

Adir inclinó la cabeza, estudiando la herida, el brazo muerto. Empujó el asta contra el hombro dislocado. Iston sintió el dolor expandirse como un relámpago por la espalda, el músculo respondiendo con espasmo.

El público gritó más fuerte.

—¡ROMPELO! —¡ADIR!

Roth observó el ángulo del brazo, y en su interior algo se acomodó.

Así debía verse la justicia.

Belial, en cambio, miraba los pies de Iston, la forma en que se plantaban, cómo el torso se alineaba pese al brazo inútil. Lilith también lo sintió, el dolor presente pero no dominando la mirada.

Adir retrocedió medio paso, dejando que el círculo viera el daño. El campeón tribal frente a un cuerpo ya quebrado. Iston respiraba con dificultad, sangre en el labio, en el pecho, un hombro fuera de lugar.

El pueblo creía que la pelea había terminado.

Roth también.

Y en esa falsa certeza, un error comenzaba a gestarse.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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