Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior

BENDECIDOS POR BELIAL - Capítulo 170

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. BENDECIDOS POR BELIAL
  4. Capítulo 170 - Capítulo 170: La Grieta
Anterior
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

Capítulo 170: La Grieta

Iston no se quedó en el suelo. El brazo izquierdo colgaba en un ángulo imposible, como si el cuerpo ya no le perteneciera. El hombro, fuera de su lugar, le recordaba el dolor de una batalla que aún no había terminado. La sangre descendía por su torso en líneas espesas, resbalando por el abdomen y goteando sobre la tierra de Roth, que ya había absorbido demasiado.

Respiró.

Una vez.

Lenta.

Pesada.

El pueblo seguía gritando.

—ADIR. —ADIR.

El sonido ya no era entusiasmo; era hambre. Una sed que pedía sacrificio.

Adir avanzó.

La lanza firme en su mano, los pasos seguros, resonando con decisión sobre la tierra. Su respiración estaba controlada, profunda. Frente a él no veía a un oponente, sino a un cuerpo roto que aún no entendía que había perdido. En su mente, el desenlace ya estaba decidido:

El pueblo coreando su nombre. Roth levantando su brazo en reconocimiento. Dalah mirándolo con orgullo. La justicia finalmente ejecutada. El extranjero reducido a un ejemplo.

Iston levantó la cabeza. Sus ojos encontraron los de Adir, y en ese instante, el mundo exterior se apagó.

El grito del pueblo se volvió eco lejano. El olor a sangre se desvaneció, dejando un vacío que pesaba en el aire.

Dentro de su mente, la puerta negra crujió. No se abrió. Se agrietó. Una línea fina, suficiente para permitir que algo profundo emergiera. La risa llegó primero.

Grave.

Antigua.

No burlona, sino conocedora.

—Ahora es el momento.

La voz no fue un sonido; fue una presión, una fuerza que empujaba contra su ser.

—No podrá contra mi ser completo.

La risa resonó en su interior como si viniera desde el fondo de una caverna infinita. Pero su rostro no cambió. No hubo furia. No hubo locura. Solo cálculo, una mente afilada lista para la estrategia.

Iston levantó apenas la barbilla, un gesto mínimo. Una invitación.

Adir lo interpretó como rendición. Sonrió. Se impulsó hacia adelante. La lanza descendió con perfecta decisión, alineada al centro del pecho.

Directo al corazón.

El círculo entero inhaló al mismo tiempo. Abyllie cerró los ojos, sintiendo cómo la anticipación se convertía en un nudo en su estómago. Dalah sintió un vacío profundo, y Roth no parpadeó.

La lanza bajó.

Y en el último segundo—

Iston dio un paso.

Pequeño.

Medido.

El torso se desplazó apenas unos centímetros.

No fue huida. Fue ajuste.

La hoja penetró.

El sonido fue húmedo, visceral.

Entró más abajo de lo previsto, bajo el esternón, atravesando carne. Dolor real. Intenso. Ardiente. La sangre brotó con fuerza, cálida y vivaz, pero el corazón seguía intacto.

Adir sintió la diferencia, un vacío en su lógica.

—¿Por qué la resistencia es distinta? —se preguntó. —¿Por qué sigue de pie?

Iston no retrocedió. Se acercó. Acortó la distancia hasta que sus cuerpos casi se tocaron. La lanza seguía clavada en su torso, el dolor lo hacía temblar por dentro. Pero su mirada permanecía estable.

Su brazo derecho descendió. Lento. Preciso. A la cintura. La pistola emergió en un movimiento fluido, sin heroísmo, sin dramatismo. Fue un engranaje completando su ciclo.

El disparo fue seco, una detonación que partió el silencio del claro.

Adir vio la boca del arma. Demasiado tarde.

La bala impactó en la parte frontal del cráneo. La explosión fue brutal, como un trueno en un día despejado. La mitad del rostro de Adir desapareció en un estallido de hueso, carne y sangre. Fragmentos salpicaron la tierra, un lienzo de horror y triunfo.

Una línea roja cruzó el bastón de Roth, manchando la madera como un recordatorio del precio de la traición. El cuerpo de Adir permaneció erguido un instante, como si la vida aún se resistiera a abandonarlo, antes de desplomarse.

Pesado.

Sin dignidad.

La lanza salió del torso de Iston cuando el cadáver cayó, el peso de la acción resonando en el silencio que siguió.

El silencio no fue progresivo. Fue absoluto.

El eco del disparo aún vibraba en los árboles, un último susurro de lo que había sido. Humo leve salía del arma, un recordatorio del poder que aún sostenía Iston.

Respiró. Una vez más.

El brazo izquierdo seguía inútil. La herida abierta sangraba con fuerza. Pero estaba de pie.

Belial fue el primero en entender, su mirada se desvió de la caída de Adir hacia el paso, el ángulo, la decisión de permitir la herida. La forma en que guió la lanza fuera del punto vital. Sus pupilas se dilataron apenas.

Y la palabra escapó de su boca, incontrolable.

—Lucifer…

No fue acusación; fue reconocimiento. Y en sus ojos había miedo, un miedo palpable.

Lilith lo sintió al mismo tiempo, no mirando el arma, sino la secuencia. En cómo Iston tejió la regla, la ley que habían abrazado, “Armath esh libereth.” Todo tipo de armas.

Iston no rompió la ley. La entendió mejor.

Y en ese instante, Lilith recordó a Lucifer frente a las leyes del Creador. Nunca rompía la norma. La reinterpretaba. Encontraba el vacío y lo convertía en libertad.

Un escalofrío recorrió su espalda. Una mente afilada que podía doblar la realidad.

Abyllie gritó.

—¡ISTON!

Su voz quebró el silencio, un grito que reverberó en el aire. No fue victoria tribal; fue alivio puro. Dio un paso hacia el círculo antes de detenerse, lágrimas en los ojos.

Estaba vivo. Eso bastaba.

Dalah no reaccionó. Miraba el cuerpo. Adir.

El más fuerte.

El invencible.

El futuro que le habían prometido. El que debía protegerla. Ahora reducido a carne rota en la tierra, un recordatorio de la fragilidad de la vida.

No hubo intercambio heroico. No hubo desgaste.

Hubo una acción. Una sola.

Su corazón comenzó a latir con violencia. No por amor, sino por fractura. El mundo que conocía acababa de cambiar.

Roth permanecía inmóvil, mirando el cadáver, luego el arma, luego a Iston. Su mente tardó en alcanzar lo que sus ojos ya sabían. Esto no era derrota física; era otra cosa.

Y entonces recordó.

Su propia voz.

“Armath esh libereth.”

Todo tipo de armas será permitido.

Su rostro perdió color. La regla era suya. La confianza era suya. El vacío… también.

Iston no había violado la ley.

La había usado. Mejor que él.

Y por primera vez en muchos años…

Roth sintió miedo.

No del arma.

De la mente que la empuñaba.

El círculo seguía en silencio, como si el aire mismo había dejado de moverse. La sangre de Adir se mezclaba con la de Iston en la tierra Roth, un testimonio de la batalla librada.

El Var’keth terminó.

La grieta no.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo