BENDECIDOS POR BELIAL - Capítulo 17
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- Capítulo 17 - 17 Destinos y cruzes
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17: Destinos y cruzes 17: Destinos y cruzes Al ver su antiguo hogar, Iston sintió que la nostalgia se convertía en dolor.
La fachada, una vez familiar y acogedora, ahora parecía un símbolo de rechazo.
Recordó vívidamente el día en que sus familiares, con miradas llenas de furia y decepción, intentaron echarlo de su casa.
Las palabras hirientes resonaban en su mente como ecos, recordándole que la aceptación siempre había estado fuera de su alcance.
Frente a él, su yo de dieciocho años se enfrentaba a sus tíos en el umbral del hogar.
La rabia y la confusión iluminaban su rostro juvenil mientras gritaba: —¡¿Cómo se atreven a venir a esta casa?!
Las voces de sus tíos resonaban con burlas y reproches, intentando echarlo fuera.
En medio del tumulto, la tía Jana se adelantó, su rostro contorsionado por la ira.
—¡Esta casa es demasiado para un mocoso como tú!
—gritó, su voz cortante como el cristal—.
¿Crees que tus padres te dejaron todo?
¡Eres un inútil!
Las palabras de su tía golpearon a Iston como cuchillos, desgarrando su sentido de pertenencia.
Recordaba la decepción en sus ojos, la forma en que se cruzaron de brazos como si él no tuviera derecho a estar allí.
La impotencia lo invadía mientras intentaba defender su hogar, su refugio, el único lugar que le quedaba.
—¡No me iré!
—gritó, su voz temblando con la mezcla de rabia y dolor—.
Este es mi hogar.
La mirada de desprecio de su tío se posó sobre él.
—Mi padre nunca debió dejar esta casa a mi hermano —intervino, su tono lleno de desdén—.
¡A mí me pertenecía por herencia!
Tú no mereces nada, al igual que el idiota de tu padre.
Iston sintió que el mundo se desmoronaba a su alrededor.
Las palabras de su tío resonaban en su mente, y un torbellino de emociones lo invadía.
—Me sorprende que tu padre no diera la casa en un fraude —continuó, despreciando con desdén—.
Siempre se metía en líos con esos artefactos mágicos que decía que eran verdaderos.
El peso de sus críticas llenaba el aire.
Iston se sentía aplastado, cada insulto un recordatorio de lo que había perdido.
Aunque deseaba gritar, las palabras se atoraban en su garganta.
—¡No estoy aquí para escuchar sus mentiras!
—gritó, su voz resonando con frustración y desafío—.
¡Esta casa es mía!
—Ojalá todos hubieran muerto en vez de mis padres —murmuró, las palabras saliendo de su boca como un susurro lleno de rabia y dolor.
No era la primera vez que lo pensaba, pero esa noche, la idea se sentía más real que nunca.
La imagen de sus padres, sonrientes y felices, brillaba en su mente como un faro.
Se preguntaba cómo sería su vida si ellos aún estuvieran allí, si jamás lo hubieran dejado solo ante la cruel realidad.
El vacío en su pecho se hacía más grande con cada recuerdo.
—¿Qué te crees, mocoso malagradecido?
—gritó la tía Jana, su voz retumbando en las paredes como un eco aterrador—.
¿Cuántas veces te dimos cosas?
¿Cuántas veces ayudamos a tu papá para pagar sus deudas?
Iston se quedó paralizado.
—¿Y qué?
—respondió, su voz temblando de rabia—.
¿Eso significa que tienen derecho a decidir mi vida?
¡Siempre han estado ahí, pero solo son víboras!
La mirada de Jana se endureció, ignorando su grito.
—Siempre hemos estado ahí, sosteniéndote.
A pesar de lo que pasó, a pesar de la vergüenza de tu padre y sus problemas.
¿Y así me lo agradeces, con desdén?
Iston sintió que la rabia crecía dentro de él, alimentada por la injusticia de su situación.
La imagen de sus padres, tan llenos de amor y sacrificio, chocaba con la cruel realidad que le presentaba su tía.
—¿Sosteniéndome?
—replicó, cada palabra cargada de indignación—.
¿Desde cuándo eso significa que tienen derecho a controlar mis decisiones?
Me tratan como si fuera un niño, cuando yo soy el que tiene que cargar con la muerte de mis padres.
—Tu padre nunca debió dejar esta casa a alguien como tú.
Te crees con derecho a todo, pero no tienes idea de lo que significa realmente esta familia—dijo Jana, su desprecio palpable.
Iston sintió que su corazón se encogía.
Las palabras de su tía eran como un veneno que se infiltraba en su mente, haciéndolo cuestionar su valor.
Pero en medio de la tormenta emocional, una chispa de determinación comenzó a arder en su interior.
—No quiero nada de ustedes —exclamó, su voz más fuerte—.
No puedo vivir en la sombra de los errores de mi padre.
Quiero encontrar mi propio camino, y no me detendré por su culpa.
—La vida no es solo lo que deseas, mocoso.
Es lo que mereces, y tú no mereces nada —dijo, su tono cortante, pero Iston no se dejó llevar por su veneno.
—No me digas lo que merezco.
Yo decidiré mi destino —respondió, sintiendo cómo la rabia se convertía en una oleada de poder.
Iston se dio cuenta de que estaba dispuesto a luchar por lo que creía.
La sombra observó a Iston de pie, inmóvil, como si hubiera quedado atrapado en un momento de revelación.
La risa burlona resonaba en su mente, un eco que se mezclaba con las palabras hirientes de su tía.
—Mira cómo te quedas ahí parado, sin reaccionar —susurró la sombra, sus palabras impregnadas de sarcasmo—.
Dándose cuenta de los parásitos que son tu familia.
Jajajaja.
¡Qué buena pelea, princesa!
—No parecía que pudieras hacer nada en la puerta anterior —continuó la sombra, su voz suave pero cargada de burla—.
Estabas demasiado ocupado lamentándote por lo que perdiste, como un niño perdido en un mundo cruel.
Iston apretó los puños, luchando por no dejarse llevar por la desesperación.
Sabía que la sombra representaba sus propios miedos e inseguridades, pero esta vez no se dejaría vencer.
Este era un momento crucial, un punto de inflexión en su lucha.
—No me subestimes —respondió, su voz resonando con una nueva firmeza—.
Puedo enfrentarme a ellos y a ti.
No voy a permitir que sus palabras me definan.
La sombra se rió de nuevo, pero esta vez sonaba menos segura, como si hubiera comenzado a perder su control sobre él.
—¿De verdad crees que puedes luchar contra lo inevitable?
—preguntó, acercándose como una brisa helada—.
La verdad es que no estás preparado para esto.
—Tu destino está escrito en piedra, Iston.
No puedes escapar de lo que está destinado a ser.
Y yo voy a ser Moisés para que esos mandamientos se cumplan —dijo, su risa resonando como un eco burlón en la oscuridad—.
Jajajaja.
—¿Moisés?
—replicó Iston, su voz firme y desafiante—.
Solo no vayas a morir sin entrar a la tierra prometida.
La sombra se detuvo por un momento, sorprendida por la audacia de Iston.
Su risa burlona se desvaneció, reemplazada por un silencio tenso.
—¿Tú crees que puedes burlarte de mí?
—dijo la sombra, su tono ahora oscuro y amenazante—.
Te recuerdo que yo soy quien dicta el rumbo de tu vida.
—Puede que estés aquí para tratar de dictar mi destino, pero no voy a dejar que lo hagas —respondió, su voz resonando con una mezcla de desafío y determinación—.
No soy el mismo chico que una vez se dejó llevar por la desesperación.
La sombra pareció tambalearse por un instante, la ironía de su propia afirmación golpeando su propio poder.
—Tus intentos de rebelarte son en vano.
—dijo, su voz más fría y cortante—.
La historia está escrita.
No puedes cambiarlo.
Iston sonrió, sintiendo su corazón latir con fuerza.
—Tal vez no puedo cambiar el pasado, pero sí puedo decidir mi futuro —dijo, decidido—.
No necesito tu guía, ni tu aprobación.
—Así que, si vas a ser Moisés, recuerda esto: no seré el pueblo perdido que se quede en el desierto.
Lucharé por mi propia tierra prometida, y no me detendré ante nadie, ni siquiera ante ti.
Ajajaj, espera lo que tengo para ti, princesa.
¿Vas a negarte a disfrutar lo siguiente?
La sombra se movía en la penumbra, sus ojos brillando con una luz inquietante mientras se acercaba a Iston.
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